San Marcos exonerará del pago a 1.000 postulantes

Estudiantes de bajos recursos económicos que hayan tenido como promedio 15 en sus notas serán los beneficiados.

Piden presupuesto para continuar investigaciones

Walter Alva recordó que en el 2016 no se ejecutaron trabajos de investigación arqueológica en Lambayeque.

Se realizarán tours nocturnos en Chavín de Huántar

Ministerio de Cultura autorizó visitas para promover importante monumento arqueológico.

Polémica de los Pitufos comunistas ya es mundial

La prestigiosa BBC hace eco de la polémica desatada en Uruguay por comparar a los Pitufos con una sociedad comunista.

¿Se hará realidad la ficción cinemtográfica

Según la agencia, roca espacial circuló demasiado cerca de nuestro planeta.

Los orígenes de la novela en el Perú

De todas las 'tijeras' que este blog ha publicado, ésta es la más grande y la más satisfactoria sin la menor duda. La serie de cinco artículos que el joven y talentoso profesor sanmarquino Marcel Velásquez Castro publicó en el suplemento El Dominical del diario El Comercio en torno a "Los orígenes de la novela en el Perú", ha sido de las más leídas y comentadas en el mundo cultural peruano. La siguiente es la relación de títulos de los artículos publicados y que se reproducen más abajo.

Los orígenes de la novela en el Perú [I]
El folletín y la prensa

El Dominical, 08/10/2006

Los orígenes de la novela en el Perú [II]
El miedo a la novela y las mujeres novelistas

El Dominical, 15/10/2006
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Los orígenes de la novela en el Perú [III]
Los fantasmas y los umbrales

El Dominical, 22/10/2006

Los orígenes de la novela en el Perú [IV]
Naturaleza, diferencia y modernidad. Alegría, Arguedas y Vargas Llosa

El Dominical, 29/10/2006

Los orígenes de la novela en el Perú [V]
Cinco jaulas en busca de un pájaro. Novela peruana contemporánea (1970-2000)

El Dominical, 05/11/2006

Marcel Velásquez nació en Lima, en 1969. Es profesor de literatura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en donde también obtuvo el Magíster en Literatura Peruana y Latinoamericana. Su labor como crítico y ensayista ha merecido sendos premios. Es autor de "El revés del marfil. Nacionalidad, etnicidad, modernidad y género en la literatura peruana" (2002), y "Las Máscaras de la representación: el sujeto esclavista y las rutas del racismo en el Perú (1775-1895)" (2005). Su último trabajo, que igualmente ha sido saludado por la crítica especializada, lo constituye la edición de la "Obra Completa de Leonidas Yerovi", en 3 tomos que publicó este año el Fondo Editorial del Congreso de la República. Una vez más, si alguien encuentra que este blog (y en especial esta sección) vulnera sus derechos, sólo tiene que avisarnos para retirar los textos.



Los orígenes de la novela en el Perú [I]
El folletín y la prensa


La novela moderna contiene voces enmarcadas, memorias disímiles, visiones en conflicto, fragmentos ajenos: todo este torbellino de percepciones y sensaciones se actualiza en cada lectura, transformando al lector y a la sociedad. Las novelas son fuentes de memorias ficcionales, pero socialmente relevantes, poseen una gran fuerza simbólica por su capacidad de refractar anhelos y miedos sociales, utopías y deseos que interactúan, nutriéndose y transformando los sentidos socioculturales desde el lenguaje y en el lenguaje. Además, las novelas constituyen poderosas enciclopedias de las sensibilidades, refuerzan o socavan los mecanismos de discriminación y subalternidad, y establecen una fecunda y hasta hoy firme relación con el espacio urbano, el lugar por antonomasia de la modernidad.

La naturaleza ambigua y paradójica de este género discursivo se deriva de las propias promesas y amenazas de la modernidad. La novela es medio de libertad artística y herramienta de coerción social; espacio de la creatividad y refugio de la imitación; mecanismo biotecnológico de disciplinamiento y espacio de las fantasías y las trasgresiones más alucinantes; espacio polifónico de diversos enunciados y lugar de enunciación monológico y autista; medio de constitución de la subjetividad moderna y cartografía social tradicionalista o incluso premoderna.

Trazar la historia de la novela en el Perú no es solo un viaje por nuestras ficciones más perdurables, sino también una manera de recorrer los pliegues de nuestra modernidad y las sombras constitutivas de nuestra sociedad.

Novelas de folletín y novelas letradas

Entre 1840 y 1879 existieron dos circuitos interrelacionados de producción novelística (folletín y letrado), dos fuerzas productivas sociales que participaron activamente en la lucha política por imaginar la nación, pero fueron incapaces de liquidar las viejas representaciones sociales de los sujetos subalternos (indios y negros).

Las novelas de folletín que aparecieron en la década de 1840 -escritas mayoritariamente por extranjeros- contribuyeron decisivamente en la formación de un nuevo público lector; asociadas sincrónicamente a las manifestaciones de las novelas de folletín europeas, coadyuvaron a la constitución de la prensa popular como el primer medio de protocultura de masas en nuestra comunidad; por ello, fueron un factor que alentó la modernización sociocultural, pero sus mundos representados y sus códigos retóricos fortalecían una concepción tradicional, organicista y jerárquica de la sociedad.

A la inversa, la mayoría de las novelas letradas que se consolidan en la década de 1860 -escritas mayoritariamente por peruanos- siguen los ya desfasados modelos románticos de la alta literatura europea, y mediante sus mundos representados y sus estrategias de narración intentaron constituir una subjetividad y una sensibilidad moderna en el orden privado, y un espacio público regido por los ideales de la Ilustración y la racionalización de la sociedad, pero sus formas de producción y circulación alentaban una esfera cultural premoderna, en la cual lo literario estaba disjunto de las mayorías sociales y subordinado a la moral y política de las elites.

Estos dos circuitos de producción novelística se distinguen no solo por el soporte material (prensa/libro), el respeto a las altas convenciones de la literatura o a las retóricas del folletín, sino también por el público lector. El público lector de las novelas de folletín estaba conformado por sectores urbanos medios (artesanos, comerciantes, mujeres) que leían fragmentaria y discontinuamente; el público de las novelas letradas era más reducido y estaba signado por su capacidad económica y mayor educación, su experiencia de lectura creaba una temporalidad que ellos controlaban y una expectativa de códigos retóricos propios de la literatura ilustrada.

El Comercio y su papel en los orígenes de la novela en el Perú

1839 es un año clave para la historia del periodismo peruano; sin embargo, pocos han reconocido la importancia que tiene para la historia literaria peruana decimonónica. La aparición de El Comercio es un punto de quiebre con el orden creado por las viejas revistas de letrados y los periódicos doctrinarios: gran parte de su éxito y creciente lectoría se debió a la sistemática explotación de los recursos de los textos narrativos en su sección Folletín.

Entre 1839 y 1843 se publican 54 textos narrativos en forma de folletín en El Comercio. No se trata solo de la introducción masiva y reiterada de textos ficcionales, sino fundamentalmente de la primacía del placer sobre la educación, es decir, la inversión del paradigma neoclásico. Un asunto importante es la simultaneidad entre la circulación de estos productos en Europa y Lima.

A diferencia de los productos de la "alta literatura" que tardaban mucho en llegar, aquí se publica Los misterios de París de Eugéne Sue en 160 entregas entre agosto de 1843 y abril de 1844. Es decir, inmediatamente después que concluía su primera publicación en el Journal des Débats (1842-1843). Recuérdese que este producto cultural de masas fue uno de los primeros en tener carácter universal. Umberto Eco indica que antes de que concluyera la publicación de este folletín en París, empiezan a aparecer las traducciones italiana, inglesa, rusa, alemana y holandesa. Solo en Nueva York se venden más de 80,000 ejemplares en pocos meses.

Aunque es difícil de medir objetivamente, esta extraordinaria novela de folletín despertó e incrementó la afición por la lectura entre los diversos sectores sociales, transmitiendo una adecuada síntesis entre una cosmovisión patriarcal aristocrática, una sensibilidad romántica y un reformismo social. Los lectores peruanos quedaron profundamente conmovidos por la historia y simultáneamente entrenados para la decodificación de este novedoso género y su artillería retórica: este hecho consagró la forma de la novela de folletín como la representante fundacional de la novela en el campo cultural peruano.

La ciudad imaginada y la memoria histórica

Julián M. del Portillo es el primer escritor peruano que asigna el nombre de "novelas" a sus breves composiciones narrativas publicadas en forma de folletín en El Comercio. Lima de aquí a cien años (junio-agosto 1843) está estructurada como una narración epistolar entre el limeño Arthur y su amigo cuzqueño Carlos. Ambos han vivido una experiencia extraordinaria porque han sido arrebatados de este mundo por un "genio sublime y poderoso que por cien años ha paralizado nuestra existencia terrestre". Este texto fundacional de carácter futurista con elementos fantásticos, pone en tela de juicio el código realista como la matriz de la novela peruana. El texto revela los deseos de modernidad y los imaginarios comerciales de un sector de las elites letradas del periodo. La descripción del Cuzco está estructurada sobre la base de un discurso hiperbólico: "la biblioteca tiene doce millones de tomos; ciento ochenta teatros apenas dan abasto a la curiosidad pública. Tal es la armonía, y tal los acentos melodiosos de nuestra música, unida á la china, rusa y omaguacina, que todas las noches se mueren de placer mil y más personas"

La publicación entre el 13 de mayo y el 20 de mayo de 1844 de Gonzalo Pizarro de Manuel Ascensio Segura, como novela de folletín en El Comercio, es la fundación de la novela histórica en el Perú. La segmentación del texto obedece a las estrategias propias del género (mantener el suspenso prolongando el desenlace de los diversos conflictos en la otra entrega o mediante digresiones suspensivas). En esta novela, los diálogos están intercalados adecuadamente con las partes narrativas y descriptivas. La configuración de los personajes, aunque algo estática, adquiere densidad y movimiento por los sucesivos encuentros dramáticos entre los personajes.

La sexta parte se inicia con la descripción de la casa de Carbajal. Esta escena rompe el tono serio y dramático del relato, ya que se presenta una reunión alegre y despreocupada en la cual los soldados beben vino hasta emborracharse entre bravatas y juramentos. Además, se formalizan ciertos procesos de carnavalización: inversión de roles de poder y saber; por ello, Carbajal sostiene que "cualquiera de estos hombres que veis ahí algo achispados, después que ronquen un par de horas, pueden gobernar medio mundo mejor que Carlos V y toda su casta".

Esta es quizá la primera descripción vívida y colorida en nuestra tradición de lo que el narrador califica como "orgía". El realismo grotesco que construye las imágenes y las voces de esta representación, demuestra la vocación omnívora de la novela que no teme apoderarse de segmentos cotidianos de la realidad o contrarios a las normas morales hegemónicas.




Los orígenes de la novela en el Perú [II]
El miedo a la novela y las mujeres novelistas


En un poema anónimo publicado en 1827 en el Mercurio Peruano, revista letrada de los hombres defensores del orden y el autoritarismo, se condena a las novelas francesas con una pregunta retórica: "¿O tiene algo de bueno/tanta majadería/ con que el mundo corrompen/ franceses novelistas?". En un editorial de El Telégrafo de Lima, periódico liberal y defensor del libre comercio, del mismo año se advierte que la lectura de romances "divierte a un número muy corto de gentes, es perjudicial a muchos, e inútil para todos". Los enemigos ideológicos coinciden en su rechazo a la novela porque consideran que esta es fuente de corrupción moral ya que alucina a los lectores llevándolos a confundir la ficción con la realidad, y ofreciendo conductas sociales transgresoras de la moral hegemónica: el libre amor entre jóvenes y el rechazo al matrimonio por conveniencia, por ejemplo.

Para la elite cultural, la práctica literaria se consideraba parte de las pedagogías políticas y morales, y tenía como fin pragmático la construcción del ciudadano ideal (racional, libre y consciente). A ello se deben sus profundas reservas y manifiesta animadversión hacia un género que escapaba a esas pretensiones, y que buscaba principalmente entretener y ofrecer viajes imaginarios a heterogéneos sectores de la población. A esta posición debemos sumarle que para el orden literario de la época, la poesía era el género privilegiado, la culminación natural de las bellas artes, y la novela un género marginal asociado a la emergencia de la burguesía y a la democratización y secularización del arte.

En el Perú, la Revista de Lima sostenía en 1873 que la literatura europea que llegaba a nuestra sociedad no provenía de las "elevadas producciones de la alta literatura, sino de la fangosa corriente de novelas y comedias en donde nuestra juventud bebe, envenenándose". La oposición está planteada con claridad: la novela de folletín envenena el alma y el corazón de los nuevos habitantes de la ciudad, y la novela letrada que debe cultivarlos no llega o, peor aún, es casi inexistente en nuestra propia tradición.

Escritores románticos y novelas como medicina

Mientras las redes del imperio de la novela de folletín crecían y se fortalecían, un pequeño grupo de escritores peruanos optó por la novela regida por las altas convenciones literarias y en formato de libro.

Julia o escenas de la vida en Lima (1860), novela de Luis Benjamín Cisneros, constituye la primera enciclopedia de las sensibilidades en el campo literario romántico peruano; un manual de buenas virtudes que debe guiar a la sociedad y formaliza una tecnología de género que será la norma vigente en el imaginario del siglo XIX y parte del XX. Aunque es un alegato contra el lujo y la hipocresía de las normas sociales urbanas, su final feliz, su economía libidinal y su afirmación del paradigma mimético verosímil la han colocado como la novela modelo del romanticismo peruano.

En el prólogo, Cisneros expresa tres motivos por los cuales ha escrito dicha novela: "Por llenar un pensamiento moral (...) Por contribuir a que más tarde cualquiera otro, mejor dotado que yo por la Providencia, inicie en el país este género de literatura (...) Por manifestar que la vida actual de nuestra sociedad no carece absolutamente de poesía como lo pretenden algunos espíritus".

Es evidente su pugna contra el realismo que intentaba acentuar en sus mundos representados los aspectos negativos de la humanidad. El paradójico hecho de que la poesía de la sociedad deba ser refractada en un texto en prosa, nos remite a la incipiente conciencia de que la novela es el género adecuado para revelar los rasgos de la sociedad moderna. Cisneros expresa su objetivo de trasplantar el romance francés moderno a nuestra sociedad, despojándolo de sus formas de escándalo y prostitución. Es decir, intenta transformar la novela romántica europea en una novela distinta: el residuo neoclásico debe atemperar los impulsos románticos en la prosa narrativa.

Fernando Casós escribió dos novelas publicadas en 1874 en París. En la "Advertencia" de Los amigos de Elena afirma: "lo que hago es una revolución literaria en la novela o romance contemporáneo que necesita cierto coraje para poner con todos sus pelos y señales, sus defectos y virtudes, nuestros hombres, nuestros hechos, nuestras instituciones y nuestras cosas".

Este es un llamado a representar la realidad social y política peruana; su novela se instaura como un documento donde se denuncia la verdadera historia que los otros discursos no se atreven a representar. Casós comparte con la estética romántica esa ingenua confianza en el poder de la literatura como fuerza transformadora de la sociedad. La relación que se establece entre el escritor y la sociedad nos remite a la de médico-enfermo. La sociedad está enferma y el escritor diagnostica los males y propone soluciones.

Esta novela revela un deseo explícito de combinar historia y ficción en aras de restablecer la verdad histórica y los valores morales en la sociedad peruana. Es la primera novela de formación (bildungsroman) del Perú republicano. Incluye en sus estructuras textuales varias formas discursivas: cartas, poemas, coplas populares, cuadro de costumbres, reseña histórica, yaravíes, etcétera; los personajes, aunque acartonados e idealizados en extremo, proceden de diversos estamentos sociales. En sus estructuras asistimos al desarrollo de varios discursos: el entusiasmo por la modernización, la nostalgia por el apacible mundo provinciano, la condena a los vicios de la urbe moderna, la deshumanización de los subalternos y la filantropía por el otro.

Mujeres novelistas: el caso de Mercedes Cabello

Aunque es evidente que el patrón de la familia burguesa que recluía a la mujer al ámbito privado se fue asentando hacia mediados de siglo, creemos que con la hegemonía del Romanticismo y la expansión de la prensa popular, la mujer obtuvo directa o indirectamente diversos espacios de enunciación ya que no solo fue lectora, sino también productora de textos.

Una figura muy gráfica de estas intersecciones entre lo privado y lo público es el balcón limeño, presente en muchas novelas del periodo, espacio donde las mujeres todavía dentro de los límites de la casa ingresaban e interactuaban por medio de la vista y la palabra con el espacio público de la ciudad.

La activa participación de mujeres escritoras en la consolidación y desarrollo del género novelístico es un hecho indiscutible en nuestra tradición cultural. La novela romántica, realista e indigenista, y sus múltiples híbridos alcanzaron contornos definitivos gracias a Mercedes Cabello de Carbonera, Teresa González de Fanning, Lastenia Larriva de Llona, Clorinda Matto de Turner y María Nieves y Bustamente. Por su aguda reflexión sobre la novela, sus logros literarios, sus contradicciones ideológicas y su trágico final, la vida y obra de Mercedes Cabello (Moquegua, 1842) es emblemática de los límites y las posibilidades de la literatura escrita por mujeres en el Perú decimonónico.

José de la Riva- Agüero no duda en despojar a Cabello del mérito de ser la introductora del realismo en el Perú. Ventura García Calderón en un recuento de todas las novelas del siglo XIX, concluye que solo Mercedes Cabello demostró constante talento, pero califica dicho talento de "desigual, incorrecto y masculino". Por su parte, Mariátegui no dice nada sobre la obra de Cabello. Estas tres operaciones ideológicas: negación, distorsión y silencio constituyen estrategias recurrentes que han impedido el ingreso de Cabello en el canon literario nacional y una mayor difusión de su obra en nuestra comunidad de lectores.

La novela moderna. Estudio filosófico (1892), de Cabello, establece la pugna entre dos escuelas: el romanticismo y el naturalismo; manifiesta su elección por un punto medio entre ambos extremos y propone un futuro ecléctico para la novela moderna. Este texto puede ser leído como una apología del realismo ya que solo esta escuela representa la realidad de manera integral. Es notorio el influjo positivista en las ideas de Cabello, su fe en la perfectibilidad humana, el progreso de la sociedad y la búsqueda de la verdad. Defiende apasionadamente un arte comprometido que cumple funciones morales y sociales. Asistimos al nacimiento conceptual de la poética realista que regirá casi exclusivamente el posterior devenir narrativo de nuestra literatura.

En Blanca Sol (1889) y El Conspirador (1892), las dos novelas más logradas de Cabello, predominan códigos realistas, crítica social, personajes con mayor densidad psicológica, conflictos insolubles. En la segunda asistimos a un monólogo que nos va revelando los aspectos más sórdidos de la subjetividad y del campo político. El cuerpo individual enfermo y corrupto es una alegoría del cuerpo nacional, el fracaso del conspirador es el fracaso de un proyecto nacional que fue incapaz de incluir a todos los sujetos sociales y de confiar plenamente en el orden republicano.




Los orígenes de la novela en el Perú [III]
Los fantasmas y los umbrales


La modernización social insuficiente y la modernidad política frustrada constituyen los grandes legados decimonónicos al nuevo siglo. Una sociedad regida por el racismo y la exclusión, una incipiente política urbanística que pretende disciplinar y educar autoritariamente a los sectores populares en los valores republicanos modernos, ferrocarriles que no logran cohesionar transversalmente al país, fallidos intentos de una educación pública primaria generalizada.

El vasto y valioso periodismo peruano de la belle époque, es decir, aquel que se desarrolló durante la República Aristocrática (1895-1919) revela una consolidación de la cultura de lo escrito, un desarrollo de la comunicación visual (caricatura y fotografía empiezan a poblar las páginas de los diarios y revistas), una sensibilidad cosmopolita y una reflexividad crítica sobre la vida privada y el orden público de la sociedad. Así como el fonógrafo, el teléfono y el cine revelaban las nuevas tecnologías de comunicación, la prensa se renovó drásticamente en este periodo gracias a los cables de noticias que llegaban mediante el telégrafo y a la creciente inserción de fotografías. La Prensa, La Crónica y otros periódicos del periodo prosiguen con la publicación diaria de las novelas de folletín, mayoritariamente europeas, regidas por la truculencia y el melodrama, pero que ofrecían formas de comprensión y de gozo para los sectores populares. En contraposición, en muchas novelas del periodo escritas por la elite letrada aparecerán burlas despectivas al consumo popular de estas novelas que a veces incluían textos de la valía de Oliver Twist de Charles Dickens (La Prensa, 1904) o de Los hermanos Karamazov de Dostoievski (La Crónica, 1912).

Aves sin nido

La representación del indio y del espacio andino en la novela decimonónica tiene una larga tradición. Desde los acartonados personajes románticos impregnados de "orientalismo" de la argentina Juana Manuela Gorriti en La Quena (1851), o la visión modernizadora en clave cristiana del español Ladislao Graña en Sé bueno y serás feliz (1860). Sin embargo, solo después de la Guerra con Chile y de las violentas admoniciones de Prada, los escritores peruanos afrontaron cabalmente una representación no solo de la piel, sino de la carne y la sangre de indio en clave reivindicativa. El primer intento fue La trinidad del indio (1885) de José T. Itolarras, pero el más significativo es Aves sin nido (1889) de Clorinda Matto de Turner. Esta fue la primera novela peruana de éxito continental. Guía su esfuerzo, la decisión de erradicar las injusticias sufridas por los indios por los curas, gobernadores, caciques y alcaldes en los pueblos del interior, representados metonímicamente por Kíllac.

En el "Proemio", Matto expresa las posibilidades de intervención social: "La novela tiene que ser una fotografía que estereotipe los vicios y las virtudes de un pueblo" (9). La ruptura principal consiste en correlacionar por primera vez las operaciones de representación mimética y política no con toda la sociedad, sino con un grupo subalterno: los indios que conjugaban diversas exclusiones sociales, económicas, políticas y raciales. A pesar de sus rasgos románticos y sus deudas con las novelas de folletin, la crítica literaria y la historia la consideran como la fundación de la novela indigenista en el Perú.

"He observado durante quince años multitud de episodios que, a realizarse en Suiza, la Provenza o la Saboya, tendrían su cantor, su novelista o su historiador que los inmortalizase con la lira o la pluma; pero que, en lo apartado de mi patria, apenas alcanzan el descolorido lápiz de una hermana" (9). Este fragmento establece una correlación entre la marginalidad del mundo representado, de las formas empleadas y del sujeto que escribe sobre ese mundo. En oposición a la lira o la pluma (metáforas de la escritura hegemónica), el descolorido lápiz (metáfora de la escritura marginal); en oposición a novelistas, historiadores y cantores (sujetos masculinos especialistas), una hermana (sujeto femenino identificado con el mundo representado). Esta hermandad debe comprenderse como la unión de dos sujetos subalternos: indio y mujer.

A pesar de las buenas intenciones de la escritora, la solución ficcional de Aves sin nido tropieza con la trampa del mestizaje: los indios como colectividad no poseen agencia propia ni horizonte futuro, pero algunos de sus miembros amestizados pueden ser salvados e incorporados a la familia nacional criolla y urbana: la solución al problema del indio es dejar de ser indio.

Matalaché

Durante todo el XIX, las relaciones ficcionales, frustradas y desgarradas, entre amos y esclavas, y amas y esclavos se instauran como alegorías de la nación: la imposibilidad del amor entre estos dos sujetos revela el rechazo en el nivel imaginario de una nación que armonice todos los sectores sociales y todas las comunidades étnicas. Los proyectos nacionales no pudieron ni expulsar ni asimilar a la cultura afroperuana; tampoco dominarla completamente ni incorporar sus diferencias en un modelo social plural y heterogéneo. Sin los afrodescendientes, la nación imaginada no tendría bases sociales populares, con ellos la homogeneidad deseada se desvanece.

El personaje esclavo en las novelas decimonónicas no aparece como un sujeto, sino como un nexo, un intermediario que porta y transmite significados que pertenecen a la elite criolla limeña. Cuando son configurados como agentes que obtienen su objeto de deseo, convirtiéndose en protagonistas del recorrido narrativo, el desenlace narrativo los sanciona violentamente porque siempre desean lo prohibido.

Enrique López Albújar publica Matalache. Novela retaguardista en 1928. El mundo representado formaliza el sistema esclavista de la hacienda en Piura en vísperas de la Independencia y se cuenta la historia de un esclavo mulato que gana el amor de su ama. El héroe no es el sujeto subalterno pleno porque lleva en sus venas la sangre del colonizador blanco o criollo. Matalaché a pesar de sus sencillos y tradicionales recursos narrativos (narrador omnisciente que controla todo el material y guía la decodificación, lenguaje poco elaborado, contraposiciones figurativas) se ha convertido en una de las novelas más populares de nuestra tradición, quizá por los temores y las fantasías que despierta la escena capital. Cuando el esclavo se atreve "a posar sus quemantes labios más allá de los pies de la doncella, ésta estremecida y agónica, susurró (...) ¡cierra, José Manuel, la puerta!". La puerta se cierra y la escena se vuelve obscena (en el sentido de irrepresentable), el encuentro sexual se sugiere, pero no se describe. En consecuencia, el trágico final del personaje esclavo remite a una típica sanción simbólica de la trasgresión sexual del orden social (el jabón hirviendo "lava" la mancha del objeto sexual consumido ilegítimamente).

La novela modernista

Enrique A. Carrillo, "Cabotín", publica Cartas a una turista (1905), la primera novela modernista y una pequeña pieza maestra en el arte de novelar la frivolidad de las costumbres burguesas. Esta novela estructurada sobre la base de epístolas nos ofrece la visión y las redes sociales de una joven mujer extranjera que desea extraer "el sabroso substractum del gozo inmediato y presente". El balneario de Chorrillos recreado bajo el nombre de Trapisonda es el vaporoso escenario de un fallido romance entre la joven inglesa Gladys y el limeño Cardoso, a tropical man, la escena culminante es descrita por la protagonista así: "la mano atrevida se posó sobre la mía y la presionó suavemente".

Un lenguaje cuidado y elegante, ornamentado con giros en francés e inglés que apuesta por la sutileza y la sugerencia. A contracorriente de la poética realista, lo no-dicho adquiere centralidad. La visión oblicua y condescendiente del criollismo de aldea, la trayectoria moderna y pragmática de la protagonista, revelan la voluntad de formalizar por primera vez una sensibilidad cosmopolita en el seno de nuestra tradición narrativa. La evocación de la ciudad perdida "que sueña inclinada sobre su playa anchurosa, donde la espuma de plata dibuja incomprensibles signos" alcanza, paradójicamente, una perturbadora concreción material.

La novela vanguardista

La Casa de cartón (1928) descuella "como una zarza sobre un sembrío de coliflores" y constituye la plena superación del realismo mimético. El recorrido verbal de la novela de Martín Adán nos ofrece un sujeto fragmentado, una ciudad desrealizada, usos libérrimos del espacio y del tiempo, en síntesis, una experiencia inédita para los asombrados lectores de la época. La novela no pretende representar una realidad, sino crear una realidad verbal que funciona como un universo autosuficiente y que tiene como centro móvil y esquivo la ambigua relación entre dos adolescentes desarticulados por las palabras.

Por otra parte, la parodia y la burla cruel a los signos de la modernización de la nueva Lima ("los cinemas mugen en sus oscuros e inmundos pesebres", "los tranvías pasan su cargamento de sombreros") reflejan la aguda conciencia de quien vislumbra los peligros y el fracaso de los simulacros de modernidad vividos.




Los orígenes de la novela en el Perú [IV]
Naturaleza, diferencia y modernidad. Alegría, Arguedas y Vargas Llosa


La crisis política de 1930-1933 significó la derrota del Partido Socialista y del APRA, el final de la poesía vanguardista y la cancelación de la narrativa experimental. Los notables y ambiciosos proyectos culturales de la década del 20 quedan sepultados, los mejores artistas están en el exilio o sobreviven en circuitos marginales que ya no poseen la fuerza del diálogo vivo con la sociedad. El gobierno del general Oscar R. Benavides (1933-1939) luce casi como un páramo literario frente a la prodigiosa ebullición de la década anterior.

En el exilio y después de haber sido encarcelado y torturado por su filiación aprista, Ciro Alegría publica tres novelas capitales: La serpiente de oro (1935), Los perros hambrientos (1939) y El mundo es ancho y ajeno (1941). Estas no solo destacan por la descarnada belleza de sus títulos, sino que forman el conjunto más logrado de novelas del paradigma mimético verosímil en el registro de lo que se ha denominado "novela de la tierra".

Alegría representa la Naturaleza como una fuerza omnipotente que crea un tiempo circular y ritual. El río Marañón y la exuberancia de colores, texturas, sonidos de la selva alcanzan en su primera novela una densidad vital impresionante: "los árboles brillan como nuevos y el río -prieto de lodo, convulsionado de palizadas- es un brochazo torvo en medio de la alegre policromía de la naturaleza". El triste y gris paisaje serrano víctima de la sequía o la tierra alborozada que recibe la lluvia y la intensa comunión entre el hombre y los animales definen la política de las emociones de la segunda novela: "de cima a valles las quebradas descendían cantando, retoñaban los árboles y la yerba macollada ahogaba cada vez más con su verdor el alarido de los huesos y la memoria".

El mundo es ancho y ajeno es su novela más importante no solo por la complejidad de la estructura textual, sino por la notable capacidad de simbolizar en clave universal el conflicto local entre la comunidad andina y el terrateniente coludido con las autoridades estatales. Benito Castro, "el hombre que había traído los caminos del mundo enredados en las pupilas", es un personaje inolvidable: su gesta heroica y su trágico final formalizan los sueños de una generación andina que buscó la modernidad y la inclusión infructuosamente. Incluso quienes no han leído la novela, conocen la historia y ese hecho revela la difusión social de los relatos de despojo, resistencia y muerte que marcan el tiempo largo de la historia andina.

El proyecto novelístico de Alegría encuentra sus límites en la representación del lenguaje del subalterno. Sus diferentes soluciones (transcripción fonética del habla del otro, doble registro lingüístico entre el narrador y los personajes, incisión de palabras de las lenguas nativas o el habla local) nunca alcanzaron la plena cohesión estética.

Arguedas y el problema de la diferencia

José María Arguedas es el novelista más significativo del siglo XX peruano. Héroe cultural, significante nómada, huaca moderna, la figura de Arguedas ha sido iconizada, pero sus novelas son fascinantes máquinas de semiosis que no pierden la capacidad de fluir, interpelar nuestro presente y simbolizar el futuro. A diferencia de los novelistas inscritos en el horizonte moderno y que se vuelven cada día más arcaicos, la obra de Arguedas enfrenta y formaliza la médula de la heterogeneidad y la diferencia cultural: las fantasías de la nación, la dialéctica del centro/margen, el poder de las lenguas híbridas, las traducciones fallidas, el resto irreductible que no puede ser representado por el lenguaje. Los estudios y los lectores de Arguedas crecen en todo el mundo y sus textos lo han catapultado como emblema del escritor poscolonial de la región andina. Sin embargo, ni los estudios literarios ni las ciencias sociales de su época comprendieron a cabalidad el corazón incendiado de su obra, él murió convencido de que había vivido en vano.

En Yawar fiesta (1941) se representa la complejidad social y cultural del mundo andino que excede a la figura del indígena, la poiesis (en su doble dimensión de hacer y poesía), la voluntad de transformación de la Naturaleza e inscripción en la Historia revelan las nuevas coordenadas que alcanzarán sus cimas con Los ríos profundos (1958) y El zorro de arriba y el zorro de abajo (1971).

Arguedas es el Guaman Poma del siglo XX, un traductor político que termina recreando el español y el quechua, transformando el género novelístico, narrando mitos en escenarios modernos, construyendo sujetos andinos híbridos que desestabilizan la armonía del mestizaje. El indígena de Arguedas es un indígena ficcional y el mundo representado de sus novelas es también un mundo imaginado desde su competencia literaria, sus experiencias vitales y sus conocimientos antropológicos. Sin embargo, muchas de sus escenas ficcionales son parte de nuestra más entrañable realidad: los ríos que cantan ("el ruido de sus aguas se extiende como otro universo en el universo"), las piedras que hierven ("Era estático el muro, pero hervía por todas sus líneas y la superficie era cambiante, como la de los ríos en verano"), los danzantes de tijeras que en su agon y en su sacrificio ritual renuevan los vínculos sociales y regeneran el mundo.

Una de las líneas de su última novela no solo formaliza la épica de la modernización y la utopía multicultural en ese territorio de piedras, dinero y fuego que fue Chimbote en la década de los sesenta, sino que revela la estructura de los sentimientos de la migración (el fenómeno capital del siglo XX peruano). El sujeto migrante es competente en la oralidad y la escritura, sus deseos son tradicionales y modernos, su horizonte de sentido radica en el pasado y en el futuro, anhela lo que fue y lo que será, nunca lo que es.

La obra de Arguedas crea sus propios precursores y define un modelo de novela transcultural que todavía sigue ofreciendo frutos en los nuevos escenarios andinos o en la Lima andinizada que habitamos y nos habita.

Vargas Llosa y la utopía de la modernidad

Mario Vargas Llosa es el novelista más dotado del siglo XX peruano, autor de un puñado de textos excepcionales, la calidad de éstos y el éxito fulminante en el mercado editorial significó el ingreso de un peruano al cuarteto estelar del denominado "boom" hispanoamericano. Vargas Llosa encontró su principal masa lectora fuera del Perú y se vio obligado a seguirla, él es desde hace mucho un ciudadano del mundo y un intelectual de los tiempos modernos.

Su compromiso con las técnicas narrativas modernas de la novela (monólogo interior, diálogos telescópicos, pluralidad de focalizaciones y perspectivas, estructuras que rompen las unidades de tiempo y de espacio), y su afán totalizador teniendo como eje la ciudad lo convierten en el hito más influyente de la novela peruana posterior. La trayectoria de Vargas Llosa está jalonada por fascinaciones y desencantos, en sus primeros años rendido admirador de Sartre y de la literatura comprometida, posteriormente, la influencia de la poética de Flaubert y las pretensiones de abarcar todas las dimensiones de la realidad propia de las novelas de caballería serán determinantes en La ciudad y los perros (1962), La casa verde (1966), Conversación en La Catedral (1969) y La guerra del fin del mundo (1981). Paralelamente, desarrolla una variada gama de subgéneros con resultados desiguales: novela rosa, novela policial, novela erótica, entre otras.

Aunque no fue el primero ya que Carlos Eduardo Zavaleta en Los Ingar (1955) había incorporado también novedosas técnicas narrativas aprendidas de sus lecturas de Joyce y Faulkner, la aparición de La ciudad y los perros es considerada la partida de bautizo de la novela como universo esférico y tramado de formas impecablemente articuladas. Este nuevo modelo alcanzaría su máxima expresión con La casa verde cuyo diseño formal la convierte en la novela más compleja de la obra vargasllosiana. Conversación en La Catedral significa la confluencia de la creación de una realidad autónoma y la simbolización magistral desde el microcosmos de la charla entre Zavalita y Ambrosio de los actores sociales y los procesos históricos de la sociedad peruana.

El proyecto novelístico del laureado escritor es harto coherente y sin lugar a dudas una de las mayores aventuras estéticas de nuestra literatura, pero discurre exclusivamente por los cauces y problemas de la modernidad occidental, la verdad de sus mentiras se hace cada vez más desvaída porque pertenece a un mundo de oposiciones cartesianas, de sujetos libres y racionales en una sociedad con reglas abstractas y universales que busca la homogeneidad formal y ese proyecto moderno está perdiendo importancia en los tiempos contemporáneos. Por todo ello, Vargas Llosa es el mejor novelista del siglo XX, pero Arguedas sigue siendo el más significativo para nuestra cultura.




Los orígenes de la novela en el Perú [V]
Cinco jaulas en busca de un pájaro. Novela peruana contemporánea (1970-2000)


Aunque escrita en ladécada del cincuenta, El cuerpo de Giulia-no (1971) de Jorge Eduardo Eielson es la novela que articula los logros de la vanguardia narrativa con la problemática futura de la posmodernidad. Una novela menor que socava la autoridad de las novelas totales y el trajinado territorio de la mimesis realista. "Un día los limeños se despertarán llorando y toda la ciudad desaparecerá en un mar de fuego". Eielson es nuestro primer novelista posmoderno y "Primera muerte de María" (1981) un texto metanarrativo que nos presenta el strip-tease de Lady Ciclotrón como rito que suspende el tiempo y crea espacio para la realización de una historia en clave bíblica que recorre temas como el asedio del desierto, y el color violeta en una Lima ultrasensorial que se ha convertido en una urbe degradada por la modernidad.

La posmodernidad es el periodo de la disolución de las fronteras, la hibridación de formas discursivas, el reino del simulacro. Las novelas del peruano-mexicano Mario Bellatín se inscriben deliberadamente en los nudos y las aporías de esta nueva cartografía cultural. Sus novelas han creado un universo excéntrico donde la frase corta y el estilo austero conviven con plásticas imágenes nihilistas que recuperan la excepcionalidad de la condición humana.

Bellatín busca una nueva articulación de lo fragmentario: la descomposición de la estructura, la ausencia de linealidad y la lógica ineluctable de lo a-causal. Tanto "Salón de belleza" (1994) como "Poeta ciego" (1998) formalizan una acumulación de comportamientos sinuosos donde lo informe, lo deforme y lo marginal conviven transmitiendo sus sentidos viralmente.

El experimentalismo y el lujo verbal de Carlos Herrera en la polisémica "Blanco y Negro" (1995) se entroncan parcialmente con esta tradición. Por su parte, Iván Thays también ha intentado crear una modulación propia como lo demuestran las telas de araña simbólicas y las parodias vilamatasianas de "La disciplina de la vanidad" (2000).

Rutas del realismo sociomágico

"Canto de sirena" (1977) de Gregorio Martínez constituye una superación del legado formal e ideológico de la novela-testimonio latinoamericana. Un texto carnavalizado que exuda un erotismo del cuerpo y de la palabra alucinantes. Candico es un personaje rotundo, complejo que nos devuelve la memoria y la historia de una comunidad representada históricamente solo desde la mirada del sujeto esclavista. Por ello, la representación del habla y la cosmovisión del personaje afroperuano en esta novela constituye una aventura creadora que posee implicancias en nuestras políticas de identidad.

Manuel Scorza es autor de la pentalogía ‘La guerra silenciosa’ que se inciia con ‘Redoble por Rancas’ (1970) y concluye con ‘La tumba del relámpago’ (1978). A pesar de cierto maniqueísmo ideológico, la belleza dramática y lírica de la prosa, la extensión e intensidad de la representación y su afán de modelar el género en pos de la cronivela garantizan momentos inolvidables en este cóctel de realismo mágico e indigenismo. No debe ser casual que Garabombo se haya convertido en divinidad protectora y objeto de culto religioso en la cueva dónde según el novelista se había ocultado definitivamente.

‘Patíbulo para un caballo’ (1989) es un texto que mezcla códigos propios del realismo socialista y el realismo mágico. El hiperrealismo y el aliento pantagruélico de Cromwell Jara desembocan en estructuras fragmentadas, múltiples historias acumuladas y una gran diversidad semántica que trama un denso mapa de los límites humanos. El eje de la historia es una barriada cercada que nos remite a una de las grandes metáforas del siglo XX: el campo de concentración. Este mundo marginal ajeno y propio, ordinario y extraordinario es un vasto lienzo para personajes inolvidables como la niña desde cuya perspectiva se narra la historia y que se alimenta de páginas de libros: imágenes que proponen nuevas soluciones para el antiguo conflicto escritura/oralidad.

La novela total

‘La violencia del tiempo’ (1991) de Miguel Gutiérrez, ideólogo del fructífero grupo Narración, constituyó el retorno a la novela total. Texto inusual por su extensión, pretende formalizar diversos órdenes de realidad (histórica, mítica, fantástica, cotidiana) y también construir mediante alegorías las formas de las heridas coloniales y los resentimientos modernos de la sociedad nacional. El eje temático es la historia de un agravio familiar que tiene obvias resonancias coloniales: la violación fundacional de la mujer indígena por el conquistador español. El mundo representado está ambientado en las zonas rurales de Piura y Martín Villar es el héroe de este mural épico que inscribe el tiempo histórico en la piel de los personajes.

‘País de Jauja’ (1993) de Edgardo Rivera Martínez es una de las novelas más logradas de la década anterior. Una bildungsroman (novela de formación) en la que el adolescente Claudio fascinado por la Iliada y la música quechua, diseña su propio ser articulando lo andino y lo occidental. Claudio es una metonimia de la nación deseada por las elites del siglo XX y que vuelve a colocar la figura del Inca Garcilaso y su búsqueda de síntesis armoniosa en el centro del debate. El mestizaje cultural como camino hacia el país de cucaña.

‘Ximena de dos caminos’ (1994) de Laura Riesco no sólo ofrece una rigurosa indagación en el lenguaje, la memoria y la identidad desde la perspectiva del sujeto femenino, sino que logra – en clave de bildungsroman y desde los ojos de una niña – recorrer los pliegues conflictivos de la Historia en figuras narrativas magníficas.

El Post-Boom y la novela urbana

Los dos novelistas más representativos de la novela del post-boom en nuestra tradición son Alfredo Bryce Echenique y Oswaldo Reynoso. En sus primeras novelas, Bryce se convirtió en un fino maestro en las fórmulas del humor y en el cultivo de las diagonales ironías para representar no sólo el ocaso de la oligarquía sino también la sensibilidad y el ridículo propios del limeño. Por su parte, Reynoso colocó el olor de la calle, y el lenguaje de los marginales urbanos en el centro de su proyecto narrativo.

Una feliz conjunción de estas dos tradiciones, es la más lograda de las novelas JUM (Joven Urbana y Marginal): ‘Al final de la calle’ (1993) de Oscar Malca que con humor y desde espacios liminales establece un fecundo diálogo con los códigos de la cultura de masas.

El proyecto novelístico de Alonso Cueto se funda en la exploración de las memorias urbanas desde los espacios de la intimidad, empleando el estilete de la novela psicológica y estructuras de la novela negra. Fernando Ampuero y Jaime Bayly son nuestros mejores exponentes de una literatura de masas que juega con las reglas del mercado y las expectativas del gran público, a veces, logra productos interesantes: ‘Caramelo verde’ (1992) y ‘Los últimos días de La Prensa’ (1996), respectivamente.

Otra línea del post-boom es la exploración de la sexualidad. El sujeto homoerótico femenino irrumpe en nuestra tradición novelística con ‘Las dos caras del deseo’ (1994) de Carmen Ollé. El discurrir de la protagonista sugiere identidades móviles, la apertura hacia todas las formas y todos los deseos. El texto opta por ese vacío pleno de posibilidades donde el individuo femenino puede recrear constantemente sus relaciones de género y sus deseos sexuales.

Las novelas del conflicto armado interno

El acontecimiento político más significativo de la historia peruana del siglo XX es el conflicto armado interno que se desarrolló entre los años de 1980 y 2000 porque destruyó la artificial imagen de la nación peruana como una entidad criolla, urbana y occidental. Más de cuarenta novelas han intentado construir alegorías, símbolos y memorias en clave narrativa de esta guerra interna; sin embargo, son pocas las que han logrado un producto estético y político notables. ‘Adiós Ayacucho’ (1986) de Julio Ortega, ‘Candela quema luceros’ (1989) de Félix Huamán Cabrera y ‘Rosa Cuchillo’ (1996) de Oscar Colchado Lucio constituyen un trío que han convertido la tragedia de los cuerpos mutilados, las fosas comunes y los diversos lenguajes culturales del conflicto en buena literatura.

Las memorias políticas de estas novelas se convierten en políticas de la memoria porque ofrecen estrategias retóricas y bases simbólicas para procesar los traumáticos acontecimientos, superar el duelo y construir una narrativa cultural nacional que incluya plenamente a las comunidades subalternas.

CODA

Es harto difícil sistematizar la vasta y heterogénea producción novelística de tres décadas que se distinguen por la pluralidad de proyectos, estilos y poéticas. Quiero mencionar algunas de las ausencias notables: ‘Yo me perdono’ (1998) de Fietta Jarque, ‘El cazador ausente’ (1995) de Alfredo Pita, y ‘La vida a plazos de Jacobo Lerner’ de Isaac Goldemberg, ‘Enigma de los cuerpos’ de Peter Elmore, ‘Alrededor de Alicia’ de Enrique Planas e ‘Inka Trail’ de Oswaldo Chanove.

100 Fotografías Históricas (8)
Un hombre de otro mundo


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"Un dirigente de su pueblo sin especiales apoyos de las autoridades, un político cuyo éxito no se basa en el poder de la tecnología, sino sencillamente en la fuerza convincente de su personalidad; un luchador victorioso que rechazó siempre el empleo de la violencia; un hombre sabio y modesto, armado con una capacidad de resistencia decidida e inquebrantable, que se consagró con todas sus fuerzas a mejorar su pueblo; un hombre que frente a la brutalidad europea prefería la dignidad del simple ser humano demostrando así su espíritu superior. Quizá las generaciones venideras duden alguna vez de que un hombre semejante fuese una realidad de carne y hueso en este mundo".

Albert Einstein
(1879-1955)

De parroquia a distrito

Por Jorge Moreno Matos

O cómo se organizó el territorio nacional

En 1932, una época en que se cuestionaba duramente el centralismo en que la administración del presidente Leguía había sumido al estado, el geógrafo Emilio Romero, afirmaba que “la demarcación territorial del Perú, o sea la forma cómo está organizada administrativamente la República, es injusta y anacrónica”. Sentenciaba que de ella, “defectuosa, empírica, anticuada, arranca la mayor parte de nuestra errónea administración”. Sus palabras se referían a un asunto que ha tenido gravitante presencia a lo largo de nuestra historia: las continuas modificaciones político-administrativas en busca de la más idónea para un país tan diverso como el nuestro.
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Existen cuatro clases de demarcación territorial en que un país organiza su aparato administrativo: política, judicial, militar y eclesiástica. De todas ellas, la principal y que debiera servir de fundamento o base a las otras es la política. Sin embargo, entre nosotros la que prevaleció primero y dio origen a las otras fue la eclesiástica.

El historiador Raúl Porras Barrenechea afirmaba, por ejemplo, que en el Perú el 80% de las poblaciones actuales tiene su origen en una reducción toledana. Estas reducciones o pueblo de indios, que es también como se les llamaba, eran pueblos creados específicamente para que en ellos residiesen los aborígenes peruanos y que tenían por finalidad facilitar su evangelización y el cobro del tributo. Si nos detenemos un instante a reflexionar en los dos imperativos anteriores, la doctrinaria y la fiscal, será fácil descubrir en las líneas siguientes el fundamento de las actuales circunscripciones territoriales en que está organizado nuestro país.

Cuando aún faltaba en el Perú una organización política firme y permanente, los curas doctrineros, primero, y los arzobispos, luego, ejercieron una autoridad que en ocasiones sobrepasó su función eclesiástica, ejerciendo muchas veces la civil y la judicial. No es de extrañar, entonces, que cuando aparece y empieza a hacerse fuerte la administración civil y comienzan a delimitarse las jurisdicciones de cada una, la naciente organización política asumirá la parroquial que la había precedido en el tiempo. El ejemplo más palpable de esto lo constituye el caso de Santo Toribio de Mogrovejo, segundo arzobispo de Lima, quien durante los dieciséis años que duraron sus tres visitas pastorales recorrió y organizó su diócesis dando principio a muchas circunscripciones políticas que asumiría la nueva administración colonial y que posteriormente heredaría la república.

Ya instalada la autoridad civil, ésta se organizó poco a poco creando instituciones e instancias que permitieran el mejor gobierno y administración del extenso territorio del virreinato peruano. Al principio fueron las encomiendas y cacicazgos, pero fue con la creación, en 1542, de los virreinatos del Perú y México, que se establece que estos debían dividirse en Audiencias y éstas en Gobernaciones, Alcaldías Mayores, Corregimientos y Alcaldías Menores. Son los primeros de una larga serie de ensayos para organizar administrativamente el territorio y el país.

Con las reformas borbónicas del siglo XVIII, todo este panorama cambia para mejor. Bajo la influencia francesa se adoptará el modelo francés de intendencias subdivididas en partidos que concentraba funciones políticas, militares, fiscales y hasta judiciales, dividiendo el territorio peruano administrativamente en 8 de ellas: Huamanga, Huancavelica, Tarma, Trujillo, Arequipa, Lima y Cuzco, y en 1796 la intendencia de Puno, con un total de 56 partidos. Este es el sistema administrativo, que reemplazó al de los corregimientos consumido por la corrupción, que llegará hasta los albores de la república, cuando San Martín, en 1821, convierta las intendencias en departamentos y los partidos en provincias. A los antiguos intendentes se les llamó presidentes de departamento y luego prefecto, que es el nombre que perdura hasta hoy al igual que el de sub-prefecto que es el responsable de una provincia. Para 1833 existían tan sólo 8 departamentos, 58 provincias y 426 distritos. Pero era el principio.

Durante la república, que fue pródiga en intentos reformadores, el asunto siguió tan complicado como siempre. La Constitución de 1823 adoptó el sistema de Juntas Departamentales que otorgaba una amplísima gama de atribuciones a las autoridades locales y regionales. Pero serán suprimidas por la Constitución Vitalicia de Bolívar de 1826. La de 1828 las restablecerá y definirá aún más su función en el entendido de que éstas serán el germen de futuros parlamentos federales, pero antes de que pudieran instalarse, la Carta de 1834 las suprimió nuevamente. La de 1839, la que siguió al fin de la Confederación Perú-Boliviana, no sólo también las ignoró sino que además hizo lo propio con las municipalidades creando en su reemplazo los Intendentes de Policía, funcionarios con amplias facultades judiciales, ejecutivas y coercitivas. Nada más lejos de la institución municipal. En 1856 una nueva Constitución de corte liberal las rehabilita además de facilitar una Ley orgánica de municipalidades, la del 29 de noviembre de ese año.

Ya para 1873, una nueva Ley de Municipalidades crea los Consejos Departamentales y Municipales, dividiendo la administración en departamental, provincial y distrital. Jorge Basadre ha dicho de esta ley que es la primera que “marca la diferencia entre lo que compete al ciudadano y lo que compete al vecino”. Sin embargo, serán suprimidos en 1880 y reemplazados una vez más en 1886 por las Juntas Departamentales en un esfuerzo de descentralización fiscal, hasta su supresión definitiva en 1921. Una larga historia que se puede resumir en los ocho intentos fallidos de regionalización emprendidos a lo largo de nuestra historia republicana, perdurando a través de ella, como auténtico representante de la ciudadanía, la función edil.

No por nada, en el siglo XIX, Juan Espinosa escribía en su ‘Diccionario para el pueblo’ que “los déspotas temen la institución municipal porque ven en ella una representación del pueblo, de la soberanía popular, cascabel que les suena mal, porque ellos querrían que el pueblo no tuviera otro representante que ellos, ni otra ley que su voluntad”.


Ayer un privilegio, hoy un compromiso

Ninguna forma más representativa de la auténtica democracia que el cargo de alcalde. Durante la colonia el requisito principal para ser miembro de los cabildos era el de ser vecino del lugar, además de no ser sordo, mudo o indigno del cargo. Al finalizar cada año, el cabildo que expiraba designaba a los alcaldes y regidores del año siguiente, que debían ser confirmados por el gobernador. Distinto era el caso de otros cargos que eran vendidos en remate público con el único fin de acrecentar las arcas reales. Los cargos adquiridos por compra eran rentados y vitalicios, mientras que aquellos obtenidos por elección, como el del Cabildo, eran anuales.

Con la república, el sistema de elección se hace aún más democrático además de legítimo. Durante el siglo XIX los alcaldes eran elegidos por un Colegio Electoral, una suerte de grupo de electores designados por el pueblo para ese fin. En la actualidad, los alcaldes, al igual que el presidente, vicepresidentes y congresistas, son elegidos a través del sufragio universal directo.


Más de 12 mil autoridades

El Perú, país diverso y complejo, tiene una extensión territorial de 1´285,215.60 Km2 y una población, según el último censo del año pasado, de 27´219,264 habitantes. Este territorio y esta población están organizados a la fecha en 24 departamentos, 195 provincias y 1,832 distritos. Además de 25 regiones (los 24 departamentos y la provincia constitucional del Callao). Es para esta organización territorial que ayer se eligieron 12,466 autoridades.

De estas más de 12 mil autoridades, apenas 278 son regionales: 25 presidentes, 25 vicepresidentes y 228 consejeros regionales. El resto, 12,188 autoridades municipales, están distribuidas de la siguiente manera: 195 alcaldes y 1,717 regidores provinciales; 1,636 alcaldes y 8,640 regidores distritales.


* Publicado en el Diario El Comercio, de Lima, el 20 de noviembre de 2006

Chomsky en el Perú


“A Chávez su pueblo le da un apoyo muy grande, el más grande del hemisferio. Allá se vive un clima de total democracia”

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Cuando Jean-Paul Sartre murió en 1980, su discípulo peruano más aplicado, Mario Vargas Llosa, escribió una extensa nota necrológica que no sólo repasaba la vida y obra del genial francés, sino que además saldaba sus cuentas, ideológicas y literarias, con quien había sido su modelo de intelectual y escritor. Casi al final de la misma, cuando hace referencia a la más polémica de las declaraciones del filósofo francés, casi al final de su vida, aquella de que “la literatura no sirve para nada; frente a un niño que se muere de hambre, la literatura no sirve”, Vargas Llosa es contundente cuando corta el cordón umbilical con su viejo maestro: “Entonces descubrí que hasta el hombre más inteligente puede decir tonterías”, escribió. Esta semana, en que nos visitó Noam Chomsky para dar dos conferencias en Lima y cuya visita muchos esperamos con gran interés, he recordado vivamente esta frase de nuestro novelista.

Este intelectual comprometido y progresista, este lingüista cuyo nombre es referencia obligada de todos aquellos que condenan y condenamos las trapacerías de Bush y la derecha norteamericana, que ha llegado a ser casi considerado la ‘conciencia moral’ de su país, este hombre verdaderamente inteligente que al igual que Sartre también puede decir tonterías. Porque no hay otra manera de calificar las declaraciones que hizo a su arribo a Lima cuando un periodista local le inquirió su opinión sobre el presidente Venezolano y su régimen.

¿Qué entiende Chomsky por democracia? ¿De qué apoyo mayoritario habla si su mayor mérito es haber polarizado al país aún más de lo que ya lo estaba? ¿Está al tanto de que los ‘círculos bolivarianos de defensa’ son el brazo paramilitar del gobierno de Chávez, y que como tal amedrentan cualquier voz de protesta o disidencia y que es el propio gobierno quien los arma so pretexto de prepararse para una eventual invasión norteamericana? ¿No se enteró acaso de que ha manifestado, pública e indubitablemente, su intención de modificar la Constitución para reeligirse indefinidamente? ¿Sabe de la persecución e intimidación a la prensa que es crítica al presidente venezolano? ¿Tiene al menos una idea de la ingente cantidad de dólares que le costó el sistema electoral electrónico que le permite saber quiénes votaron por cuál candidato, lo cual es una manifiesta violación del derecho al sufragio secreto universal? ¿De sus groseras intervenciones en la política interna de los países que opinan distinto que él? ¿De su abultada chequera que le permite financiar candidatos de la mejor estirpe populista, como parece que ocurrió en Perú? Definitivamente es cierto aquello de que incluso las mentes más lúcidas pueden estar en la luna contemplando las margaritas.

Ojalá que sus palabras no sean, como me dijo un colega tratando también de encontrar sentido a la frase, sino otra forma más de las muchas que encuentra Chomsky para mortificar una vez más a los políticos más recalcitrantes de su país, una manera de recordarle al gobierno norteamericano que sigue siendo la piedra en sus zapatos. Pero de ser así, sus declaraciones harían retroceder el papel del intelectual de izquierda al lamentable sitial de aquellos que en los años de la Guerra Fría ocuparon justificando la existencia de los gulags soviéticos en defensa del 'socialismo realmente existente'. Si esto es así, habrá que irse buscando otra ‘conciencia moral’ que nos ampare.

Presentación del libro "Del trono a la guillotina"

El día de mañana viernes 27 de octubre, a las 7 de la noche, en los salones del Instituto Riva Agüero (Jr. Camaná 459, Lima), tendrá lugar la presentación del libro de Claudia Rosas Lauro "Del trono a la guillotina: El impacto de la Revolución Francesa en el Perú (1789-1808)", bajo el sello editorial de la Universidad Católica. Los comentarios correran a cargo de José Agustín de la Puente Candamo, Jeffrey Klaibert y Cristán Gazmuri.

Como suele ser ya una sana costumbre, este acto está organzizado por el Instituto Francés de Estudios Andinos, a quien nunca se le podrá agradecer debidamente su enorme contribución al desarrollo de la historiografía y de las ciencias sociales en el Perú. De la nota de prensa que nos ha alcanzado, reproducimos las líneas de presentación del libro. Esperamos muy pronto poder hacer en otro post la reseña del mismo.
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" 'Es un descubrimiento apasionante al que nos invita Claudia Rosas Lauro a lo largo de las páginas de esta tesis, convertida en un libro sobre 'El impacto de la Revolución Francesa en el Perú'. Felicitamos esta merecida entrega editorial con la que se beneficiarán los investigadores internacionales que, actualmente, estudian las repercusiones de este acontecimientode alcance mundial'. Con estas palabras inicia Michell Vovelle- el más grande historiador de la Revolución Francesa -el prólogo de este libro, que nos invita a reflexionar sobre la influencia de este importante evento histórico en la mentalidad de la sociedad colonial peruana. El estudio explora las múltiples vías de difusión y circulación de las noticias sobre el hecho revolucionario, que van desde la prensa escrita y los pasquines hasta las conversaciones en espacios públicos y los rumores; cómo se plasmó esta información en imágenes, representaciones y discursos. En ellos cobran vida los personajes del drama revolucionario y sus banderas políticas, con las secuelas del terror y la guerra, al lado del ataque al trono y al altar, que llevaron finalmente al despliegue de actitudes que oscilaban entre la tolerancia y la represión, orquestadas por una política contrarevolucionaria inspirada- entre otros factores - por el miedo a la revolución en una sociedad poblada de indios, negros y castas. La obra constituye no sólo un aporte al estudio del impacto de la revolución Francesa en el Perú, sino también, contribuye a la comprensión de la sociedad de fines del periodo colonial".

Los 249 días del gobierno de Paniagua

Aunque en este blog existe una sección dedidacada a la 'Historia del Presente' (un espacio de reflexión sobre acontecimientos contemporáneos), hemos querido contribuir a la serie de textos que la prensa escrita y digital viene publicando en torno al desaparecido ex presidente Valentín Paniagua abriendo una nueva de 'Cronologías', con una sobre su gobierno de transición, los 249 días que posibilitarón que el país saliera del hoyo en el que nos hundió el fujimorismo.

[13-11-2000]
Fujimori parte sorpresivamente a la cumbre de la APEC en Brunéi. La oficialista Martha Hildebrandt es censurada como presidenta del Congreso.
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[16-11-2000]
Paniagua es elegido presidente del Congreso y se restituye a los magistrados depuestos del TC.

[19-11-2000]
Fujimori renuncia a la Presidencia de la República desde Japón. El segundo vicepresidente Ricardo Márquez anuncia que asumirá la Presidencia en la transición.

[21-11-2000]
El Congreso, en medio de un enconado y tenso debate, destituye a Fujimori por incapacidad moral, ignora su renuncia y declara la vacancia de la Presidencia. Aprueba la renuncia del primer vicepresidente, Francisco Tudela.

[22-11-2000]
Valentín Paniagua, tercero en la sucesión presidencial, jura como nuevo presidente a la 1:30 p.m. Anuncia que Javier Pérez de Cuéllar será el jefe del nuevo gabinete ministerial.

[24-11-2000]
El colectivo civil La Resistencia entrega al presidente Paniagua y a Pérez de Cuéllar uno de los pabellones lavado durante meses como un acto de protesta pacífico. En la Plaza de Armas se vive una fiesta popular.

[25-11-2000]
Jura el nuevo gabinete. El nuevo ministro de Defensa, Walter Ledesma, anuncia el pase a retiro de los comandantes generales del Ejército y de la FAP y de doce generales del Ejército.

[01-12-2000]
Se levantan todas las órdenes de captura contra Baruch Ivcher. El Consejo de Ministros aprueba el indulto para once personas, entre ellas el ex diputado Yehude Simons.

[02-12-2000]
El Gobierno, cerca de la medianoche, promulga los decretos de urgencia que solucionan el problema de la administración de los canales 2 y 13.

[04-12-2000]
Baruch Ivcher retorna al Perú.

[05-12-2000]
Carlos Ferrero es elegido primer vicepresidente del Congreso.

[06-12-2000]
Ivcher reasume la administración del canal 2.

[07-12-2000]
Pasan al retiro a 45 generales de la FAP y 31 generales de la Policía Nacional.
El Perú firma su adhesión a la Corte Penal Internacional. El empresario Genaro Delgado Parker retoma la administración del canal 13.

[09-12-2000]
El Gobierno suscribe con dos consorcios de inversionistas los contratos para explotar, transportar y distribuir el gas de Camisea.

[11-12-2000]
Primera presentación del Gabinete Pérez de Cuéllar ante el Congreso. Pide medidas contra la corrupción.

[14-12-2000]
El BID otorga al Perú un crédito de 327 millones de dólares para educación, salud e infraestructura.

[16-12-2000]
Acompañado por un representante de la Defensoría del Pueblo se entrega el teniente coronel Ollanta Humala, quien se había rebelado el 28 de octubre del 2000 contra Fujimori.

[20-12-2000]
El Congreso aprueba los tres proyectos de ley formulados por el Gobierno para desbaratar la red de corrupción del fujimorismo. El nuevo jefe de la ONPE, Fernando Tuesta, denuncia que es 'chuponeado'.

[23-12-2000]
Detienen al abogado Javier Corrochano, señalado como presunto testaferro de Montesinos.

[27-12-2000]
El Congreso aprueba por 69 votos a favor, 9 en contra y 20 abstenciones el distrito electoral múltiple.

[28-12-2000]
El Congreso aprueba la reducción del Impuesto a la Renta.

[29-12-2000]
En mensaje a la nación, el presidente Paniagua reitera que su gobierno de transición garantizará unas elecciones generales libres, democráticas y transparentes. Señaló que la peor herencia del régimen anterior era la corrupción, que será combatida de todas las formas posibles.

[29-12-2000]
Es detenido en Tumbes el general José Villanueva Ruesta, ex comandante general del Ejército, sobre quien pesaba una orden de detención domiciliaria y de impedimento de salir del país.

[02-01-2001]
Es detenido en el aeropuerto de Lima, cuando se disponía a abandonar el país, el general Julio Salazar Monroe, ex jefe del SIN, quien estaba con detención domiciliaria.

[03-01-2001]
El presidente Paniagua reitera de manera enfática que su gobierno no apoya ni apoyará a ningún candidato. Pide más facultades para investigar casos de corrupción.

[12-01-2001]
El Congreso aprueba la ley que suspende la privatización de los puertos. Renuncian los dos ministros de Acción Popular, como una muestra de neutralidad ante la candidatura de Rául Diez Canseco.

[16-01-2001]
El presidente Paniagua nombra ministro de Industria al renunciante titular del portafolio de la Presidencia, Juan Incháustegui, militante de Acción Popular. De esta manera se busca garantizar la transparencia y la neutralidad de los organismos dependientes del Ministerio de la Presidencia en el proceso electoral.

[18-01-2001]
En la ceremonia por los 466 años de la fundación de Lima, el presidente Paniagua anuncia que se devolverá las facultades que les fueron recortadas a los gobiernos locales por el régimen anterior.

[21-01-2001]
Los generales en retiro Walter Chacón, Luis Cubas, Luis Delgado y Juan Yanqui son capturados y encarcelados por orden judicial. También son recluidos la hija de Vladimiro Montesinos, Silvana, sus hermanos Karelia Montesinos de Cubas y Orlando Montesinos y la esposa de éste, Estela Zimmerman.

[27-01-2001]
En la ceremonia de clausura del CADE 2001, el presidente Paniagua descarta cualquier posibilidad de postergación de las elecciones.

[28-01-2001]
En el programa de televisión "Tiempo Nuevo", el periodista Nicolás Lúcar acusa al presidente Paniagua de haber recibido para su campaña electoral de un testaferro de Montesinos. Inmediatamente, en un mensaje a la nación, Paniagua rechaza las acusaciones y las califica de una infamia conducente a desestabilizar el proceso de transición.

[29-01-2001]
En una decisión sin precedentes, la Corte Suprema suspende a tres de sus vocales; Alipio Montes de Oca, Víctor Raúl Castillo y Luis Serpa Segura, quienes aparecen en 'vladivideos' en inequívoca actitud de inconducta funcional.

[30-01-2001]
El Perú se reintegra a la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

[07-02-2001]
El presidente Paniagua reitera la vocación de su gobierno de garantizar unas elecciones libres y democráticas y su imparcialidad en el proceso electoral. En esta conferencia de prensa, Pérez de Cuéllar niega que el Gobierno estuviese manipulando la exhibición de los 'vladivideos'.

[09-02-2001]
Junto con otros trece implicados (funcionarios, policías y militares), Vladimiro Montesinos es denunciado por los violentos sucesos ocurridos durante la Marcha de los Cuatro Suyos.

[12-02-2001]
El presidente Paniagua suscribe la Declaración de Chapultepec. En su alocución instó a los medios a afirmar los valores democráticos.

[20-02-2001]
El presidente Paniagua recibe en Palacio de Gobierno, en un hecho que no se produce desde 1990, a los líderes de las centrales sindicales.

[22-02-2001]
El pleno del Congreso aprueba la inhabilitación del ex presidente Alberto Fujimori para el ejercicio de la función pública por diez años.

[23-02-2001]
El Gobierno inaugura el portal Transparencia Económica, desde el cual todo ciudadano podrá acceder libremente a las cuentas públicas.

[23-02-2001]
El Congreso aprueba delegar facultades legislativas al Ejecutivo para que éste proceda a racionalizar las exoneraciones tributarias.

[26-02-2001]
Al arribar a la capital procedente de Miami para entregarse a las autoridades, el ex congresista Alberto Kouri es detenido en el aeropuerto internacional Jorge Chávez.

[02-03-2001]
Las municipalidades provinciales del país recuperan las facultades que tenían para titular las propiedades informales, tarea que llevaba a cabo la Cofopri. Igualmente el Gobierno oficializa la transferencia de las obras y el presupuesto del tren eléctrico a la comuna metropolitana.

[12-03-2001]
El ex comandante general de la Marina almirante (r) Antonio Ibárcena Amico es detenido y recluido en el Penal San Jorge.

[02-04-2001]
Después de 72 años un jefe de Estado asiste a la vieja casona sanmarquina del Parque Universitario para abrir el año académico de esa universidad. El presidente Valentín Paniagua; el titular del Consejo de Ministros, Javier Pérez de Cuéllar; el ministro de Educación, Marcial Rubio; y el alcalde de Lima, Alberto Andrade; entre otras autoridades, participaron en la simbólica ceremonia.

[02-04-2001]
Dos fotografías dadas a conocer por un diario venezolano confirman que Montesinos se halla en ese país.

[05-04-2001]
Es detenido el general (r) Nicolás Hermoza Ríos, acusado de tráfico ilícito de drogas y de delitos contra la función jurisdiccional

[08-04-2001]
Elecciones presidenciales. Pasan a la segunda los candidatos Alejandro Toledo y Alan García.

[16-04-2001]
El gobierno de transición aprueba la creación del Programa Nacional Anticorrupción, que tiene como objetivo analizar el fenómeno de la corrupción en el país y diseñar políticas que la contrarresten.

[20-04-2001]
El ministro del Interior, Antonio Ketín Vidal, informa que el Gobierno del presidente Paniagua ha dispuesto una recompensa de 5 millones de dólares para la persona que proporcione información directa sobre el paradero del prófugo Vladimiro Montesinos Torres.

[21-04-2001]
Durante la Tercera Cumbre de las Américas el ministro de Relaciones Exteriores, Javier Pérez de Cuéllar, planteó una Carta Democrática Interamericana que sancionase a los países sin democracia.

[12-05-2001]
26 magistrados tanto del Poder Judicial como del Ministerio Público son retirados de sus cargos al no ser ratificados por el Consejo Nacional de la Magistratura.

[14-05-2001]
El Ejército reincorpora a 17 de 25 militares que fueron dados de baja y hasta encarcelados por participar el 13 de noviembre de 1992 en un intento por restituir la democracia vulnerada con el autogolpe fujimorista del 5 de abril de ese año.

[23-05-2001]
Ocho oficiales vinculados a Vladimiro Montesinos que habían sido reincorporados al SIN son separados por disposición de la Presidencia del Consejo de Ministros. Entre los separados se encuentra el que tuvo a su cargo la seguridad personal de Montesinos. Figuran cinco coroneles.

[25-05-2001]
El gobierno de transición anuncia la formación de una Comisión de Estudio de las Bases de la Reforma Constitucional. La integrarán constitucionalistas que serán convocados para definir, antes del 15 de julio, aquellos puntos de la Constitución de 1993 que merecen ser reformados a fin de fortalecer el Estado de derecho.

[26-05-2001]
La Universidad Nacional Mayor de San Marcos le otorga el doctorado Honoris causa de esa casa de estudios.

[30-05-2001]
Tras cuatro años de insistentes reclamos, el Tribunal Constitucional resuelve mediante un fallo que se nivele las pensiones de ocho mil ex trabajadores del Instituto Peruano de Seguridad Social, de acuerdo con los haberes que perciben los actuales trabajadores de Essalud y que se les reintegre desde 1997.

[03-06-2001]
Exitosa segunda vuelta electoral en la que resulta ganador Alejandro Toledo Manrique. Todos coinciden en señalar la transparencia y limpieza de las mismas.

[04-062001]
Se publica la Ley que crea la Comisión de la Verdad y Reconciliación, la misma que se instala el 13 de julio del mes siguiente.

[24-06-2001]
Es detenido en Venezuela Vladimiro Montesinos. Al día siguiente lo trae de regreso al Perú el Ministro del Interior, Antonio Ketín Vidal


[10-07-2001]
El Ejecutivo promulga la Ley del Canon, marco legal que precisa el porcentaje que el Estado deberá destinar a los gobiernos locales y regionales por los impuestos que pagan las empresas que explotan diversos recursos naturales en determinadas jurisdicciones del país.

[25-07-2001]
Son detenidos por agentes de la Policía Judicial la ex fiscal de la Nación, Blanca Nélida Colán, y el ex jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), José Portillo. La primera es acusada de encubrimiento, falsedad genérica y enriquecimiento ilícito, mientras que Portillo está involucrado en el caso de la falsificación de un millón de firmas a favor del otrora Frente Nacional Independiente Perú 2000.

[25-07-2001]
Se crea el Seguro Público de Salud (SPS) que reemplazará a los seguros escolar y materno-infantil, sin eliminar su cobertura, sino más bien ampliándola.

Garcilaso o los impedimentos para escribir una crónica

Por Jorge Moreno Matos

Razones para asistir a talleres de cómo no hacerse escritor

A la señora Sara Liendo


Escribir resulta un arte además de difícil, muy duro de aprender. Y más duro es aún cuando se ha tenido la fortuna de tener los profesores que tuve yo en la escuela, primero, y en la universidad después.

En la escuela secundaria, mi profesora de lengua y literatura fue la mejor profesora que uno puede tener cuando se empieza a descubrir el mundo de los libros. No sólo fomentaba en sus alumnos el amor y respeto a las grandes obras de la literatura universal, sino que además alentaba y promovía cualquier asomo de invención en ellos por ínfimo que fuese su talento, como ocurría la mar de veces. Una historia que cuento siempre cada vez que alguien me pregunta por qué me hice historiador, la dibuja de cuerpo entero.
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En el último año de estudios, el año en que descubrí los mejores libros que he leído en mi vida, le pregunté si conocía a un tal Vargas Llosa y si tenía algún libro de él que pudiera prestarme. Me dijo que sí y que volviera al otro día. Cuando lo hice, puso en mis manos un paquete que contenía tres de sus mejores novelas y un libro que cambiaría mi vida para siempre: las “Conversaciones con Basadre” de Pablo Macera. Nunca le he preguntado porque me regaló ese libro, pero lo cierto es que ese día me hice dos promesas que no he logrado cumplir del todo: escribir novelas y hacerme historiador. Esta es la persona que, después de tantos años, cada vez que publico alguna nota o artículo me llama o escribe para decirme que la ha leído, provocando en mí ese pavor que sentía cada vez que le entregaba mis trabajos escolares. Y digo que vuelvo porque sé que su mirada experta encontrará en cada párrafo, en cada línea que tanto trabajo me costó construir un sustantivo mal utilizado o un adjetivo demás que yo no supe detectar a tiempo. Y como si esto fuera poco, vino luego la universidad.

En ella conocí a un profesor que tenía la rara virtud de prestar sus libros por montones a sus alumnos sin el menor temor a perderlos, así que gracias a él leí mucho y bien. Este profesor poseía el raro talento de la brevedad al escribir, lo cual ya es mucho decir. Como Azorín, podía comunicar muchas cosas con pocas palabras, lo cual resultó terrible a la hora de elegirlo como modelo y mentor, que fue en lo que finalmente se convirtió para mí. No sé si con todos sus discípulos fue igual, pero conmigo tuvo la generosidad de obsequierme una inestimable clase de estilo y honestidad intelectual que ha marcado mi trabajo desde entonces: "Ya otros han escrito con mejor talento lo que tú quieres escribir. Así que no escribas nada sino tienes algo nuevo que decir y ve directo al grano". Hoy, en su venerable ancianidad, ya no escribe mucho, pero sigue siendo mi maestro, mi guía y, sobre todo, mi amigo. Lo único, como discípulo, que puedo reprocharle es que él, al igual a su vez que su maestro Raúl Porras, nos dejará impaga la enorme deuda del gran libro que su inmenso conocimiento nos debe y que no escribió porque tuvo que desperdiciar su enorme talento dictando clases para ganarse la vida (incluso los sabios tienen que comer). Unas clases que tuve el privilegio de compartir con jóvenes que desde el primer instante sabían que estaban ante un gran historiador y como tal lo trataron en todo momento. Él también me llama para decirme, cada vez que publicó algo, la frase más terrible que pueda yo oír: “leí tu nota”.

Tratando de exorcizar estos fantasmas de estilo, no sé en que momento de mi vida fui a caer en el vicio (o en las garras sería mejor decir), de los talleres de escritura. He asistido a tantos que no sólo he perdido la cuenta, sino que además he llegado a una conclusión que en realidad es una gran y desoladora pregunta: ¿Se aprende verdaderamente a escribir en estos talleres?

El último al que asistí lo dictó Juan Villoro, extraordinario escritor y periodista mexicano, autor de unas crónicas que luego de su lectura me han confirmado lo que me viene dando vueltas desde el primer día que inicié este blog: que se puede ser historiador o sociólogo sin estar obligado a escribir con ese lenguaje académico, recargado y acartonado que tanta mala fama de aburridas le han dado a la historia y a la sociología (siendo tan entretenidas como son), haciéndole perder los miles de lectores que ambas merecen. Fue un taller con tantas verdades y cosas claras de por medio que en lo primero que pensé cuando oí hablar a Villoro de los entresijos para escribir una crónica, fue en la experiencia frustrada de mi primera comisión como periodista cultural (la única que en realidad tuve) y que se fue por el sumidero de la vergüenza por mi torpeza de bisoño redactor y que hoy, oyéndolo, me pregunto si fue el destino que hizo que nunca escribiera la crónica sobre una crónica frustrada por las mismas razones que ahora él exponía.

Hace muchos años, el profesor del que ya les hablé me consiguió una plaza en la redacción de un diario local. Como era estudiante de historia, a mi jefe se le ocurrió enviarme a entrevistar a una conocida y reconocida historiadora que acababa de publicar un nuevo libro. Acudí a la cita seguro de mí mismo preparando cada pregunta, releyendo sus libros, revisando sus entrevistas anteriores y memorizando cada una de sus respuestas y teorías. Como la entrevista también me la consiguió él, apenas saludarla hice hincapié en la amistad entre mi profesor y yo y ese fue mi gran error. Supo que podía hablar en confianza. De un momento a otro, en los minutos previos a la conversación que debíamos sostener surgió el nombre de Garcilaso y fue entonces cuando la doctora Jeckyll se transformó en la señora Hyde. Comenzó a utilizar los más duros adjetivos para referirse a nuestro cronista. Lo llamó ‘mentiroso’, ‘miserable’ y ‘canalla’. Atónito, lo único a lo que atiné fue a decirle que los garcilasistas… “¡Los garcilastas, nada!”, me cortó en seco. “Todos son tan falsos como Garcilaso y mejor no te cuento lo que sé de ellos porque sino te quedas mudo de espanto”. “¿Y qué es lo qué sabe?”, le pregunté. “Bueno, para empezar… pero tú venías a otra cosa - se interrumpió a sí misma -. Mejor empecemos con la entrevista”. Hoy está de moda ser iconoclasta e irreverente con todo, sobre todo con los grandes héroes o santos tutelares del panteón nacional, pero por aquella época esto era impensable, así que yo creí ingenuamente en ese instante que tenía la gran noticia de la semana en mis manos.

Cuando eche a andar la grabadora volví sobre Garcilaso y, para mi sorpresa, la doctora Jeckyll regresó de adónde la había enviado la señora Hyde. Habló en los mejores términos del autor de los ‘Comentarios Reales’. Señaló uno que otro error u omisión por parte del cronista sin llegar a acusarlo de nada. Insistí con dos o tres preguntas para ver si volvía la señora Hyde, pero fue inútil. Ante mi continua insistencia por su retorno, la doctora dio por terminada la entrevista de muy mala manera. Salí con la convicción de que además de sus ecuánimes respuestas, llevaba en la grabadora una bomba de tiempo, sin saber que la bomba estallaría en la redacción. Cuando me preparaba a transcribir la entrevista caí en la cuenta de que, sabe dios por qué, no había grabado más que tres o cuatro minutos de conversación. El resto era humo, polvo, nada. ¿Qué había pasado? Sencillamente no había funcionado.

Por eso aquellas dos mañanas que compartí con decenas de aspirantes a cronistas, las palabras de Villoro no hacían más que devolverme una y otra vez el recuerdo bochornoso de mi prehistoria periodística, de mi frustrada carrera como cronista cultural.

De entre las muchas cosas que dijo, nomás empezar y ante la pregunta de ¿cuáles son los límites de la novelización en la crónica?, estaba aquello de que ‘novelizar’ tiene sus límites: no siempre es posible verificar los datos. Citaba como ejemplo el de una periodista española que había escrito, novelizando su texto, que el juez Baltazar Garzón decidió, mientras se amarraba los cordones de los zapatos, arrestar a Pinochet. ¿Se lo contó Garzón? ¿Estaba ella o alguien ahí para dar fe de esa decisión? Como éste, conozco decenas de ejemplos que proliferan en las páginas de nuestros diarios (hay cada escriba que alucina cada cosa). En otras palabras, la crónica tiene que ser verificable, la novela no. Entonces, ¿podía escribir yo mi crónica sobre la más acérrima antigarcilasista si no existía grabación alguna que certificara sus desmadres? No. Punto para Villoro.

Luego vino una verdad que no por evidente deja de ser menos desoladora todavía: toda crónica debe estar planteada desde donde está escrita; es decir, debe estar escrita en primera persona, nunca en tercera persona. Además debe decir, de manera implícita, cómo se escribió. ¿Cómo puedo yo decir, reconocer, que todo lo que iba a leer el lector era fruto, no tanto ya de mi imaginación sino de mi buena memoria, que vaya que la tengo? ¿Cómo consignar que la más reconocida y respetada de las historiadoras del país tenía un genio del demonio? ¿No era mejor contar la historia de un despistado que perdió la oportunidad de su vida por no hacer lo mínimo que hace hasta el más torpe estudiante de periodismo, revisar las pilas de su grabadora? No, porque eso sería escribir cínicamente y ya sabemos que eso no forma parte de nuestro oficio. Otro punto para Villoro. Y podrían ser más, pero ya me cansé de darme palos a mí mismo.

Ahora, luego de rememorar el testimonio lúcido de quien se asemeja mejor que nadie al ideal de cronista que me gustaría algún día llegar a alcanzar, sé con mayor convicción, de manera absoluta y definitiva que si hay algo para lo que los talleres de escritura no te preparan nunca ni te dan fórmulas salvadoras es para el ojo censor de tus maestros y de tus modelos. (Ojalá que Villoro no lea nunca esta crónica. Y tampoco la doctora Jeckyll, claro).

El Joaquín Murieta de Pablo Neruda

A mediados del siglo XIX se desató la fiebre del oro en California, que atrajo a sus territorios no sólo a aventureros de todos los rincones del mundo, sino también a muchos hombres que con sus familias llegaron hasta ahí deseosos de convertirse en nuevos ricos de la noche a la mañana. La de California es la más conocida, pero lo cierto es que hubo muchas a lo largo del siglo XIX y las características de cada una de ellas fue determinante en el desarrollo o configuración de las sociedades en donde se produjeron. Por otro lado, y contrario a lo que pudiera creerse, hubo muchos latinoamericanos que se contagiaron de esta fiebre y formaron grandes grupos por nacionalidades, en campamentos a los que les daban generalmente nombres fácilmente identificables, como fue el caso del campamento ‘Chilecito’, que reunía a los de esta nacionalidad. Uno de estos fue Joaquín Murieta, oriundo de Valparaíso, que luego de una serie de trágicas contrariedades, terminó convertido en forajido al más puro estilo del viejo Oeste. Inspirado en su memoria, sus desgracias y ‘el pago de los gringos’ como él sufrían, Pablo Neruda escribió en 1967 una obra teatral para la cual escribió una introducción. Su texto, que ahora rescatamos, no sólo rezuma poesía e historia, sino también ese aire de rebeldía que inunda toda su obra.
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“Yo escribí un libro grande con versos, lo llamé ‘La Barcarola’, y era como una cantinela, yo picaba aquí y acá en mis materiales, de los que dispongo, y éstos son a veces aguas o trigos, sencillas arenas a veces, canteras o acantilados duros y precisos, y siempre el mar con sus silencios y sus truenos, eternidades de que dispongo aquí cerca de mi ventana y alrededor de mi papel, y en este libro hay episodios que no sólo cantan sino cuentan, porque antaño era así, la poesía cantaba y contaba, y yo soy así, de antaño, y no tengo remedio, bueno, aquel día piqué el pasado, salió polvo como de terremoto, voló la pólvora y apareció un episodio con un caballo con su caballero y éste se puso a galopar por mis versos que son anchos ahora, como rutas, como pistas, y yo corrí detrás de mis versos y encontré el oro, el oro de California, los chilenos que lavan la arena, los buques repletos desde Valparaíso, la codicia, la turbulencia, las fundaciones y este chileno vengativo y vengador, descabellado y sonoro, entonces me dijo mi mujer, Matilde Urrutia, pero si esto es teatro, ¿teatro? le respondí, y yo no lo sabía, pero ahí lo tienen, ustedes, con libro y con escenario vuelve Murieta, se cuentan sus rebeliones, y las hazañas de chilenos agrestes que con patas de perro se soltaron hacia el oro, se apretaron los cinturones trabajando en cuanto cosa y cosita pudieron para recibir después el pago de los gringos: la soga, la bala y cuando menos el puntapié en la cabeza, pero no sufran, porque además hay el amor, con versos que tienen rima como en mis mejores tiempos y de un cuantohay, hasta cuecas, con música de Sergio Ortega, y además Pedro Orthous, famoso director de escena, metió su cuchara y aquí cortaba y acá me pedía un cambiazo, y si protestaba aprendí que así hacía con Lope de Vega y con Shakespeare, les meten tijera, los modifican para ustedes, y yo soy apenas aprendiz de teatrero y acepté para que volviera Murieta, para que volara Murieta, como en los sueños, a caballo y con banderita chilena, ¡Viva Chile, mi hermosura!”, y que vuele con caballo y todo como un meteoro que regresa a su tierra porque yo lo llamé, lo busqué entre los materiales, cavando en mis trabajos día a día, frente al mar océano, y de repente saltó el bandolero y echaba chispas de fuego su cabalgadura en la noche de California, le dije, asómate, acércate, y lo hice pasar por la carretera de mi libro para que galopara con su vida y su drama, su fulgor y su muerte, como en un sueño cruel, y esto es todo, este es mi cuento y mi canto”.

Pablo Neruda
Isla Negra, setiembre de 1967.

Valentín Paniagua Corazao (Cusco, 1936 - Lima, 2006)

Nació el 23 de diciembre de 1936 en la ciudad del Cusco. Luego de cursar estudios primarios en La Salle de La Paz, Bolivia, y secundarios en el Colegio Nacional de Ciencias de Cuzco, inició estudios de Derecho en la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco, para concluirlos luego en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en donde se especializó en Derecho Constitucional.

En 1955 estuvo entre los fundadores del Frente Universitario Reformista Independiente, un movimiento de signo socialcristiano, y presidió la Federación de Estudiantes del Cusco en 1959. Posteriormente se adhirió al Partido Demócrata Cristiano por considerarlo el que más se ajustaba a sus ideales social cristianos. En las elecciones de 1963 salió elegido diputado (con tan solo 26 años) por Cuzco en la lista de la alianza de PDC y Acción Popular, además de ser nombrado a sus 27 años ministro de Justicia (el ministro más joven en nuestra historia republicana).
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Aunque en 1966 el PDC se escindió y apareció en la escena política nacional el Partido Popular Cristiano, liderado por entonces alcalde de Lima Luis Bedoya Reyes, Paniagua se mantuvo en las filas del gobierno. Hasta el golpe de Estado del general Velasco del 3 de octubre de 1968, que lo exilio del país. Luego, en 1974 renunció al PDC al hacerse manifiestas las afinidades del líder de su partido con la dictadura militar, ingresando poco después a las filas de Acción Popular.

De vuelta a la democracia, en las elecciones de 1980 salió elegido diputado por el partido ganador de las elecciones. En 1982 asumió la presidencia de su Cámara y en 1984 aceptó la cartera de Educación. Al final del periodo presidencial, el gobierno premió sus esfuerzos en la carrera pública otorgándole la Orden del Sol en el grado de Gran Cruz.

La derrota en las elecciones de 1985 lo llevaron por primera vez a engrosar las filas de la oposición luego de tres décadas en la política peruana. Simultáneamente, durante los cinco años de gobierno aprista fue afirmando su prestigio en medios académicos y profesionales como constitucionalista y abogado, siendo catedrático de Derecho Constitucional en las universidades de San Marcos, Católica del Perú, Lima y Femenina del Sagrado Corazón. Luego del autogolpe de abril de 1992, se convirtió en uno de los más duros críticos del régimen del ex presidente Fujimori, asumiendo en 1997 la defensa, ad honorem, de los tres magistrados del Tribunal Constitucional destituidos por considerar anticonstitucional la Ley de Interpretación Auténtica de la Constitución que permitía la reelección de Fujimori.

En las controvertidas elecciones del 2000, Paniagua, considerado ya el número dos de su partido después de su fundador Fernando Belaúnde, accedió a la secretaría general nacional; siendo además uno de los tres únicos diputados que su partido consiguió ubicar en el Congreso. Pero la grave crisis que generaba el tercer mandato inconstitucional de Fujimori abrió una crisis política a la cual no se le veía solución inmediata. La propalación del vídeo Kuori-Montesinos (14 de setiembre) y la convocatoria a nuevas elecciones para el próximo año (16 de setiembre) no hicieron sino agravar aún más la crisis, pese a los esfuerzos de la OEA que había promovido una Mesa de Diálogo entre oposición y gobierno y en cuya formación la participación de Paniagua fue determinante. El 19 de noviembre Fujimori renuncia por fax desde el Japón a la presidencia de la república. El Congreso no acepta su renuncia y declara la vacancia de la presidencia por incapacidad moral. El resto es historia conocida. Quien había obtenido la segunda más baja votación en las últimas elecciones accedía a la presidencia de la república y encabezaría un gobierno de transición hacia la auténtica democracia.

Desde el principio, el "Gobierno de Unidad y Reconciliación Nacionales", como lo calificó el propio Paniagua, se abocó al desmantelamiento del aparato de corrupción institucional que habían construido Fujimori y Montesinos. Y tan cierto fue esto que la primera decisión de su gabinete, presidido por el ex Secretario General de la OEA Javier Pérez de Cuéllar, fue destituir a la cúpula militar montesinista que todavía seguía ejerciendo funciones. Y la última, apenas dos días antes de entregar la banda presidencial, el arresto de dos de los más conspicuos cómplices de Montesinos: la ex fiscal de la Nación Blanca Nélida Colán y el antiguo jefe ONPE, José Portillo.

Alejado de la presidencia, asumió la jefatura nacional de su partido a la muerte de Belaunde, recibió el más alto honor de la Universidad de San Marcos que le confirió el doctorado honoris causa (el único honor que había secretamente deseado, según su propia confesión) y fue homenajeado por el Congreso Ecuatoriano que en octubre de 2001 lo condecoró con la medalla Vicente Rocafuerte por su trabajo en favor de la consolidación democrática de su país. Antes de las últimas elecciones presidenciales, en las que no tuvo la suerte que su limpia trayectoria merecía, participó como observador electoral en elecciones de la región de América Central. Mezquindades de nuestra política local evitaron que fuera candidato de nuestro país a la Secretaría General de la OEA el año pasado. Como mezquino y vergonzoso fue también el incidente con un periodista (fujimorista por toda seña) que trató de enlodar su figura, que ya todo el Perú respetaba, vinculándolo con Montesinos. Fue la única ocasión en que el hombre afable y mesurado que era alzó la voz para protestar por su buen nombre y el intento burdo de hacer creer a los peruanos que hasta los hombres como él tienen sus trapos sucios. Nada más lejos de la verdad.