Hugh ThomasLa Escuela de Estudios Hispano-Americanos acoge desde hoy hasta el 19 de marzo, el II Coloquio Internacional sobre Intercambios mercantiles, sociales y culturales entre Andalucía y América. El seminario está organizado por Enriqueta Vila Vilar en el marco de un proyecto de investigación dirigido por el antiguo director de la escuela, Raúl Navarro García.

>>> Seguir Leyendo... >>>

El tema de la jornada de conferencias es bastante amplio. Según explica la organizadora del coloquio, "se trata de desvelar cualquier aspecto que tenga que ver con las relaciones entre Andalucía y América, desde la época colonial hasta hoy". Enriqueta Vila aclara que el seminario abarcará aspectos culturales, económicos o comerciales, entre otros. "Los conferenciantes han tenido libertad para escoger los temas a tratar, yo solamente me he limitado a organizarlos temáticamente".

En este sentido, participarán historiadores de prestigio como el hispanista Hugh Thomas, centrado desde hace unos años en el estudio de la creación y consolidación del imperio ultramarino español durante los siglos XVI y XVII. También participarán Gisela Von Wobeser, catedrática de la Universidad Nacional de México y presidenta de la Academia de la Historia de México; Alfredo Castillero Calvo, de la Universidad de Panamá, o Carmen Barcia de la Universidad de La Habana. De Sevilla participará el miembro de la Academia de la Historia, Carlos Martínez Shaw, que ofrecerá la conferencia de apertura Andalucía, las indias y la primera globalización. También intervendrán Sandra Olivero, Pablo Pérez Mallaína o Ramón María Serrera, entre otros, todos profesores de la Universidad de Sevilla.

Las conferencias se complementarán con visitas a edificios emblemáticos como el Archivo General de Indias, el Monasterio de la Cartuja, el Alcázar de Sevilla, y la Casa de los Pinelo.

Hoy lunes, la jornada está dedicada a personajes andaluces que hicieron algo relevante en América. Pilar Latasa, de la Universidad de Navarra, hablará sobre Pedro Ramírez del Águila, natural de Archidona, historiador de la plata. Mañana martes, dedicado a temas de navegación, se podrá escuchar la conferencia de Noble David Cook, de la Florida International University, titulada Sevilla: una ciudad protoindustrial base de la economía atlántica, o Los antepuertos señoriales de Sevilla: imperio, comercio y fiscalidad de Luis Salas de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos.

Por su parte, el miércoles, que versará sobre temas culturales, intervendrán Alfredo Castillero, que hablará sobre El intercambio de plantas tintóreas y medicinales entre los siglos XVI-XVII, o Gisela Von Wobeser que leerá su conferencia Hagiografía jesuítica en Nueva España y Andalucía.

Finalmente, el jueves será el turno de los archiveros y de los historiadores cubanos. Carmen Bacia hablará sobre las Pateras españolas y cubanas en La Habana del siglo XIX, y Sigfrido Vázquez, de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos, sobre Andaluces en La Habana: su determinante papel en 1808.

El viernes a las 12:00, en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, se celebrará la sesión de clausura a cargo del hispanista Hugh Thomas, quien ofrecerá su conferencia Los andaluces que acompañaron a los grandes conquistadores. Dentro del proyecto de investigación, el año que viene se publicará un libro que recogerá todas las conferencias impartidas durante los dos coloquios sobre intercambios mercantiles.


* Publicado en Diario de Sevilla, el 15 de marzo de 2010.

Me encuentro fuera del pais encargándome de asuntos laborales, así que por ese motivo no he podido responder algunas correos y menos aún actualizar este blog como quisiera (a lo que debo agregar que por una razón que desconozco, no logro accesar a mi Facebook desde donde estoy). Sin embargo, no quiero dejar de apuntar lo siguiente: Un gran amigo, el joven historiador del Derecho Renzo Honores, me recuerda que este año se cumplen 20 de la muerte de Alberto Flores Galindo, y me pregunta desde Estados Unidos, en donde viene estudiando una maestría, si se ha programado algún tipo de actividad para conmemorar la ocasión. Y resulta penoso responder que, hasta donde he podido averiguar, no hay nada programado.

>>> Seguir Leyendo... >>>

En la página web de Sur, Casa de Estudios del Socialismo, el instituto que él y un grupo de amigos crearan como un proyecto editorial alternativo, y uno de cuyos máximos logros fue la publicación de la revista Márgenes, no hay mayor información, a lo que había que agregar que el plan de publicación de sus Obras Completas ha quedado detenido. Tampoco tengo manera de comprobar si la Universidad Católica, su alma mater, ha programado algún tipo de actividad, pero a pcoos días de cumplirse la fecha de su muerte (26 de marzo), aun no han publicitado nada. Lo mismo puedo decir de San Marcos. Por ejemplo, el Museo de Arqueología y Antropología de esa universidad, tan activo siempre, no ha programado ninguna conferencia. Lo mismo puedo decir de su Escuela de Historia, aunque puedo estar equivocándome (sin embargo, hasta fines de febrero no había noticia alguna al respecto).

Todo lo anterior no es una chachara vana. Tiene mucho que ver con lo poco conocido y, peor aun, con lo menos estudiado que es Alberto Flores Galindo entre los jóvenes historiadores (un olvido que muchas veces raya en lo imperdonable).

¿Es posible que una historiografía de la calidad y profundidad como la de Flores Galindo haya podido caer en el olvido? ¿Tiene que ver este olvido con el hecho de que mucha de su obra, comprometida y combativa, apostaba por una vía socialista para este país? ¿O tal vez con el hecho de que su pensamiento resultaba tremendamente renovador en el contexto de una historiografía que mayoritariamente seguía y sigue, en muchos aspectos, repitiendo los mismos tópicos y temas de hace 30 años?

Abordamos nuevos problemas, publicamos más libros, ensayamos nuevas fórmulas y metodologías, pero ¿experimenta la historiografía nacional una revitalización como la que experimentó cuando Tito Flores publicaba cada nuevo libro o ensayo? ¿Ha aparecido después de "Buscando un Inca: Identidad y Utopía en los Andes" (1986) un libro de historia tanto o más importante como ese?

De qué podemos extrañarnos que aparentemente nadie recuerde la partida de este extraordinario historiador, si su obra nos recuerda que seguimos siendo los mismos de hace veinte o treinta años y que no hemos sabido corresponder al legado de este original historiador y escritor de garra desaparecido cuando había llegado a la cima de su medurez intelectual y estaba por ofrecernos lo mejor de su pensamiento.

¿La época colonial fue buena o mala? ¿Cuánto apoyo popular tuvo la causa de la Independencia? ¿Qué debemos rescatar de Alfonso Ugarte? Las respuestas correctas no son, probablemente, las que nos enseñaron en la escuela. El historiador Joseph Dager remueve este tema en un libro de reciente publicación que está despertando inusitado interés en medios académicos: “Historiografía y Nación en el Perú del siglo XIX” (PUCP, 2009). Según el autor, hay un conjunto de mitos y falacias que hoy es necesario revisar. Hay, advierte, historias que no provoca escuchar, que no generan orgullo, pero que es necesario volver sobre ellas porque solo es posible la reconciliación a partir de un pasado veraz.

>>> Seguir Leyendo... >>>

Por Elizabeth Cavero
Fotos Rocío Orellana


El Perú nace como nación en 1821 y sin embargo hoy entendemos que la “historia del Perú” comienza antes de los incas. ¿Cómo se explica?

–Quizá podemos partir diciendo que el siglo XIX es un momento en el que la burguesía asciende al poder y construye un nuevo modelo político, el Estado-Nación. Este es un fenómeno mundial, que empieza en los Estados Unidos, en Europa y en Hispanoamérica. Lo que este modelo pretende, en primer lugar, es que los habitantes del Estado-Nación se reconozcan como miembros de una misma comunidad, con una misma cultura y sobre todo con un mismo pasado. Y, mientras más antigua era la nación, más legítima y con mayor derecho a autogobernarse.

–Entonces mientras los franceses buscaban sus raíces en los galos, los ingleses en los sajones, los alemanes en los germanos... los peruanos buscaban sus raíces en los incas.

–Sí, aunque no hay que olvidar que ya Garcilaso de la Vega y Guamán Poma (cronistas del siglo XVI) hablaban de los incas. La diferencia es que en el siglo XIX los que historian la antigua grandeza de los incas eran “criollos” o sus descendientes. Ellos “peruanizan” a los incas. Y tuvieron tanto éxito, que hoy seguimos considerando a los incas como peruanos.

–¿Esta construcción de nuestra historia nacional comienza en 1821?

–O bien a partir de 1824, con la derrota de las tropas realistas. Entonces, lo primero que se hace es crear símbolos distintivos: bandera, escudo e himno. Estos incorporan elementos andinos –como la quina y la vicuña– con los cuales las mayorías indígenas pudieran identificarse. De la misma forma, se necesitaba una historia común, una historia nacional. Esos historiadores no se inventaron una historia, la “confeccionaron” con insumos que estaban ahí y con su propia creatividad. La historiografía peruana fue una confección porque el elemento “creativo” y la historicidad del momento subrayaron o descuidaron un sinnúmero de aspectos, pero ello no debe asociarse con lo conscientemente “fraguado”.

–¿Por qué interesaba a la burguesía construir la nación?

–Para gobernar mejor. No se trataba de una nación democrática, ni igualitaria. Era una nación como se definía en el siglo XIX, en la cual el Estado contribuye a crear a los connacionales. La élite confecciona eso que llamamos “peruano” y trata de difundirlo. Lo que yo confirmo al analizar la obra de los historiadores del siglo XIX –como lo han hecho otros historiadores estudiando el pensamiento, las fortunas o las modas de la burguesía– es que sí existieron proyectos nacionales, sí hubo una experiencia burguesa. Digo esto porque durante mucho tiempo se ha repetido que el Perú no tuvo clase dirigente, sino clase dominante; que no hubo burguesía, sino oligarquía; y que esa élite no fue capaz de crear un proyecto nacional ni de ofrecer una imagen de conjunto del pasado peruano.

–¿Esa crítica abarca a los historiadores del siglo XIX?

–Sí. Alberto Flores Galindo sostenía que la historiografía (la producción histórica) nace en el siglo XX. Yo sostengo que ya desde antes, con Mariano Mendiburu, Mariano Felipe Paz-Soldán, Sebastián Lorente o Carlos Wiesse (historiadores del siglo XIX) el Perú estaba en la agenda ideológica. Si no había la intención de crear una nación, para qué crear una historia nacional.

–Entonces, ¿cuáles son los mayores aportes de los historiadores del siglo XIX a la nación?

–El mayor aporte de los historiadores del siglo XIX es haber integrado a los incas al Perú. El segundo gran aporte es haber ofrecido una comprensión general del pasado peruano y del Perú: país de antigua grandeza, tiene la esperanza de ser un país de futura grandeza. Lo que no comprendieron, ni los historiadores ni los políticos del siglo XIX, fue que el Perú es un país mestizo y diverso. Para ellos la diversidad fue un obstáculo y por eso trataron de homogeneizar culturalmente y de imponer su modelo de progreso.

Lugares comunes

–Existen lugares comunes en las críticas sobre el siglo XIX. Uno de ellos se refiere al despilfarro de la riqueza guanera. Sin embargo, usted nos dice que este dinero se usó también para financiar investigaciones históricas.

–Sí. Los historiadores debemos hacer un mea culpa porque hemos sido muy severos con el siglo XIX, hemos tratado de encontrar en el siglo XIX el origen de casi todos nuestros males, y nos hemos conformado con echarle la culpa: el siglo de la anarquía militar, del guano que se despilfarró y de la derrota con Chile. Pero perdemos de vista que, junto con eso, en el siglo XIX pudimos construir un Estado. Entonces, por ejemplo, siempre repetimos que más del 50% del dinero del guano se usó en pagar sueldos de empleados públicos. ¡Pero claro! ¡Si había que construir un Estado! Se usó para pagar maestros, jueces, prefectos que antes no existían. Con el dinero del guano se fomentó también la actividad intelectual, la producción de obras históricas. Ojalá el Estado de hoy lo hiciera.

–Estos historiadores del siglo XIX, sin embargo, tuvieron que enfrentar pronto el dilema de admirar a los incas, sintiendo a la vez desprecio por sus descendientes, los indígenas.

–En 1992, la historiadora Cecilia Méndez publicó un magnífico artículo titulado “Incas sí, indios no”. Ella afirma que es una característica del nacionalismo peruano del siglo XIX y del siglo XX decir yo siento orgullo por los incas, pero no tengo nada que ver con los indios. Méndez lo atribuye a que en el siglo XIX existió un nacionalismo criollo que no veía en ello una contradicción y que excluyó a la población andina.

–¿Coincide con ella?

–Coincido en mucho. Pero creo también que precisamente la admiración hacia los incas impidió que la población andina fuese excluida del proyecto nacional. Los historiadores del siglo XIX dijeron: estos indios, descendientes degenerados de los incas, tienen una historia que demuestra lo que podrían llegar a ser si nosotros los regeneramos, los educamos. Gracias a esto, los indios fueron incorporados a la nación, aunque en un lugar secundario como grupos subalternos.

–No era posible mandar a los indígenas a vivir en reducciones.

–No, aquí la población indígena era tan numerosa y tan presente en todo el territorio que no se le podía confinar, como se hizo en Chile o EEUU. Entonces, se pensó en traer migrantes europeos para “mejorar la raza”. Pero, ¡cuántos hubieran tenido que venir! Luego se opta por imponer a aquella población un modelo cultural, burgués y occidental, para homogeneizar. Por supuesto, más inteligente hubiera sido que la élite, la minoría, aprendiera quechua como idioma oficial. Pero eso lo decimos hoy, 200 años después.

–Durante el siglo XIX tuvimos dos enemigos: España y Chile. ¿Cómo se entiende que tengamos hacia esos dos países sentimientos tan diferentes?

–Es que son dos historias diferentes. A España le ganamos dos veces, en 1824 y 1866. Además, la herencia cultural es evidente y por la necesidad de una continuidad histórica, dada la admiración por el pasado incaico, no pudimos negar el estudio del pasado colonial y encontrar en ese periodo personajes admirables y, qué duda cabe, fuimos un Virreinato muy importante. En cambio, Chile nos venció y nos duele porque siempre entendimos su pasado como inferior al nuestro. Nos duele doblemente porque nos ocuparon por varios años. Nos duele triplemente porque no solo se llevaron trofeos de guerra, se llevaron también libros, pinturas, estatuas… Y, además, Chile aún niega que haya materias pendientes, y no es poco frecuente que algunos de sus políticos exhiban hacia el Perú eso que José Rodríguez Elizondo, intelectual y ex diplomático chileno, ha llamado con magnífica expresión una “soberbia extravagante”.

–Otro lugar común: ¿la Independencia fue una gesta nacional?

–No, hoy sabemos que la independencia no fue una gesta “popular”, fue un movimiento de la élite. Los historiadores del siglo XIX no lo comprendieron porque al estudiarla recurrieron a ciertos documentos, proclamas, que les hicieron pensar que la Independencia fue apoyada por las masas. Hoy sabemos que los indígenas, negros, mulatos, mestizos participaron, pero sin tener necesariamente conciencia de lo que estaba en juego.

Herencia que pesa

–¿Qué conservamos del siglo XIX?

–Yo creo que una de las malas herencias del siglo XIX es la comprensión de la guerra con Chile. Los historiadores peruanos del siglo XIX comprendieron bien los abusos y supieron denunciarlos. La obra de Paz-Soldán, escrita casi en los mismos años de la guerra, es de una precisión documental y solidez impresionantes. Pero le faltó explicar mejor cuál era la situación previa en el Perú, que favoreció los abusos de los chilenos. Esto es algo que agrega Basadre.

–Otro tema pendiente es la inclusión de la población indígena a la nación.

–Sí, yo creo que esa debe ser la discusión. Porque hoy sigue presente el racismo, una herencia de los historiadores y políticos del siglo XIX. En buena cuenta seguimos sintiéndonos orgullosos de los incas y no tan orgullosos de los indios. Y a diferencia de otros países, en el Perú eso implica una especie de esquizofrenia: admiro y rechazo a la misma persona, a nosotros mismos.

–¿Qué debemos hacer?

–No imponer un único modelo de desarrollo, ni dejar que una minoría –económica o étnica– nos imponga el suyo. Respetar la diversidad cultural, no concebirla como algo inferior y tratar de pensar el Perú con modelos multiculturales. Afortunadamente, el Perú hoy no es el mismo de hace 50 años. Claro, hoy existe Asia (el balneario), unos cuantos que no dejan entrar a sus playas a mucha gente. Pero ellos no son el Perú. Más representativo del Perú es, por ejemplo, el Grupo 5.

El ejemplo de Alfonso Ugarte

–¿Y seguimos necesitando héroes nacionales?

–Por supuesto. Como toda nación, seguimos necesitando héroes nacionales. Pero debemos repensar nuestra historia. Por ejemplo, hoy admiramos a Alfonso Ugarte “solo” porque no dejó caer la bandera peruana en manos de los chilenos. Tal vez fue cierto, pero en todo caso Alfonso Ugarte fue héroe por varias otras razones: tenía dinero y pudo irse, pero se quedó a luchar. Además, usó su fortuna para armar batallones. La historia del sacrificio fue publicada días después de ocurrido en el diario La Patria, pero los historiadores del siglo XIX no la incorporan. Los que sí lo hacen son los historiadores del siglo XX.

–Sincerar nuestra historia sería una meta interesante para el bicentenario.

–Ciertamente. Tenemos que preguntarnos sobre qué Perú vamos a seguir enseñando en las escuelas. Hoy ya no es una necesidad, como lo fue para los historiadores del siglo XIX, “olvidar” hechos incómodos del pasado en favor de la unión nacional. Ahora nos toca asumir nuestras verdades históricas, incluso las recientes, las que causan orgullo y las que preferiríamos no escuchar. Solo así podremos reconciliarnos y difundir un pasado veraz, al interior de una educación masiva de calidad. Es una deuda que aún tenemos.


PERFIL

• Nombre: Joseph Dager Alva
• Edad: 39 años
• Lugar de nacimiento: Lima, Perú
• Estudios: Licenciado en Historia por la PUCP (1996), Doctor en Historia por la Pontificia Universidad Católica de Chile (2008)
• Familia: casado con 2 hijos
• Cargo actual: Profesor del Departamento de Humanidades y de la Maestría en Historia de la PUCP.
• Otras publicaciones: Hipólito Unanue o el cambio en la continuidad (2000), Vida y obra de José Toribio Polo (2000), Conde de Superunda (1995); El Virrey Amat y su tiempo (codirector, 2004).


* Publicado en La República, el domingo 28 de febrero de 2010.

Por Antonio Zapata
Historiador

Una reciente resolución suprema ha cercenado el archivo histórico del Archivo General de la Nación, AGN, trasladándolo al Instituto Nacional de Cultura, INC. Esta medida liquida al AGN como institución, puesto que le retira el corazón y queda desmembrado. De acuerdo a las leyes vigentes, el AGN brinda asistencia técnica a los archivos en uso en toda institución pública y privada; recibe los documentos recientemente traspasados en un archivo denominado intermedio; y finalmente, después de 30 años, coloca los documentos en el archivo histórico, ambos abiertos al público. Ahora, con la comentada resolución suprema, el AGN queda pintado en la pared porque pierde su parte sustancial.

>>> Seguir Leyendo... >>>

El problema principal de esta decisión es que rompe el ciclo natural del documento, que desde su emisión, está bajo la custodia de archiveros que lo conducen a una sola institución. Ese sistema unitario deriva de la necesidad de preservar el documento y evitar que se destruya. Lamentablemente, la decisión del Ejecutivo rompe este ciclo y lo entrega a dos instituciones rivales, las cuales pelearán y perderán el patrimonio documental que la Nación les ha encargado preservar.

Este contrasentido, además, no respeta la Constitución vigente ni la jerarquía de las normas. Se trata de una simple resolución suprema, pero contraviene una ley, la 25323, promulgada el 10 de junio de 1991, que precisamente crea el sistema nacional de archivos bajo la dirección del AGN. Hoy día ese sistema ha sido puesto en cuestión por una norma de menor jerarquía que carece de sustento legal.

Por su lado, el cercenamiento del AGN no ha sido consultado con las instituciones interesadas. Es un rayo en cielo sereno. La cuestionada norma ha sido promulgada en secreto, sin la menor transparencia ni debate público.

Asimismo, es una disposición única porque en todos los países del mundo rige una sola ley archivística; según la cual, los documentos se clasifican de la misma manera y los administran los archivos nacionales. No hay un solo país del mundo donde los archivos se clasifiquen de una manera singular. Asimismo, no hay país del mundo donde los archivos estén a cargo de varias instituciones. El sistema estandarizado es la norma entre los archiveros del planeta, hasta que un día el Perú decidió caminar en sentido inverso.

Otro punto es el anteproyecto para crear el nuevo Ministerio de la Cultura. En ese texto, se anticipa que el nuevo ministerio fusionará tres instituciones íntegras: Biblioteca Nacional, INC y AGN. No se dice que una institución ha de absorber parte de otra, como ha sido el caso con el traslado del archivo histórico al INC. Así, la criticada resolución suprema incluso contradice los conceptos que el mismo Ejecutivo venía haciendo públicos.

Como es fácil entender, esta iniciativa ha sembrado un justificado temor en la Biblioteca Nacional de sufrir el mismo cercenamiento que ha experimentado el AGN. Las tres instituciones que mantenían relaciones equilibradas, ahora se hallan en tensión por la ambición de una por fagocitar a las otras.

Sin explicitarse razones, se está desmantelando un sistema creado por el doctor Guillermo Durand Flórez más de 30 años atrás, al constituir el centro de capacitación y los archivos departamentales. Las motivaciones del Ejecutivo se ignoran, salvo que es notorio el apuro de parte de la dirección del INC para efectuar el traslado.

Se sabe de dónde viene la presión, pero todos los archiveros están en desacuerdo y ya han iniciado movilizaciones. Algunos historiadores consultados se manifiestan de acuerdo con ellos y solicitamos al presidente García que reconsidere esta desacertada resolución suprema.


* Publicado en La República, el 27 de enero de 2010.

A propósito de archivos y documentos, los amigos del Archivo Universitario de la Universidad de Castilla-La Mancha nos comunican que acaban de actualizar su Mapa Interactivo de Archivos Universitarios Españoles 2010, sin la menor duda una herramienta de consulta y análisis de primer orden para quienes trabajan en ese tipo de repositorios y series documentales. De igual modo, desde su web se puede linkear al Archivo de l’ Université Catholique de Louvain, en donde se celebrarán las 10e Journées des Archives: "La valorisation des archives" en marzo próximo.

Como sabemos, por disposición de un infortunado decreto supremo del ministerio de Educación publicado el 16 de enero pasado, el gobierno tomó la decisión de transferir la Dirección del Archivo Histórico del Archivo General de la Nación al Instituto Nacional de Cultura, lo que en buena cuenta significa sino la inminente desaparición de nuestro primer repositorio documental, sí toda razón de ser de su existencia. El decreto en cuestión representa, según los entendidos de aquí y del exterior, uno de los mayores atentados contra el patrimonio documental de la nación y contra la historia misma de este país.



>>> Seguir Leyendo... >>>


Una decisión de este tipo, a todas luces inconsulta (no se pidió para su elaboración la opinión de los archiveros del país), antitécnica (pretende desglosar en dos un corpus documental que en sí mismo es uno solo) e inconstitucional (el cuestionado decreto supremo pretende dejar sin efecto una ley, una disposición de mayor jerarquía), no es la primera de su tipo. Cuando en 1718 se creó el Virreinato de Santa Fe y, en 1777, el del Río de la Plata, desde Lima partieron cientos de cajas con miles de documentos que involucraban a esas nuevas circunscripciones a fin de proveerlos de la documentación y antecedentes históricos necesarios para su funcionamiento y existencia. Fueron los primeros de muchos traslados que explican nuestra continua ‘descapitalización documental’.

La pretendida mutilación del Archivo General de la Nación trae ahora el recuerdo de aquellas épocas que creíamos ya superadas por ser propias de naciones incipientes, bárbaras o incultas.

Porque bárbaro e inculto fue también el saqueo de la Biblioteca de Lima, en donde funcionaba el entonces Archivo Nacional, durante la ocupación chilena. Si alguna vez este ciudad se alimentó de cultura, fue en aquella triste ocasión en que la soldadesca chilena sacaba los legajos de valiosos documentos virreinales para venderlos al peso en las pulperías cercanas y con los que luego envolvían los abarrotes que vendían. En defensa del inculto invasor, hay que decir que también nosotros hicimos hasta lo indecible por acabar con nuestros documentos y archivos.

Alberto Ulloa cuenta, por ejemplo, como en 1835, cuando Salaverry se proclamó Jefe Supremo, rebelándose contra el presidente Luis José Orbegozo, que había marchado hacia el sur a combatir a Echenique y Gamarra, las tropas que tenía estacionadas en Lima para sostenerse en el poder, utilizaron los documentos del Archivo para hacer los cartuchos de pólvora de sus rifles. Y no es la única forma de inquina documental que conocemos y practicamos. Las sustracciones y robos de documentos son otras y más vergonzosas todavía.

Estos permitieron que se formaran primero y se perdieran después, ‘colecciones particulares’ como la Colección Corbacho, con cerca de 20.000 documentos del Estado, que fue a parar a distintas instituciones estadounidenses y la Colección Gutiérrez de Quintanilla, con otros 10.000 piezas documentales, que terminó en Argentina.

¿Por qué sorprendernos, entonces, de que sea el propio gobierno quien se encargue de asestarle al Archivo General de la Nación el golpe más duro, el golpe definitivo? Aunque las voces de alarma se han levantado de todos lados, al frente de las cuales se encuentra la propia Academia Nacional de la Historia, todo parece indicar que, como en el poema de Vallejo, al Archivo le ha llegado el momento más grave de su vida. Curiosa situación si tenemos en cuenta que fue el actual gobierno, cuando presentó su plan de gobierno en las elecciones del 2006, quien prometió modernizar el Archivo General de la Nación. No dividirlo. Pero que puede esperarse de un gobernante y sus seguidores que tiene la mala y arraigada costumbre de prometer una cosa y hacer lo contrario.

Y como si semejante desatino no bastase para sublevar a los hijos de nuestros hijos, que algún día preguntarán dónde estábamos cuando todo esto sucedía y qué fue lo que hicimos para evitarlo, fuimos testigos también del robo impune de cientos de cajas de documentos de un organismo oficial del Estado a plena luz del día y que transcurrido un año aun no se ha esclarecido. Ni culpables ni sanciones. La absoluta ley de la selva y el desprecio más abyecto por los documentos y los archivos.

Esto significa que a los desaciertos del gobierno y el abandono del Estado, debemos sumarle también la negligencia propia de los irresponsables. Una negligencia que ha permitido, a lo largo de nuestra historia, que cientos de documentos valiosos se pierdan para siempre en incendios, robos, saqueos, traslados y más robos. Tantos que con todos ellos podría armarse otro Archivo Nacional entero.

Esa fue una de las muchas consignas que los trabajadores del Archivo General de la Nación corearon hoy en la marcha de protesta hacia el Congreso. En la misma participaron no solo los trabajadores del AGN, sino también alumnos y docentes de la Escuela Nacional de Archiveros, entre los que se encontraba la profesora Vilma Fung, reconocida archivera y maestra de generaciones de archiveros peruanos, y Norman Berríos, funcionario del AGN y archivero de larga trayectoria, también docente en la ENA. También estuvieron presentes investigadores, como el historiador Carlos Villanueva, quien fue el encargado de dejar en la Mesa de Partes del Congreso una carta dirigida al congresista Luis Alva Castro, presidente del Congreso, para que acelere el trámite parlamentario que derogue el Decreto Supremo N° 003-2020/ED por inconstitucional y antitécnico. Lamentablemente, no pudieron ser atendidos por ningún congresista por no encontrarse uno solo de ellos. Sin embargo, quedó abierta la posibilidad de organizar una conferencia de prensa para el próximo jueves en la Sala Mohme del Congreso para explicar lo nefasto del decreto de marras. Aquí les dejo más imágenes de la marcha, no sin antes reiterar: ¡Peruano, Defiende tu memoria!



>>> Seguir Leyendo... >>>








Por lo menos eso es lo que se desprende de la marcha de hoy que realizaron los trabajadores del Archivo General de la Nación hasta el Congreso exigiendo la derogación del Decreto Supremo N° 003-2010/ED que fusiona la Dirección del Archivo Histórico del AGN con el Instituto Nacional de Cultura, un despropósito que ya ha merecido la opinión en contra tanto de especialistas del país como del extranjero. La marcha, que se realizó de manera absolutamente pacífica y sin ningún tipo de incidentes, concluyo con la entrega de una carta al Presidente del Congreso para que tome cartas en el asunto y apresure el trámite parlamentario para derogar una norma inconsulta, antitécnica e inconstitucional. Sin embargo, es de lamentar que que ni un solo medio de comunicación se haya hecho presente para cubrir la marcha. ¿Es que acaso la ciudadanía no es plenamente consciente del grave peligro que corre el patrimonio documental de todos los peruanos de concretarse semejante disparate? ¿Es que acaso no saben que ¡Sin Archivos no hay Historia!?



>>> Seguir Leyendo... >>>










Juan Ortiz BenitesLima, feb. 25 (ANDINA).- “Estamos buscando historias perdidas de la Guerra del Pacífico", explica Juan Ortiz Benites, director editorial de La Casa del Libro Viejo, entre anaqueles de libros de lomo longevo, allá en el distrito de Lince.

Alcanza dos volúmenes que acaban de salir de la imprenta para esa dura lucha contra el olvido y la desmemoria: Guerra del Pacífico. Testimonios reales a bordo del Huáscar y Las batallas de Chorrillos y Miraflores y el arte de la guerra.

>>> Seguir Leyendo... >>>

El primero es una reedición de los diarios de campaña del monitor Huáscar que redactaron, durante la campaña naval de 1879, entre el 16 y 28 de mayo, el teniente Jorge Velarde, quien al morir durante el combate de Iquique fue reemplazado por el militar Pedro Garezón.

Juan Ortiz y su equipo de bibliófilos llegaron a esos manuscritos y con una especialista en paleografía trabajaron para ponerlos a disposición del público de manera seria y conforme a los originales.

En esas páginas están relatados diversos entretelones, como los sucesos del combate de Angamos. Cuando los 62 náufragos chilenos fueron recibidos en la cubierta del Huáscar gritaron “¡Viva el Perú!”, una frase que los investigadores chilenos han tratado de calificar de apócrifa.

Más de 70 de las 162 páginas de Guerra del Pacífico... son las transcripciones de la correspondencia oficial del héroe Miguel Grau dirigidas desde el Huáscar al comandante general de Marina, entre junio y setiembre de 1879.

Los últimos días son un reclamo de Grau de pertrechos militares, como tarros de metralla, necesario para su labor de combate. Al mes siguiente fue la batalla de Angamos, donde Grau se hizo eterno.

Reedición

Juan Ortiz Benítes también ha reeditado este año los apuntes del general ecuatoriano Francisco J. Salazar, publicado originalmente en 1882, sobre las batallas de Chorrillos y Miraflores. El militar, desde una óptica que busca ser lo más imparcial, habla de la estrategia militar, de los errores del ejército peruano y el avance de las tropas enemigas.

Ortiz explica que la reedición de libros de hace 300 o 400 años es una trabajo cotidiano en Europa, donde hay editoriales especializadas en ello. En 2008, su librería empezó a publicar el material de los manuscritos con Diario a bordo de la corbeta Unión.

El tema de la Guerra del Pacífico ha seguido presente, y en coedición con la Universidad Alas Peruanas lanzaron La lancha torpedera Alianza y la ruptura del bloqueo de Arica en la Guerra del Pacífico (2009).

Además, ha publicado el trabajo de Rubén Quiróz sobre cinco obras teatrales peruanas que estuvieron en escena durante la Guerra del Pacífico.

Cuenta Ortiz que estas ediciones serias, aunque de tiraje pequeño, han tenido eco también en Bolivia, Chile y Ecuador, de donde los investigadores solicitan mucho este tipo de materiales, porque hay una sed para tener mayores detalles que permitan estudios más logrados de aquel conflicto.

Ortiz comenta que además del tema editorial, el mercado de los libros viejos en el Perú tiene bastante acogida. Inclusive algunas primeras ediciones de autores contemporáneos peruanos son rebuscadas por los conocedores. Por ejemplo, un ejemplar de la primera edición de Los cachorros de Mario Vargas Llosa puede llegar a costar en el mercado entre 200 y 300 dólares. Cuestiones de la oferta y la demanda.

Proyecto

El Instituto de Estudios Históricos del Pacifico y la Casa del Libro Viejo quieren montar este año la primera exposición de la colección más grande de piezas y objetos usados durante la Guerra del Pacífico por militares del Perú, Bolivia y Chile, además de una colección de libros sobre este capítulo. Buscan apoyo del sector público. La meta es crear un museo para estas piezas.

Datos

- Este año, La Casa del Libro Viejo reeditará Estadística General de Lima (1858), de Manuel Atanasio Fuentes, “El Murciélago”.

- Los diversos volúmenes reeditados, sobre manuscritos originales, se pueden adquirir en el stand que tiene la editorial en la Feria Itinerante del Libro en San Miguel.

Next Page →

Letras Libres
LETRASLIBRES.COM
© LetrasLibres.com



Letralia, Tierra de Letras, la revista de los escritores hispanoamericanos en Internet

La Historia detrás de la Historia

Huellas Digitales

¿Tiene usted una foto histórica de la Guerra Civil?