San Marcos exonerará del pago a 1.000 postulantes

Estudiantes de bajos recursos económicos que hayan tenido como promedio 15 en sus notas serán los beneficiados.

Piden presupuesto para continuar investigaciones

Walter Alva recordó que en el 2016 no se ejecutaron trabajos de investigación arqueológica en Lambayeque.

Se realizarán tours nocturnos en Chavín de Huántar

Ministerio de Cultura autorizó visitas para promover importante monumento arqueológico.

Polémica de los Pitufos comunistas ya es mundial

La prestigiosa BBC hace eco de la polémica desatada en Uruguay por comparar a los Pitufos con una sociedad comunista.

¿Se hará realidad la ficción cinemtográfica

Según la agencia, roca espacial circuló demasiado cerca de nuestro planeta.

Chávez contra el mundo: La nueva Guerra Fría en versión bolivariana

Ese estado de tensión permanente sin llegar a una confrontación directa, debido al temor a recurrir al uso de las armas nucleares, que conocimos como Guerra Fría parece ser que es lo que mejor se asemeja a la nueva situación que el espíritu confrontacional del presidente venezolano Hugo Chávez ha provocado al enfrentarse con políticos y mandatarios de la región y del mundo entero. Una confrontación puramente verbal en la que la amenaza de las armas nucleares ha sido reemplazada por la del petróleo.

Petróleo y genocidio

Petróleo que, como dice Eduardo Galeano durante el primer boom de su precio en los años 60, trajo más televisores a color a su población que hospitales o escuelas. Una situación que no es muy distinta a la actual, en que Venezuela vuelve a gozar de un nuevo boom petrolero con precios internacionales que le han dado tanto dinero que le ha hecho creer a Chávez que es intocable, irremplazable y su dueño absoluto.
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Lo que Chávez no ha dicho o no ha querido decir hasta ahora es que el petróleo que él vende a Estados Unidos, en ingentes cantidades, tal vez sea el mismo que consume la enorme y poderosa flota estadounidense para desplazarse hacia Medio Oriente a cometer el genocidio que no se cansa de condenar y al que contribuye de manera irrefutable.

Deformando a Bolívar

En su afán de convertirse en una suerte de nuevo Bolívar de la región, ha llegado a codearse con líderes y autoridades manifiestamente incómodos a Estados Unidos como los presidentes de Irán y Libia y a dejar títere sin cabeza, país o mandatario, que esté, según él, alineado con el ‘imperio’. Víctimas de su verborrea caribeña han sido el presidente Bush, el primer ministro Blair, el presidente mexicano Fox, además de los candidatos presidenciales peruanos que no comulgan con sus ideas. Todo justificado en su fe antiimperialista, antioligárquica y antiglobalización.

Tanta es su fe en el credo bolivariano que su rocambolesca lógica ha engendrado, que ha convertido en dogma lo expresado por Bolívar en 1826: "Los EE.UU. parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la Libertad". Tan convencido está de ello que se ha lanzado a la aventura de enfrentarse al ‘imperio’ del norte, con argumentos sacados del armario de la historia. Pero a la amenaza del imperio parece querer reemplazarla por la de él mismo. La sombra de Chávez planea amenazante sobre toda América del sur. Financió la campaña de Evo Morales y ahora sus más desacertadas decisiones. Se le vincula cada vez más con el ex dirigente sandinista Daniel Ortega y sus vínculos con el dictador cubano Fidel Castro son más que conocidos.

Video urticante

Pero el amplio frente externo que ha abierto Chávez, y que las buenas maneras diplomáticas de todos los países han evitado hasta ahora que llegue a mayores, no se compara con el otro frente que tiene en casa. Cada día es mayor la polarización a la que ha sumido a la patria de Simón Bolívar y Francisco de Miranda. Y la respuesta de sus opositores ha tomado ribetes insospechados. Han difundido a través de Internet un video (en cinco partes) que revela el nivel de corrupción al que ha llegado el gobierno de la mal llamada revolución bolivariana, en el que el petróleo, otra vez, es el principal protagonista.


Ver videos:
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Chávez en clave de humor

Mal hacen muchos en hacerle caso al presidente venezolano Hugo Chávez, cuyos principios 'bolivarianos' son tan endebles como sus principios antiimperialistas (el petróleo que vende a Estados Unidos es el mismo con el que éste desplaza a sus fuerzas armadas hacia Medio Oriente, ahí donde dice que comete un genocidio que él ayuda a perpetrar), y sus bravatas tigres de papel amparados en su enorme chequera que no está dispuesta a soltar. A él sólo hay que prestarle atención en clave de humor, como lo hace el imitador peruano Carlos Alvarez en los siguientes vídeos.
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5,000 visitas ¡Gracias!

Desde el pasado 31 de marzo en que empezó a exhibir sus principales y definitivas características, mitad del tiempo en el cual lo hace con la actual plantilla o presentación, El Reportero de la Historia ha recibido 5,000 visitas. Esto significa que en dos meses ha tenido una recepción que no había tenido en los casi dos años y medio de existencia que tiene desde su creación en octubre del 2003.

Esto es de especial significación porque, como ya señalé, en este corto tiempo ha podido entender, gracias a esta masiva atención, cuáles deben ser los lineamientos que un blog de historia que quiera trascender la simple página personal debe tener. Una cuestión, por cierto, que para nada resulta gratuito y me explico por qué.
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Como recordarán, están todavía pendientes las partes restantes de La Telaraña de Clio, serie de cuatro reflexiones sobra la utilización de la red como herramienta de investigación para historiadores. Especialmente para historiadores latinoamericanos. Si no he podido concluir la serie se debe, en gran medida, a que la escasez de blogs de historia es manifiestamente notoria. Son tan pocos (algunos de ellos de excepcional calidad), que realmente resultaba díficil establecer una tipología o caracterización de los mismos. Algo que resulta sencillo de hacer con las típicas páginas web.


Si nos atenemos a la definción más extendida de lo qué es un blog ("un modelo simplificado de página web caracterizado por su sencillez de actualización... menos estética y nula flexibilidad a cambio de una gran sencillez de uso que simplifica el acto de escribir y publicar"), comprenderemos que en esta sencilla definción está también la dificultad en aceptar como 'históricos' una gran mayoría de ellos. El ejemplo más palpable lo encontramos en los blogs de los documentalistas y blibliotecarios, una comunidad académica y profesional tan extendida y numerosa que resulta fácil, por ejemplo, realizar cualquier estudio sobre ellos. Algo que está muy lejos de hacerse con la comunidad de historiadores.


Otra razón que motiva esta pequeña celebración la constituye una de las muchas por las cuales cambié de plantilla (template) el pasado 8 de mayo: Entre muchos de los recursos tecnológicos que coloqué como prueba o atracción, fue un módulo de chat para que los visitantes pudieran conversar o discutir la historia. Estuvo dos semanas sin que nadie lo utilizara. Fue, he de confesarlo, bastante desalentador pero era una prueba irrefutable de que la gente está dispuesta a leer la historia pero no a debatirla.


Pero si a algo obligan estas 5,000 visitas, además de a un sincero y enorme !gracias!, es a una pregunta inevitable: ¿Por qué tan pocos blogs de historia o de historiadores?

El Manguerazo, hace 50 años

Cuando la dictadura odriísta pretendió cometer una injusticia contra el candidato presidencial de la juventud peruana, ésta le salió al frente en una jornada tan decisiva como memorable

El Manguerazo, 1 de junio de 1956De todas las elecciones presidenciales peruanas del siglo XX, la de 1956 es especialmente histórica. Son las elecciones en las que se despide del poder Odría y su ‘Ochenio’ vergonzoso. De las que surge el período de ‘La Convivencia’, en el que las fuerzas políticas del país buscaban la unidad y la pacificación nacional luego de una dictadura que había resultado particularmente rapaz y represiva. Y son, por último, las elecciones en las que nacerían un político y un partido llamados a gobernar hasta en dos oportunidades el país: Fernando Belunde Terry y Acción Popular. Este primero de junio se cumplen 50 años de ese nacimiento, un parto político que se dio en los emblemáticos sucesos de una noche que hoy se conocen como 'El Manguerazo'.
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El 9 de setiembre de 1955, el general Odría, presidente del país, dirigió un mensaje a la nación en el que afirmaba que “entregaría las insignias de mando al ciudadano que elija el pueblo” en las elecciones del próximo año. También se refirió al Apra, a la que llamó ‘secta terrorista’ y se lamentaba de no haber podido acabar con ella. Asimismo, afirmó que no aceptaría ninguna de las demandas de la Declaración del 20 de Julio de ese año, en la que prominentes ciudadanos exigían la derogatoria de la Ley de Seguridad Interior por la que se proscribía a algunos partidos políticos, la Reforma del Estatuto Electoral que garantizara elecciones limpias y, esencialmente, exigía una amnistía general que permitiese que los ciudadanos pudiesen no sólo elegir sino también ser elegidos. En este clima político tan enrarecido, tres fueron las candidaturas que finalmente se presentaron: la de Manuel Prado (que contaba con el apoyo del Apra en busca de su legalización), la de Hernando de Lavalle apoyado en los sectores financieros más recalcitrantes del país y la de Fernando Belaunde Terry, joven arquitecto que venía auspiciado por el Frente de Juventudes Democráticas, sus alumnos de la universidad de Ingeniería.

En un país acostumbrado a candidatos bastante maduros, la presencia de Belaunde, de 44 años, resultaba no sólo una ráfaga de aire fresco en la contienda electoral, sino también preocupante. Así lo intuyó la dictadura, que buscaba que sólo hubiera dos candidatos que no perturbarse el equilibrio de fuerzas, y buscó la manera de cerrarle el paso. El mecanismo que utilizó fue el propio Jurado Nacional de Elecciones que retardaba su inscripción faltando sólo 17 días para los comicios; y el argumento: que “no había presentado el número de firmas exigido por la ley”. La respuesta del candidato y sus seguidores no se hizo esperar.


Convocaron a una manifestación de protesta en el centro de Lima, en la Plaza San Martín, para el 1 de junio, día en que vencía el plazo para la inscripción de candidatos. Desde ahí se dirigieron a Palacio por el jirón de la Unión cuando al llegar a la Plaza de la Merced, la policía les salió al encuentro. “Hasta aquí nomás”, les dijo el oficial a cargo de la tropa enviada para detenerlos. Intentaron continuar a los gritos de “¡A Palacio, A Palacio!”, pero el rochabús y la caballería arremetieron con tal fuerza que los hizo retroceder hasta el jirón Cusco, hoy Emancipación. Es entonces cuando Belaunde, armado sólo de una bandera peruana, se dirige solitario hasta donde está la policía, quien arremete nuevamente con mayor fuerza. Empapado, llega hasta donde el jefe de la policía y le extiende el ultimátum al gobierno exigiendo su inscripción. Como no hay respuesta, intentan nuevamente llegar a Palacio. Belaunde, que iba a hombros de sus partidarios, es derribado por un chorro de agua que le produce una herida en la frente. Minutos después llega la noticia: la inscripción ha sido aceptada. Si hay instantes que son decisivos en la vida de los hombres, segundos interminables en que se define un destino, el de Belaunde fue éste. Su momento de gloria.

Belaunde no ganó las elecciones, pero conquistó el futuro. En 1963 logró la presidencia, de la cual sería expulsado por el cuartelazo de 1968 del general Velasco, tan venerado hoy en día. Luego de doce años de dictadura militar, la ciudadanía lo reivindicó eligiéndolo nuevamente presidente en 1980. Cuando murió en junio de 2002, hasta sus más severos críticos destacaron su lugar en la historia política peruana. Un lugar que nació de un rudo ‘manguerazo’ de agua fría en una gélida noche de junio.

Miguel Maticorena Estrada, Profesor Emérito de San Marcos

Miguel Maticorena Estrada (Piura, 1926)El día de ayer lunes 22 de mayo, fue uno de los días más felices para el Reportero de la Historia. En una ceremonia en el salón más bello de la vieja Casona sanmarquina, la Capilla de Nuestra Señora de Loreto, se invistió Profesor Emérito de San Marcos a mi maestro, guía y mentor, Dn. Miguel Maticorena Estrada, historiador de larga y reconocida trayectoria académica, infatigable investigador de nuestro pasado y uno de los últimos sabios eruditos con los que cuenta el Perú todavía. Pero sobre todo se hizo justicia con la persona que mejor puede ostentar en este país de mezquindades y egoísmos el título de Maestro. Así, con mayúscula.

Como era de esperarse, la noticia ha pasado desapercibida para todos los diarios de la capital. Algo que no debería extrañarnos, conociendo como conocemos la ingratitud con la que nuestro país paga a sus intelectuales y la miopía, por no decir ignorancia, que existe en las redacciones de la gran mayoría de diarios limeños.

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En otros países, medianamente cultos para no ser tan exigentes, la existencia de don Miguel Maticorena no pasaría para nada desapercibida, y lo sucedido ayer, pues hubiera sido noticia de primera plana en los suplementos literarios y culturales de todos ellos. Pero estamos en el Perú, y el homenaje a un hombre que ha hecho de la docencia universitaria un verdadero, auténtico apostolado, de su pobreza una lección de virtud, honradez y desprendimiento que no he vuelto a ver nunca jamás en nadie, pues no resulta de interés para nuestros periodistas culturales. Causa risa, cuando no asombro, escuchar a muchos de ellos quejarse del nivel cultural de la población, de lo poco que leen cuando son ellos mismos una prueba palpable de ello. En él tenemos lo más cercano a un Michel de Montaigne, y lo único que interesa a nuestros 'cultos' periodistas es la polémica que suscita una mala novela y su adaptación cinematográfica todavía más mala.

Ayer estuvieron presentes sus amigos, sus colegas, sus familiares. Y claro está, sus alumnos. Las personas a las que ha dedicado 30 años de su vida sin pedir nada a cambio, sin reclamar ni exigir nada. Y estuvo también, por supuesto, quien escribe estas líneas. Ya que es al profesor Maticorena a quien le debe que no haya abandonado la carrera de Historia cuando en el momento más grave de su vida, como diría Vallejo, estuvo a punto de seguir la de Derecho (estoy terminando de escribir mi testimonio sobre Miguel Maticorena para el blog-homenaje que he creado para la ocasión). Y también es él a quien se debe que este blog no se actualice con la regularidad que quisiera, fiel a la máxima que me dijo tuviera siempre presente: "Escribe sólo cuando tengas algo nuevo que decir". Como ahora.

100 Fotografías Históricas (5)
La Caída de Saigón: Cuando David venció a Goliat

Caída de Saigón, 30 de abril de 1975
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"Mar de la China, madrugada del 30 de abril de 1975, navegando en el "Blue Ridge", la nave insignia de la inmensa flota norteamericana que se desplegaba frente a las costas de Vietnam. En el puente de mando, se concentraba el comando naval y de infantería de marina y algunos periodistas invitados a presenciar el acontecimiento... En medio de la noche se formó un pasillo de naves por la que sobrevoló una caravana de helicópteros. Uno de ellos, el más grande y mejor artillado, descendió junto al puente. Se abrió la puerta y apareció el embajador de Estados Unidos, Graham Martin, que bajo el brazo llevaba plegada la bandera norteamericana. Eran las 4.40 del 30 de abril de 1975. La guerra de Vietnam había terminado. Lo vi con mis propios ojos".

Juan Carlos Algañaraz, 1975
Periodista argentino,
único testigo latinoamericano durante
la caótica evacuación de Saigón

12 personas reflexionan sobre el siglo XX

Luego de una década vuelvo a leer nuevamente la Historia del Siglo XX (1994) de Eric J. Hobsbawm (1917), con la misma expectación que hace doce años. Buscando las respuestas a las interrogantes que el siglo más convulso de la historia moderna plantea, vuelvo a ella recordándome a mí mismo el proyecto de historia del siglo XX que me había propuesto escribir en este blog y que (resulta obvio mencionarlo) es uno más de los muchos deseos y planes que he ido dejando en el tintero digital. Sin embargo, tal vez su provechosa relectura sirva de impulso para emprender de una vez por todas esta tarea que es historia por un lado y periodismo a la vez.

De esta obra transcribo las reflexiones de doce personas sobre el Siglo XX, que son con las que abre Hobsbawm su extraordinario libro, cuyo título original es Age of extremes. The short twentieth century, 1914-1991.

"He vivido durante la mayor parte del siglo XX sin haber experimentado - debo decirlo - sufrimientos personales. Lo recuerdo como el siglo más terrible de la historia occidental" (Isaiah Berlin, filósofo inglés).

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"Existe una marcada contradicción entre la trayectoria vital individual - la niñez, la juventud y la vejez han pasado serenamente y sin grandes sobresaltos - y los hechos acaecidos en el siglo XX... los terribles acontecimientos que ha vivido la humanidad" (Julio Caro Baroja, antropólogo español).

"Los que sobrevivimos a los campos de concentración no somos verdaderos testigos. Esta es una idea incómoda que gradualmente me he visto obligado a aceptar al leer lo que han escrito otros supervivientes, incluido yo mismo, cuando releo mis escritos al cabo de algunos años. Nosotros, los supervivientes, no somos sólo una minoría pequeña sino también anómala. Formamos parte de aquellos que, gracias a la prevaricación, la habilidad o la suerte, no llegamos a tocar fondo. Quienes lo hicieron y vieron el rostro de la gorgona, no regresaron, o regresaron sin palabras" (Primo Levi, escritor italiano).

"Es simplemente un siglo de matanzas y de guerras" (René Dumont, ecologista francés).

"Pese a todo, en este siglo se han registrado revoluciones positivas... la aparición del cuarto estado y la promoción de la mujer tras varios siglos de represión" (Rita Levi Montalcini, científica y Prmio Nobel italiano).

"No puedo dejar de pensar que ha sido el siglo más violento en la historia humana" (William Golding, escritor y Premio Nobel inglés).

"La principal característica del siglo XX es la terrible multiplicación de la población mundial. Es una catástrofe, un desastre y no sabemos cómo atajarla" (Ernst Gombrich, historiador del arte inglés).

"Si tuviera que resumir el siglo XX, diría que despertó las mayores esperanzas que haya concebido nunca la humanidad y destruyó todas las ilusiones e ideales" (Yehudi Menuhin, violinista inglés).

"El rasgo esencial es el progreso de la ciencia, que ha sido realmente extraordinario... Esto es lo que caracteriza a nuestro siglo" (Severo Ochoa, científico y Premio Nobel español).

"Desde el punto de vista tecnológico, destaco el desarrollo de la electrónica entre los acontecimientos más significativos del siglo XX; desde el punto de vista de las ideas, el cambio de una visión de las cosas relativamente racional y científica a una visión no racional y menos científica" (Raymond Firth, antropólogo inglés).

"Nuestro siglo demuestra que el triunfo de los ideales de la justicia y la igualdad siempre es efímero, pero también que, si conseguimos preservar la libertad, siempre es posible comenzar de nuevo... Es necesario conservar la esperanza incluso en las situaciones más desesperadas" (Leo Valiani, historiador italiano).

"Los historiadores no pueden responder a esta cuestión. Para mí, el siglo XX es sólo el intento constantemente renovado de comprenderlo" (Franco Venturi, historiador italiano).

Cambios en El Reportero de la Historia

En las próximas horas debo estar cambiando la apariencia (template) de este blog, por una más sobria y sin tanto artilugio tecnológico (aunque conservará algunas características que ya son inherentes a él). La razón es muy sencilla de explicar.


El Reportero de la Historia nació en un principio como un espacio de expresión y debate de temas de historia, periodismo y literatura, para luego convertirse, con el tiempo, en el lugar de pruebas y demostración de una serie de herramientas y utilidades (que uno puede encontrar en la red por decenas) diseñadas especialmente para los blogs. Como dejé de dictar el curso de Nuevas Tecnologías en la universidad y los alumnos particulares cada vez son menos, no tiene mucho sentido seguir haciendo pruebas de todas esas utilidades. Es por eso que suprimiré aquellas que incorporé exclusivamente como demostración y dejaré las que se presten únicamente a los fines de este espacio de reflexión, escritura y debate.


Pero como en todo este tiempo han sido muchos los amigos que me han acompañado en esta aventura, les voy a pedir el inmenso favor de que expresen, en la encuesta que para ese fin colgaré al lado, si están de acuerdo con el cambio o si volvemos a como estábamos, o si, simplemente, les da lo mismo uno u otro template (lo cual es también una forma de decir por la nueva apariencia). En fin, espero su colaboración y/o sus comentarios. Un abrazo.

El Antiguo Régimen y la Revolución

¿Por qué difieren tanto los historiadores sobre un mismo hecho o proceso histórico?

Alexis de Tocqueville, 1805-1859Una de las lecturas más aleccionadoras de mi época universitaria fue sin duda Historia y Verdad, de Adam Schaff. Es la lectura que todo aspirante a historiador debe leer tanto al incio de su carrera como a lo largo de ella. Cómo muchos recordarán, el libro trata de responder a una cuestión aparentemente simple, y que de alguna manera también preocupa a los buenos reporteros: ¿Es psoible la verdad objetiva de los acontecimientos? Según Schaff, "los historiadores 'en la medida en qué difieren' no tienen la misma visión del proceso histórico; dan imágenes distintas, y a veces contradictorias, del mismo y único hecho. ¿Por qué? La respuesta a esta cuestión constituye lo esencial de la presente obra". Es entonces cuando empieza a desmenuzar, una por una, en las primeras 70 páginas de su genial introducción, las hipótesis de cada uno de los principales historiadores que se han ocupado de los razones de la Revolución Francesa. Cuando llega a las tesis de Alexis de Tocqueville, expuestas en su "El Antiguo Régimen y la Revolución", Schaff llega a calificar de 'las más bellas páginas de la politología' la explicación que Tocqueville hace de los acontecimientos:


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"La Revolución na ha sido de ninguna manera un acontecimiento fortuito. Cierto que ha cogido a todo el mundo desprevenido; sin embargo, no fue más que la culminación de un largo trabajo; era el final repentino y violento de una obra en la que habían trabajado diez generaciones. Si no hubiera tenido lugar, el viejo edificio social se habría desmoronado igualmente, en unas partes más pronto, en otras más tarde; sólo que habría caído pieza por pieza en lugar de derrumbarse todo simultáneamente...


No siempre se cae en la revolución cuando se va de mal en peor. Lo que ocurre con más frecuencia es que un pueblo después de haber soportado las leyes más agobiantes sin qiejarse y como si no las sufiera, las rechaza violantamente a partir del momento en que se aligeran. El régimen que una revolución destruyó casi vale más que el precedente, y la experiencia enseña que el momento más peligroso para un mal gobierno ordinariamente es aquel en que empieza a reformarse... El mal que sufre pacientemente como inevitable parece insoportable cuando se concibe la idea de sustraerse al mismo. Todo cuanto entonces se quita de los abusos parece poner más en evidencia lo que aún resta y hace el sentimiento más acuciante: cierto que el mal ha disminuido, pero la sensibilidad es más aguda. El feudalismo contodo su poderío nunca inspiró tanto odio como en el momento en que iba a desaparecer. Las más pequeñas arbitrariedades de Luis XVI parecían más difíciles de soportar que todo el despotismo de Luis XIV".

Una hora en la historia de un diario

¿Puede un diario cambiar los destinos de un país? ¿Ir más allá de narrar o informar sobre los acontecimientos que mañana serán historia, hasta convertirse en protagonista de los mismos?

Cuando el Washington Post destapó el caso Watergate que obligó al presidente Nixon a renunciar a la presidencia, demostró hasta que punto los diarios que tienen una clara conciencia de su misión, que adquieren una vocación de servicio a la verdad a prueba de balas, son los que permanecen, los que perduran. Los que no sólo se conforman con registrar la historia, sino que contribuyen a hacerla e incluso la protagonizan. Ciento sesenta y siete años después de su fundación, El Comercio exhibe esta condición como una verdad irrefutable, estando presente en cada uno de los acontecimientos que han signado la historia mundial en ese lapso, en los grandes episodios nacionales dejando oír su voz, haciendo sentir su presencia.

¡Basta!
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Naufraga el Titanic, 15 de abril de 1912Después de muchos años de escribir editoriales y artículos a favor de la manumisión del esclavo, en 1853, cuando el Perú todavía vivía bajo el oprobio de la esclavitud, El Comercio publica por entregas la novela abolicionista "La cabaña del tío Tom". Un año después, el 3 de diciembre de 1854 el Mariscal Castilla firmaba el decreto de liberación de los esclavos. El 5 de enero de 1855, triunfa finalmente su revolución en la batalla de La Palma. Al enterarse Manuel Amunátegui, el fundador del diario, hará colgar en las paredes de la ciudad el testimonio vivo de su entusiasmo: "Ha vencido la revolución. No hay más esclavos en el Perú". Pero no será su única batalla. Ni la última.




Devolución de Tacna al Perú, 28 de agosto de 1929La lucha a favor de la supresión del tributo indígena es la segunda etapa del diario en su brega por la dignidad humana. No en vano su fundador, Amunátegui, había creado la Sociedad Amigos del Indio en 1867, y ha hecho propias las reivindicaciones del indígena, la mejora de su situación: "La voz del indio no se oye jamás sino cuando cansado de sufrir se levanta y grita: ¡basta!" (editorial del 15 de mayo de 1867).




Las grandes causas nacionales

Asesinato de Sánchez Cerro, 30 de abril de 1933Esta actitud vigilante ha hecho que El Comercio sostenga una línea invariable de defensa de los intereses nacionales, de sus grandes causas. En 1911 se conocen las condiciones totalmente desfavorables para el país de la concesión petrolera de La Brea y Pariñas a favor de una empresa extranjera (una increíble renta de apenas 300 soles anuales por más de 400,000 metros cuadrados que resultaron siendo en la realidad 40 mil veces más). Durante medio siglo, el tiempo que duró el debate y la lucha judicial, El Comercio se mostró a favor de la recuperación total de nuestro petróleo, por la nacionalización del mismo, enfrentándose a los viles ataques de la empresa perjudicada. ¿No suena esto a historia conocida?




Ataque a Pearl Harbor, 7 de diciembre de 1941El petróleo primero, la cuestión obrera antes, la recuperación de nuestro patrimonio arqueológico siempre, la renovación de nuestra marina de guerra, entre muchos problemas más después. No hay asunto o tema en el que no se haya visto involucrado, que no haya reclamado su atención. Pero sin el menor asomo de duda, el que será su título de gloria es el "Plan del Perú".




Día D. Desembarco aliado en Normandía, 6 de junio de 1944Más de 100,000 kilómetros recorridos, 4 años de ingente labor, 600 pueblos visitados, 1,500 reportajes publicados y 20 mil fotografías que documentan la titánica labor es lo que significó el Plan del Perú. La primera radiografía sobre el terreno de las deficiencias de nuestra patria, de sus carencias más dramáticas, de sus necesidades más apremiantes.




Asesinato de Gandhi, 30 de enero de 1948En 1987, después de exigir, como se ha dicho, durante más de medio siglo la expropiación y nacionalización del petróleo, condenaba ahora la intención del gobierno de turno de estatizar la banca privada. El Comercio, que sabía muy bien que las circunstancias eran otras y los intereses afectados también, sin mencionar las verdaderas intenciones, fiel a su tradición de defensa de las libertades y de la propiedad privada, levantó su voz de protesta y estuvo en primera fila condenando lo que para él era una burda maniobra populista.




Los Protagonistas

Muerte de Stalin, 5 de marzo de 1953Poetas, historiadores, novelistas, grandes maestros, venerables juristas y hasta un presidente de la república han pertenecido a las redacciones de El Comercio. Fue un corresponsal de este diario, José Rodolfo del Campo, el que acompañó al Huáscar en sus travesías gloriosas.




Fusilan al 'Mounstruo de Armendáriz, 12 de diciembre de 1957Y fue otro, Javier Ascue, el que llegó primero a lo que quedaba de Huaraz luego del espantoso aluvión del 31 de mayo de 1970 que se llevó en un instante 70,000 almas. El mismo periodista que por una veleidad del destino se salvó de ser la novena víctima en Uchuraccay el 26 de enero de 1983 porque, cosas de la providencia, llegó tarde a la hora de partida de lo que sería un viaje sin retorno.




Triunfo de la Revolución Cubana, 1 de enero de 1959Y entre tanta gente conocida y reconocida, ¿alguien recuerda acaso el nombre del humilde empleado, responsable de las radiofotos en el diario, que tomó la decisión de detener la rotativa para incluir la noticia en la edición de la tarde el mismo día que Yuri Gagarin orbitaba la tierra, una proeza humana jamás imaginada?.




Ocho días de noviembre

Asesinato de JFK, 22 de noviembre de 1963Hay una hora de diferencia entre Inglaterra y Francia, y 6 entre Londres y Washington, y una entre ésta última y Lima ¿tiene alguna importancia saber esto? Claro que sí, porque a las 6 y 30 de la mañana del 6 de junio de 1944, un cuarto de millón de hombres de treinta nacionalidades distintas desembarcaban en las playas de Normandía para liberar a Europa de la tiranía nazi. Seis horas después de la hora H del mismo Día D, El Comercio publicaba las primeras informaciones sobre el desembarco aliado y de los resultados del mismo.




Llegada del hombre a la Luna, 20 de julio de 1969Diecinueve años después se lanzaría a otra aventura de la información: el 22 de noviembre de 1963 tres tiros acababan con la vida del presidente John F. Kennedy y los sueños de una nación. El decano informó, cada dos horas, de los sucesos el mismo día del magnicidio con cuatro ediciones especiales y durante los ocho días siguientes con otras más, permitiendo a sus lectores seguir la crónica de esos desdichados días.




Setiembre Negro enluta las Olimpiadas de Munich, 6 de setiembre de 1972Pero la pregunta todavía sigue sin respuesta: ¿Puede un diario cambiar los destinos de un país? ¿Ser protagonista de esa historia que construye a diario?

El 29 de febrero del 2000, El Comercio ponía al descubierto uno de los fraudes electorales más escandalosos en la historia de este país. Por la enormidad del engaño (un millón de firmas falsas), por la cantidad de personas involucradas en el mismo (más de 450) y por quienes lo organizaron (personajes de la esfera más próxima al gobierno), la investigación del diario terminó de descubrir al lobo con piel de cordero y por llamar a las cosas por su verdadero nombre. De ahí al 14 de setiembre con la exhibición del bochornoso vídeo Kuori-Montesinos, sólo mediaba un paso. Para muchos la historia acabó ese día, para otros empezó una nueva. Para nosotros fue un día más en nuestra jornada de trabajo. Una hora en la historia de este diario que la pasamos pensando en la edición del día siguiente. Esa que hoy usted tiene en sus manos. Y que mientras la lee, estaremos trabajando en la siguiente. Como lo venimos haciendo desde hace 167 años.

¿Una Constitución ideal?

Cuando los flamantes padres de la patria se empecinaron en fundar repúblicas, nunca imaginaron que las constituciones que soñaron para ellas, con el tiempo se convertiría en el conjunto de reglas a cumplir que menos cumpliríamos

Una buena Constitución
es infinitamente mejor que el mejor déspota
Thomas Macaulay

Este rápido cambio de las leyes fundamentales no ha dimanado precisamente de que las constituciones hayan sido inaplicables, sino de la sucesión de partidos políticos. El partido vencedor ha querido siempre tener una nueva constitución; y cuando una facción nueva ha venido a destronarlo, esta ha creído preciso cambiar la constitución preexistente”. Quien se quejaba así en la segunda mitad del siglo XIX de la frecuente derogación de Constituciones era Francisco García Calderón, el más grande jurista peruano de ese siglo. Y no le faltaba razón. Sólo en los primeros cincuenta años de vida republicana, el Perú llegó a tener nueve constituciones.

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Resulta poco menos que anecdótico que a más de un siglo después de escritas esas líneas, quien más ha despotricado contra los ‘partidos tradicionales’ en la reciente campaña electoral reincida en algo tan tradicional en nuestra política como querer su propia Constitución. Ganador de la primera vuelta, Humala no deja de insistir (y así figura además en su Plan de Gobierno) sobre la necesidad de convocar a una Asamblea Constituyente que sancione una nueva Constitución, que sería la quinceava de nuestra historia.

Tanto insiste en ello, pese a los reparos que se le han hecho de todos lados y en todos los sentidos, que ha terminado por perder el sentido de la realidad: no hace falta una nueva constitución y mucho menos una perfecta o ideal, por la sencilla razón de que ésta no existe. Todo parece indicar que la historia nacional y las leyes, especialmente, no son su fuerte.

Lluvia de Constituciones

Por definición, una Constitución es el conjunto de disposiciones jurídicas que toman la forma de una ley que está por encima de las demás leyes; una ley, escrita o no, que regula el régimen básico de derechos y libertades de los individuos y organiza los poderes e instituciones políticas de un Estado. A partir de esto, se entienden los afanes constitucionales de Humala, él nuevo ‘refundador la república’, pero nada más lejos de la realidad. Y la historia de nuestras constituciones es la que lo mejor lo confirma.

La primera de todas ellas, la de 1823, jamás entró en vigencia plenamente porque, como parece ser costumbre entre nuestros congresistas, estos declinaron en favor de Bolívar todas sus atribuciones, quien, a tono con las circunstancias, redactó su propia constitución. Esta, la Vitalicia de 1826, que es la que más debía durar, es la que menos lo hizo, apenas siete semanas. La de 1837, Ley Fundamental de la Confederación Perú-Boliviana, duró lo que ésta, restableciéndose su antecesora, la de 1834, a su caída. Si hubo una constitución autoritaria, esa fue la de 1839, que centralizó todo el poder en el Ejecutivo suprimiendo las municipalidades y las juntas departamentales, y colocando en su lugar a los Intendentes de Policía, “funcionarios mixtos con facultades judiciales, ejecutivas y de seguridad pública”.

La de 1856 fue considerada la más liberal de todas ellas, sólo comparable a la de 1979. ¿Por qué? Sólo lean lo que establecía: la abolición de la propiedad de los empleos, la supresión de la pena de muerte, el establecimiento del sufragio popular directo, la limitación de las facultades del Ejecutivo y, ¡horror!, el establecimiento de un Fiscal de la Nación. Pero provocó tantos rechazos que tuvo que ser suspendida en algunas de sus partes y, finalmente, reformada y reemplazada por la de 1860, conocida como Constitución Reformada. Pero en 1867 se sancionó otra vez una nueva Constitución, inspirada en el espíritu liberal de la de 1856, siendo igualmente combatida. Una revolución que derrocó al gobierno, restableció la Reformada de 1860 rigiendo hasta 1920.

La carta fundamental de 1979, hecha con la perspectiva de que sería la que nos regiría hoy en día, en pleno siglo XXI, no llegó a alcanzarlo: sólo duró trece años. La de 1993, que sancionó el Congreso Constituyente Democrático después del autogolpe del 5 de abril de 1992, fue hecha a la medida de los afanes reeleccionistas de Fujimori y Montesinos, calco y copia de lo que hizo Leguía en 1920 para los mismos fines y con los mismos resultados.

No le falta razón, entonces, a Keith S. Rosenn cuando afirma que “en ningún lugar del mundo existen constituciones más elaboradas y menos observadas que en América Latina”. En sus casi dos siglos de historia independiente, América Latina ha tenido, entre todos sus países, poco más de 250 constituciones. Venezuela y Guatemala han tenido, cada una, 20 constituciones. Hay las que han durado apenas siete días, como las que han durado 130 años. Argentina y Chile se han regido por constituciones que han perdurado por casi siglo y medio una y casi un siglo la otra. México ha seguido el ejemplo de Estados Unidos (cuya constitución es la misma desde hace 217 años, pero con modificaciones - las famosas 26 enmiendas - que han aclarado, precisado o ampliado el texto original), conservado la constitución que sancionó en 1917, pero con numerosas correcciones.

Palabras, sólo palabras

Palabras como Descentralización, Federalismo, Republicanismo han estado en el texto de muchas de ellas, pero es de lo que menos han tomado conciencia nuestros gobernantes. La descentralización, por ejemplo, ha tenido sólo en nuestro país ocho intentos, y ninguno ha concretado sus objetivos. ¿Sistema económico? Uf, han sido tantos y de tan variopinta concepción que no nos debe extrañar que países ricos en recursos como nosotros, seamos tan pobres como somos, habiéndose empeñado tanto en ello nuestros constituyentes y gobernantes. ¿Modernización del Estado? ¿Qué es eso?.

En realidad lo que más ha frenado la modernización del Estado, y en general la de nuestros países, ha sido ese cáncer endémico que es la corrupción. Durante la Segunda Guerra Mundial los países de Américas Latina vendieron todo lo que pudieron y al mejor precio a las potencias aliadas. Entró tanto dinero a las arcas fiscales que causó vértigo constructivo en la mayoría de nuestros gobernantes. Esto se repitió innumerables ocasiones en distintas coyunturas y en diferentes latitudes, como la del primer boom del petróleo en Venezuela que, como dice Eduardo Galeano, trajo más televisores a color a su población que hospitales o escuelas; o la de la anchoveta en el Perú, que facilitó los caprichos faraónicos de la Junta Militar. Y hoy, que Venezuela vuelve a gozar de un segundo boom petrolero, que como jamás antes en su historia le ha dado más dinero que nunca, está muy lejos de haber resuelto los problemas más urgentes de su población. Solo la delincuencia en su capital, por citar un ejemplo, se ha triplicado en los últimos cinco años. No siempre la abundancia, es sinónimo de riqueza.

La gran cantidad de constituciones en nuestra historia sólo puede revelar una verdad dolorosa e inapelable: lo difícil que resulta conducirnos civilizadamente por normas universalmente civilizadas. Mirabeau solía decir que “el mayor peligro de los gobiernos es gobernar demasiado”. Tal vez en esto radica el deseo de todos aquellos salvadores de la patria que vienen con ganas de cambiarlo todo, que lo primero que reclaman es una ‘constitución ideal’ para gobernar. ¿Ideal para quién? ¿Para qué?