Historiador busca trabajo en la red

Con ocasión del Día de Internet, hace siete años el diario El País de España convocó a un concurso de relatos para saber cómo la red les había cambiado la vida a sus lectores. El mío, por supuesto, no ganó pero apareció en el especial que el diario publicó para conmemorar la fecha (25 de octubre, en el ámbito español por aquel entonces). Como hoy es el Día Mundial de Internet, lo rescato para que vean cómo, en apenas siete años, las cosas siguen cambiando tanto en nuestras vidas como en la red misma. Por cierto, hoy mi hijo es un adolescente de 16 años que apunta a convertirse en un gran ajedrecista, el próximo año va a la Universidad a estudiar Economía y todavía me sigue pidiendo que le cuente historias. Felizmente.

Ex LibrisEn un principio fue el procesador de texto. Y como Dios vio que era bueno, creó la base de datos. El séptimo día descansó y para eso inventó Internet”. Hay quienes creen todavía a pie juntilla esta verdad seudo científica y seudo bíblica que muchos de mis amigos me suelen repetir como un vade retro de algún demonio deshumanizador. De manera particular mis colegas, los miembros de la tribu de Clio, convencidos como están de que la computadora sólo existe como una costosa máquina de escribir y aunque haya uno que otro que todavía se aventura en la administración de sus fichas de investigación con el inefable Access. Salvo esto, son muchos los que todavía ignoran las enormes posibilidades que ofrece Internet como herramienta para el trabajo del historiador. Sin ella, por ejemplo, yo no sería el historiador que soy, no enseñaría en la universidad que enseño y, sobre todo, no podría contarle a Rodrigo, mi hijo de 9 años, y a mis alumnos las divertidas historias que le cuento.
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Cuando apareció Internet en mi vida, y en la de mis colegas historiadores, la red no era ni por asomo lo que es hoy en día. Y en esto radica mi primera deuda con ella: nunca he tenido que llevar un curso de capacitación o manejo de la red. Con Internet aprendí a aprender. Luego vino una serie de exposiciones y conferencias en la que Internet (la web, sería apropiado decir) era la estrella de presentaciones en la que el tema de la enseñanza y la divulgación de la historia encontraban una eficaz, barata y amplísima herramienta de trabajo. Y esta es la segunda deuda que tengo con ella: Internet me abrió las puertas de algunas universidades a las que hubiera sido muy difícil, sin ella, acceder. Hoy, por extraño que parezca, este historiador enseña nuevas tecnologías a estudiantes de periodismo en la que la primera lección que yo mismo aprendí es regla para ellos. Y por último está mi trabajo como historiador.

Siempre he dicho que la mejor manera que he encontrado de ejercer mi carrera de historiador en esta era de la información, es trabajando en un medio de comunicación. En el diario en el que trabajo, uno de los más importantes de mi país, Mi labor consiste en preparar los antecedentes de cualquier suceso, nacional o extranjero, de la historia contemporánea. Y en ocasiones hasta tengo que escribir la mismísima nota o informe a publicarse en el diario. Resultaría ocioso decir, menos aún demostrar, que en Internet encontré mi mejor ayudante, herramienta y libro de consulta. En ese sentido, aunque siempre he lamentado que las maestrías y doctorados en historia que hay en mi país todavía giren en torno a temas y metodologías de historia colonial (que son los mismos desde hace treinta años), me consuelo pensando y creyendo firmemente que cada vez que ingreso a la red estoy asistiendo a mi clase magistral de historia contemporánea. Porque eso es lo que es Internet actualmente para mí, aunque suene cursi y frívolo decirlo: una maestra y amiga".


* Texto publicado en el sitio web del diario El Pais.Es con motivo del Día de Internet, que se celebró el 25 de octubre último en el ámbito español.




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