San Marcos exonerará del pago a 1.000 postulantes

Estudiantes de bajos recursos económicos que hayan tenido como promedio 15 en sus notas serán los beneficiados.

Piden presupuesto para continuar investigaciones

Walter Alva recordó que en el 2016 no se ejecutaron trabajos de investigación arqueológica en Lambayeque.

Se realizarán tours nocturnos en Chavín de Huántar

Ministerio de Cultura autorizó visitas para promover importante monumento arqueológico.

Polémica de los Pitufos comunistas ya es mundial

La prestigiosa BBC hace eco de la polémica desatada en Uruguay por comparar a los Pitufos con una sociedad comunista.

¿Se hará realidad la ficción cinemtográfica

Según la agencia, roca espacial circuló demasiado cerca de nuestro planeta.

Uchuraccay, 23 años después

Un aniversario más de ocho muertes sin sentido

Una generación nueva, además de la que asistió al horror de sus muertes, es la que presencia, una vez más, el homenaje que el país rinde hoy jueves 26 de enero a los ocho periodistas asesinados en Uchuraccay. ¿Qué fue lo que realmente sucedió en enero de 1983 en los parajes de aquella remota comunidad ayacuchana? La crónica de aquellos trágicos días no es sino el relato de 23 años de impunidad.


Libros, reportajes, informes oficiales señalan el 20 de enero de ese año como el inicio de la tragedia: los diarios de Lima informan que campesinos de una localidad ayacuchana han dado muerte a 7 presuntos terroristas haciendo uso de su legítimo derecho a la defensa. Pero la forma en que fueron victimados y la manera en que el hecho fue dado a conocer a la opinión pública sembraron tantas dudas que muchos se preguntaron si realmente habían sido los campesinos los victimarios. Sólo viajando hasta el lugar de los sucesos, Huaychao, declarada zona liberada por Sendero Luminoso, se esclarecerían.


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Seis periodistas de Lima – Eduardo De la Piniella y Pedro Sánchez (El Diario de Marka), Willy Retto y Jorge Mendívil (El Observador), Jorge Sedano (La República) y Amador García (Oiga)– y dos del lugar –Félix Gavilán (corresponsal de El Diario de Marka) y Octavio Infante–, junto con su guía, Juan Argumedo, emprendieron la marcha hasta Hauychao sin sospechar remotamente la suerte que les esperaba.


Confundidos con terroristas, fueron interceptados cuando casi estaban por llegar a su destino. Fotografías de Willy Retto, que aparecieron después, captan los instantes en que, aparentemente, son detenidos y posteriormente ultimados a golpes con palos, machetes y piedras. Sus cuerpos fueron enterrados semidesnudos, de a dos y de cara a la tierra, contraviniendo las costumbres del lugar lo que reforzaría las suspicacias sobre las circunstancias y autores del crimen.


Los eventos tuvieron tal impacto en el país que el gobierno formó una Comisión Investigadora, presidida por Mario Vargas Llosa, cuyo prestigio e independencia despejaban cualquier duda de colusión con el mismo. Luego de dos meses de trabajo concluyeron, sorprendentemente, que los culpables de la muerte de los ocho hombres de prensa eran la sociedad peruana misma, por permitir que miembros de ella vivan en condiciones de aislamiento y marginación tan dolorosos que sólo producen violencia que es respondida con más violencia. El país se sumergió en una intensa disputa, un insulso debate. La Comisión no señaló culpables directos, no especificó responsables políticos y, lo que es peor aún, no aportó nada que ayudara a castigar la responsabilidad de las fuerzas armadas en la instigación al crimen de que fueron parte los campesinos de Uchuraccay.


En marzo de 1987, un Tribunal Especial sentenció a tres de los 18 comuneros identificados como autores directos de la masacre a leves penas de penitenciaría, esgrimiendo como atenuante su condición de “semicivilidad”. El general Clemente Noel, Jefe Político Militar de la Zona en ese entonces y hoy ya fallecido, fue exculpado por prescripción de los delitos y los familiares nunca recibieron reparación alguna. ¿Hasta cuándo?

Documentación y Periodismo, 2

Aunque todavía no cumplo con habilitarlo del todo como es mi deseo (una promesa más que debo honrar), acabo de colocar otro texto sobre Documentación y Periodismo (El verdadero valor de la información) en el blog que a ese fin cree, pero que sigue tan abandonando como suele estarlo a veces éste. Ojalá y no se vuelva un mal endémico.


[Addenda del 3 de febrero: reproduzco aquí el texto, porque he decidido deshabilitar el blog de Documentación Periodística hasta tener tiempo de ponerlo presentable]


[Addenda del 17 de febrero: Ya está operativo el blog sobre Documentación Periodística que hace tiempo tenía planteado hacer, motivo por el cual los textos respectivos sobre el tema están ahora ahí. Espero disponer de tiempo para agregarle todo el material del que dispongo. Ya veremos]

Curso de Periodismo Digital

Mientras duran las vacaciones de verano y hasta que termine de reunir el nuevo material para los blogs de los cursos de Nuevas Tecnologías y Periodismo Digital, no quería dejar sin nada qué hacer a los alumnos de los mismos. Así que mientras tanto los dejo con la entrevista que César Hildebrandt le hiciera a Pedro de Alzaga, periodista del diario El País de España, a su paso por Lima invitado por la Universidad Antonio Ruiz de Montoya para dictar un taller sobre Periodismo Digital durante tres días el pasado mes de julio. En una próxima ocasión debatiremos sobre las ideas expuestas en la misma, si es que antes no empiezan las clases.
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V... de Vladivideo

Cuando una imagen sí vale más que mil palabras

Ademas de la corrupción y la violación sistemática de los derechos humanos, el fujimorismo fue pródigo en muchas cosas. Tantas como para hacer un diccionario con ellas. Así que, un tanto para ampliar la respuesta a un comentario algo exaltado de un defensor del prófugo y otro tanto porque resulta tentador llevar adelante semejante proyecto, trataremos de 'escribir' ese diccionario en este blog y al cual llamaremos, precisamente, así "Todo Fujimori". Huelga decir que como todo buen diccionario temático que se precie, éste incluirá nombres de personas, lugares, sucesos y cupables. Sobre todo estos últimos. En esta ocasión empezaremos con la V, de Vladivideo.


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Según los involucrados, autoridades judiciales, testigos de los procesos anticorrupción y analistas políticos, serían cerca de 30 mil los videos grabados por Montesinos durante su época de poder en la sombra. Tal ha sido su impacto en la sociedad peruana, que tuvimos que acuñar un nuevo término para referirse a ellos: vladivideo. Es así que en algún momento se llegó a hablar de la videopolítica. Alguien más inteligente sugirió, acertadamente, que deberían pasarse por televisión, y en horario estelar, durante los próximos 50 años para no olvidar la clase política que permitió que llegarámos a ese nivel de degradación moral. Una clase política que, afortunadamente, también tiene su propio valdivideo en los que se les ve, muy obedientes y seriecitos, recibiendo ordenes del ex asesor. Lamentablemente, la sugerencia no fue atendida. El Congreso de la República ha empezado a publicar las transcripciones de aquellos más vergonzosos. Pero, en honor a la verdad , nunca más acierto aquello de que una imagen vale más que mil palabras (o seis tomos publicados, sería mejor decir).


Para no olvidar nunca más aquella nefasta época y para aquellos incrédulos que piensan al revés, estas imágenes no acabaron con Montesinos como se cree. El que cayó con ellas cuando se emitieron por primera vez el 14 de setiembre del 2000, fue el gobierno corrupto de Fujimori. Sino ¿por qué entonces renunció a la presidencia y salió subrepticiamente del país con cuarenta maletas que nunca han sido debidamente explicadas?



¿Pagará Fujimori por sus crímenes?

La extradición a un paso

Sí, claro que sí. Tiene que hacerlo. Es lo mínimo que esperamos todos los peruanos de un país que presume (y con razón) de ser uno de los más cultos de esta parte de América. Si la extradición del prófugo no prospera en el sentido correcto (el único posible), las decepciones no sólo serán muchas por este lado de la frontera, sino también por allá.

Detenido desde el pasado 7 de noviembre, a Fujimori le espera la cárcel en el Perú. Que no nos vengan con la monserga de la 'persecución política' para escabullirse de la justicia. Que en el país haya suficiente cantidad de tetelemecos no significa necesariamente que haya igualmente una mínima presunción de inocencia de parte del ex presidente. Fujimori es culpable. Y culpable de crímenes de lesa humanidad. Quien lo dude falta a la razón, a la justicia y a la historia. Tan convencido estamos de ello y de que la fuerza de la razón se impondrá sobre la estupidez, que en la encuesta siguiente en ningún momento pensamos en preguntar si es culpable o no; el asunto es saber si vendrá a pagar sus crímenes. ¿Usted qué cree?



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Los Muros de la Historia

En mayo del año pasado una tonta, por no decir estúpida, disputa enfrentó a dos distritos de la capital por una valla de metal que uno de ellos mandó construir en los límites con el otro con el único fin, condenable, de que ciertos vecinos 'indeseables' no invadieran sus fueros. Absurdo hasta lo indecible. Sin embargo, fue una prueba más, en versión peruana y diminuta, del empeño en el que el hombre se ha obstinado desde tiempos inmemoriales: separar antes que integrar. Como el que ahora pretende construir EE.UU. en su frontera con México. ¿Hasta cuándo tanta estupidez humana? Basta con dar una mirada a la historia para encontrarnos con otros muros que no sólo separaron a algunos sino que avergonzaron a muchos.


El más conocido de todos es la famosa Muralla China. Fue mandada a construir en el siglo siete antes de nuestra era por los pueblos del norte para detener el avance mongol en esa zona, el mismo que era una amenaza constante. Han pasado más de dos mil años y permanece todavía, aunque ahora sólo como un recurso turístico del gigante asiático. Se extiende por más de 6,000 kilómetros, desde las montañas de Corea hasta el Desierto de Gobi y su construcción, además de tomar varios siglos, costó la vida de cientos de miles de campesinos.
La Gran Muralla China


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Otro fue el Muro de Adriano, que debe su nombre al emperador romano del mismo nombre que, tras sufrir varias derrotas en la entonces provincia romana de Britania, decidió la construcción de un muro de 117 kilómetros de largo que “separara el mundo romano de los bárbaros del norte”. O sea, la política de ellos y nosotros. En la realidad funcionó como frontera final del Imperio Romano, retrocediendo en los años siguientes a los límites que estableció Augusto en su época.
Muro de Adriano


Luego de la espantosa matanza que significó la Primera Guerra Mundial, y habiendo pérdido la oportunidad de imponer en el Tratado de Versalles la creación de un estado 'bisagra' entre ella y Alemania, Francia renunció a la posibilidad de repetir en sus filas semejante atrocidad. Para ello ideó un sistema defensivo que evitara una nueva invasión alemana y que tradujo en la construcción, durante diez años, de la línea Maginot. Hasta hoy pueden visitarse, como atractivo turístico, algunos tramos de su intrincada red de túneles que no impidieron el avance de las huestes nazis en 1940 que, rodeándola, ingresaron en territorio francés a través de las Ardenas, Bélgica.
La Línea Maginot


En julio de 1974, Turquía invadió Chipre quedando más de un tercio del país en manos turcas. Por el sumidero de la historia se fueron 400 años de coexistencia entre dos culturas que siempre se respetaron mutuamente tanto en el aspecto político como religioso. La isla quedó dividida en dos y una línea de demarcación que la atraviesa transversalmente a todo lo largo, la línea verde y que en realidad es de piedra, separa desde 1981 un sector con gobierno pro griego de otro con gobierno pro turco. Esta línea verde se mete en Nicosia, su capital, convirtiéndola en la única capital de Europa que permanece dividida por la fuerza como lo estuvo Berlín en su momento, aunque no haya un muro en sentido estricto.
La Línea Verde


Hijo legítimo de la Guerra Fría, el Muro de Berlín separó durante 28 años la capital alemana dividida en dos luego de la derrota nazi. Desde su construcción en 1961 hasta su demolición, cobró la vida de 240 personas que intentaron cruzarlo. Otras 75,000 fueron encarcelas por la misma razón. El día que cayó, el 9 de noviembre de 1989, un prestigioso historiador inglés, Timothy Garton Ash, declaró que había concluido el siglo XX.
Muro de Berlín


El último hito en esta lamentable relación de despropósitos ocurrió en octubre del 2003. El gobierno israelí de Ariel Sharon decidió e inició la construcción de un muro de 700 kilómetros de extensión a lo largo de su frontera con el territorio palestino de Cisjordania. En parte de su trazado es sólo vallas y alambradas con control militar, pero en otras zonas, las de mayor conflictividad, es de concreto armado con muros de diez metros de alto, con una zona "estéril" de unos 50 metros de ancho. "Barrera de Seguridad" para los israelíes o "Muro de la Vergüenza" para palestinos, lo cierto es que este último muro encierra un problema aún mayor: en algunas zonas, lo que está a ambos lados del muro son los territorios ocupados de Cisjordania.
El Muro de la Verguenza

Hace 125 años las batallas de Lima salvaron el honor nacional

No hay en la historia peruana página alguna que se compare con las jornadas gloriosas de San Juan y Miraflores, verdaderas batallas de David contra Goliat

Muerto Grau y perdido luego el Ejército del Sur, la suerte de Lima estaba echada. Hace 125 años pudimos acabar con una guerra no deseada entregando la capital como trofeo de guerra. Pero los hijos de Lima eligieron luchar y salvar el honor nacional, al combatir en las puertas de sus propios hogares.

En Pisco, donde 60 años antes había tocado tierra la Expedición Libertadora, el ejército invasor desembarcó 30 mil hombres. Una de sus divisiones estaba al mando de Lagos, el mismo que en Arica ordenó: "Hoy no hay prisioneros". Otra a órdenes de Lynch, el saqueador de la costa norte peruana. Por la ruta de Lurín marchó sobre Lima esperando encontrar una ciudad moral y materialmente derrotada. Pero encontraron a una en armas.


>>> Seguir Leyendo... >>> El 13 de enero de 1881, en San Juan, el Morro Solar y Chorrillos, la primera línea de defensa, la batalla fue cruenta: cuatro mil peruanos murieron allí. En el Morro Solar, al mando de Iglesias, la resistencia peruana fue tan empecinada que casi obliga a los chilenos a retroceder. No en vano los propios chilenos reconocieron el valor de los defensores. "Nunca se vio antes y no hay ninguna palabra para describir la gallardía y determinación de los peruanos", escribió un historiador chileno. Luego vino la borrachera de la victoria.

Chorrillos, donde no había baterías, depósitos de municiones o cosa alguna que se le pareciese, fue presa del pillaje y las llamas. Igual sucedió con Barranco. Durante tres días ardieron iluminando el cielo de Lima.

"Por todas las calles se veía destrozos de todo
género,muebles despedazados, cadáveres y heridos,
tanto chilenos como peruanos; casas que
principiaban a incendiarse,puertas
y ventanas destrozadas...
La noche de Chorrillos será,
de todos modos, una fecha lúgubre
en la historia de la república".
Corresponsal chileno

El 15 de enero fue el turno de Miraflores, donde otros dos mil peruanos perecieron. Con Cáceres, Suárez y Dávila al frente, en ella combatió el Ejército de la Reserva y los restos de la primera línea, distinguiéndose la Guarnición de Marina y su valiente jefe, Juan Fanning. Fue tanto su ardor en el combate que 23 de sus 25 oficiales y 400 de sus 500 hombres sucumbieron. Concluida la batalla, Miraflores también fue incendiado. En el Callao las flotas extranjeras rendían honores a las naves peruanas que, incendiadas unas y hundidas otras por su tripulación, se les escurrían de las manos al enemigo. Lima pagó cara su decisión de no rendirse. En una ciudad de 100 mil habitantes, 6 mil muertos es una matanza inconcebible. Imagine usted ahora, en la misma proporción, medio millón de muertos en las puertas de la ciudad.

Como escribió alguien: "Vestido con la humilde túnica de mezclilla azul, del soldado raso, los representantes de la magistratura, del Congreso, de la prensa, de la administración, de la juventud, de la fortuna, perecieron en la lucha". Lado a lado, sin distinción de raza o clase, en San Juan y Miraflores se inmolaron Enrique Bolognesi, y su hermano Augusto de 17 años, hijos del héroe de Arica; los hijos de dos presidentes, Reynaldo de Vivanco y Juan Castilla; ciudadanos como Toribio y Alberto Seminario, de 17 y 18 años; el profesor guadalupano Bartolomé Trujillo; periodistas como Mariano Arredondo y Carlos Amézaga; el típografo Manuel Díaz, el obrero Juan Olmos, el mecánico Lund y muchos niños. Manuel Bonilla de 13 años, Alejandro Tirado de 15, Grimaldo Amézaga, también de 15, Emilio Sandoval de 14, y el anónimo vigía de 13 años que trepado a un pino seguía el movimiento enemigo hasta que una bala segó su vida, pero no su patriotismo. Sus nombres son recordados aquí como muestra de entrega y coraje.

Entre quienes defendieron la capital se encontraban los hijos de muchas ciudades peruanas que, para mejor identificación no hallaron mejor manera de bautizar sus unidades que con el nombre del lugar de donde provenían. Los Libres de Trujillo, Libres de Cajamarca, Batallón Jauja, Batallón Pomabamba, Batallón Tarma, Batallón Ayacucho, Batallón Puno, entre muchos más, estuvieron presentes en esa hora aciaga.

Muchos seguirán discutiendo por años los yerros, omisiones y oportunidades pérdidas en aquella ocasión infausta. Pero como dijo El Comercio en su editorial del 15 de enero de 1884, cuando la ciudad y el país se encontraban libres por fin de la ocupación chilena: "La batalla, técnicamente hablando, fue un terrible desconcierto; pero, en medio de él, ¡cuántos rasgos de sublime heroísmo! ¡Cuántos hechos de indomable valor! ¡Cuánta sangre generosamente vertida!". Una herencia común que no debemos olvidar siendo dignos de ella.

Dos presidentes que se libraron de morir

En Chorrillos, cuando un grupo de prisioneros peruanos fue puesto en fila para ser fusilado, sucedió lo siguiente: "Guillermo Billinghurst rompió la línea, dio algunos pasos al frente y encarándose con el sargento chileno que mandaba el pelotón de soldados, le dijo pasando la vista por los prisioneros: 'El señor es el ministro de Guerra, el coronel Iglesias; el que le sigue es el coronel Carlos de Piérola, hermano del presidente de la República, yo soy jefe del Estado Mayor y los demás son militares de alta graduación. ¿No es de mayor honra y provecho para usted entregarnos vivos al general Baquedano y no decirle después de fusilarnos que nos han victimado, lo cual tal vez no se lo crean y de ninguna manera se lo agradezcan?'. Sin decir una palabra, el sargento chileno suspendió la orden de fusilamiento. Billinghurst se acercó a él y le regaló su reloj de oro". Iglesias y Billinghurst llegaron a ser presidentes de la República en 1883 y en 1912, respectivamente. No corrieron la misma suerte los trece bomberos italianos de la Bomba Garibaldi, ultimados por intentar apagar el infierno de Chorrillos y auxiliar a los heridos.

* Publicado en el Diario El Comercio, de Lima, el 15 de enero de 2006

Un verano muy intenso

El Ecosistema DigitalCada vez que me encuentro con un amigo periodista al que le tengo mucho aprecio, la pregunta inevitable siempre es la misma: "¿Cómo va tu tesis?". Cómo ya desistí, por la falta de tiempo y erudición, dejar de lado el tema elegido sobre historia del periodismo, he decidido que la misma gire en torno al Periodismo y los Nuevas Tecnologías. En concreto, sobre el tema de los blogs y el llamado Periodismo Ciudadano, tan en boga por estos días. Así que me espera un verano muy intenso con cuatro lecturas imprescindibles: El ecosistema digital , Nosotros, el medio , La estructura de la noticia en las redes digitales , y Guía legal del Blogger, entre muchos, muchos posts por supuesto.
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BlogsEstoy a la espera también de: Blogs: la conversación en Internet que está revolucionando medios, empresas, y a ciudadanos, el primer libro publicado en español sobre el tema (no sea que vaya a descubrir la pólvora nuevamente), del cual ya les comentaré cuanto llegue a mis manos. Así, tal vez la próxima vez que Alvaro Gastañadui me pregunte: "¿Cómo va tu tesis?", ojalá le pueda responder: "Bien. Estoy escribiendo sobre los blogs".

La Caída, ¿un Hitler más humano?

Luego de varias postergaciones, por fin ha sido estrenada en Lima La Caída, la extraordinaria película de Oliver Hirschbiegel y protagonizada de manera magistral por Bruno Ganz que reconstruye los últimos días de Hitler y el III Reich. Basada en el libro de Joachim Fest, El Hundimiento, y en el de los recuerdos de su secretaria Traudl Junge, Hasta la hora final, esta película ha estado en el centro de la polémica en aquellos países donde se ha estrenado por la imagen 'humanizada' que se presenta del jefe alemán. Acá tampoco se ha sustraído a la polémica, aunque por motivos menos 'históricos'. Y es que nuestros distribuidores retrasaron su exhibición porque no querían arriesgarse con un film que podría haber sido un fiasco en la taquilla. Nada más alejado de la verdad. Afortunadamente.


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Reclamada por un gran sector de la crítica y el público limeño, este Reportero quedó gratamente sorprendido la ocasión en que acudió a verla. Lo hizo en un día de semana laborable y en un horario poco usual (las 2 de la tarde). Cual sería su sorpresa al notar una gran cantidad de público en la sala: la mitad en una para 200 espectadores. ¡Y en su tercera semana de exhibición! Este suceso echa por los suelos aquella falacia de que al público peruano sólo le interesa películas de acción o 'grandes estrenos'. De una vez por todas ha quedado demostrado que los peruanos sabemos y queremos ver buen cine. Pero esto, aunque anecdótico, no constituye el punto central de este post. Aunque era algo que no quería dejar de señalar. Una verdadera lección para nuestros distribuidores.


A pesar de que se ha dicho y escrito bastante sobre el enfoque que da la película sobre la personalidad de Hitler, me gustaría señalar algo al respecto. Quien haya tenido oportunidad de leer las biografías escritas los últimos años, o clásicos del género como las de John Toland o Alan Bullock, no nos sorprendemos tanto. En realidad el asunto radica en reconocer una verdad sencilla por irrefutable: Hitler era un ser humano, como cualquiera de nosotros. Tal vez con la mentalidad de un monstruo, pero un hombre al fin y al cabo. Y así es como debemos ver la película. Esta no trata de humanizar a Hitler, sino de tratarlo como un hombre de carne y hueso. Y este es un sentimiento, me parece, generalizado. Tanto el que escribe como las cerca de 100 personas que había en la sala se asqueaban con la imagen de un hombre que se compedece de su perra, pero reclama la muerte y el sufrimiento de todos como expiación de su culpa por una derrota de la cual él no se siente responsable sino víctima.

Ahora bien, para quien ha leído los libros de Hugh Trevor-Roper (Los últimos días de Hitler), sólido ensayo-historia que es también una reflexión sobre la naturaleza del mal; o los de Ian Kershaw (Hitler, 1889-1936 y Hitler, 1936-1945), voluminosos y copiosísimos hasta en el mínimo detalle; o el último de David del Solar (El último día de Hitler), cuya lectura es una verdadera delicia por su magnífica prosa e investigación, ver La Caída confirma lo que sospechábamos siempre y que sólo las últimas páginas de otro libro de Toland (Los últimos 100 días) habían reflejado: el final de Hitler en su bunker debió ser verdaderamente así.

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