San Marcos exonerará del pago a 1.000 postulantes

Estudiantes de bajos recursos económicos que hayan tenido como promedio 15 en sus notas serán los beneficiados.

Piden presupuesto para continuar investigaciones

Walter Alva recordó que en el 2016 no se ejecutaron trabajos de investigación arqueológica en Lambayeque.

Se realizarán tours nocturnos en Chavín de Huántar

Ministerio de Cultura autorizó visitas para promover importante monumento arqueológico.

Polémica de los Pitufos comunistas ya es mundial

La prestigiosa BBC hace eco de la polémica desatada en Uruguay por comparar a los Pitufos con una sociedad comunista.

¿Se hará realidad la ficción cinemtográfica

Según la agencia, roca espacial circuló demasiado cerca de nuestro planeta.

Especial de Casa del Libro sobre la GCE

Se cumplen 70 años del inicio de la conflagración que causó un millón de muertos

Gracias a la siempre puntual HISLIBRIS nos enteramos que en Casa del Libro conmemoran el 70 Aniversario del inicio de la Guerra Civil Española con un especial monográfico.
La selección bibliográfica está dividida en los siguientes apartados: Estudios Generales, La II República, Estudios sobre el Franquismo, Los Protagonistas (memorias y testimonios), Batallas y temas militares, una sección dedicada a las mejores novelas sobre la guerra y otra para títulos en ediciones de bolsillo. Huelga decir que la selección es muy completa, además de acertada. Lástima que por estos lares sólo se halle una miníma parte de la misma. Así que su valor, para muchos de nosotros, es esencialmente referencial.

El bombardeo de Montecassino

Por Jorge Moreno Matos

O cómo hacen la guerra los occidentales

Si de algo pueden estar seguro los historiadores de mañana, es que los sucesos de Medio Oriente están reeditando para las generaciones de hoy prácticas de guerra del pasado que creíamos ya olvidadas.

Desastres como las del incendio de la Biblioteca de Alejandría, el bombardeo de la ciudad de Dresde o, desde otra perspectiva, la incomprensible destrucción de los Budas gigantes de Afganistán, nos vienen a la memoria mientras contemplamos atónitos el asedio a la Basílica de la Natividad a cargo de fuerzas del ejército israelí. Pero si hay un suceso que mejor se asemeje a este desprecio y destrucción de los monumentos históricos y sagrados de la humanidad lo constituye el del innecesario bombardeo del monasterio de Montecassino en la Segunda Guerra Mundial.

Montecassino, un elevado promontorio sobre el que se alzaba la abadía fundacional de los benedictinos, constituyó el eje principal de la línea defensiva alemana frente al avance aliado luego de su desembarco en playas de Sicilia. Fundado en el año 529, el monasterio constituía un símbolo de la cultura occidental y el cristianismo, tanto por los tesoros que guardaba como por haber sido fundado por el propio San Benito, el santo patrón de Europa. Y así lo entendieron los jefes alemanes encargados de cerrarle el paso a las fuerzas aliadas en su camino a Roma.
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Pese a las excepcionales condiciones naturales que ofrecía Montecassino como baluarte, los alemanes la excluyeron de su sistema defensivo. Más aún, trazaron un área intangible de 300 metros alrededor del monasterio que ningún soldado alemán debía transgredir. El único que lo hizo fue el general Fridolin von Senger, una mañana de domingo para oír misa. Además gestionaron y facilitaron el traslado al Vaticano de sus obras de arte y los apreciadísimos códices medievales. Sólo permanecieron en él, encabezados por su abad, el venerable Gregorio Diamare, los monjes que rehusaron abandonar las milenarias paredes de sus claustros.

Es en este contexto que resulta inexplicable que sean los propios jefes aliados quienes piden y exigen el bombardeo y destrucción del monasterio, que a decir de ellos se ha convertido en un centro de comunicaciones enemigo. Nada más lejos de la verdad, pues apenas si se ha convertido en refugio de heridos, ancianos y mujeres. Llama también la atención que sabedores de la enormidad de su despropósito, los responsables se preocuparan de filmar la destrucción para la posteridad.

El 15 de febrero de 1944 tres oleadas de bombardeos sellan el destino final de uno de los más venerados centros espirituales del cristianismo. Una primera incursión de 142 B-17, las famosas "fortalezas volantes" americanas, arrojan 247 toneladas de explosivos sobre el recinto sagrado, a la que seguirá otra de 82 B-25 y B-26 que descargarán sobre el cenobio una tormenta de bombas de 100 kgs. cada una. Un intenso fuego de artillería se encargará de finalizar la tarea de demolición. Serán tres días de destrucción que arrasaran con el edificio como si se tratase de una cataclismo de proporciones bíblicas reduciéndola a simples escombros.

Documentos oficiales del propio sector aliado, exhumados posteriormente, demostraron que jamás hubo un centro de comunicaciones alemán en las instalaciones del recinto religioso. Existe, acusatorio, el testimonio de un general americano, destinado precisamente al sector de Montecassino, que afirma que jamás un solo tiro salió de la abadía en contra de sus soldados. Algo que también habla en contra de la necesidad militar del bombardeo lo constituye el hecho de que éste fuera anunciado públicamente indicando la hora y día del mismo.

Sólo después de su destrucción el monasterio sirvió de verdadera fortaleza contra sus perpetradores. Sus ruinas humeantes fueron tomadas por el ejército alemán, desde las cuales pudieron controlar, sin ser vistos, los movimientos del enemigo y controlar todos los accesos a Roma prolongando una resistencia que duraría meses. Quienes pidieron la destrucción de Montecassino no obtuvieron ningún beneficio, sólo el riguroso juicio de la historia.


* Artículo publicado en el Diario El Comercio, de Lima, el 28 de abril de 2002, cuando la Iglesia de la Natividad, en Belén, sufría el asedio del ejército israelí al ser ocupada ésta por fuerzas palestinas. Lo publico aquí al cumplirse un aniversario más del bombardeo, un crimen cultural sin precedentes.

HISLIBRIS está de aniversario

Uno de los mejores blogs de historia en el ámbito iberoamericano llega a su post número 100

Para quienes hemos hecho de Internet una herramienta de trabajo e investigación y de manera particular de la blogósfera una forma de actividad intelectual, no podemos dejar de celebrar el post número 100 de HISLIBRIS, el mejor blog sobre libros de historia que existe en el ámbito iberoamericano. Como elogio, de HISLIBRIS se puede decir que es el sueño hecho realidad (en este caso el blog) que todo amante de la historia y de los libros hubiera querido tener y hacer. En ese sentido, no sólo hay que agradecer la constante y sostenida actividad que desarrolla (algo digno de encomio), manteniéndonos al tanto de la producción historiográfica más reciente y valiosa, sino que además hay que elogiar y reconocer la sobriedad y sencillez de su estilo que hacen ágil su lectura.

Enhorabuena para el grupo de bloggers que saca adelante este extraordinario proyecto cultural, y esperamos que sean muchos aniversarios más.

Voltaire, por supuesto

Una breve polémica con una lectora me devolvio el recuerdo de una de las muchas frases que se me grabaron cuando tuve que leer a Voltaire en mis años universitarios, la cual cité de memoria y sin consultar texto alguno. Sin embargo, luego quise corroborar si había sido exacto en la cita, y careciendo de la fuente original, huelga decir que Internet fue la herramienta de consulta a la que recurrí.


Pues bien, todo parece indicar que a no ser que logré identificar el texto original de donde procede la misma será muy difícil establecer el texto correcto. Es lo que mis profesores de metodología llamaban 'fijación del texto'. Y cómo durante muchos años me gané el pan 'fijando' el texto de otros autores, no dormiré tranquilo hasta saber cuál es ese texto tan buscado. Así que mucho agradeceré a quien me alcance la información que me devuelva el sueño (costumbre que adquirí trabajando con el Dr. Puccinelli en el Instituo Porras cuando se preparaba la edición de las Obras Completas de Raúl Porras Barrenechea) [Adddenda: versión PDF de El Legado Quechua, en cuyo equipo de edición tuve el honor de trabajar].


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La frase en cuestión, según como yo la utilicé, es la siguiente: "Odio tu manera de pensar, pero moriría por defender la libre expresión de tus ideas". Pero estoy casi seguro que no es así, y más aún ahora que he encontrado una variante de la misma en otra fuente, bastante más ramplona de cómo la recordé: "Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo". Esta misma fuente ofrece otra variante, pero orientada a la actividad de escribir y que mejora la anterior: "Detesto lo que escribes, pero daría mi vida para que pudieras seguir escribiéndolo". ¿Cuál será el texto definitivo? ¿Será parte de alguna entrada de su Diccionario Filosófico? Para que vean que no resulta gratuito o inútil imponerse tareas de este tipo, los dejo con otra cita, un poco más extensa, del genial filósofo francés contenida en su entrada sobre la Guerra del mencionado diccionario (1764) y que sí pude 'fijar' cuando se me pidió que lo hiciera, ya que sería utilizada como presentación de la sección gráfica en la edición final del suplemento especial sobre la Guerra de Irak en abril de 2003:

"¿En qué se convierte y qué importancia tiene la humanidad, el buen hacer, la modestia, la templanza, la dulzura, la sabiduría, la piedad, cuando media libra de plomo lanzada desde 600 pasos me destroza el cuerpo, si muero a los veinte años entre tormentos inenarrables, en medio de cinco o seis mil moribundos, cuando mis ojos, al abrirse por última vez, ven la ciudad donde nací destruida por el hierro y el fuego, y el último sonido que escuchan mis oídos son los gritos de las mujeres y los niños que expiran bajo las ruinas, y todo por el pretendido interés de un hombre al que no conocemos?"

El Reportero en Sala de Prensa

Gracias a la amable mención que el profesor Nelson Silva, de la Faculdade de Letras da Universidade do Porto, hace en su blog Estudos Jornalisticos recién me entero que mi texto sobre Documentación y Periodismo o cómo crear valor periodístico desde la gestión de la información, fue publicado en la última edición de Sala de Prensa, lo cual constituye todo un honor. Sin embargo, me gustaría hacer un breve alcance sobre él mismo.


El texto que publica Sala de Prensa, es una primera versión del mismo que publiqué el 30 de agosto útimo en este blog. Como los amigos de SdP tardaban en publicar la colaboración que les envié, decidí hacerlo por mi cuenta y aproveché la ocasión para hacerle ligeras modificaciones y añadidos (aunque básicamente sea el mismo). Este texto, y uno más que acabo de publicar, son parte de una serie de apuntes que escribí para mis alumnos del Taller de Archivo y Documentación Periodística en la Facultad de Comunicación de la Universidad Particular San Martín de Porres, cuando éste corría a mi cargo. Como el blog del mismo nunca lo terminé de armar (fui reemplazado por otro profesor), los he empezado a insertar aquí, con la esperanza (no muy lejana, espero) de poder implementar del todo la bitácora dedicada a uno de mis más grandes intereses profesionales: la Documentación Periodística. Así, con mayúsculas.


[Addenda del 17 de febrero: Ya está operativo el blog sobre Documentación Periodística que hace tiempo tenía planteado hacer, motivo por el cual los textos respectivos sobre el tema están ahora ahí. Espero disponer de tiempo para agregarle todo el material del que dispongo. Ya veremos]

La otra historia del Primer Presupuesto Nacional

Por Jorge Moreno Matos

El 4 de febrero, hace 160 años, entró en vigencia el primer Presupuesto de la República. Aunque significó el inicio de la modernización del aparato estatal, su verdadera historia es otra.

Cuando Castilla inició su primer mandato, El Comercio, como nunca antes sucedió con otro gobernante, elogió entusiastamente la figura del nuevo mandatario augurando una época de paz y progreso. Atrás quedaba una década de luchas fratricidas que habían costado las vidas de 4 mil compatriotas, dejado el erario nacional exhausto, normas e instituciones coloniales vigentes, la agricultura prácticamente arruinada, el ejército diezmado. Por eso se ha convertido en un lugar común repetir que concluido el proceso de Independencia, lo que siguió a continuación fue un periodo de anarquía, revueltas y revoluciones que no sólo desangraron el país, sino que además impidió que cuajáramos como nación en muchos aspectos.

En uno de ellos, el de las finanzas públicas, era tal el caos y desorden que había que un mes después de la proclamación de San Martín, en agosto de 1821, se ofreció un premio al que presentará el mejor plan de hacienda para la nueva república. No resulta extraño que más de veinte años después, en 1846, recién se contara con un Presupuesto General que las organizara.


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Pero lo que pocos saben es que la historia de este Primer Presupuesto es, en realidad, la historia de nuestras finanzas públicas y nuestra economía en el siglo XIX y que ella se puede resumir en dos palabras: el guano.


La historia oficial de este primer presupuesto es esta: El 20 de abril de 1845 Castilla asume el poder y posteriormente, su Ministro de Hacienda, Manuel del Río, presenta a las Cámaras, el 21 de octubre, un día antes de que éstas se clausuraran, el Presupuesto para el bienio 1845-1846. Sin embargo, el Congreso cerró sin aprobarlo. Pese a ello Castilla lo puso en vigencia el 4 de febrero de 1846. El día 9, El Comercio lo publica resumidamente, una práctica que se repetiría en adelante. El siguiente, el del bienio 1848-1849, fue muy similar al primero, aunque este sí contó con la sanción del Congreso que lo promulgó.


El presupuesto ascendía a 5´961,639 pesos de egresos anuales, obteniendo el mayor porcentaje del mismo, 37.6%, el rubro de Guerra y Marina (!Qué tiempos¡, en la actualidad este rubro, Defensa, apenas si alcanza el 7%). Los ingresos sumaban 4´191,800 pesos, pero, como ofició luego el propio Ministro de Hacienda, la cantidad de rentas que percibía el Estado apenas si llegaba a los 4 millones. Fue necesario recurrir a un empréstito (uno más de los muchos de aquella época), autorizado por el Congreso, para cubrir el déficit de casi dos millones de pesos. Pero no fue el único con defectos ‘técnicos’. El de 1852-1853 fue impreso con tantos errores que exhibía un superávit que en realidad no lo era, sino otro déficit de 49,000 pesos. O el de 1861-1862, que ostentaba tantas equivocaciones que estas sumaban más de dos millones y que pese a ello el gobierno ordenó su cumplimiento aunque no hubiera dinero para eso. Desorden, torpezas, impericia. Males que agravaron la situación de expolio y malversación del tesoro público que en “Lima fue grande y en provincias monstruoso”, sentenció Basadre.


Pero hay una historia que corre paralela a esta otra y que es verdaderamente reveladora: la forma en que se constituían los ingresos. En estos dos primeros presupuestos el ingreso principal lo constituían las aduanas y la contribución indígena. Los siguientes serían presupuestos basados en la renta que proporcionaba la venta del guano.


Tal sería su importancia y presencia en la vida nacional que Luis Esteves, en 1882, afirmaba que “apenas si se puede hablar de la hacienda sin tocar con el guano, ni del guano sin tener presente la política”. O Jorge Basadre cuando escribe que a las anomalías ya existentes en el manejo del fisco, la aparición del guano significó que estas se vieran completadas y realizadas del todo empeorando más las cosas. Sólo en el periodo que va de 1850 a 1864, apunta Basadre, los presupuestos se disparan de 5 a 24 millones de pesos. Bonilla es más explícito todavía: en el de 1846, el guano representaba apenas el 5% de los ingresos fiscales. En los de 1869 a 1875, el 80%.


Pues bien, 53,5% de los ingresos totales de la venta de este fertilizante, cerca de 402 millones de pesos, fueron destinados a la burocracia, tanto civil como militar y apenas un 20% fue destinado a la construcción de ferrocarriles. Castilla sí es el gran estadista que los libros de historia describen, el modernizador del estado, el que abolió el tributo indígena y liberó a los esclavos (algo imposible de hacer sin los ingresos que reportó el guano); pero también es el responsable de incrementar la burocracia y, sobre todo, de iniciar, en su primer gobierno, la “consolidación de la deuda interna” y continuarla en el segundo, pese a haberla condenado en el gobierno de Echenique que su ‘revolución moralizadora’ derrocó.


La ‘consolidación’ consistió en pagar a los acreedores nacionales que hubieran contribuido a las guerras de Independencia. Fue tal la farra fiscal que generó el guano en este sentido que llegaron a funcionar en Lima hasta cinco casas donde se ‘fabricaban’ o ‘arreglaban’ los papeles para hacer efectiva la deuda con el estado. Se falsearon datos y fechas, se incrementaron cifras o, muchas veces, se inventaron deudas. Alfonso Klauer lo describe muy bien: “Así quien aportó un caballo, terminó cobrando el valor de diez, cien o miles de animales. Y quien contribuyó con cientos de quintales de azúcar al recién desembarcado ejército de San Martín, terminó cobrando casi tanto como el valor de la producción nacional de azúcar. Nadie puso en duda tan inverosímiles cifras”. Y como si esto fuera poco, se adoptó un estilo de vida que tratando de imitar la de las grandes ciudades europeas en el lujo, boato y ostentación, impidió el desarrollo de una industria local.


En esto coinciden casi todos los historiadores: la oportunidad pérdida que significó la explotación del guano y que se dilapidó impune, abusivamente. Héctor López Martínez ha dicho, acertadamente, que “Castilla hizo mucho, sí, pero se pudo hacer más de haberse actuado con sagacidad, con menos improvisación”. Tampoco servirían de nada las palabras de Manuel Pardo en 1861: “Hemos perdido quince años de guano pero nos quedan diez o doce todavía. Hemos derrochado 150 millones; pero quizá nos quedan otros tantos. Abramos los ojos: no malgastemos, no derrochemos como locos”. Su invocación cayó en saco roto.

* Publicado en el Diario El Comercio, de Lima, el 6 de febrero de 2006