San Marcos exonerará del pago a 1.000 postulantes

Estudiantes de bajos recursos económicos que hayan tenido como promedio 15 en sus notas serán los beneficiados.

Piden presupuesto para continuar investigaciones

Walter Alva recordó que en el 2016 no se ejecutaron trabajos de investigación arqueológica en Lambayeque.

Se realizarán tours nocturnos en Chavín de Huántar

Ministerio de Cultura autorizó visitas para promover importante monumento arqueológico.

Polémica de los Pitufos comunistas ya es mundial

La prestigiosa BBC hace eco de la polémica desatada en Uruguay por comparar a los Pitufos con una sociedad comunista.

¿Se hará realidad la ficción cinemtográfica

Según la agencia, roca espacial circuló demasiado cerca de nuestro planeta.

El clima, un viejo enemigo

Por Jorge Moreno Matos

El huracán Katrina ha destruido Nueva Orleans y su paso no sólo ha despertado la discusión del racismo en Estados Unidos, también le ha restado valiosos puntos a su presidente. No es la primera vez que la naturaleza juega un papel determinante en la historia de los pueblos

Cuando en 1944 la flota norteamericana se dirigía a costas japonesas, estos recurrieron a un recurso tan disparatado como desesperado tratando de evitar una invasión que ya era inevitable: cuatro mil “kamikazes” o aviones suicidas dirigidos contra barcos enemigos. Fueron llamados así, que significa “viento divino”, invocando a los tifones que en el año 1274 hundieron los barcos de una invasión mongola que nunca se realizó. Seis años después, en 1281, otro intento y otra vez otros tifones impidieron nuevamente la invasión de la isla. Lo interpretaron como una señal divina y así nació la leyenda de los vientos salvadores que en la Segunda Guerra Mundial no los libró de la derrota.

Esta no es la única, ni la última, ocasión en que la naturaleza ha tenido un papel determinante en la historia. Como ésta, hay muchas.

Tempestades históricas
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A finales del siglo XVIII, la rivalidad entre España e Inglaterra por el tráfico mercantil y el comercio colonial llegó a su punto más álgido en 1740. Una escuadra de la flota inglesa compuesta por ocho navíos, 218 cañones, 1.410 tripulantes y 470 soldados, al mando del comodoro George Anson, el mismo que ocho años después recomendaría al Imperio Británico la ocupación de las Islas Malvinas por su excelente valor estratégico, zarpó hacia América. El 18 de setiembre una tempestad se interpuso en su camino y acabó con ella. Siglo y medio antes había sido el turno de la propia España.

En 1588 una postergada invasión española de Inglaterra al fin era posible gracias a los 130 barcos y 30 mil soldados con que contaba el rey de España. Una empecinada tempestad en el enfurecido mar del Canal de la Mancha se ensañó con ella, dispersó a la gran mayoría e hizo encallar a muchos. La contrariada expresión de Felipe II ante la noticia de hechos tan inverosímiles ha quedado como un hito en la historia universal de la perplejidad: “No envié a mi flota a luchar contra los elementos, sino contra hombres”, dijo. Para España supuso el inicio de su decadencia y para Inglaterra el inicio de su papel como potencia marítima mundial.

No olvidemos tampoco los tsunamis. El del año 1,600 a.C. provocado por una erupción volcánica y con olas de hasta 150 metros de altura, arrasó con la isla de Creta y es al que muchos investigadores señalan como la verdadera causa de la desaparición de la civilización minoica. El del 26 de diciembre último en Asia, que cobró la vida de más de 250 mil personas, sin duda también dejará su huella por años al haber devastado una geografía que era la principal fuente de ingresos de esa zona del planeta.

Invierno guerrero

Por increíble que parezca no una sino dos veces el “general invierno”, el temible invierno ruso, derrotó a los ejércitos más poderosos que haya conocido la historia.

En 1812 Napoleón emprendió la invasión de Rusia que se le advirtió sería su ruina. Desoyendo todas las advertencias se lanzó a la empresa más absurda de su carrera militar. Los rusos lo dejaron avanzar hasta la capital, Moscú, la que previamente evacuaron y desabastecieron por completo. Un incendio provocado por sus habitantes los obligó a abandonar la ciudad y emprender la retirada hasta Francia que le costó 560 mil hombres de los 600 mil con que empezó la aventura. El frío fue implacable con él. En una sola noche murieron 12 mil soldados.

129 años después, en 1941, el ejército alemán, compuesto por 4 millones de soldados y una maquinaria de guerra como no se había visto hasta entonces, cometió la misma locura. Aunque el propio Hitler y sus planificadores tuvieron presente la fracasada expedición napoleónica hasta en sus mínimos detalles, fueron derrotados nuevamente por el clima que no sólo diezmó hombres, maquinaria y armamento, sino que impidió todo forma de avituallamiento por tierra y aire. De aquí en adelante, la poderosa Wermacht sólo sumaría derrotas.

Calentamiento global

Pero si cree que estas calamidades han influido en la historia por sus dimensiones gigantescas, hay otras tan imperceptibles que sin embargo han significado y significan verdaderos cataclismos para el hombre.

En los años 60 una serie de congresos de paleoclimatólogos establecieron las primeras señales de un problema que hoy se halla en el centro de la polémica mundial. Las conclusiones de aquellos historiadores del clima (una descontrolada actividad industrial) fueron verdaderamente alarmantes sin que nadie les prestará atención. Igual que ahora.

Señalaron que en el siglo XVI el invierno en Riga, Letonia, duraba nueve días más que en el siglo XX, y que el lago Suwa, en Japón y para la misma época, se congelaba por completo, algo que está muy lejos de verse hoy; y que en Africa, las nieves del Kilimanjaro, que celebró Hemingway, desaparecerían antes de dos siglos de mantener el ritmo de regresión en que estaban. Es lo mismo en lo que ha insistido Ross Gelbspan con datos más actuales en un artículo reproducido en todos los diarios del mundo, llamando al huracán Katrina por su verdadero nombre: calentamiento global.

Puede entonces que lo sucedido en Nueva Orleans sea un eslabón más en esta cadena de desgracias infligidas por la naturaleza, pero hay mucho de responsabilidad en la irresponsable actitud del hombre.

En el Perú también
la naturaleza cambió la historia


Otro ejemplo de cómo la naturaleza o el clima pueden cambiar la historia lo constituye la desaparición de la cultura Moche en el siglo VI de nuestra era debido, ahora lo sabemos bien, a la presencia de eventos Niño catastróficos a los que se le sumaron una serie de terremotos que acabaron con ella. Otro Niño en 1578 arrasó con bienes, tierras de cultivo y muchas vidas, especialmente entre la población indígena. Pese a ello, los encomenderos españoles exigieron el pago del tributo obteniendo por respuesta el reclamo de los indios. Gracias a la tenaz investigación de Lorenzo Huertas hoy conocemos los recovecos de este Niño de consecuencias inimaginables en la sociedad norteña del siglo XVI.

Durante décadas los historiadores peruanos discutieron sobre la llamada Crisis agraria del siglo XVIII que muchos atribuyeron a causas económicas y otros a los cambios ocasionados en el suelo agrícola a raíz de terremotos tan devastadores como los de 1687 y 1746 que provocó el afloramiento de gases y sedimentos marinos causando la esterilidad de las tierras. Entre sus consecuencias estuvo la sustitución de algunos cultivos y la importación de otros desde Chile.

Sequías, inundaciones, terremotos, huracanes. Alguien los ha llamado “Detonadores de una situación crítica preexistente”. Nunca tan acertada una definición.

* Publicado en el Diario El Comercio, de Lima, el 19 de setiembre de 2005

¿Quién es Fujimori?

Cinco años después de su renuncia por fax a la presidencia desde Japón, Fujimori ha sido detenido en Santiago de Chile. Fueron días que hoy vuelven a nuestra memoria de una particular manera ¿Cómo cuentan algunos ese capítulo de nuestra historia más reciente?

Fujimori Sí es peruano. ¡Extraditen a Fujimori!Buena pregunta. Sobre todo ahora que el ex presidente ha sido detenido luego de cinco años de una espera que para muchos parecía una frustración más en nuestra larga historia de frustraciones. Una historia que, pese a ello, no deja de sorprendernos ¿Quién es Fujimori? Menos mal que existe Internet para responder a esa interrogante. Porque si fuera por los libros, textos escolares, enciclopedias, manuales, diccionarios y almanaques mundiales que existen por ahí todavía sin actualizar, o mal actualizados, lo más probable es que la próxima generación de peruanos que se instruye con ellos acabe convencida que el prófugo ex presidente concluyó su mandato el año 2000 o, peor aún, que renunció dignamente en los ambientes de Palacio de Gobierno.
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Dos características comunes a las enciclopedias son la concisión de la información y la ausencia de elementos subjetivos o de opinión en ellas. Sin embargo, ni la concisión ni la objetividad son razones de peso para que en el relato de los hechos de las que circulan profusamente entre nuestros escolares, las palabras “autogolpe”, “fax”, “huida”, “prófugo” brillen por su ausencia.

El Diccionario Histórico Biográfico de ‘Peruanos Ilustres’ (sic) de AFA Editores Importadores S.A. (Lima), hace un recuento de la historia hasta su primera reelección, a la que se presenta para “continuar proyectos ya iniciados en su gobierno anterior”. No menciona para nada los sucesos del 5 de abril de 1992 y que tuvo que promulgar una nueva constitución a su medida precisamente para reelegirse. Puede decirse en su descargo que el libro es de 1999, pero ya en ese año las denuncias de corrupción eran tan clamorosas que semejante olvido resulta poco menos que extraño.

Igual sucede con otros diccionarios similares, que son los que más usan nuestros estudiantes: uno de Historia y Política del siglo XX (Editorial Tecnos, Madrid, España) refiere que “dimitió de la presidencia y abandonó subrepticiamente el país para refugiarse en Japón” (se olvida que fue el Congreso quien le autorizó a salir bajo el pretexto de ir a una reunión internacional cuando era de conocimiento general la existencia de cuentas millonarias en paraísos fiscales). Otro, el Diccionario Enciclopédico 2002 de Editorial Larouse, es hasta casi compasivo con él: “tras un irregular proceso electoral en el 2000, dimitió meses después acusado de corrupción”. La ediciòn corresponde al año 2001. Pero las que verdaderamente sorprenden son las enciclopedias.

La de Historia Universal de editorial Lexus, también del año 1999, aunque menciona el autogolpe de 1992, incurre en los mismos olvidos y en justificaciones que casi parecen redactadas por el propio prófugo: “Fueron suspendidas las garantías constitucionales, y no tardaron en obtenerse éxitos en la lucha antiterrorista”. Ni una mención a la violación de Derechos Humanos, a Montesinos o a la corrupción galopante. Otra más reciente, de 2001, La Enciclopedia del Perú de editorial Océano, llama ‘polémicas’ a unas elecciones escandalosamente fraudulentas y se olvida del video Kuori-Montesinos, la renuncia por fax y su huida al Japón. En los textos escolares o de preparación, el asunto no dista de ser distinto. Incluso es peor.

El manual de Historia del Perú de la academia preuniversitaria ADUNI (¡fechado en octubre de 2001!), sólo menciona los logros de la gestión de Fujimori y ni una sola palabra sobre la corrupción, su renuncia desde su nueva patria o las ‘polémicas’ elecciones del 2000. Por otro lado, sólo uno de los tres libros para el último año de educación secundaria revisados (el de Benavides Estrada) llama a las cosas por su nombre, aunque lo único que debamos de lamentar sea que la información sólo alcanza hasta el año 1995, incluso para aquellos que ostentan su fecha de edición en el 2003. ¿Por qué?

¿Una cuestión técnica?

Una explicación que parece sustentar estos olvidos y desactualizaciones lo constituye la forma de operar de la industria editorial. Según Luis Carranza, de Tarea Gráfica Educativa, es más fácil y económico realizar una reimpresión, ya sea que se trate de una obra de hace cinco o seis años de antigüedad, que emprender una nueva. Una nueva edición implica no sólo nuevos gastos sino también nuevas obligaciones de orden legal, nos explica.

Así se trate de un fragmento de la obra lo que se cambie, al autor o editor está obligado a repetir todo el trámite administrativo, con los consiguientes pagos de derecho y registro intelectual que exige la nueva obra. ¿Y qué hay sobre las incongruencias o inexactitudes, incluso distorsiones, que pueda presentar? Se puede advertir de ellas a los responsables, a los autores o editores, pero de ninguna manera corregirlas porque se atentaría contra la propiedad intelectual de ellos protegidas por ley.

Frente a este panorama, sólo la Internet parece ofrecer, por ahora, las soluciones más inmediatas. Sin embargo, existe otra cuestión a tomar en cuenta: el riesgo que todo esto implica. Existen precedentes ilustrativos de cómo la historia de la historia ha cambiado cuando cambia de manos.

En 1956 el líder soviético Nikita Khrushchev se atrevió a declarar, cuando la Guerra Fría estaba más caliente que nunca: “Les guste o no les guste, la historia está de nuestro lado. Nosotros los vamos a enterrar”. Hoy sabemos de qué lado se puso finalmente la historia. Dentro de otros cinco años, ¿cómo se escribirá la nuestra si ahora la escriben con tantos olvidos?


* Publicado en el Diario El Comercio, de Lima, el 20 de noviembre de 2005