¿Once mil mulas u once mil llamas?

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Mi amigo, el historiador Jesús Cosamalón, me comentaba hace poco en Facebook que siempre cita en sus clases el discurso de Gabriel García Márquez, “La soledad de América Latina”, al recibir el Premio Nobel de Literatura como el “ejemplo de un intelectual que escribe desde América Latina, una voz que interpela al mundo desde este rincón a veces menospreciado del planeta”. Y no le falta razón. Este tal vez sea no solo el más hermoso discurso de todos los que haya escuchado la Academia sueca en los más de cien años de historia que tiene ese premio, sino además la mejor síntesis literaria e histórica de nuestro continente. Y que pese a su enorme belleza, no está exento de errores (y no precisamente ficticio).

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No quiero parecer igual de maletero que Fernando Vallejo, pero el maestro García Márquez incurre en un error (en aras del aliento poético de su texto, supongo) cuando en el mismo se refiere al rescate de Atahualpa: “Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino”. ¿Once mil mulas? ¿No habrán sido once mil llamas?

Como saben, la mula, o el mulo, es el hibrido del asno y la yegua (como el burdégano lo es de un caballo y una burra, menos usuales), y ambas especies son, la mayoría de veces, estériles. Un dato nada baladí para la anécdota que señala GGM. Para cuando Atahualpa es apresado, y luego traicionado y ejecutado por sus captores en Cajamarca, el uso de las mulas para transporte no estaba tan extendido en la región andina. Si bien es cierto que el caballo, según los estudios más serios, tiene su origen en Norteamérica hace 50 millones de años, desde donde se extendió al resto del continente y de ahí hacia Eurasia y África, se extinguió en América hace diez mil años por razones en las que aún no ponen de acuerdo los estudiosos y fueron reintroducidos por los conquistadores españoles en el siglo XVI. Así, para el año de la muerte de Atahualpa, 1533, resulta casi imposible que hubiera ‘once mil mulas’ en el Cusco que transportaran el oro y plata del rescate.

Más aún, la sustitución de la llama por la mula para el transporte de mercadería es mucho más tardía. En 1545 el descubrimiento de las minas de plata de Potosí demanda un mercado de mercancías tan grande que el sistema de transporte y arrieraje con mulas (más fuertes que las llamas, que en promedio transportan entre 35 y 40 kilos frente a los casi cien que podían cargar las mulas) empieza a tomar un auge e importancia inusitados en el sur andino. Para fines del siglo XVI y principios del XVII, el sistema de arrieraje con mulas ya está extendido por toda el área andina y en manos, como señala Luis Miguel Glave, de mestizos. Otro dato que tampoco resulta menos importante. Túpac Amaru es, como sabemos un importante arriero y casi todos sus familiares, líderes de la rebelión, están inmersos en el negocio. Durante el juicio a los jefes de la rebelión, cuatro de los seis arrieros juzgados resultan familiares del cacique de Tungasuca. Juan José Vega conjeturaba que la actividad de arrieraje (el poder desplazarse de un lado a otro sin despertar las sospechas de las autoridades) de los rebeldes fue fundamental para la organización y desarrollo de la gran rebelión.

Por cierto, no quiero dejar pasar otra observación nimia respecto a lo que menciona GGM: él dice que las mulas transportaban ‘cien libras’ de oro cada una. Una simple conversión de libras a kilos convierte esas cien libras en 45 kilos, el promedio de carga de una llama (los ‘carneros de la tierra’, como las llaman los cronistas indianos).

El arrieraje fue una actividad económica tan importante y lucrativa que no es de extrañar que constituya uno de los capítulos más fascinantes de la historia de América del que se han ocupado los historiadores en diversas ocasiones y que, en esencia, es la historia del transporte colonial y de la transformación de la sociedad y economía andina tras la irrupción de Occidente. El clásico estudio de Luis Miguel Glave, “Trajinantes, caminos indígenas en el Perú colonial” (Lima: Instituto de Apoyo Agrario, 1989), o el de Jesús Contreras sobre “Los arrieros de Carmen Alto: notas sobre la articulación económica de Ayacucho” (Barcelona: Boletín Americanista, 1987), son dos de los ejemplos que se me vienen ahora mismo a la memoria. Jaime Urrutia, en el reciente libro que acaba de publicar y que reúne sus estudios sobre Huamanga, “Aquí nada ha pasado. Huamanga, siglo XVI-XX” (Lima: IEP, 2014), también le dedica un capítulo a la relación de los arrieros huamanguinos con los comerciantes de Lima y de otras regiones, lo que destaca la importancia de esta actividad. Hay, también, un excelente trabajo de Viviana Conti y Gabriela Sica (aparecido en “Nuevo Mundo Mundos Nuevos”) sobre el sistema de arrieraje en el noroeste argentino que merece una lectura atenta.

En conclusión, la mula, completamente desconocido por los incas, fue introducida en el área andina por los conquistadores españoles como una manera de potenciar el sistema de transporte para sus actividades productivas y comerciales una vez que empezó asentarse el sistema económico colonial. Debieron ser llamas y no mulas esos once mil animales que transportaban el oro del rescate y que nunca llegaron a su destino, para desgracia de Atahualpa.


"Maneras de ser periodista", de Julio Camba

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Había ido a pagar la pensión de la universidad de mi hijo y dispuesto a utilizar bien lo poco que resta de mi sueldo luego de pagar una mensualidad que me está produciendo una ulcera encima de la que ya tengo, cuando decidí entrar a la librería del campus y darle buen uso a lo que quedaba invicto en mis bolsillos.

Pensé en comprar el reciente libro de Pablo Ortemberg sobre los “Rituales del poder en Lima”, o la “Historia de la Arqueología en el Perú del siglo XX” que acaba de publicar el IFEA, pero el precio de ambos superaba lo disponible. Enrumbé hacia los estantes de novedades literarias, pero ahí los precios son todavía más prohibitivos que los de Historia. Estaba ya por darme por vencido cuando una casi indiferente revisión de los anaqueles de periodismo me llevó a uno de los descubrimientos literarios más importantes que haya hecho en los últimos años. Apretujado entre textos sobre el periodismo del siglo XXI (que de nuevo ya no tiene nada) y las crónicas reunidas de Monsiváis y Jon Lee Anderson, estaba el librito de un autor del que nunca había leído nada y escuchado muy poco: Julio Camba.

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En “Maneras de ser periodista”, Francisco Fuster, el editor, reúne una treintena de artículos de este periodista español que, me entero, fue una celebridad en su tiempo. Maestro del artículo breve, irónico con elegancia tanto como con inteligencia, un demoledor sin pretensiones que utilizaba frases como mandobles, Camba ha sido toda una revelación para mí. Un escritor de esos que uno descubre una vez en la vida y en el momento preciso. Y no me refiero a la edad de uno (porque, valgan verdades, yo ya estoy doblando la esquina), sino al momento en que uno sabe que escribe porque es lo único que le da sentido a algunas cosas que ya no tienen sentido como es el seguir escribiendo, por ejemplo. Dato curioso porque lo primero que uno lee de él es que Camba no se tomaba muy en serio su propia profesión de periodista (los artículos reunidos, pueden dar fe de ello), pero hay que ver como sienta cátedra en cada uno de los textos que, sobre el oficio, escribe con sencillez, precisión y mucho humor. Y honestidad. Camba es tan honesto que es capaz de decir que escribe para ganarse el pan y que, con ese fin, convierte cualquier asuntillo o tema en una columna o artículo, pero con la seriedad y la pulcritud de quien se sabe leído y admirado por miles (“Los cafés deben ser amenos; los periódicos deben ser entretenidos”). Y además con una brevedad que asombra que resuelva el asunto del que se ocupa en un par de líneas.

Esta brevedad, que es su marca distintiva y que lo consagró en su tiempo, no por ello deja de ser menos penetrante, aguda y corrosiva. Una economía de palabras y recursos en la que el desenfado y la irreverencia son su mejor reemplazo. Y en donde el talento del periodista se aprecia desde el titular mismo (“Anatomía de la inspiración”) o la primera línea (“El calamar se parece al periodista en dos cosas fundamentales: en que puede tomar a voluntad el color que más le convenga y en que se defiende con la tinta”).

Ahora que lo pienso bien (y que confirmó buscando el libro), recuerdo que sí he leído a Camba. Lo leí en la antología del artículo español del siglo XX que Justino Sinova publicó hace un tiempo. Pero es un artículo que, pese a todas sus señas de identidad personales, no llega a la altura de los incluidos en “Maneras de ser periodista”. Y es que es uno de asunto político. Y si en algo destacó Camba fue en el artículo costumbrista, en el relato de viaje y el texto autobiográfico. La política, por lo visto, no le iba bien cuando de escribir se trataba. O tal vez sí, pero el que eligió Sinova es que le menos favor le hace. Como menos favor le hace seguir escribiendo sobre él y no empezar, de nuevo, este maravilloso librito que me devolvió la alegría luego de rumiar problemas sin importancia que a Camba, seguramente, le habría servido para una columna.


Jueves Historiográficos: "La América Latina de Eric Hobsbawm", por Paulo Drinot

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Organizado por la especialidad de Historia de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la PUCP, el pasado jueves 10 de abril se realizó la primera sesión de los Jueves Historiográficos que estuvo a cargo del historiador Paulo Drinot Ph.D., quién ofreció la charla magistral sobre “La América Latina de Eric Hobsbawm”. El siguiente es el registro en vídeo del evento.



Arqueólogo Walter Alva destaca reducción de tráfico de bienes culturales

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Chiclayo, abr. 19. El director del Museo Tumbas Reales de Sipán, Walter Alva, afirmó que se está reduciendo gradualmente el tráfico de piezas arqueológicas en el Perú, debido a que las leyes vigentes son más drásticas.

“Existen convenios internacionales y además la comunidad está tomando conciencia de que destruir nuestro patrimonio es destruir nuestra historia”, aseguró en diálogo con la Agencia Andina.

También el tráfico de bienes culturales está siendo controlado por el actuar de la Policía y, a nivel internacional, el coleccionismo de piezas arqueológicas ha disminuido, subrayó.

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"El Perú ha tenido casos de escándalos internacionales y de recuperaciones que han sentado precedente”, sostuvo Alva.

El arqueólogo remarcó la toma de conciencia de la comunidad nacional e internacional ante el saqueo o huaqueo, que, anotó, significa destruir nuestra historia. "Coleccionar significa recabar los despojos de este saqueo”, comentó.

Resaltó que existen convenios y acuerdos con otros países y sobre todo existe algo que ya se puede considerar el desprestigio del coleccionismo.

“Antes era prestigioso coleccionar piezas arqueológicas pero ahora se está viendo que quiénes coleccionan estas piezas propician el saqueo, en la misma medida que quien compra objetos robados, propicia el delito”, enfatizó.

Alva recordó que el Perú ha registrado en los últimos años casos emblemáticos de la devolución de piezas arqueológicas, como el protector coxal del Señor de Sipán, saqueado por profanadores de tumbas.

“Que eso vuelva al Perú después de una incautación policial en otros países, ya es un caso disuasivo”, refirió.


Discurso de Gabriel García Marquez en el IV Congreso de la Lengua española

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Discurso de Gabriel García Márquez durante el homenaje que recibió en Cartagena (Colombia) el año 2007 durante el IV Congreso de la Lengua española y en el que revela detalles inéditos y divertidos acerca del proceso de escritura de "Cien Años de Soledad".



Podcast: La soledad de América Latina

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Audio del Discurso de Gabriel García Márquez al recibir el Premio Nobel de Literatura de 1982.



Archivo Periodístico: Gabriel García Márquez en conferencia de prensa tras concedérsele el Nobel

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Recorte de prensa del diario El Espectador de Colombia del 21 de octubre de 1982, un día después de concedérsele el Premio Nobel de Literatura de 1982 a Gabriel García Márquez.



La soledad de América Latina

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Discurso de Gabriel García Márquez al recibir el Premio Nobel de Literatura de 1982.

Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.

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Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonio más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los Cronistas de Indias nos legaron otros incontabels. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros, y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misión alemana encargada de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro.

La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia. El general Antonio López de Santana, que fué tres veces dictador de México, hizo enterrar con funerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la llamada Guerra de los Pasteles. El general Gabriel García Morena gobernó al Ecuador durante 16 años como un monarca absoluto, y su cadáver fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial. El general Maximiliano Hernández Martínez, el déspota teósofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza bárbara a 30 mil campesinos, había inventado un péndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados, e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado público para combatir una epidemia de escarlatina. El monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en Paris en un depósito de esculturas usadas.

Hace once años, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda, iluminó este ámbito con su palabra. En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetus que nunca las noticias fantasmales de la América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda. No hemos tenido un instante de sosiego. Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército, y dos desastres aéros sospechosos y nunca esclarecidos segaron la vida de otro de corazón generoso, y la de un militar demócrata que había restaurado la dignidad de su pueblo. Ha habido 5 guerras y 17 golpes de estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto, 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos han nacido en Europa desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represión son casi 120 mil, que es como si hoy no se supiera donde están todos los habitantes de la cuidad de Upsala. Numerosas mujeres encintas fueron arrestadas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aun se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en los Estados Unidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 muertes violentas en cuatro años.

De Chile, pais de tradiciones hospitalarias, ha huído un millón de personas: el 12 % por ciento de su población. El Uruguay, una nación minúscula de dos y medio millones de habitantes que se consideraba como el pais más civilizado del continente, ha perdido en el destierro a uno de cada cinco ciudadanos. La guerra civil en El Salvador ha causado desde 1979 casi un refugiado cada 20 minutos. El país que se pudiera hacer con todos los exiliados y emigrados forzosos de América Latina, tendría una población más numerosa que Noruega.

Me atrevo a pensar, que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de las Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual este colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad.

Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no es difícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplación de sus propias culturas, se hayan quedado sin un método válido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fué para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado. Si recordara que Londres necesitó 300 años para construirse su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de la incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aun en el siglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes impávidos, ensangrentaron a Europa como soldados de fortuna. Aun en el apogeo del Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon y devastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes.

No pretendo encarnar las ilusiones de Tonio Kröger, cuyos sueños de unión entre un norte casto y un sur apasionado exaltaba Thomas Mann hace 53 años en este lugar. Pero creo que los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos hará sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo.

América latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental. No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad.

Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay 74 millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York. La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos, y entre estos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los paises más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios.

Un día como el de hoy, mi maestro William Faulkner dijo en este lugar: "Me niego a admitir el fin del hombre". No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.

Fuente: Sitio Oficial de la Fundación Nobel


"Yo no vengo a decir un discurso": Discursos inolvidables de Gabriel García Márquez

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Lima, abr. 18. Además de sus obras literarias, Gabriel García Márquez hizo que sus ponencias también sean consideradas clásicas e imperdibles para todo hombre de letras y periodistas. Aquí algunos extractos de las principales.

LOS TRUCOS DEL MAGO

“Modestamente, me considero el hombre más libre del mundo –en la medida en que no estoy atado a nada ni tengo compromisos con nadie– y eso se lo debo al haber hecho durante toda la vida única y exclusivamente lo que he querido, que es contar historias. Voy a visitar a unos amigos y seguramente les cuento una historia; vuelvo a casa y cuento otra, tal vez la de los amigos que oyeron la historia anterior; me meto en la ducha y, mientras me enjabono, me cuento a mí mismo una idea que venía dándome vueltas en la cabeza desde hacía varios días... Es decir, padezco de la bendita manía de contar. Y me pregunto: esa manía, ¿se puede trasmitir? ¿Las obsesiones se enseñan? Lo que sí puede hacer uno es compartir experiencias, mostrar problemas, hablar de las soluciones que encontró y de las decisiones que tuvo que tomar, por qué hizo esto y no aquello, por qué eliminó de la historia una determinada situación o incluyó un nuevo personaje...
¿No es eso lo que hacen también los escritores cuando leen a otros escritores? Los novelistas no leemos novelas sino para saber cómo están escritas. Uno las voltea, las desatornilla, pone las piezas en orden, aísla un párrafo, lo estudia, y llega un momento en que puede decir: “Ah, sí, lo que hizo éste fue colocar al personaje aquí y trasladar esa situación para allá, porque necesitaba que más allá... En otras palabras, uno abre bien los ojos, no se deja hipnotizar, trata de descubrir los trucos del mago”.

Discurso “Para contar historias”.

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CONSEJOS PARA SER FELIZ
“Creo que se nace escritor, pintor o músico. Se nace con la vocación y en muchos casos con las condiciones físicas para la danza y el teatro, y con un talento propicio para el periodismo escrito, entendido como un género literario, y para el cine, entendido como una síntesis de la ficción y la plástica.
En ese sentido, soy un platónico: aprender es recordar. Esto quiere decir que cuando un niño llega a la escuela primaria puede ir ya predispuesto por la naturaleza para alguno de esos oficios, aunque todavía no lo sepa. Y tal vez no lo sepa nunca, pero su destino puede ser mejor si alguien lo ayuda a descubrirlo. No para forzarlo en ningún sentido, sino para crearle condiciones favorables y alentarlo a gozar sin temores de su juguete preferido. Creo, con una seriedad absoluta, que hacer siempre lo que a uno le gusta, y solo eso, es la fórmula magistral para una vida larga y feliz.
Para sustentar esa alegre suposición no tengo más fundamento que la experiencia difícil y empecinada de haber aprendido el oficio de escritor contra un medio adverso, y no solo al margen de la educación formal sino contra ella, pero a partir de dos condiciones sin alternativas: una aptitud bien definida y una vocación arrasadora. Nada me complacería más si esa aventura solitaria pudiera tener alguna utilidad no solo para el aprendizaje de este oficio de las letras, sino para el de todos los oficios de las artes.”

Discurso, “Un manual para ser niño” (1995)

VEINTIOCHO LETRAS Y DOS DEDOS
“Ni en el más delirante de mis sueños, en los días en que escribía Cien Años de Soledad, llegué a imaginar que podría asistir a este acto para sustentar la edición de un millón de ejemplares. Pensar que un millón de personas pudieran leer algo escrito en la soledad de mi cuarto, con 28 letras del alfabeto y dos dedos como todo arsenal, parecería a todas luces una locura”.
“No sé a qué horas sucedió todo. Sólo sé que desde que tenía 17 años y hasta la mañana de hoy, no he hecho cosa distinta que levantarme temprano todos los días, sentarme frente a un teclado, para llenar una página en blanco o una pantalla vacía del computador, con la única misión de escribir una historia aún no contada por nadie, que le haga más feliz la vida a un lector inexistente.”

Discurso de 2008 en Cartagena de Indias cuando celebró sus 80 años, 40 de la publicación de Cien años de soledad y 25 del Premio Nobel de Literatura.

LOS ESPIRITUS DE LA POESIA
“En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte. El premio que acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad, como la consoladora revelación de que mi intento no ha sido en vano.”
Del discurso al recibir el Premio Nobel de Literatura en 1982, “La soledad de América Latina”.

LAS ESCUELAS DE PERIODISMO
"Hace unos cincuenta años no estaban de moda las escuelas de periodismo. Se aprendía en las salas de redacción, en los talleres de imprenta, en el cafetín de enfrente, en las parrandas de los viernes. Todo el periódico era una fábrica que formaba e informaba sin equívocos, y generaba opinión dentro de un ambiente de participación que mantenía la moral en su puesto. Pues los periodistas andábamos siempre juntos, hacíamos vida común, y éramos tan fanáticos del oficio que no hablábamos de nada distinto que del oficio mismo. El trabajo llevaba consigo una amistad de grupo que inclusive dejaba poco margen para la vida privada. No existían las juntas de redacción institucionales, pero a las cinco de la tarde, sin convocatoria oficial, todo el personal de planta hacía una pausa de respiro en las tensiones del día y confluía a tomar el café en cualquier lugar de la redacción. Era una tertulia abierta donde se discutían en caliente los temas de cada sección y se le daban los toques finales a la edición de mañana. Los que no aprendían en aquellas cátedras ambulatorias y apasionadas de veinticuatro horas diarias, o los que se aburrían de tanto hablar de los mismo, era porque querían o creían ser periodistas, pero en realidad no lo eran".
Del discurso "El mejor oficio del mundo (1996)

LA ETICA: EL ZUMBIDO DEL MOSCARDON
"Tal vez el infortunio de las facultades de Comunicación Social es que enseñan muchas cosas útiles para el oficio, pero muy poco del oficio mismo. Claro que deben persistir en sus programas humanísticos, aunque menos ambiciosos y perentorios, para contribuir a la base cultural que los alumnos no llevan del bachillerato. Pero toda la formación debe estar sustentada en tres pilares maestros: la prioridad de las aptitudes y las vocaciones, la certidumbre de que la investigación no es una especialidad del oficio sino que todo el periodismo debe ser investigativo por definición, y la conciencia de que la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón".
Del discurso "El mejor oficio del mundo (1996).


Gabriel García Márquez: "He aprendido mucho de los que me llevan la contraria"

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Fragmento de la entrevista Gabriel García Márquez en el programa "La vida según..." transmitido por Televisión Española Internacional en 1995.



Diez comienzos de las obras de Gabriel García Márquez

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Lima, abr. 18. La muerte del genial escritor colombiano Gabriel García Márquez obliga a recordar sus mejores obras maestras, aquellas que lo catapultaron a la celebridad eterna.

Aquí diez comienzos de sus más célebres obras que demuestran su excepcional escritura que elaboró la agencia Télam.

1.-CIEN AÑOS DE SOLEDAD
“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de 20 casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo".

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2.-CRONICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA
“El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros. 'Siempre soñaba con árboles', me dijo Plácida Linero, su madre, evocando 27 años después los pormenores de aquel lunes ingrato. 'La semana anterior había soñado que iba solo en un avión de papel de estaño que volaba sin tropezar por entre los almendros', me dijo.”

3.-El AMOR EN LOS TIEMPOS DE COLERA
“Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados. El doctor Juvenal Urbino lo percibió desde que entró en la casa todavía en penumbras, adonde había acudido de urgencia a ocuparse de un caso que para él había dejado de ser urgente desde hacía muchos años. El refugiado antillano Jeremiah de Saint-Amour, inválido de guerra, fotógrafo de niños y su adversario de ajedrez más compasivo, se había puesto a salvo de los tormentos de la memoria con un sahumerio de cianuro de oro.”

4.-RELATO DE UN NAUFRAGO
“El 22 de febrero se nos anunció que regresaríamos a Colombia. Teníamos ocho meses de estar en Mobile, Alabama, Estados Unidos, donde el A.R.C. 'Caldas' fue sometido a reparaciones electrónicas y de sus armamentos. Mientras reparaban el buque, los miembros de la tripulación recibíamos una instrucción especial. En los días de franquicia hacíamos lo que hacen todos los marineros en tierra: íbamos al cine con la novia y nos reuníamos después en 'Joe Palooka', una taberna del puerto, donde tomábamos whisky y armábamos tina bronca de vez en cuando.”

5.-EL CORONEL NO TIENE QUlEN LE ESCRIBA
“El coronel destapó el tarro de café y comprobó que no había más de una cucharadita. Retiró la olla del fogón, vertió la mitad del agua en el piso de tierra, y con un cuchillo raspó el interior del tarro sobre la olla hasta cuando se desprendieron las últimas raspaduras del polvo de café revueltas con óxido de lata.”

6.-EL OTOÑO DEL PATRIARCA
“Durante el fin de semana los gallinazos se metieron por los balcones de la casa presidencial, destrozaron a picotazos las mallas de alambre de las ventanas y removieron con sus alas el tiempo estancado en el interior, y en la madrugada del lunes la ciudad despertó de su letargo de siglos con una tibia y tierna brisa de muerto grande y de podrida grandeza. Sólo entonces nos atrevimos a entrar sin embestir los carcomidos muros de piedra fortificada, como querían los más resueltos, ni desquiciar con yuntas de bueyes la entrada principal, como otros proponían, pues bastó con que alguien los empujara para que cedieran en sus goznes los portones blindados que en los tiempos heroicos de la casa habían resistido a las lombardas de William Dampier.”

7.-El GENERAL EN SU LABERINTO
“José Palacios, su servidor más antiguo, lo encontró flotando en las aguas depurativas de la bañera, desnudo y con los ojos abiertos, y creyó que se había ahogado. Sabía que ése era uno de sus muchos modos de meditar, pero el estado de éxtasis en que yacía a la deriva parecía de alguien que ya no era de este mundo. No se atrevió a acercarse, sino que lo llamó con voz sorda de acuerdo con la orden de despertarlo antes de las cinco para viajar con las primeras luces. El general emergió del hechizo, y vio en la penumbra los ojos azules y diáfanos, el cabello encrespado de color de ardilla, la majestad impávida de su mayordomo de todos los días sosteniendo en la mano el pocillo con la infusión de amapolas con goma. El general se agarró sin fuerzas de las asas de la bañera, y surgió de entre las aguas medicinales con un ímpetu de delfín que no era de esperar en un cuerpo tan desmedrado.”

8.-DEL AMOR Y OTROS DEMONIOS
“Un perro cenizo con un lucero en la frente irrumpió en los vericuetos del mercado el primer domingo de diciembre, revolcó mesas de fritangas, desbarató tenderetes de indios y toldos de lotería, y de paso mordió a cuatro personas que se le atravesaron en el camino. Tres eran esclavos negros. La otra fue Sierva María de Todos los Ángeles, hija única del marqués de Casalduero, que había ido con una sirvienta mulata a comprar una ristra de cascabeles para la fiesta de sus doce años.”

9.-NOTICIA DE UN SECUESTRO “Antes de entrar en el automóvil miró por encima del hombro para estar segura de que nadie la acechaba. Eran las siete y cinco de la noche en Bogotá. Había oscurecido una hora antes, el Parque Nacional estaba mal iluminado y los árboles sin hojas tenían un perfil fantasmal contra el cielo turbio y triste, pero no había a la vista nada que temer. Maruja se sentó detrás del chofer, a pesar de su rango, porque siempre le pareció el puesto más cómodo. Beatriz subió por la otra puerta y se sentó a su derecha. Tenían casi una hora de retraso en la rutina diaria, y ambas se veían cansadas después de una tarde soporífera con tres reuniones ejecutivas. Sobre todo Maruja, que la noche anterior había tenido fiesta en su casa y no pudo dormir más de tres horas. Estiró las piernas entumecidas, cerró los ojos con la cabeza apoyada en el espaldar, y dio la orden de rutina: -A la casa, por favor. “

10--MEMORIA DE MIS PUTAS TRISTES
“El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen. Me acordé de Rosa Cabarcas, la dueña de una casa clandestina que solía avisar a sus buenos clientes cuando tenía una novedad disponible. Nunca sucumbí a ésa ni a ninguna de sus muchas tentaciones obscenas, pero ella no creía en la pureza de mis principios. También la moral es un asunto de tiempo, decía, con una sonrisa maligna, ya lo verás. Era algo menor que yo, y no sabía de ella desde hacía tantos años que bien podía haber muerto. Pero al primer timbrazo reconocí la voz en el teléfono, y le disparé sin preámbulos: -Hoy sí.”


Gabriel García Márquez: "La fama para mí no era necesaria"

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La siguiente es una entrevista que concedió Gabriel García Márquez a la RTVE.es semanas después de habérsele concedido el Premio Nobel de Literatura en 1982. En ella habla de la fama, su familia y el premio que espera no le cambié más la vida como lo ha hecho la fama.



La visita de Gabriel García Márquez a Lima en 1967

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Lima, abr. 18. En 1967 se reunieron dos de las figuras más importantes de la narrativa de América Latina: Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. Fue en la Facultad de Arquitectura de la UNI.

El encuentro se llevó a cabo gracias a un evento programado el 5 y 7 de setiembre, cuando aún no se habían distanciado.

En aquel momento ni Gabriel García Márquez ni Mario Vargas Llosa habían logrado el Nobel, pero ambos ya eran grandes.

El primero llegaba a Lima luego de presentar en Argentina "Cien años de soledad"; mientras el arequipeño venía de Venezuela tras recibir el premio Rómulo Gallegos.

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Fernando Caller, director de la Oficina Central de Cultura de la UNI y quien ha recapitulado información de este encuentro para una publicación, señala que el auditorio, con aforo para 250 personas, fue poco espacio para la inmensa cantidad de gente interesada.

Lectores, intelectuales y curiosos hicieron cola para presenciar a dos representantes de lo mejor de la literatura sudamericana del momento.

“Además de las autoridades de la universidad estuvieron grandes personajes de las letras y artes peruanas de la época como Blanca Varela, Abelardo Oquendo y Fernando de Szyszlo”, detalla Caller.

Tal fue la cantidad de gente que se hizo presente entonces –comenta–, que tuvieron que colocarse parlantes para que los miles afuera del auditorio pudiesen escuchar lo que unos pocos afortunados podían apreciar personalmente.

El significado de la literatura en América Latina, el rol del escritor y la naturaleza de la labor del mismo fueron solo algunos de los temas tocados por los escritores, en un intercambio de palabras en los que Vargas Llosa cumplía la función de anfitrión y entrevistador.

Rol que a veces se difuminaba, para dejar que García Márquez llevara la batuta. Siempre amables ambos.

Fue de esta entrevista con sabor a conversación que nació una de las confesiones de Gabo que tal vez defina tanto su labor como la de miles que lo han seguido en estos años: “Tengo la impresión de que empecé a ser escritor cuando me di cuenta de que no servía para nada más”.


La relación de García Márquez con el cine

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Por Jose Romero

Lima, abr. 18. Entre Gabriel García Márquez y el cine puede hablarse de un amor correspondido de una manera caótica y extraña.

Si bien los relatos del colombiano son proverbiales en la literatura, a la hora de ser adaptados a la gran pantalla suelen ser difíciles o complicados.

Pero antes de continuar, es relevante poner de manifiesto el inmenso amor que desde sus inicios Gabo profesó por el Séptimo Arte, llegando incluso a confesar que quería ser director de cine.

Esta decisión se vio trunca a mediados de los años 50 cuando estudiaba en el Centro Experimental de Cinematografía en Roma, precisamente la misma época cuando el autor argentino Manuel Puig estuvo por allí. Y curiosamente ambos renunciaron al cine para dedicarse a la literatura.

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Gabo tuvo una peculiar respuesta al respecto, continuar con el proceso de escritura de la que sería su obra cumbre Cien años de Soledad, una novela -que en palabras propias- sería completamente inadaptable al cine.

Este detalle no impidió que numerosos productores de cine intentaran inútilmente una y otra vez adquirir los derechos; al ser consultado al respecto el colombiano declaró escuetamente: "Deseo que Macondo sólo figure en el papel y en la imaginación de cada lector".

Si bien desistió de ser cineasta, ocasionalmente ha estado ligado a la producción de cine, ya sea como crítico o como guionista, donde -en mi opinión- está su mejor legado.

Aporte al cine

A continuación solo una muestra de películas que brillan por su faceta de guionista: Tiempo de Morir (1966), el debut del mexicano Arturo Ripstein, la imaginativa actualización de la tragedia de Sófocles en Edipo Alcalde (Jorge Ali Triana - Colombia -1996) o Fabula de la bella palomera (1988) del brasilero Ruy Guerra.

Pero si estrictamente de adaptaciones de sus novelas se trata, la gran pantalla ha arrojado un puñado de títulos de dispar valía y procedencia diversa.

Desgraciadamente sus libros más vendidos no han tenido una acertada transición al lenguaje audiovisual; así tenemos los nefastos casos de Crónica de una muerte anunciada (Francesco Rosi – Italia – 1987), El amor en los tiempos del cólera (Mike Newell – USA - 2007), Memoria de mis putas tristes (Henning Carlsen – Dinamarca / México -2011).

Destacables

De ese grupo de best-sellers, prefiero con algunos reparos, una película que no tuvo mayor distribución internacional a pesar del prestigio de su autor: Del amor y otros demonios (Hilda Hidalgo – Colombia/Costa Rica -2009).

Afortunadamente nos quedarán algunos acercamientos cinéfilos a la pluma de Gabo que sí son muy estimables como el que hizo Arturo Ripstein en 1999 a su emblemática El coronel no tiene quien le escriba o esa otra película clave del cine mexicano de la década de los 60 que es En este pueblo no hay ladrones de Alberto Isaac.

En cambio, todavía hay películas que merecen ser rescatados y revalorados, como la angustiante Eréndira (Ruy Guerra -1983) y la fantástica Un señor muy viejo con alas enormes (1988) a cargo del maestro argentino Fernando Birri. Tarea pendiente.

Dato

Rodrigo García Barcha, hijo del Nobel colombiano, es director de cine y de televisión. En algunas de sus cintas ha hecho referencia a las obras de su padre.