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"Hoy es un día histórico, hijo"

El pasado 19 de diciembre el diario donde trabajo me publicó una crónica que, curiosamente, ha sido del agrado de todos los que conozco. No es por falsa modestia, pero lo cierto es que he escrito otras notas por las que me hubiera gustado recibir las felicitaciones que esta crónica originó. En fin, bien dicen que nadie sabe para quien trabaja (lo digo porque, sinceramente, el fútbol no me quita el sueño). Pero aquí les alcanzo la susodicha nota (JMM).


"Hoy es un día histórico, hijo"

Mis padres siempre estaban discutiendo. El final de la jornada para mi padre, era el inicio de una nueva de discusiones. Fue cuando todos desarrollamos la sana costumbre de ir a la cama temprano. Una noche me llegó el rumor lejano de una de esas tantas discusiones. Pude darme cuenta de que el rumor crecía, se acercaba. Abría la puerta.

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"Déjalo tranquilo", fue el ahogado reclamo de mi madre, y la réplica firme y decidida de mi padre encendiendo la luz: "No, esto es importante". Desde que traspasaron el umbral supe que esta discusión no era de las de siempre. "Hijo, despiértate", porfiaba mi padre. "Vístete", ordenó cuando seguí el teatro de despertarme y hacer de cuenta que no sabía nada, lo cual no me costó mucho trabajo.

Pese a oponerse a que saliera a esa hora de la noche, noté un aire de resignada tranquilidad en sus palabras. "Mañana tiene que ir al colegio", insistía sin mayor esfuerzo mi madre. Y yo sin saber de qué se trataba todo esto. Pero de pronto surgió la primera sorpresa de aquella noche: "No, viene conmigo". ¿Adónde? ¿Para qué?

Mi padre sacó el auto y enrrumbó hacia la Vía Expresa. Entonces me asusté. Me percaté de que el tráfico en nuestro carril era gigantesco, mientras que del otro lado no había un alma. Parecía como si todo Lima escapara al mismo sitio. "¿Adónde vamos?" pregunté, y entonces vino la segunda sorpresa de la noche. Mi padre, que no es de hablar mucho, empezó una larga, eufórica, disertación sobre la historia del Perú, la importancia de esa noche y que, por memorable, nunca la olvidaría ¿What?

Cuando el auto no pudo avanzar más, mi padre, al igual que todos, abandonó la vía expresa y buscó un lugar donde estacionarlo. "Bájate, iremos a pie", ordenó. Caminando como podíamos entre una muchedumbre que corría desesperadamente hacia el mismo punto al cual me llevaba mi padre de su mano mientras reiniciaba su agitada disertación sobre la historia del Perú y todo eso, llegó la tercera sorpresa de aquella noche. En medio de toda esa confusión pude reconocer nítidamente la enorme silueta del Estadio Nacional. Terriblemente asustado, deseé lo que todo ser normal y en sus cabales desearía en un instante de desesperación como ese: quería a mi mamá.

Cuando llegamos a una de las puertas mi padre tuvo que cargarme, de lo contrario hubiera sido un número más en las estadísticas de menores desaparecidos. Subíamos como podíamos las escaleras cuando se desató el caos general: alguien gritó que ya estaban llegando. Mi padre llegó a las tribunas en tres segundos como si de eso dependiera nuestras vidas, ubicó dos lugares para nosotros y empezó a saludar, abrazar y vuelta a saludar a todos como si los conociera de toda la vida y ellos a él. Entonces, cuando divisó el ómnibus entrando a la cancha del estadio, mi padre se volvió hacia mí y con lágrimas en los ojos me lo dijo: "Hoy es un día histórico, hijo".

Mi padre lloraba, ellos lloraban, todo el mundo lloraba y yo también, pero por razones muy distintas a las de ellos, que habían ido a recibir a la selección peruana de fútbol que había conquistado la Copa América frente a Colombia en Venezuela y que del aeropuerto los habían llevado directamente al estadio a recibir el homenaje de la afición. Una multitud que cantaba el himno nacional una y otra vez sin que nadie se lo ordenara. Mi padre no se equivocó: esa fue una noche memorable para un niño de diez años que andando el tiempo se convirtió en historiador.

Esto recordaba el miércoles pasado peleándome con mi hijo de siete años por la televisión. El quería ver a los Powers Rangers y yo el partido de Cienciano en Buenos Aires. La pelea estuvo en su punto más alto en los últimos diez minutos cuando él asestó un golpe de gracia que estuvo a punto de provocarme un infarto: se apoderó del control remoto. Pedí, rogué, amenacé pero nada lo conmovía. Le dije que ese partido era importante y él me preguntó por qué. He esperado 28 años para responderle, desde mis remotos 10 años, de la única manera posible y contundente, casi atávica, ancestral: "Hoy es un día histórico, hijo". Y afortunadamente entendió.



Sorry

Han pasado casi tres meses desde que dejé abandonado este blog. Pido sinceras disculpas por ello. Más aún si tomamos en cuenta que hasta colgué una agenda que, resulta vergonzoso recordarlo, no cumplí. Espero en los próximos días reparar esta falta. Curiosamente creí que con vacaciones en la universidad tendría más tiempo para escribir, pero lo cierto es que no sólo extraño a mis alumnos, sino que además su contacto diario es el mejor aliciente para escribir. Así que, dejándonos de preámbulos, a escribir otra vez.