San Marcos exonerará del pago a 1.000 postulantes

Estudiantes de bajos recursos económicos que hayan tenido como promedio 15 en sus notas serán los beneficiados.

Piden presupuesto para continuar investigaciones

Walter Alva recordó que en el 2016 no se ejecutaron trabajos de investigación arqueológica en Lambayeque.

Se realizarán tours nocturnos en Chavín de Huántar

Ministerio de Cultura autorizó visitas para promover importante monumento arqueológico.

Polémica de los Pitufos comunistas ya es mundial

La prestigiosa BBC hace eco de la polémica desatada en Uruguay por comparar a los Pitufos con una sociedad comunista.

¿Se hará realidad la ficción cinemtográfica

Según la agencia, roca espacial circuló demasiado cerca de nuestro planeta.

100 Fotografías Históricas (1)
"El abuso del que disfruta del poder contra el que lo sufre"


Como no dispongo del tiempo necesario para poner en marcha otro blog de historia que había pensado realizar, en realidad un fotolog, iré insertando aquí imágenes que en sí mismas son una historia por el hecho que documentan o por la circunstancia en que fue elaborado el grabado, la imagen o la fotografía. Un breve texto que la contextualice, cuando sea necesario, ayudará a su mejor comprensión o valoración. Y que mejor manera de empezar esta serie que con una imagen que retrata todo el horror del nazismo y que unos idiotas, en nombre de un falso como trasnochado nacionalismo, tratan de instaurar entre nosostros imitándolos sin conocer la verdadera dimensión de su estupidez.

EL NIÑO DEL GUETO, Anónima, 1943
>>> Seguir Leyendo... >>> "Es la foto de un niño judío, de pocos años, embutido en una gorra que le queda grande y un abrigo que parece viejo, con las manos en alto. Lo está apuntando, con un fusil de caño corto, un soldado alemán de casco y botas, que mira hacia el fotógrafo con esa mirada blanca que llaman marcial. El soldado no parece orgulloso ni avergonzado de su trofeo, hay en su cara una tranquila indiferencia frente a la escena de que es protagonista. En la expresión del niño, en cambio - en la tristeza de sus ojos, en el fruncimiento de su cara que el miedo demacra, en el encogimiento de hombros y cuerpo que parecen querer reabsorberse -, hay una lucidez vertiginosa respecto a lo que representa ese instante. Ignoro quién tomó esa fotografía, pero no hay duda que, quien fuera, eternizó una escena de nuestro tiempo que refleja de manera admirable una constante de la historia humana, algo que, bajo regímenes y cielos y filosofías diferentes, se viene obsesivamente repitiendo a lo largo del tiempo, como un mentís a las ilusiones de progreso y como lastre mortal de los avances que, en órdenes distintos al ético, se han alcanzado: el abuso de los fuertes contra los débiles, del rico contra el pobre, del armado contra el inerme, del que disfruta del poder contra el que lo sufre".
Mario Vargas Llosa, setiembre de 1978

La vuelta al siglo en 80 días

Los hombres y los hechos que configuraron el Siglo XX

Como a veces este Reportero quisiera escribir sobre temas y hechos que no necesariamente correspondan a una fecha en particular, o sea, a la efemérides del día, he decidido empezar una nueva sección en este blog dedicada a la Historia del siglo XX, para lo cual estoy elaborando una lista de 80 sucesos claves en la historia mundial. Una lista preliminar ha considerado, por ejemplo, los siguientes hechos cuya importancia huelga explicar:


  • La Revolución Rusa
  • El ascenso del nazismo y de los estados totalitarios
  • La Penicilina y el descubrimiento de los antibióticos
  • La Guerra Civil Española
  • Hiroshima y Nagasaki: El inicio de la era atómica
  • El nacimiento del Estado de Israel >>> Seguir Leyendo... >>>
  • Vietnam y los procesos de descolonización
  • El triunfo de la Revolución Cubana
  • La llegada del hombre a la Luna
  • La muerte de Carrero Blanco y el surgimiento de la España Moderna
  • El Caso Watergate y el papel de la prensa en el mundo moderno
  • La caída del Muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética
  • De la ENIAC a la Internet
  • Los atentados del 11 de setiembre

Pero como este también ha sido nuestro siglo, igualmente he considerado algunas fechas y temas peruanos en la dichosa relación:

  • El descubrimiento de Macchu Picchu
  • La lucha por la jornada de las ocho horas
  • El surgimiento de los grandes partidos de masas
  • La reincorporación de Tacna al Perú
  • El discurso de Basadre en San Marcos de 1929
  • La sublevación aprista de 1932
  • La Guerra de 1941 y sus secuelas
  • La llegada de la televisión al Perú
  • La dictadura militar de 1968
  • La confiscación de los diarios
  • El surgimiento de Sendero Luminoso
  • La debacle de los partidos políticos

Como puede apreciarse, a muchos les resultará arbitraria la lista en cuestión, a otros excesivamente eurocentrista. Así que si hay alguien que quiera sugerir, corregir o colaborar con esta lista proporcionando alguna fecha o suceso en particular, le quedaré muy agradecido. En una o dos semanas debe estar ya elaborada la lista definitiva. Y a empezar a escribir.

Nunca más otra Stalingrado

Sin la menor duda, el libro de Antony Beevor se convertirá en un auténtico clásico contemporáneo


Hace sólo un par de años fue motivo de recordación en el mundo una de las batallas decisivas de la Segunda Guerra Mundial y, con toda seguridad, la más cruenta de ella. Por eso, hay que celebrar con verdadero entusiasmo que haya llegado, con un retraso de casi tres años a nuestras librerías, "Stalingrado", de Antony Beevor, uno de los libros más fascinantes que haya leído los últimos tiempos. Esta obra, que aúna magistralmente el reportaje periodístico y la más seria investigación histórica, reconstruye con una prolijidad admirable la historia de la contienda que cambió el curso de la guerra.

El 22 de junio de 1941 casi 4 millones de soldados invaden Rusia a lo largo de toda su frontera. A la formidable máquina de guerra alemana le tomará cinco meses ocupar la mitad de la Rusia europea. Una serie de factores (una capacidad asombrosa de reorganización de los soviéticos, el avituallamiento cada vez más difícil por aire del inmenso ejército alemán), decidirá el curso de los acontecimientos a favor de los soviéticos. Además está el “general invierno”, el mismo que derrotó a Napoleón más de un siglo antes, y que detendrá a los alemanes en Leningrado y Moscú. En este panorama se inscribe la batalla de Stalingrado.
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La antigua ciudad de Volvogrado será el escenario de la batalla más larga de la Segunda Guerra Mundial (de agosto de 1942 a febrero de 1943) y también una de las más intensas. No hay ninguna otra que se le compare. Tras haber cercado inicialmente los alemanes la ciudad, los soviéticos realizaran una contraofensiva que terminó envolviendo al ejército alemán en los escombros de la ciudad. Hitler exigió “morir luchando” y prohibió cualquier repliegue o rendición del ejército atrapado en Stalingrado. Entonces, imposibilitados de retirarse, diezmados por el hambre, arrasados por el frío, el VI Ejército alemán verá morir a sus hombres por agotamiento, hambre y frío.

Un general alemán cercado en ese infierno en el Volga, refiriéndose a la dramática situación, refería que como medida de longitud el metro había reemplazado al kilómetro para medir el terreno ganado en los enfrentamientos. Ahora se peleaba por “una casa, un taller, un depósito de agua, un muro, una mesa…”, escribió. Un oficial del cuerpo médico señalaba que el número de muertos por congelamiento superaba al de heridos. Las condiciones higiénicas eran tan deplorables que las enfermedades arrasaban compañías enteras.

Ante la debacle, el último recurso de Hitler fue nombrar mariscal de campo a Von Paulus en la esperanza de que éste, sabedor de que nunca antes se había rendido un mariscal alemán, no sería el primero. Se equivocó. El 31 de enero Von Paulus capitula. El 2 de febrero se rinden los últimos grupos que aún resisten. Han muerto de la manera más absurda y cruel cerca de medio millón de hombres. De los 300 mil soldados que iniciaron el asalto de la ciudad, 90 mil serán prisioneros. Apenas 5.000 regresarán a sus hogares luego de un cautiverio más atroz que la guerra misma. Después de Stalingrado, la invencible Wehrmacht sólo conocerá el camino de la retirada y las derrotas.


Todo esto ocurre en un año decisivo: 1943. El año de la pérdida del norte de África y del fin de la batalla submarina en el Atlántico que había hecho peligrar el abastecimiento de la Europa combatiente. También es el año de la rendición de Italia. Con Stalingrado hacen un balance tan negativo que sólo puede significar una cosa: el derrumbe del Eje en todos los frentes.

Más de 70 años después, todas las atrocidades y el encarnizamiento de la lucha son contados por Beevor en una narración sostenida magníficamente a lo largo de sus páginas, utilizando una diversidad de materiales y ofreciendo, y en esto radica el verdadero valor del libro, el testimonio de los protagonistas de ambos bandos. Nunca antes se ha contado esta historia como la cuenta este libro. Una pesadilla que los alemanes volverían a sufrir, dos años más tarde, durante la Batalla de Berlín y cuyo relato este ex oficial inglés también ha contado en otra obra que en estos días leo con la misma fruición con que devoré la primera. Y esperemos que no tardé en llegar otra igual de importante y que en estos días cusa polémica su publicación: su historia de La Guerra Civil Española.

Soldados soviéticos celebran la liberación de Stalingrado, el 31 de enero de 1943

Literatura y Periodismo: Dos plumas de El Comercio en París

Una página de la historia de El Comercio escrita por dos de sus más destacados colaboradores y que es, además, una parte de la historia del periodismo peruano del siglo XX aún por escribirse

15 de abril de 1938. Nueve y veinte de la mañana del Viernes Santo. A los cuarenta y seis años de edad César Vallejo, el poeta peruano más importante del siglo XX, acaba de morir víctima de una enfermedad que cinco médicos no han podido determinar. Deja un puñado de poemas pergueñados en medio de la austeridad militante, unas cuantas piezas de teatro aún sin estrenar, una viuda y la leyenda de su existencia que alimentará buena parte de la cultura literaria del siguiente medio siglo.

El relato de los últimos días del poeta ha corrido por cuenta de los pocos testigos de su agonía. Están, además del de su viuda, el de Gonzalo More y el de Juan Larrea, amigos ambos del poeta. De estos relatos el más fidedigno es el de su viuda, o debiera serlo. Pero a Georgette, que era una mujer difícil, o tal vez por ello mismo, se debe gran parte de las contradicciones, los desmentidos y rectificaciones sobre el mismo. Se sabe que cayó enfermo el 13 de marzo, y aunque al principio se creyó que sólo se trataba de un agudo cansancio, durante un mes agonizará en medio de una fiebre que se resistía a ceder y que, contrariamente, aumentaba para desconcierto de los médicos y la angustia de su esposa y amigos.
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Sobre los últimos días del poeta se ha escrito tanto y tan contradictoriamente que hasta las frases que pone Georgette en boca de un Vallejo agónico han sido desvirtuadas cuando no puestas en duda. Sus últimas palabras son para llamar a su madre muerta (“él jamás llamó a nadie”) y, ya cerca del final, la frase que lo convertirá en mártir de una guerra civil que nunca le fue ajena: “España, .... me voy a España”. Como murió en Viernes Santo se tuvo que esperar hasta el día 19 para enterrarlo. En la tarjeta de participación al entierro se puede leer “Légation du Pérou”. A ella se debe que Vallejo fuera trasladado a la clínica Villa Arago y quien, finalmente, preparó y pago el sepelio. A éste asistieron Louis Aragón, André Malraux, Tristán Tzara, Raúl Porras Barrenechea, Gonzalo More, entre otros amigos del poeta. Quince días después, el 1ro. de mayo, El Comercio de Lima publicará la primera nota necrológica escrita al pie del lecho de muerte del poeta por su amigo, el diplomático peruano Federico Mould Távara. Este fue testigo excepcional de los últimos años de Vallejo, es decir de la época de “Poemas Humanos” y “España, aparte de mí este cáliz”, los años de producción de su más extraordinaria poesía.

Vallejo en su lecho de muerteUn destino común uniría a estos hombres, ya que a su turno Federico Mould Távara no sólo fallecería también en abril, el día 22 del año 58, sino que ambos fueron corresponsales de El Comercio en París. La nota necrológica que Mould escribiera de Vallejo no sólo delata el enorme pesar que ésta produjera en él, sino también que nos da pistas sobre el estilo modernista de la prosa que caracterizó a “Francis”, seudónimo con el que firmara sus crónicas sobre “La vida en París” durante más de una década para los lectores de El Comercio. Fue Mould Távara un hombre de mundo, muy querido y muy jovial. Un diplomático de carrera que dio brillo, como tantos de sus contemporáneos, a la diplomacia peruana. Un escritor, al decir de Augusto Tamayo Vargas, cuya pereza le impidió desarrollar el enorme talento que tenía. Nos legó un sólo libro, “Viajar…”, título que apenas si nos revelan al escritor culto y acucioso, elegante y crítico que fue.

INEDITOS POR LOS SUELOS

Cuando las tropas alemanas estaban por entrar a París, Georgette encargó en calidad de custodia los inéditos de Vallejo a la Legación peruana en París. Tanto ella como Vallejo tenían un prontuario de comunistas tan extenso como peligroso, que en su caso la convertían en candidata al paredón o tal vez a algún campo de concentración. Cuando volvió, mucho después para recogerlos, los encontró, según ha escrito en sus “Apuntes biográficos”, regados por el suelo del salón principal, cubriendo unas cajas de comestibles que los diplomáticos peruanos habían abandonado. Algo difícil de creer ya que Mould Távara era el encargado de la preservación de los archivos de la legación en esa época, y por lo tanto responsable de los manuscritos, y Francisco García Calderón el jefe de la legación.

En julio de 1939, un año después de la muerte de Vallejo, un grupo de ocho personas encabezados por Raúl Porras Barrenechea, publicará la primera edición de “Poemas Humanos” en la editorial parisina de Les Editions des Presses Modernes. Una rarísima edición, a cargo del propio Porras, de apenas 250 ejemplares numerados que hoy constituyen una rareza bibliográfica única. En la parte final del libro, una nota bio-bibliográfica de éste, la primera que se escribe del poeta, presentirá el destino de Vallejo después de muerto: “La cultura literaria de mañana interrogará por la vida de César Vallejo. A esta exigencia póstuma obedecen estos someros apuntes, recogidos de huellas escritas y vivientes, sin pretensión de más”.

Trece años después de la muerte de Vallejo será también Porras quien la reciba al pie del “Reina del Pacífico”, cuando Georgette, que viajaba en un camarote de tercera clase, se embarque para América a conocer la tierra de quien le legó no sólo su apellido sino también los manuscritos de la poesía peruana más importante del siglo, además de muchos dolores de cabeza.

Pero la historia de Geogette y de la poesía inédita de Vallejo es otro capítulo en esta historia tan llena de contradicciones y situaciones que han contribuido a engrandecer, como si su sola poesía no bastara, la leyenda de Vallejo.

Alan García también lee a Voltaire

Conociendo como conocemos a Alan García ¿podemos creerle lo que declaró anoche en una entrevista en el programa Panorama? Interrogado sobre la amenaza a la libertad de expresión que representan las continuas declaraciones de los distintos miembros de la familia Humala, y que el candidato Ollanta ya debe estar cansado de desmentir o marcar su distancia, el candidato presidencial del Apra respondió lo siguiente:


El APRA siempre ha sido un partido de 'pan con libertad' y que hay que hacer justicia social sin necesidad de vencer por la fuerza, por el manotazo o por el crimen. Haya de la Torre, recuerdo, que cuando los militares tomaron todos los periódicos y canales de televisión en el año 74, él salió a defender al Diario El Comercio, con el que tanta dificultades tenía, y dijo, ´no creo nada de lo que escribe, pero estoy dispuesto a perder mi cabeza porque tengas el derecho de seguir escribiéndolo´. Esa frase, de Voltaire, el filósofo francés, demuestra la altura y la vocación democrática de Haya de La Torre, yo no tengo más que seguir con esa vocación”.


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En un post anterior ya nos habíamos referido a esta frase de Voltaire, pero dejé muy en claro que yo la citaba de memoria, de un texto que un profesor nos mandó a leer en la universidad. Es decir, tanto Alan García como este Reportero y todo aquel que la utiliza lo hace por segunda mano. Es decir, de memoria, sin citar el texto oroginal. Quien sabe si lo recogió de algún manual de frases célebres. Porque como ya se habrán dado cuenta, la de él (mejor dicho, la de Haya de la Torre que dice que dijo), es otra variante más de la forma original.


Definitivamente ahora sí le voy hacer caso a Daniel Salas y escribirle a Gabriel Laguna, en cuyo blog, Tradición Clásica, tal vez encuentre la respuesta a esta cuestión: ¿cuál es el texto verdadero? A propósito, ¿ya revisaron el blog de Daniel, Matado por la Letra? Es sencillamente extraordinario. Leerlo es un auténtico placer. Y ser su amigo, todo un privilegio.

Los Gosselin en el albergue Renaud

Una mirada feroz del creador de la novela moderna

Gustave Flaubert, 1821-1880A partir de la fecha incluyo en este blog una sección de Rescates, cuyo nombre es en sí mismo una definición. A través de ella espero compartir con ustedes textos e imágenes que provoquen, sino un debate por lo menos algún comentario enriquecedor para todos los que pasamos por este sitio. En esta primera ocasión les alcanzo un fragmento del capítulo 18 de la Historia Universal de la Literatura que en forma de fascículos coleccionables circuló por nuestro país bajo el nombre de Capítulo Universal, allá por los años 70, y que hoy todavía es posible encontrar, algunos de ellos por lo menos, en las librerías de viejo o en los puestos del Jr. Amazonas. Buen provecho.

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"El Capítulo XIII de la primera Educación Sentimental incluye la visita de los padres de Henry al Sr. Renaud, cuya mujer ha huído con aquel joven. Tras sostener un diálogo rídiculo, los escandalizados progenitores recorren las habitaciones en que se ha consumado el crimen, la perversión de su niño:

'En el dulce olor fresco de este cuarto cerrado, sin duda un poeta hubiese descubierto huellas de mujer y de ternuraamorosa, perfume compuesto que se desprendìa de todos los vestidos extendidos sobre los muebles, de esos jábones todavía húmedos, de esos decorados silenciosos que conservaban como una emanación de adulterio. Los muros, ¿no tienen un magnetismosecreto que refracta sobre quienes lo habitan ahora algo de quienes estuvieron antes? ¡Ahí reside el encanto inmenso que se desprende de las ruinas, cae sobre nuestra alma y la fuerza a pensar en una melancolía tan grande y tan profunda!

¡Pero todo lo profanaron los infames! Se dedicaron a visitar, a mirar y a escudriñar todos los rincones; uno se sentó en un sillón, aquel mismo en que Henry, tal vez, la hacía habitualmente colocarse sobre sus rodillas para hablarle de las más bellas cosas de la vida; otro, con sus dos manos, tocó la pequeña mesa redonda de la flor amarilla en que ella se acodaba todos los días, cuando trabajaba junto a la ventana; era sobre esa flor amarilla, lo sabéis, que se detenían sus ojos durante sus mejores ensueños.

Nada pudieron hallar aunque abrieron todos los cajones y dieron vuelta todos los muebles. ¿Para qué repetir todas las groserías y despropósitos que dijeron? El señor Renaud, desolado, repetía sin cesar: "¡Emilia! ¡Mi pobre Emilia! A la señora Gosselin la indignaba el desorden de ese cuarto, tan poco afín con sus ideas de ama de casa y provinciana, y su marido encontraba que reinaba allí, en general, un aire de molicie y de vicio que no eran de la clase que conocía, y que lo escandalizaba mucho.

- ¡Ah, mirad, mirad, dijo él, un frasco de pomadas, de perfumes, de agua para las encías, drogas y recetas! ¡Estaba seguro! Esto explica el resto, no hace falta saber nada más.'

En esa investigación feroz, prejuiciosa, condensa Flaubert, magistralmente, la mentalidad de los honorables burgueses provincianos".

MRTA: Un historial de crímenes

Desde 1982 el MRTA tiene un largo historial de muertes y pérdidas para el país por millones de dólares

Víctor Polay detenido en 1992Puede resultar increíble pero cuando el 30 de mayo de 1982 el MRTA irrumpió en escena, hubo ingenuos (muchos de ellos políticos todavía hoy en actividad) que creyeron que ellos representaban el verdadero rostro revolucionario, en oposición a las atrocidades que Sendero Luminoso perpetraba en nombre de una descabellada guerra popular. Nadie imaginaba que en muy poco tiempo se revelaría su auténtico rostro criminal. Asesinatos selectivos de autoridades civiles y militares, secuestros de empresarios y extorsiones, atentados dinamiteros y emboscadas. Una lista muy larga de crímenes por los cuales respondió ayer.
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Entre los asesinatos que ejecutó se encuentra el del ex ministro del Interior Enrique López Albújar el 9 de enero de 1990. Los últimos instantes del general fueron filmados por un noticiero local donde se pudo apreciar la ferocidad y sangre fría con la que se acribilló a un anciano general. Pero no fue el único. Ese mismo año asesinó al juez Alberto Ruiz Trigoso y en setiembre del año siguiente al empresario David Vera Ballón, ultimado en sus días de cautiverio luego de ser secuestrado, suerte que corrió también otro empresario, Pedro Miyasato, con evidentes signos de tortura. Cuando en marzo de 1991 era trasladada a una audiencia judicial, dos policías resultan muertos y muchos más heridos en la operación de rescate de Lucero Cumpa, líder del MRTA y pareja sentimental de Víctor Polay. Durante los interrogatorios cuando su recaptura en 1992, confesó que ordenó el asesinato del almirante AP Gerónimo Cafferata en octubre de 1986, aunque luego lo negara cuando se le preguntó lo mismo ante un fiscal, diciendo no saber nada de ello.

Durante el asalto a la ciudad de Juanjuí, perpetrado la noche del 23 de diciembre de 1991, murieron cinco policías y cinco civiles. Luego se entregaron a la borrachera de violencia y destrucción atacando locales públicos y privados que no lograron destruir en su ataque previo apenas un mes antes. Pero su verdadera especialidad criminal fueron los secuestros a empresarios, muchos de ellos disfrazados de ayuda popular obligando a las familias de las víctimas a repartir camionadas de víveres en zonas populares mientras ellos se embolsaban millones de dólares.

Además de los 9 policías que capturó en mayo de 1991, intentando chantajear al país con ellos, secuestró a personajes de reconocida trayectoria empresarial como César Fukuda, empresario avícola, en setiembre de 1991; al industrial Antonio Furukawa en 1993 y a Raúl Hiraoka en julio de 1993. Pero el más significativo fue, sin duda, el de Héctor Delgado Parker, amigo personal del entonces presidente Alan García y asesor del mismo, en octubre de 1989. Sin embargo, el hecho más reprochable de sus infames secuestros lo constituyen sus ‘cárceles del pueblo’, que es como denominaban a los lugares donde mantenían en condiciones infrahumanas a sus prisioneros.

Como si matar y aterrorizar fueran parte de una película, tanto sus líderes como sus miembros eran demasiado afectos a la espectacularidad. Capturado el 3 de febrero de 1989, Polay fugó del penal Castro Castro el 9 de julio de 1990, con otros 47 de su organización terrorista, a través de un túnel que constituyó el último acto vergonzoso en el gobierno aprista y que durante mucho tiempo dio lugar a muchas suspicacias. El túnel tenía más de 300 metros de largo y contaba con ventilación y luz propias en un lugar considerado de máxima seguridad. Luego vendría la dramática toma de la residencia del embajador japonés en diciembre de 1996 con el saldo trágico que todos ya conocemos 126 días después, el 22 de abril de 1997. Recapturado en junio de 1992, fue sentenciado a cadena perpetua en abril del año siguiente, un dato que no debiera pasar desapercibido.

Entre 1985 y 1988, cuando Polay estaba en plena libertad, ocurrió el atentando con coche-bomba al Ministerio del Interior, el ataque con cohetes instalaza a Palacio de Gobierno, el coche-bomba en sótanos del Sheraton Hotel, el uso de morteros contra la residencia del embajador de Estados Unidos, entre muchos más.

* Publicado en el Diario El Comercio, de Lima, el 22 de marzo de 2006

G... de Guerra Sucia


Fujimori y Montesinos no son lon inventores de la Guerra Sucia en la política peruana, pero sí quienes la llevaron a su expresión más lograda. Casi perfecta. Es por esa misma razón que su responsabilidad es doble, como doble debería ser su castigo

'Guerra Sucia'. Dos palabras a las cuales es posible recurrir para justificar, exculpar u olvidar cualquier acto de corrupción, cinismo o delito cometido de manera particular por políticos peruanos. No importa de lo que se trate, sólo hay que recurrir a ellas para lograr la impunidad perfecta


Recientemente la revista Caretas, entre otras muchas otras publicaciones, se ha encargado en estos días de candente campaña electoral, de recordarnos la historia de la guerra sucia en nuestra política local. Como si fuera poco, todos los días los titulares de medios de comunicación, impreso o audiovisual, están inundados de acusaciones de practicar o poner en marcha una campaña de guerra sucia de tal candidato en contra de tal otro. En realidad, nada de esto debiera extrañarnos pues constituye parte del juego de cualquier proceso electoral. Lo que sí debe llamarnos la atención es cómo estos términos, 'guerra sucia', han terminado por sentar sus reales desde hace mucho tiempo con peligrosa ambiguedad en todos los aspectos de la vida nacional.


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Si un congresista viola a una menor y es denunciado, guerra sucia en su contra por la labor en favor del pueblo que realiza su partido en el parlamento; si otro agrede a una fiscal, verbal y fìsicamente, guerra sucia también contra él por su trabajo fiscalizador. Peor aún, si el sobrino de un presidente droga y viola a una adolescente y es absuelto, insistir en el castigo es guerra sucia contra el gobierno. ¿Y qué pasa cuándo un candidato presidencial confiesa de motu propio y ante cámaras de televisión su especial afición por niñas de quince años y su manifiesto proxenetismo? Nada, es guerra sucia contra él que viene a acabar con la corrupción. Esa es la gran herencia de Fujimori y Montesinos.


El nivel de abyección al que estos dos personajes llegaron fue tal que más bajo era ya imposible de llegar o de imitar. Sólo había que invocarlos y la solución se presentaba sola. Los 'diarios chicha', su gran creación heroica, son la mejor prueba de ello. Estos destilaron tal nivel de bajeza y vileza, dispararon tantas acusaciones de grueso calibre sin preocuparse por la más mínima prueba, destruyeron tantas honras sin el menor rubor que cualquier denuncia que se haga contra un político en la actualidad es descalificada o desautorizada de inmediato con sólo llamarla guerra sucia. En eso consiste el doble crimen de Fujimori y Montesinos. Por uno ya son juzgados, al menos uno de ellos. Pero falta el juicio de la historia por el daño moral que le hicieron a este país: le brindaron a sus políticos la gran disculpa para actuar impunemente. Un juicio que cada uno debe realizar cada vez que oye las palabras guerra sucia.


Pero no nos engañemos. La tal 'Guerra Sucia' no existe, por lo menos no la que gente como Arrunátegui y Humala enarbolan para disimular u ocultar sus crímenes. Cuando estos sujetos hablan de guerra sucia, cuidado. Hay un acto abominable ocultándose en sus palabras.


La gran creación heroica de Fujimori y Montesinos: la prensa chicha

¿Conoce a Manuel Castells?

Para este prolífico autor, Internet es el corazón de un nuevo paradigma sociotécnico, una palanca de cambio hacia la nueva sociedad red

La Galaxia Internet. Reflexiones sobre Internet, empresa y sociedad"Internet es el tejido de nuestras vidas". De este modo inicia Manuel Castells el último de sus libros (autor prolífico, ha escrito cerca de 20).


Publicada entre 1995 y 1997, su monumental trilogía "La era de la información" no ha tardado mucho en convertirse en un clásico moderno, tal como sucedió en su momento con "El capital" y "Economía y sociedad" de Marx y Weber, respectivamente, con quienes se le suele comparar habitualmente. Los volúmenes de esta, "La sociedad red", "El poder de la identidad" y "Fin de milenio", ofrecen las claves para entender la nueva sociedad surgida a partir de los cambios vertiginosos que ha producido Internet, de consecuencias tan vastas y solo comparables a las que la revolución industrial ha señalado.


Su currículo no es menos asombroso. Catedrático de Sociología y Planificación Urbana en Berkeley (California) durante 21 años, Castells es miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España. Ha sido catedrático y director del Instituto de Sociología de Nuevas Tecnologías de la Universidad Autónoma de Madrid y profesor de Sociología de la Escuela de Altos Estudios de París, en donde se doctoró. Más de 15 universidades, desde Europa hasta América Latina y Asia, lo han tenido como profesor visitante. Cuando abandonó Berkeley, asumió la dirección del IN3 (Instituto Interdisciplinario de Internet) de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), un centro de investigación abocado al estudio de la sociedad de la información.


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Manuel Castells¿Pero qué es lo que ha hecho de este catalán un referente obligado del pensamiento moderno? La razón de la enorme influencia de sus ideas radica en la de ser reconocido como un experto mundial en el tema de las nuevas tecnologías y en el rol que juegan en los diversos sectores del conocimiento y la sociedad. Este fabuloso estudio que ahora nos presenta, "La galaxia Internet", no ha desilusionado a quienes seguimos sus reflexiones desde hace tiempo. No es de modo alguno un resumen o condensación de su trilogía, pero sí una digna continuación de la misma.


Encaramado sobre los sólidos planteamientos y conclusiones que en ella expusiera, Castells nos propone ahora una mirada más concisa, pero no menos profunda sobre el fenómeno Internet. En realidad, si nos atenemos a las estadísticas más confiables que calculan en 1.000 millones los usuarios de Internet para el año 2005, sus acotaciones resultan inquietantes.


Parafraseando a McLuhan y su "Galaxia Gutenberg", el libro de Castells examina, desde la perspectiva que la sociología ofrece, no solo las consecuencias que esta red de redes está teniendo sobre nuestras formas de vida en sus múltiples aspectos, sino lo que ellas implican. Según el autor, estas producirán en la "divisoria tecnológica" una todavía más marcada "brecha del conocimiento". "En cuanto una fuente de desigualdad tecnológica parece disminuir, surge otra nueva", dice. Una manifestación muy propia de la llamada economía de la información. Con cifras y estadísticas que a veces abruman (muy particular en él), incide, una vez más, sobre el carácter democrático y abierto de Internet, ese espíritu de libertad que posibilitó su creación y que la anima, diseñado, según Castells, por la cultura 'hacker'; el mismo que posibilita, por primera vez e indistintamente, que cualquier ciudadano pueda acceder libremente a la información.


Según concluye, "Internet es el corazón de un nuevo paradigma sociotécnico", una palanca de cambio hacia la nueva "sociedad red" como gusta él llamarla. Qué distante se halla, en ese sentido, de las poses de futurólogo que hoy abundan en el mercado editorial ("Ya es bastante complicado conocer nuestro presente"). Sus páginas constituyen una seria reflexión sobre el tema. Una razón más para leerlo.


* Esta reseña fue publicada en la página de opinión del diario El Comercio, de Lima, el 24 de octubre de 2002, cuando el libro de Castells recién llegaba a librerías limeñas por esa época. Lo publico aquí nuevamente antes de que algún otro despistado me acuse nuevamente de plagio, como ya ocurrió, por la volada que utilizo: Galaxia Intermet, y que es precisamente el título de la 'sección' en que trato temas de Tecnologías de la Información y Comunicación en este blog. Como se desprende de su texto, desde la lectura de aquel libro extraordinario todos mis temas de TIC los publció bajo ese epígrafe.

La Tercera Guerra del Golfo

Irak, la antigua Mesopotamia situada entre los ríos Tigris y Eufrates, es escenario de una postguerra tan incivilizada como injustificada de consecuencias tan grandes que algún día sus responsables y defensores responderán ante la historia, ya que no lo han hecho ni lo harán ante la justicia


A punto de cumplirse casi tres años del inicio de la guerra, y casi inmediatamente después lo que ha sido más terrible aún, la postguerra, lo que ha quedado fuera de duda es que esta trágica conflagración, la tercera de grandes proporciones que ha soportado la zona, sólo ha acarreado más miseria a un país ya de por sí empobrecido. Es la lección de sus dos conflictos anteriores que los responsables de esta última no quisieron ni siquiera tomar en cuenta.


La Primera Guerra del Golfo


El 22 de setiembre de 1980 Irak invadió Irán. La acción de Saddam Hussein, que desconoció los acuerdos de Argel de 1975 que trazaban la frontera entre los dos países, contó con la anuencia de Estados Unidos, la desaparecida URSS, Francia, Gran Bretaña, Arabia Saudita y Kuwait, que veían en ella una forma de frenar el fundamentalismo chiíta del Ayatola Jomeini. Para algunos fue un nuevo capítulo de la vieja rivalidad entre persas y árabes. Para todos, el acceso a Shaat al Arab y sus importantes vías fluviales, además de a importantes territorios con vitales recursos energéticos.


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Al principio, Irak tomó la iniciativa apoderándose de grandes extensiones de territorio, lo que casi provoca la caída de Jomeini. Éste respondió reorganizando de tal manera sus ejércitos que para abril de 1981 ya empezaban a frenar al ejército invasor. Para mayo del año siguiente, las fuerzas iraquíes se batían en retirada reclamando una tregua que no les fue concedida. Desde ese momento la guerra cambia de escenario, con Basora -la segunda ciudad iraquí en importancia y la primera en producción de petróleo- como objetivo. Una estratégica autopista que nunca lograron capturar, los alejó de su meta.


Desde la Segunda Guerra Mundial no se veían batallas con las dimensiones de esta guerra, lo que originó graves problemas ecológicos en la región. Irak - que al igual que Irán atacaron objetivos civiles - bombardeó campos petrolíferos, refinerías e incluso a los cargueros que atravesaban el Golfo Pérsico dejando vertidos de petróleo como nunca antes se habían visto. Fue en este conflicto, además, que Irak mostró su rostro más brutal y que hoy constituye el alegato para un nuevo ataque en su contra: la utilización de armas químicas.


La invasión de Kuwait por parte de Irak en agosto de 1990 obligó a Saddam Hussein a poner fin definitivo al conflicto con su vecino, con el cual ya había establecido un cese de hostilidades en 1988 que puso muy cerca al entonces Secretario General de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar, del premio Nobel de la Paz. Acababa así un conflicto que costó la friolera de 250 mil millones de dólares en armamento y cerca de 450 mil víctimas entre ambos bandos.


La Segunda Guerra del Golfo


Los estragos de la larga guerra contra Irán desgastaron la economía iraquí de tal modo que Saddam Hussein debió mirar hacia otro lado para resarcirla: al emirato de Kuwait, cuya fabulosa riqueza nunca ha pasado desapercibido a los ojos de nadie y menos de los occidentales. El pretexto fue la condonación de una deuda de 12 mil millones de dólares además de exigir la cesión de dos islas estratégicas en el Golfo Pérsico. Todas las conversaciones al respecto fracasaron. Irak invadió Kuwait el 2 de agosto de 1990 y el emir Yaber al Sabah se vio obligado a refugiarse en Arabia Saudita.


Tanto la Liga Arabe como la ONU -que impuso sanciones y un embargo contra Irak mediante resoluciones de su Consejo de Seguridad- condenaron la ocupación. Una oportunista jugada diplomática de Hussein condicionó su salida de Kuwait a la propia de Israel de territorios palestinos ocupados buscando congraciarse con la comunidad árabe. Pero Irak se encontraba solo en su necia aventura belicista. Quedaba solamente el camino de la conflagración directa.


En total participaron 29 países en la llamada Coalición Internacional que movilizó más de 600 mil soldados -425 mil de ellos estadounidenses-, que el 16 de enero de 1991, amparados en una Resolución del Consejo de Seguridad, iniciaron la “Operación Tormenta del Desierto” que supuso un bombardeo del territorio iraquí tan intenso que todas las estructuras (militar, civil, industrial) quedaron seriamente dañadas. El 24 de febrero las fuerzas de la coalición entraban en Kuwait.


Las consecuencias más graves de este conflicto las sufrió, como siempre, la población civil. Solo entre la etapa final del conflicto hasta el año 1997 murieron un millón de iraquíes -50 mil de ellos, niños menores de 5 años- por desnutrición y falta de medicamentos, y las tasas de mortalidad entre los distintos grupos de edad se dispararon de tal manera que la prosperidad que papá Bush deseaba para los pueblos de la región en su discurso de la victoria en marzo de 1991, se han alejado una vez más y para siempre de Irak.

Napoleón en Waterloo y dos en la nevera

Ningún libro de historia las registra, pero hay una versión popular que afirma que antes de morir Napoleón se lamentaba de una sola cosa en su vida. Algo difícil de creer, ya que el viejo general, ahora se sabe, murió asesinado. Pero en este detalle debió de pensar el gran Dino de Laurentis cuando prefirió ponerlas en labios de un derrotado Napoleón en su espectacular película de 1969: “¡Demonios!, debí incendiar Berlín!”, dicen que dijo tal vez recordando a las fuerzas prusianas de Blücher que decidieron el resultado de trece horas de continua matanza en Waterloo. ¿Realmente dijo eso Napoleón?


“Se dice que…” es el recurso que más se repite para poner en boca de ilustres, generalmente moribundos, palabras que dizque pronunciaron en el momento de pasar a la posteridad. Pero las hay tan extrañas, desconcertantes, descreídas, trágicas y divertidas, muchas veces salidas de algún rincón escondido del alma, que cuesta creer que hayan sido pronunciadas por tan insignes personajes.
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De Hegel se afirma que ya agonizante alcanzó a decir: “Sólo una persona entendió mi filosofía”, y murió. Luego de unos instantes sorpresivamente abrió los ojos y agregó: “No, ella tampoco”. Y esas sí fueron sus últimas palabras. Pero más irreverente resultó el poeta chileno Vicente Huidobro quien, rodeado de amigos, entre ellos una reconocida pintora de su país, se dirigió a esta última para decirle: “Cara de poto”, y morir a continuación.


Los hay quienes no pueden con su genio ni siquiera en el momento postrero. Nerón, al igual que Balzac, con las obvias salvedades del caso, rindieron un último homenaje a su arte cada uno. “¡Que artista muere conmigo!”, alcanzó a decir el primero, y “Ocho horas con fiebre, ¡me habría dado tiempo a escribir un libro!”, se lamentó el segundo. François Rabelais pidió: “¡Que baje el telón, la farsa terminó!”. Otras son ocasión para demostrar su mucha educación hasta en el último momento, como Lord Byron, quien dijo: “Ahora yo me iré a dormir. Buenas noches”.


Hay frases, claro, que son un rompedero de cabeza. Nadie ha podido desentrañar el sentido de lo que dijo Goethe antes de morir: “Luz, más luz", dado que el cuarto en donde se encontraba estaba oscuro, ¿o era una metáfora más del gran poeta alemán? De Albert Einstein se sabe que dijo algo antes de morir, pero no se sabrá nunca lo que fue: la enfermera que lo cuidaba no sabía alemán.


Sin embargo, para muchos la hora de la muerte es la oportunidad propicia para decir lo que nunca, tal vez, se atrevieron a afirmar abiertamente. Bela Lugosi se mimetizó de tal manera con el personaje que encarnó en innumerables películas que al morir dijo: "Yo soy el conde Drácula, el rey de los vampiros, soy inmortal''. O Winston Churchill, que muy suelto de huesos, exhaló un: “Todo me aburre”. Así como también hay quienes en el último minuto reconocen lo innegable. Es el caso de Bolívar, quien murió afirmando: "He arado en el mar".


Galileo, que fue procesado por la Inquisición y obligado a renunciar a sus ideas cosechadas en toda una vida de estudios, se desquitó de todos el último día de su vida con una verdad absoluta que ha trascendido los siglos dándole la razón: "no importa lo que ellos digan, la tierra gira alrededor del Sol". Que contraste con Eva Perón, que le pidió a Conchita, su mucama, que le pusiera tal esmalte de uñas que era el más indicado para la ocasión.


Pero hay frases tan solemnes que han terminado víctimas de la imaginación popular. ¿Recuerdan la famosa anécdota de Jaimito que se cuenta desde nuestra más remota infancia? Le piden hacer una composición por el día de la madre con la frase “Madre hay una sola”, y él entrega la siguiente composición: “Mi madre me mandó a sacar las dos cervezas del refrigerador y cuando lo abrí le dije: Madre, hay sola una”. O la que últimamente recorre con bastante éxito Internet. Un hombre está a punto de morir y su último aliento lo utiliza para denostar a sus verdugos: “¡Oh, romanos traidores, viles ladrones, os juro que…”, y lo interrumpe uno de sus allegados. “Señor, señor, han llegado los periodistas”. “¿Los periodistas?, ah sí, este, como va… Señor, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Como este cronista.

* Publicado en el Diario El Comercio, de Lima, el 17 de julio de 2003

La herencia de Laszlo Toth

Cuando Venecia tuvo que enfrentar nuevamente a un loco que armado de un martillo la emprendió gratuitamente contra sus obras de arte, el suceso revivió la peor de las pesadillas contemporáneas del arte mundial: el terrorismo cultural.

El "loco del martillo" que aterrorizó Venecia durante dos semanas en junio del 2004, destrozando sin explicación alguna invaluables obras de arte, devolvió del baúl de la memoria un nombre: Laszlo Toth. En 1972 este desequilibrado atacó a martillazos la más hermosa y emblemática de las obras de Miguel Angel, La Piedad, la representación de María sosteniendo el cuerpo de su hijo muerto, golpeando la cara y el cuerpo de la Virgen, y dañándole la nariz, el ojo izquierdo y un brazo. ¿Fue sólo el acto demencial de un desequilibrado o, como se dijo, la expresión de una nueva corriente de pensamiento artístico? ¿Es posible aceptar un manifiesto político detrás de tan vergonzoso acto?


El caso Toth


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Cuando Miguel Angel esculpió La Piedad tenía 23 años, una edad en la que muchos no saben todavía qué hacer con sus vidas. Estaba tan orgulloso de su escultura que fue la única de todas las que hizo que firmó con su nombre completo: Michael Angelus Bonarotus Florent. Casi quinientos años después, aquella espléndida obra de arte estuvo a punto de perderse irremediablemente después del irracional ataque de Toth si no fuera por dos casualidades del destino: durante su restauración se recurrió a una copia de yeso realizada en 1964 y a las más de 3000 fotografías que se le tomó años antes, desde todos los ángulos y planos, para realizar un viaje para una exposición en Estados Unidos.


Al ser sometido por los guardias y algunos de los presentes, alguien alcanzó a preguntarle asombrado a Toth por qué lo había hecho. "¡Yo soy el verdadero hijo de Dios!", era lo único que vociferaba. Lo sorprendente vino después. Hubo quienes no sólo justificaron su acto sino que además la manera en que fue restaurada posteriormente fue el argumento que esgrimieron para afirmar que éste había actuado correctamente. Pero, ¿quién era Laszlo Toth? ¿Cuál fue el significado de su acto?


Este enajenado, un biólogo húngaro de 31 años residente en Australia, no era nadie antes de su crimen y lo fue todo después de él. Se convirtió en el icono de una corriente que rechazaba la institucionalización del arte, el consumo antes que la contemplación. Ganó admiradores por su absurda infamia. Hasta un reconocido poeta colombiano, Premio Nacional de Poesía, representante del antiacademicismo y la contracultura de su país, proclamó su admiración por él, lo llamó "mi anti-ídolo". Peor aún, a partir de ahí surgió una corriente de pensamiento que todavía hoy, por las noticias que llegaron de Venecia la semana pasada sobre el "loco del martillo", parecía seguir teniendo adeptos: ¡No más grandes obras de arte! Pero no sería el único. Su insensato acto se convertiría en credo.


¿Quién es Karen Eliot?


Para muchos, al igual que el de Laszlo Toth, el nombre de Karen Eliot puede no significar nada. Y de hecho es así porque no es nadie. Karen Eliot es una y mil personas a la vez. Un nombre que han ido asumiendo, sucesivamente, artistas de diversas nacionalidades en Internet hasta convertirse en un nombre múltiple a disposición de todo aquel que quiera utilizarlo. Su finalidad: acabar con el mito del artista creador individual. De ahí su acendrado odio a las obras de arte más sublimes: llevan firma. Como esta, existen decenas de historias en la red.


A 'Karen Eliot' le debemos, precisamente, la 'sustentación teórica' del ataque de Toth y que hoy pareciera tomar nuevamente actualidad. Fue esta artista múltiple la que preconizó y dio forma al manifiesto "No más obras maestras", la partida de bautizo de esta guerrilla mediática de terrorismo cultural, con tanto éxito que incluso existe una Enciclopedia de Terrorismo Cultural en Internet que, fiel a sus principios, cambia constantemente de dirección y en la que se puede encontrar todas las referencias a la contracultura, los okupas y al Noismo (la negación de todos los 'ismos'). Laszlo Toth es una de sus entradas. Que no nos sorprenda que Antonio Benacchio, su reciente discípulo, con sólidos conocimientos artísticos y religiosos (fue empleado del ayuntamiento de la ciudad), y que estaba bajo tratamiento psiquiátrico, figure muy pronto en ella.


Los postulados de esta "corriente de pensamiento" germinaron sus frutos. En 1991, otro "desquiciado", un pintor frustrado llamado Piero Cannata, la emprendió contra el David, también de Miguel Angel, destrozando el pie izquierdo de la escultura. La primera de cuatro fechorías contra obras maestras del arte que han hecho de él un auténtico terrorista cultural, un asesino en serie del arte. ¿Qué es lo que pasa por la cabeza de un ser humano que es capaz de semejantes abominaciones? El mismo lo explica: "Para mí, el arte no existe. Dar un martillazo al David de Miguel Angel es como aplastar con el pie una vulgar cajetilla de cigarrillos".


Pero tal vez, de todas las ideas de estos subversivos del arte la más audaz, la más temeraria sea la de defender el plagio.


¡Viva el plagio!


De acuerdo al Manifiesto antes mencionado, "el plagio es necesario". Intenta abolir la tiranía del "copyright", los derechos de autor. Una negación total de la propiedad de las ideas que trata a éstas como vulgares mercancías. El plagio para estos contestatarios es revolucionario porque "desenmascara y refuta, de una vez por todas, el individualismo burgués". Por eso la justificación de la atrocidad de Toth, Benacchio y sus partidarios. Y fue precisamente la restauración de La Piedad, como se dijo, lo que sirvió de base a tan discutibles argumentos.


Durante su restauración, los especialistas se guiaron por la copia en yeso de 1964 y que incluso hoy es exhibida como un original. ¿En qué se diferencia de la auténtica dicen ellos? ¿La firma del artista? Todavía hoy causa bochorno la exhibición durante días de un Morandi en la Galería Uffizi como si se tratase de un original, hasta que un insignificante suceso puso en evidencia la falsedad del cuadro: se cayó al suelo y al recogerlo vieron detrás un mensaje del ladrón: "Gracias, siempre me ha gustado Morandi".


Crímenes sin nombre


Los atentados contra obras de arte o restos arqueológicos, en otra perspectiva, no son nuevos.


En 1914 una sufragista entró en la Galería Nacional de Londres y acuchilló la “Venus del Espejo” de Velázquez, enojada por la banalización de la imagen femenina. Semejantes ataques de arma blanca sufrieron también obras de Durero e incluso la “Mona Lisa” de Leonardo da Vinci. El primero de ellos es tal vez quien ha sido víctima del más salvaje de los atentados de terrorismo cultural: dos botellas de champán llenas de un potente corrosivo acabaron en 1988 con tres de sus pinturas. Jamás pudieron ser restauradas.


Y más recientemente todavía están frescos en nuestra memoria la imagen grotesca e incomprensible de los soldados talibán disparando hasta destruir por completo los budas gigantes en Afganistán.


Nuestro país no ha estado exento de esto. Basta recordar el atentado contra el candelabro de Paracas por parte de una secta hace años y la reciente agresión a la piedra de los doce ángulos en el Cusco, entre muchos casos más. La lista de "accidentes" es todavía mucho más larga. Y la de robos… esa es otra historia.



* Publicado en el Diario El Comercio, de Lima, el 16 de julio de 2004

Blogs: Descubriendo la pólvora

Gracias a Casa del Libro dispongo ya de mi ejemplar de Blogs, la conversación en Internet que está revolucionando medios, empresas y a ciudadanos, el libro que cinco de los más destacados blogueros de la comunidad hispana han escrito al alimón para desentrañar los intríngulis de ese fenómeno llamado Weblogs que tanto está dando que hablar en los últimos tiempos. Y los resultados no han podido ser mejores.


La sensación con la que uno se queda después de leer este libro es esa de sentimientos encontrados que uno padece al percatarse que lo que uno quería decir ya lo dijo otro antes (con bastante maestría en este caso, dicho sea de paso), lo cual resulta una gran frustración; y, por otro lado, la satisfacción de encontrarse con textos en los que los temas del mismo son tratados con una dosis de inteligencia y sobriedad sin menoscabo alguno de la profundidad que se exige en este tipo de obras, permitiendo además entender el asunto desde la primera línea. Pueda que a algunos las líneas precedentes resulten excesivas, pero quien lo haya leído sabe sin lugar a dudas que, palabras más o palabras menos, su lectura resulta estimulante. En ese sentido, suscribo totalmente las palabras del Documentalista Enredado cuando considera "la edición de este libro completamente necesaria. Esencialmente, porque su redacción finalizó justo en un momento álgido de la historia de la blogosfera, cuando toda ella era expectación (y todavía lo es) y planes de futuro".


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De los cinco capítulos en que está dividida la obra (Weblogs y Blogósfera, por José Luis Orihuela; El impacto de la aparición de los gestores de contenidos, por José Luis Antúnez; El Periodismo 3.o, de Juan Varela; Blogs y Empresas, por Julio Alonso, y Blogs y Relaciones Públicas, por Octavio Isaac Rojas Orduña), me merece especial atención en esta primera lectura y desde un punto de vista estrictamente personal, el de Juan Varela por la gran pregunta que su lectura plantea y que en esta ocasión sólo responderé brevemente ya que es el tema que trato de responder en mi tesis: ¿Son los blogs periodismo?.


No, los blogs no son periodismo. El llamado Periodismo Ciudadano es una interesante iniciativa que todavía espera un estudio esclarecedor, pero de ninguna manera se le puede llamar 'periodista' a los miles de colaboradores de medios digitales (incluido, claro está, el suscrito). Esta nueva forma de comunicación e interacción de los medios con sus lectores, de ninguna manera es periodismo en el sentido cabal y complejo que esta palabra engloba. Dicho de otra manera, de la misma forma que no equipararíamos el trabajo de un astrólogo con el de un astrónomo, no podemos llamar 'periodista' a un blogger. Ahora, tampoco estoy comparando la actividad de un blogger con la de un astrólogo ni mucho menos. Sólo quiero remarcar el hecho de las enormes diferencias que hay entre uno y otro. Pero todo esto es una cuestión tan compleja, que difícilmente puede agotarse en estas breves líneas. Por ahora celebremos la publicación de este libro, que ya habrá oportunidad de discutir sobre el tema.


Así que no crean que el título de este post hace referencia a la falta de consistencia de la obra, nada que ver; en realidad alude al problema que su lectura me ha devuelto y que creía ya resuelto: los blogs como tema de mi tesis de maestría. Habrá que hacer una lectura más crítica del mismo y encontrar los cabos sueltos, los temas inconclusos o las propuestas de estudio que todo libro de esta naturaleza siempre encierra para encontrar el asunto que me impida terminar descubriendo la pólvora otra vez.