San Marcos exonerará del pago a 1.000 postulantes

Estudiantes de bajos recursos económicos que hayan tenido como promedio 15 en sus notas serán los beneficiados.

Piden presupuesto para continuar investigaciones

Walter Alva recordó que en el 2016 no se ejecutaron trabajos de investigación arqueológica en Lambayeque.

Se realizarán tours nocturnos en Chavín de Huántar

Ministerio de Cultura autorizó visitas para promover importante monumento arqueológico.

Polémica de los Pitufos comunistas ya es mundial

La prestigiosa BBC hace eco de la polémica desatada en Uruguay por comparar a los Pitufos con una sociedad comunista.

¿Se hará realidad la ficción cinemtográfica

Según la agencia, roca espacial circuló demasiado cerca de nuestro planeta.

Chomsky en el Perú


“A Chávez su pueblo le da un apoyo muy grande, el más grande del hemisferio. Allá se vive un clima de total democracia”

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Cuando Jean-Paul Sartre murió en 1980, su discípulo peruano más aplicado, Mario Vargas Llosa, escribió una extensa nota necrológica que no sólo repasaba la vida y obra del genial francés, sino que además saldaba sus cuentas, ideológicas y literarias, con quien había sido su modelo de intelectual y escritor. Casi al final de la misma, cuando hace referencia a la más polémica de las declaraciones del filósofo francés, casi al final de su vida, aquella de que “la literatura no sirve para nada; frente a un niño que se muere de hambre, la literatura no sirve”, Vargas Llosa es contundente cuando corta el cordón umbilical con su viejo maestro: “Entonces descubrí que hasta el hombre más inteligente puede decir tonterías”, escribió. Esta semana, en que nos visitó Noam Chomsky para dar dos conferencias en Lima y cuya visita muchos esperamos con gran interés, he recordado vivamente esta frase de nuestro novelista.

Este intelectual comprometido y progresista, este lingüista cuyo nombre es referencia obligada de todos aquellos que condenan y condenamos las trapacerías de Bush y la derecha norteamericana, que ha llegado a ser casi considerado la ‘conciencia moral’ de su país, este hombre verdaderamente inteligente que al igual que Sartre también puede decir tonterías. Porque no hay otra manera de calificar las declaraciones que hizo a su arribo a Lima cuando un periodista local le inquirió su opinión sobre el presidente Venezolano y su régimen.

¿Qué entiende Chomsky por democracia? ¿De qué apoyo mayoritario habla si su mayor mérito es haber polarizado al país aún más de lo que ya lo estaba? ¿Está al tanto de que los ‘círculos bolivarianos de defensa’ son el brazo paramilitar del gobierno de Chávez, y que como tal amedrentan cualquier voz de protesta o disidencia y que es el propio gobierno quien los arma so pretexto de prepararse para una eventual invasión norteamericana? ¿No se enteró acaso de que ha manifestado, pública e indubitablemente, su intención de modificar la Constitución para reeligirse indefinidamente? ¿Sabe de la persecución e intimidación a la prensa que es crítica al presidente venezolano? ¿Tiene al menos una idea de la ingente cantidad de dólares que le costó el sistema electoral electrónico que le permite saber quiénes votaron por cuál candidato, lo cual es una manifiesta violación del derecho al sufragio secreto universal? ¿De sus groseras intervenciones en la política interna de los países que opinan distinto que él? ¿De su abultada chequera que le permite financiar candidatos de la mejor estirpe populista, como parece que ocurrió en Perú? Definitivamente es cierto aquello de que incluso las mentes más lúcidas pueden estar en la luna contemplando las margaritas.

Ojalá que sus palabras no sean, como me dijo un colega tratando también de encontrar sentido a la frase, sino otra forma más de las muchas que encuentra Chomsky para mortificar una vez más a los políticos más recalcitrantes de su país, una manera de recordarle al gobierno norteamericano que sigue siendo la piedra en sus zapatos. Pero de ser así, sus declaraciones harían retroceder el papel del intelectual de izquierda al lamentable sitial de aquellos que en los años de la Guerra Fría ocuparon justificando la existencia de los gulags soviéticos en defensa del 'socialismo realmente existente'. Si esto es así, habrá que irse buscando otra ‘conciencia moral’ que nos ampare.

Presentación del libro "Del trono a la guillotina"

El día de mañana viernes 27 de octubre, a las 7 de la noche, en los salones del Instituto Riva Agüero (Jr. Camaná 459, Lima), tendrá lugar la presentación del libro de Claudia Rosas Lauro "Del trono a la guillotina: El impacto de la Revolución Francesa en el Perú (1789-1808)", bajo el sello editorial de la Universidad Católica. Los comentarios correran a cargo de José Agustín de la Puente Candamo, Jeffrey Klaibert y Cristán Gazmuri.

Como suele ser ya una sana costumbre, este acto está organzizado por el Instituto Francés de Estudios Andinos, a quien nunca se le podrá agradecer debidamente su enorme contribución al desarrollo de la historiografía y de las ciencias sociales en el Perú. De la nota de prensa que nos ha alcanzado, reproducimos las líneas de presentación del libro. Esperamos muy pronto poder hacer en otro post la reseña del mismo.
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" 'Es un descubrimiento apasionante al que nos invita Claudia Rosas Lauro a lo largo de las páginas de esta tesis, convertida en un libro sobre 'El impacto de la Revolución Francesa en el Perú'. Felicitamos esta merecida entrega editorial con la que se beneficiarán los investigadores internacionales que, actualmente, estudian las repercusiones de este acontecimientode alcance mundial'. Con estas palabras inicia Michell Vovelle- el más grande historiador de la Revolución Francesa -el prólogo de este libro, que nos invita a reflexionar sobre la influencia de este importante evento histórico en la mentalidad de la sociedad colonial peruana. El estudio explora las múltiples vías de difusión y circulación de las noticias sobre el hecho revolucionario, que van desde la prensa escrita y los pasquines hasta las conversaciones en espacios públicos y los rumores; cómo se plasmó esta información en imágenes, representaciones y discursos. En ellos cobran vida los personajes del drama revolucionario y sus banderas políticas, con las secuelas del terror y la guerra, al lado del ataque al trono y al altar, que llevaron finalmente al despliegue de actitudes que oscilaban entre la tolerancia y la represión, orquestadas por una política contrarevolucionaria inspirada- entre otros factores - por el miedo a la revolución en una sociedad poblada de indios, negros y castas. La obra constituye no sólo un aporte al estudio del impacto de la revolución Francesa en el Perú, sino también, contribuye a la comprensión de la sociedad de fines del periodo colonial".

Los 249 días del gobierno de Paniagua

Aunque en este blog existe una sección dedidacada a la 'Historia del Presente' (un espacio de reflexión sobre acontecimientos contemporáneos), hemos querido contribuir a la serie de textos que la prensa escrita y digital viene publicando en torno al desaparecido ex presidente Valentín Paniagua abriendo una nueva de 'Cronologías', con una sobre su gobierno de transición, los 249 días que posibilitarón que el país saliera del hoyo en el que nos hundió el fujimorismo.

[13-11-2000]
Fujimori parte sorpresivamente a la cumbre de la APEC en Brunéi. La oficialista Martha Hildebrandt es censurada como presidenta del Congreso.
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[16-11-2000]
Paniagua es elegido presidente del Congreso y se restituye a los magistrados depuestos del TC.

[19-11-2000]
Fujimori renuncia a la Presidencia de la República desde Japón. El segundo vicepresidente Ricardo Márquez anuncia que asumirá la Presidencia en la transición.

[21-11-2000]
El Congreso, en medio de un enconado y tenso debate, destituye a Fujimori por incapacidad moral, ignora su renuncia y declara la vacancia de la Presidencia. Aprueba la renuncia del primer vicepresidente, Francisco Tudela.

[22-11-2000]
Valentín Paniagua, tercero en la sucesión presidencial, jura como nuevo presidente a la 1:30 p.m. Anuncia que Javier Pérez de Cuéllar será el jefe del nuevo gabinete ministerial.

[24-11-2000]
El colectivo civil La Resistencia entrega al presidente Paniagua y a Pérez de Cuéllar uno de los pabellones lavado durante meses como un acto de protesta pacífico. En la Plaza de Armas se vive una fiesta popular.

[25-11-2000]
Jura el nuevo gabinete. El nuevo ministro de Defensa, Walter Ledesma, anuncia el pase a retiro de los comandantes generales del Ejército y de la FAP y de doce generales del Ejército.

[01-12-2000]
Se levantan todas las órdenes de captura contra Baruch Ivcher. El Consejo de Ministros aprueba el indulto para once personas, entre ellas el ex diputado Yehude Simons.

[02-12-2000]
El Gobierno, cerca de la medianoche, promulga los decretos de urgencia que solucionan el problema de la administración de los canales 2 y 13.

[04-12-2000]
Baruch Ivcher retorna al Perú.

[05-12-2000]
Carlos Ferrero es elegido primer vicepresidente del Congreso.

[06-12-2000]
Ivcher reasume la administración del canal 2.

[07-12-2000]
Pasan al retiro a 45 generales de la FAP y 31 generales de la Policía Nacional.
El Perú firma su adhesión a la Corte Penal Internacional. El empresario Genaro Delgado Parker retoma la administración del canal 13.

[09-12-2000]
El Gobierno suscribe con dos consorcios de inversionistas los contratos para explotar, transportar y distribuir el gas de Camisea.

[11-12-2000]
Primera presentación del Gabinete Pérez de Cuéllar ante el Congreso. Pide medidas contra la corrupción.

[14-12-2000]
El BID otorga al Perú un crédito de 327 millones de dólares para educación, salud e infraestructura.

[16-12-2000]
Acompañado por un representante de la Defensoría del Pueblo se entrega el teniente coronel Ollanta Humala, quien se había rebelado el 28 de octubre del 2000 contra Fujimori.

[20-12-2000]
El Congreso aprueba los tres proyectos de ley formulados por el Gobierno para desbaratar la red de corrupción del fujimorismo. El nuevo jefe de la ONPE, Fernando Tuesta, denuncia que es 'chuponeado'.

[23-12-2000]
Detienen al abogado Javier Corrochano, señalado como presunto testaferro de Montesinos.

[27-12-2000]
El Congreso aprueba por 69 votos a favor, 9 en contra y 20 abstenciones el distrito electoral múltiple.

[28-12-2000]
El Congreso aprueba la reducción del Impuesto a la Renta.

[29-12-2000]
En mensaje a la nación, el presidente Paniagua reitera que su gobierno de transición garantizará unas elecciones generales libres, democráticas y transparentes. Señaló que la peor herencia del régimen anterior era la corrupción, que será combatida de todas las formas posibles.

[29-12-2000]
Es detenido en Tumbes el general José Villanueva Ruesta, ex comandante general del Ejército, sobre quien pesaba una orden de detención domiciliaria y de impedimento de salir del país.

[02-01-2001]
Es detenido en el aeropuerto de Lima, cuando se disponía a abandonar el país, el general Julio Salazar Monroe, ex jefe del SIN, quien estaba con detención domiciliaria.

[03-01-2001]
El presidente Paniagua reitera de manera enfática que su gobierno no apoya ni apoyará a ningún candidato. Pide más facultades para investigar casos de corrupción.

[12-01-2001]
El Congreso aprueba la ley que suspende la privatización de los puertos. Renuncian los dos ministros de Acción Popular, como una muestra de neutralidad ante la candidatura de Rául Diez Canseco.

[16-01-2001]
El presidente Paniagua nombra ministro de Industria al renunciante titular del portafolio de la Presidencia, Juan Incháustegui, militante de Acción Popular. De esta manera se busca garantizar la transparencia y la neutralidad de los organismos dependientes del Ministerio de la Presidencia en el proceso electoral.

[18-01-2001]
En la ceremonia por los 466 años de la fundación de Lima, el presidente Paniagua anuncia que se devolverá las facultades que les fueron recortadas a los gobiernos locales por el régimen anterior.

[21-01-2001]
Los generales en retiro Walter Chacón, Luis Cubas, Luis Delgado y Juan Yanqui son capturados y encarcelados por orden judicial. También son recluidos la hija de Vladimiro Montesinos, Silvana, sus hermanos Karelia Montesinos de Cubas y Orlando Montesinos y la esposa de éste, Estela Zimmerman.

[27-01-2001]
En la ceremonia de clausura del CADE 2001, el presidente Paniagua descarta cualquier posibilidad de postergación de las elecciones.

[28-01-2001]
En el programa de televisión "Tiempo Nuevo", el periodista Nicolás Lúcar acusa al presidente Paniagua de haber recibido para su campaña electoral de un testaferro de Montesinos. Inmediatamente, en un mensaje a la nación, Paniagua rechaza las acusaciones y las califica de una infamia conducente a desestabilizar el proceso de transición.

[29-01-2001]
En una decisión sin precedentes, la Corte Suprema suspende a tres de sus vocales; Alipio Montes de Oca, Víctor Raúl Castillo y Luis Serpa Segura, quienes aparecen en 'vladivideos' en inequívoca actitud de inconducta funcional.

[30-01-2001]
El Perú se reintegra a la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

[07-02-2001]
El presidente Paniagua reitera la vocación de su gobierno de garantizar unas elecciones libres y democráticas y su imparcialidad en el proceso electoral. En esta conferencia de prensa, Pérez de Cuéllar niega que el Gobierno estuviese manipulando la exhibición de los 'vladivideos'.

[09-02-2001]
Junto con otros trece implicados (funcionarios, policías y militares), Vladimiro Montesinos es denunciado por los violentos sucesos ocurridos durante la Marcha de los Cuatro Suyos.

[12-02-2001]
El presidente Paniagua suscribe la Declaración de Chapultepec. En su alocución instó a los medios a afirmar los valores democráticos.

[20-02-2001]
El presidente Paniagua recibe en Palacio de Gobierno, en un hecho que no se produce desde 1990, a los líderes de las centrales sindicales.

[22-02-2001]
El pleno del Congreso aprueba la inhabilitación del ex presidente Alberto Fujimori para el ejercicio de la función pública por diez años.

[23-02-2001]
El Gobierno inaugura el portal Transparencia Económica, desde el cual todo ciudadano podrá acceder libremente a las cuentas públicas.

[23-02-2001]
El Congreso aprueba delegar facultades legislativas al Ejecutivo para que éste proceda a racionalizar las exoneraciones tributarias.

[26-02-2001]
Al arribar a la capital procedente de Miami para entregarse a las autoridades, el ex congresista Alberto Kouri es detenido en el aeropuerto internacional Jorge Chávez.

[02-03-2001]
Las municipalidades provinciales del país recuperan las facultades que tenían para titular las propiedades informales, tarea que llevaba a cabo la Cofopri. Igualmente el Gobierno oficializa la transferencia de las obras y el presupuesto del tren eléctrico a la comuna metropolitana.

[12-03-2001]
El ex comandante general de la Marina almirante (r) Antonio Ibárcena Amico es detenido y recluido en el Penal San Jorge.

[02-04-2001]
Después de 72 años un jefe de Estado asiste a la vieja casona sanmarquina del Parque Universitario para abrir el año académico de esa universidad. El presidente Valentín Paniagua; el titular del Consejo de Ministros, Javier Pérez de Cuéllar; el ministro de Educación, Marcial Rubio; y el alcalde de Lima, Alberto Andrade; entre otras autoridades, participaron en la simbólica ceremonia.

[02-04-2001]
Dos fotografías dadas a conocer por un diario venezolano confirman que Montesinos se halla en ese país.

[05-04-2001]
Es detenido el general (r) Nicolás Hermoza Ríos, acusado de tráfico ilícito de drogas y de delitos contra la función jurisdiccional

[08-04-2001]
Elecciones presidenciales. Pasan a la segunda los candidatos Alejandro Toledo y Alan García.

[16-04-2001]
El gobierno de transición aprueba la creación del Programa Nacional Anticorrupción, que tiene como objetivo analizar el fenómeno de la corrupción en el país y diseñar políticas que la contrarresten.

[20-04-2001]
El ministro del Interior, Antonio Ketín Vidal, informa que el Gobierno del presidente Paniagua ha dispuesto una recompensa de 5 millones de dólares para la persona que proporcione información directa sobre el paradero del prófugo Vladimiro Montesinos Torres.

[21-04-2001]
Durante la Tercera Cumbre de las Américas el ministro de Relaciones Exteriores, Javier Pérez de Cuéllar, planteó una Carta Democrática Interamericana que sancionase a los países sin democracia.

[12-05-2001]
26 magistrados tanto del Poder Judicial como del Ministerio Público son retirados de sus cargos al no ser ratificados por el Consejo Nacional de la Magistratura.

[14-05-2001]
El Ejército reincorpora a 17 de 25 militares que fueron dados de baja y hasta encarcelados por participar el 13 de noviembre de 1992 en un intento por restituir la democracia vulnerada con el autogolpe fujimorista del 5 de abril de ese año.

[23-05-2001]
Ocho oficiales vinculados a Vladimiro Montesinos que habían sido reincorporados al SIN son separados por disposición de la Presidencia del Consejo de Ministros. Entre los separados se encuentra el que tuvo a su cargo la seguridad personal de Montesinos. Figuran cinco coroneles.

[25-05-2001]
El gobierno de transición anuncia la formación de una Comisión de Estudio de las Bases de la Reforma Constitucional. La integrarán constitucionalistas que serán convocados para definir, antes del 15 de julio, aquellos puntos de la Constitución de 1993 que merecen ser reformados a fin de fortalecer el Estado de derecho.

[26-05-2001]
La Universidad Nacional Mayor de San Marcos le otorga el doctorado Honoris causa de esa casa de estudios.

[30-05-2001]
Tras cuatro años de insistentes reclamos, el Tribunal Constitucional resuelve mediante un fallo que se nivele las pensiones de ocho mil ex trabajadores del Instituto Peruano de Seguridad Social, de acuerdo con los haberes que perciben los actuales trabajadores de Essalud y que se les reintegre desde 1997.

[03-06-2001]
Exitosa segunda vuelta electoral en la que resulta ganador Alejandro Toledo Manrique. Todos coinciden en señalar la transparencia y limpieza de las mismas.

[04-062001]
Se publica la Ley que crea la Comisión de la Verdad y Reconciliación, la misma que se instala el 13 de julio del mes siguiente.

[24-06-2001]
Es detenido en Venezuela Vladimiro Montesinos. Al día siguiente lo trae de regreso al Perú el Ministro del Interior, Antonio Ketín Vidal


[10-07-2001]
El Ejecutivo promulga la Ley del Canon, marco legal que precisa el porcentaje que el Estado deberá destinar a los gobiernos locales y regionales por los impuestos que pagan las empresas que explotan diversos recursos naturales en determinadas jurisdicciones del país.

[25-07-2001]
Son detenidos por agentes de la Policía Judicial la ex fiscal de la Nación, Blanca Nélida Colán, y el ex jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), José Portillo. La primera es acusada de encubrimiento, falsedad genérica y enriquecimiento ilícito, mientras que Portillo está involucrado en el caso de la falsificación de un millón de firmas a favor del otrora Frente Nacional Independiente Perú 2000.

[25-07-2001]
Se crea el Seguro Público de Salud (SPS) que reemplazará a los seguros escolar y materno-infantil, sin eliminar su cobertura, sino más bien ampliándola.

Garcilaso o los impedimentos para escribir una crónica

Por Jorge Moreno Matos

Razones para asistir a talleres de cómo no hacerse escritor

A la señora Sara Liendo


Escribir resulta un arte además de difícil, muy duro de aprender. Y más duro es aún cuando se ha tenido la fortuna de tener los profesores que tuve yo en la escuela, primero, y en la universidad después.

En la escuela secundaria, mi profesora de lengua y literatura fue la mejor profesora que uno puede tener cuando se empieza a descubrir el mundo de los libros. No sólo fomentaba en sus alumnos el amor y respeto a las grandes obras de la literatura universal, sino que además alentaba y promovía cualquier asomo de invención en ellos por ínfimo que fuese su talento, como ocurría la mar de veces. Una historia que cuento siempre cada vez que alguien me pregunta por qué me hice historiador, la dibuja de cuerpo entero.
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En el último año de estudios, el año en que descubrí los mejores libros que he leído en mi vida, le pregunté si conocía a un tal Vargas Llosa y si tenía algún libro de él que pudiera prestarme. Me dijo que sí y que volviera al otro día. Cuando lo hice, puso en mis manos un paquete que contenía tres de sus mejores novelas y un libro que cambiaría mi vida para siempre: las “Conversaciones con Basadre” de Pablo Macera. Nunca le he preguntado porque me regaló ese libro, pero lo cierto es que ese día me hice dos promesas que no he logrado cumplir del todo: escribir novelas y hacerme historiador. Esta es la persona que, después de tantos años, cada vez que publico alguna nota o artículo me llama o escribe para decirme que la ha leído, provocando en mí ese pavor que sentía cada vez que le entregaba mis trabajos escolares. Y digo que vuelvo porque sé que su mirada experta encontrará en cada párrafo, en cada línea que tanto trabajo me costó construir un sustantivo mal utilizado o un adjetivo demás que yo no supe detectar a tiempo. Y como si esto fuera poco, vino luego la universidad.

En ella conocí a un profesor que tenía la rara virtud de prestar sus libros por montones a sus alumnos sin el menor temor a perderlos, así que gracias a él leí mucho y bien. Este profesor poseía el raro talento de la brevedad al escribir, lo cual ya es mucho decir. Como Azorín, podía comunicar muchas cosas con pocas palabras, lo cual resultó terrible a la hora de elegirlo como modelo y mentor, que fue en lo que finalmente se convirtió para mí. No sé si con todos sus discípulos fue igual, pero conmigo tuvo la generosidad de obsequierme una inestimable clase de estilo y honestidad intelectual que ha marcado mi trabajo desde entonces: "Ya otros han escrito con mejor talento lo que tú quieres escribir. Así que no escribas nada sino tienes algo nuevo que decir y ve directo al grano". Hoy, en su venerable ancianidad, ya no escribe mucho, pero sigue siendo mi maestro, mi guía y, sobre todo, mi amigo. Lo único, como discípulo, que puedo reprocharle es que él, al igual a su vez que su maestro Raúl Porras, nos dejará impaga la enorme deuda del gran libro que su inmenso conocimiento nos debe y que no escribió porque tuvo que desperdiciar su enorme talento dictando clases para ganarse la vida (incluso los sabios tienen que comer). Unas clases que tuve el privilegio de compartir con jóvenes que desde el primer instante sabían que estaban ante un gran historiador y como tal lo trataron en todo momento. Él también me llama para decirme, cada vez que publicó algo, la frase más terrible que pueda yo oír: “leí tu nota”.

Tratando de exorcizar estos fantasmas de estilo, no sé en que momento de mi vida fui a caer en el vicio (o en las garras sería mejor decir), de los talleres de escritura. He asistido a tantos que no sólo he perdido la cuenta, sino que además he llegado a una conclusión que en realidad es una gran y desoladora pregunta: ¿Se aprende verdaderamente a escribir en estos talleres?

El último al que asistí lo dictó Juan Villoro, extraordinario escritor y periodista mexicano, autor de unas crónicas que luego de su lectura me han confirmado lo que me viene dando vueltas desde el primer día que inicié este blog: que se puede ser historiador o sociólogo sin estar obligado a escribir con ese lenguaje académico, recargado y acartonado que tanta mala fama de aburridas le han dado a la historia y a la sociología (siendo tan entretenidas como son), haciéndole perder los miles de lectores que ambas merecen. Fue un taller con tantas verdades y cosas claras de por medio que en lo primero que pensé cuando oí hablar a Villoro de los entresijos para escribir una crónica, fue en la experiencia frustrada de mi primera comisión como periodista cultural (la única que en realidad tuve) y que se fue por el sumidero de la vergüenza por mi torpeza de bisoño redactor y que hoy, oyéndolo, me pregunto si fue el destino que hizo que nunca escribiera la crónica sobre una crónica frustrada por las mismas razones que ahora él exponía.

Hace muchos años, el profesor del que ya les hablé me consiguió una plaza en la redacción de un diario local. Como era estudiante de historia, a mi jefe se le ocurrió enviarme a entrevistar a una conocida y reconocida historiadora que acababa de publicar un nuevo libro. Acudí a la cita seguro de mí mismo preparando cada pregunta, releyendo sus libros, revisando sus entrevistas anteriores y memorizando cada una de sus respuestas y teorías. Como la entrevista también me la consiguió él, apenas saludarla hice hincapié en la amistad entre mi profesor y yo y ese fue mi gran error. Supo que podía hablar en confianza. De un momento a otro, en los minutos previos a la conversación que debíamos sostener surgió el nombre de Garcilaso y fue entonces cuando la doctora Jeckyll se transformó en la señora Hyde. Comenzó a utilizar los más duros adjetivos para referirse a nuestro cronista. Lo llamó ‘mentiroso’, ‘miserable’ y ‘canalla’. Atónito, lo único a lo que atiné fue a decirle que los garcilasistas… “¡Los garcilastas, nada!”, me cortó en seco. “Todos son tan falsos como Garcilaso y mejor no te cuento lo que sé de ellos porque sino te quedas mudo de espanto”. “¿Y qué es lo qué sabe?”, le pregunté. “Bueno, para empezar… pero tú venías a otra cosa - se interrumpió a sí misma -. Mejor empecemos con la entrevista”. Hoy está de moda ser iconoclasta e irreverente con todo, sobre todo con los grandes héroes o santos tutelares del panteón nacional, pero por aquella época esto era impensable, así que yo creí ingenuamente en ese instante que tenía la gran noticia de la semana en mis manos.

Cuando eche a andar la grabadora volví sobre Garcilaso y, para mi sorpresa, la doctora Jeckyll regresó de adónde la había enviado la señora Hyde. Habló en los mejores términos del autor de los ‘Comentarios Reales’. Señaló uno que otro error u omisión por parte del cronista sin llegar a acusarlo de nada. Insistí con dos o tres preguntas para ver si volvía la señora Hyde, pero fue inútil. Ante mi continua insistencia por su retorno, la doctora dio por terminada la entrevista de muy mala manera. Salí con la convicción de que además de sus ecuánimes respuestas, llevaba en la grabadora una bomba de tiempo, sin saber que la bomba estallaría en la redacción. Cuando me preparaba a transcribir la entrevista caí en la cuenta de que, sabe dios por qué, no había grabado más que tres o cuatro minutos de conversación. El resto era humo, polvo, nada. ¿Qué había pasado? Sencillamente no había funcionado.

Por eso aquellas dos mañanas que compartí con decenas de aspirantes a cronistas, las palabras de Villoro no hacían más que devolverme una y otra vez el recuerdo bochornoso de mi prehistoria periodística, de mi frustrada carrera como cronista cultural.

De entre las muchas cosas que dijo, nomás empezar y ante la pregunta de ¿cuáles son los límites de la novelización en la crónica?, estaba aquello de que ‘novelizar’ tiene sus límites: no siempre es posible verificar los datos. Citaba como ejemplo el de una periodista española que había escrito, novelizando su texto, que el juez Baltazar Garzón decidió, mientras se amarraba los cordones de los zapatos, arrestar a Pinochet. ¿Se lo contó Garzón? ¿Estaba ella o alguien ahí para dar fe de esa decisión? Como éste, conozco decenas de ejemplos que proliferan en las páginas de nuestros diarios (hay cada escriba que alucina cada cosa). En otras palabras, la crónica tiene que ser verificable, la novela no. Entonces, ¿podía escribir yo mi crónica sobre la más acérrima antigarcilasista si no existía grabación alguna que certificara sus desmadres? No. Punto para Villoro.

Luego vino una verdad que no por evidente deja de ser menos desoladora todavía: toda crónica debe estar planteada desde donde está escrita; es decir, debe estar escrita en primera persona, nunca en tercera persona. Además debe decir, de manera implícita, cómo se escribió. ¿Cómo puedo yo decir, reconocer, que todo lo que iba a leer el lector era fruto, no tanto ya de mi imaginación sino de mi buena memoria, que vaya que la tengo? ¿Cómo consignar que la más reconocida y respetada de las historiadoras del país tenía un genio del demonio? ¿No era mejor contar la historia de un despistado que perdió la oportunidad de su vida por no hacer lo mínimo que hace hasta el más torpe estudiante de periodismo, revisar las pilas de su grabadora? No, porque eso sería escribir cínicamente y ya sabemos que eso no forma parte de nuestro oficio. Otro punto para Villoro. Y podrían ser más, pero ya me cansé de darme palos a mí mismo.

Ahora, luego de rememorar el testimonio lúcido de quien se asemeja mejor que nadie al ideal de cronista que me gustaría algún día llegar a alcanzar, sé con mayor convicción, de manera absoluta y definitiva que si hay algo para lo que los talleres de escritura no te preparan nunca ni te dan fórmulas salvadoras es para el ojo censor de tus maestros y de tus modelos. (Ojalá que Villoro no lea nunca esta crónica. Y tampoco la doctora Jeckyll, claro).

El Joaquín Murieta de Pablo Neruda

A mediados del siglo XIX se desató la fiebre del oro en California, que atrajo a sus territorios no sólo a aventureros de todos los rincones del mundo, sino también a muchos hombres que con sus familias llegaron hasta ahí deseosos de convertirse en nuevos ricos de la noche a la mañana. La de California es la más conocida, pero lo cierto es que hubo muchas a lo largo del siglo XIX y las características de cada una de ellas fue determinante en el desarrollo o configuración de las sociedades en donde se produjeron. Por otro lado, y contrario a lo que pudiera creerse, hubo muchos latinoamericanos que se contagiaron de esta fiebre y formaron grandes grupos por nacionalidades, en campamentos a los que les daban generalmente nombres fácilmente identificables, como fue el caso del campamento ‘Chilecito’, que reunía a los de esta nacionalidad. Uno de estos fue Joaquín Murieta, oriundo de Valparaíso, que luego de una serie de trágicas contrariedades, terminó convertido en forajido al más puro estilo del viejo Oeste. Inspirado en su memoria, sus desgracias y ‘el pago de los gringos’ como él sufrían, Pablo Neruda escribió en 1967 una obra teatral para la cual escribió una introducción. Su texto, que ahora rescatamos, no sólo rezuma poesía e historia, sino también ese aire de rebeldía que inunda toda su obra.
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“Yo escribí un libro grande con versos, lo llamé ‘La Barcarola’, y era como una cantinela, yo picaba aquí y acá en mis materiales, de los que dispongo, y éstos son a veces aguas o trigos, sencillas arenas a veces, canteras o acantilados duros y precisos, y siempre el mar con sus silencios y sus truenos, eternidades de que dispongo aquí cerca de mi ventana y alrededor de mi papel, y en este libro hay episodios que no sólo cantan sino cuentan, porque antaño era así, la poesía cantaba y contaba, y yo soy así, de antaño, y no tengo remedio, bueno, aquel día piqué el pasado, salió polvo como de terremoto, voló la pólvora y apareció un episodio con un caballo con su caballero y éste se puso a galopar por mis versos que son anchos ahora, como rutas, como pistas, y yo corrí detrás de mis versos y encontré el oro, el oro de California, los chilenos que lavan la arena, los buques repletos desde Valparaíso, la codicia, la turbulencia, las fundaciones y este chileno vengativo y vengador, descabellado y sonoro, entonces me dijo mi mujer, Matilde Urrutia, pero si esto es teatro, ¿teatro? le respondí, y yo no lo sabía, pero ahí lo tienen, ustedes, con libro y con escenario vuelve Murieta, se cuentan sus rebeliones, y las hazañas de chilenos agrestes que con patas de perro se soltaron hacia el oro, se apretaron los cinturones trabajando en cuanto cosa y cosita pudieron para recibir después el pago de los gringos: la soga, la bala y cuando menos el puntapié en la cabeza, pero no sufran, porque además hay el amor, con versos que tienen rima como en mis mejores tiempos y de un cuantohay, hasta cuecas, con música de Sergio Ortega, y además Pedro Orthous, famoso director de escena, metió su cuchara y aquí cortaba y acá me pedía un cambiazo, y si protestaba aprendí que así hacía con Lope de Vega y con Shakespeare, les meten tijera, los modifican para ustedes, y yo soy apenas aprendiz de teatrero y acepté para que volviera Murieta, para que volara Murieta, como en los sueños, a caballo y con banderita chilena, ¡Viva Chile, mi hermosura!”, y que vuele con caballo y todo como un meteoro que regresa a su tierra porque yo lo llamé, lo busqué entre los materiales, cavando en mis trabajos día a día, frente al mar océano, y de repente saltó el bandolero y echaba chispas de fuego su cabalgadura en la noche de California, le dije, asómate, acércate, y lo hice pasar por la carretera de mi libro para que galopara con su vida y su drama, su fulgor y su muerte, como en un sueño cruel, y esto es todo, este es mi cuento y mi canto”.

Pablo Neruda
Isla Negra, setiembre de 1967.

Valentín Paniagua Corazao (Cusco, 1936 - Lima, 2006)

Nació el 23 de diciembre de 1936 en la ciudad del Cusco. Luego de cursar estudios primarios en La Salle de La Paz, Bolivia, y secundarios en el Colegio Nacional de Ciencias de Cuzco, inició estudios de Derecho en la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco, para concluirlos luego en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en donde se especializó en Derecho Constitucional.

En 1955 estuvo entre los fundadores del Frente Universitario Reformista Independiente, un movimiento de signo socialcristiano, y presidió la Federación de Estudiantes del Cusco en 1959. Posteriormente se adhirió al Partido Demócrata Cristiano por considerarlo el que más se ajustaba a sus ideales social cristianos. En las elecciones de 1963 salió elegido diputado (con tan solo 26 años) por Cuzco en la lista de la alianza de PDC y Acción Popular, además de ser nombrado a sus 27 años ministro de Justicia (el ministro más joven en nuestra historia republicana).
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Aunque en 1966 el PDC se escindió y apareció en la escena política nacional el Partido Popular Cristiano, liderado por entonces alcalde de Lima Luis Bedoya Reyes, Paniagua se mantuvo en las filas del gobierno. Hasta el golpe de Estado del general Velasco del 3 de octubre de 1968, que lo exilio del país. Luego, en 1974 renunció al PDC al hacerse manifiestas las afinidades del líder de su partido con la dictadura militar, ingresando poco después a las filas de Acción Popular.

De vuelta a la democracia, en las elecciones de 1980 salió elegido diputado por el partido ganador de las elecciones. En 1982 asumió la presidencia de su Cámara y en 1984 aceptó la cartera de Educación. Al final del periodo presidencial, el gobierno premió sus esfuerzos en la carrera pública otorgándole la Orden del Sol en el grado de Gran Cruz.

La derrota en las elecciones de 1985 lo llevaron por primera vez a engrosar las filas de la oposición luego de tres décadas en la política peruana. Simultáneamente, durante los cinco años de gobierno aprista fue afirmando su prestigio en medios académicos y profesionales como constitucionalista y abogado, siendo catedrático de Derecho Constitucional en las universidades de San Marcos, Católica del Perú, Lima y Femenina del Sagrado Corazón. Luego del autogolpe de abril de 1992, se convirtió en uno de los más duros críticos del régimen del ex presidente Fujimori, asumiendo en 1997 la defensa, ad honorem, de los tres magistrados del Tribunal Constitucional destituidos por considerar anticonstitucional la Ley de Interpretación Auténtica de la Constitución que permitía la reelección de Fujimori.

En las controvertidas elecciones del 2000, Paniagua, considerado ya el número dos de su partido después de su fundador Fernando Belaúnde, accedió a la secretaría general nacional; siendo además uno de los tres únicos diputados que su partido consiguió ubicar en el Congreso. Pero la grave crisis que generaba el tercer mandato inconstitucional de Fujimori abrió una crisis política a la cual no se le veía solución inmediata. La propalación del vídeo Kuori-Montesinos (14 de setiembre) y la convocatoria a nuevas elecciones para el próximo año (16 de setiembre) no hicieron sino agravar aún más la crisis, pese a los esfuerzos de la OEA que había promovido una Mesa de Diálogo entre oposición y gobierno y en cuya formación la participación de Paniagua fue determinante. El 19 de noviembre Fujimori renuncia por fax desde el Japón a la presidencia de la república. El Congreso no acepta su renuncia y declara la vacancia de la presidencia por incapacidad moral. El resto es historia conocida. Quien había obtenido la segunda más baja votación en las últimas elecciones accedía a la presidencia de la república y encabezaría un gobierno de transición hacia la auténtica democracia.

Desde el principio, el "Gobierno de Unidad y Reconciliación Nacionales", como lo calificó el propio Paniagua, se abocó al desmantelamiento del aparato de corrupción institucional que habían construido Fujimori y Montesinos. Y tan cierto fue esto que la primera decisión de su gabinete, presidido por el ex Secretario General de la OEA Javier Pérez de Cuéllar, fue destituir a la cúpula militar montesinista que todavía seguía ejerciendo funciones. Y la última, apenas dos días antes de entregar la banda presidencial, el arresto de dos de los más conspicuos cómplices de Montesinos: la ex fiscal de la Nación Blanca Nélida Colán y el antiguo jefe ONPE, José Portillo.

Alejado de la presidencia, asumió la jefatura nacional de su partido a la muerte de Belaunde, recibió el más alto honor de la Universidad de San Marcos que le confirió el doctorado honoris causa (el único honor que había secretamente deseado, según su propia confesión) y fue homenajeado por el Congreso Ecuatoriano que en octubre de 2001 lo condecoró con la medalla Vicente Rocafuerte por su trabajo en favor de la consolidación democrática de su país. Antes de las últimas elecciones presidenciales, en las que no tuvo la suerte que su limpia trayectoria merecía, participó como observador electoral en elecciones de la región de América Central. Mezquindades de nuestra política local evitaron que fuera candidato de nuestro país a la Secretaría General de la OEA el año pasado. Como mezquino y vergonzoso fue también el incidente con un periodista (fujimorista por toda seña) que trató de enlodar su figura, que ya todo el Perú respetaba, vinculándolo con Montesinos. Fue la única ocasión en que el hombre afable y mesurado que era alzó la voz para protestar por su buen nombre y el intento burdo de hacer creer a los peruanos que hasta los hombres como él tienen sus trapos sucios. Nada más lejos de la verdad.

Gracias, Zenobia, por el Nobel

Por Jorge Moreno Matos

Si para algunos ya es un verdadero problema tratar de no pensar en el Nobel luego de serles esquiva su gloria, para otros resulta preocupante considerar lo que tendrán que decir en su discurso de aceptación durante la ceremonia de entrega el próximo 10 de diciembre.

Quien mejor ha expresado la disyuntiva que embarga a un selecto grupo de privilegiados de qué decir ante un rey y más de mil invitados, ha sido Gabriel García Márquez quien cuenta que lo primero que pensó, cuando lo despertó la llamada telefónica a las tres de la madrugada para comunicarle que había ganado el premio, fue: “¡Carajo! ¿Y ahora, qué voy a decir en Estocolmo?”. Pero esto, que para algunos puede resultar anecdótico, apenas si es la punta del iceberg de las muchas historias que encierra esta historia.

William Faulkner, que ganó el premio en 1949, en su brevísimo discurso empezó con una declaración de fe que resume el espíritu de su obra: “Siento que este premio no se me concedió a mí como hombre, sino a mi trabajo – la labor de una vida en la agonía y en el sudor del espíritu humano. Sin perseguir la gloria y mucho menos el beneficio, mi idea fue producir los materiales del espíritu humano que antes existían”. Para concluir con una afirmación contundente: ”Me niego a admitir el fin del hombre”. En esta línea de afirmación de la literatura, estuvo su compatriota Ernest Hemingway que en 1954, más breve todavía, dijo: “Para el verdadero creador, cada libro debe ser un nuevo principio en el que proponga nuevamente algo que está más allá de toda su capacidad”. Por algo tituló a su discurso ‘La alquimia del escritor.
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En 1957, cuando la Guerra Fría estaba más caliente que nunca y en Europa Oriental los escritores disidentes eran perseguidos cuando no asesinados, Albert Camus se preguntaba “¿Y con qué sentimientos puede alguien aceptar tanto honor en un momento en el que otros escritores de Europa, entre ellos los mejores, están condenados por el silencio?”. Una razón más para reclamarle a Jean-Paul Sartre, que en 1964 rechazó el premio, el habernos privado de la oportunidad de escuchar su voz, tan comprometida y progresista, en ocasión tan memorable como en escenario tan oportuno.

Que distinto de los casos anteriores el de Juan Ramón Jiménez, que en 1956 dedicó sus palabras de aceptación a su esposa, quien había muerto tres días después de conocer la noticia del premio. Tal vez su discurso no estuvo a la altura de las circunstancias, pero fue ante todo una declaración de amor y agradecimiento que ni siquiera un escenario tan importante y egregio como Suecia podía ya enaltecer más: “Mi esposa, Zenobia, es la verdadera ganadora del premio. Su compañía, su ayuda, su inspiración hicieron posible mi obra durante cuarenta años”.

Y aunque a lo largo de la historia reciente han habido ganadores de una y otra tienda, y para todos los gustos y disgustos, las sorpresas que nos deparan los ganadores y sus discursos siempre estarán presentes como sucedió la última vez.

Harold Pinter, el ganador del año pasado, fue tan poco protocolar, pero no menos expresivo por eso. Inmediatamente después de saber su premio, utilizó la cobertura mediática que le daba el mismo para criticar duramente la política belicista del presidente estadounidense George Bush y el primer ministro Tony Blair. “Lo que encuentro absolutamente detestable es la posición moral de Blair y Bush”, dijo. ”Piensan que tienen la autoridad moral y que lo que están haciendo es moralmente correcto, cuando lo que hacen es pura basura”, espetó ante los medios de comunicación del mundo entero, sabedor plenamente de que sus palabras ahora tendrían la fuerza de un misil. La Academia Sueca sólo atinó a hacer mutis cuando las acusaciones de izquierdista y antiestadounidense le empezaron a llover desde el otro lado del Atlántico. Su discurso en el Palacio de los Conciertos de la capital sueca, que tuvo que escucharse en vídeo ya que un accidente le impidió asistir, no decepcionó a nadie. Ahí volvió a repetir: “¿Cuántos seres humanos deben morir para que califiquemos a sus responsables como criminales de guerra?”. No por nada su discurso se tituló ‘Arte, verdad y política’.

Pero quien menos decepcionó a todos, y sobre todos a sus millones de lectores repartidos en el mundo entero, fue el hijo del telegrafista de Aracataca, quien pronunció el que tal vez sea el más bello, profundo y comprometido de todos los discursos que se hallan oído en la historia del Nobel.

Vestido completamente de blanco para contrarrestar la mala suerte, el autor empezó su discurso con una clase magistral de historia: “Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen”. Para concluir como sólo él y sus novelas saben concluir: “Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”.

Sólo resta esperar y confiar que el escritor turco galardonado este año también se dé maña, no sólo para escribir un discurso que compita con los mencionados sino que además nos consuele a muchos de nosotros por un año más de angustiosa espera por el Nobel que hace muchos años merece Vargas Lllosa. ¿Hasta cuándo?.

¿Un oficio de fracasados?

Por Jorge Moreno Matos

Se acaba de publicar en España un Manual de Periodismo que por título lleva el mismo de esta crónica, en donde su autor recuerda, con nostalgia e ironía, cuatro décadas de trabajo en el periodismo, tirando al tacho de basura muchos prejuicios que existen sobre ‘el mejor oficio del mundo’

Recientemente en un taller de periodismo narrativo realizado en Lima, el escritor mexicano Juan Villoro contaba que un profesor en la universidad los conminaba a estudiar augurándoles un futuro sombrío y mediocre de no hacerlo: “Estudien, muchachos, o van a acabar de periodistas”, les decía.

A mí, en cambio, me sucedió todo lo contrario. Cuando era niño, casi adolescente, escuché de labios de mi profesora de literatura la mejor historia de aventuras que a esa edad uno puede escuchar y que ya adulto descubrí, para mi asombro, que era tan real como la vida misma: “En una isla remota pérdida en un mar todavía más remoto, un volcán amenaza hacer explosión en cualquier instante y destruirlo todo en cuestión de minutos. En medio del caos y desaliento que semejante cataclismo ocasiona, sólo existen dos clases de personas: Las que quieren abandonar la isla a cualquier precio y unos locos que luchan desesperadamente por ingresar a ella. Estos últimos se hacen llamar periodistas”. Inmediatamente después de esta maravillosa introducción, se puso a hablar del periodismo como género literario.
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Fue la primera vez que escuché, seria y elogiosamente, de la labor del periodismo, el ‘mejor oficio del mundo’ como lo llama Gabriel García Márquez. Sin embargo, siendo sincero, debo confesar que son pocas las ocasiones en que he podido repetir la experiencia escolar ya que, al igual que a Villoro, me ha tocado tener que escuchar y leer los peores dicterios, incomprensiones, inexactitudes y prejuicios sobre los periodistas y su trabajo, que no serían tan sorprendentes sino fuera por quienes los pronunciaron. ¿Por qué? ¿Qué hay de incomprensible en el periodismo que despierta pasiones tan encontradas entre las mentes más preclaras?

Hoy que tanto auge tiene el periodismo literario en el mundo entero, resulta irónico recordar que quienes lanzaron las puyas más ácidas fueron escritores. ¿Qué llevó al gran Balzac a afirmar que “el periodismo es una inmensa catapulta puesta en movimiento por pequeños odios”? ¿O a una inteligencia como la de Voltaire a decir que “los periódicos son los archivos de las bagatelas”, algo que cualquier historiador podría fácilmente desmentir? Chesterton, con su habitual humor inglés, se refería a la inutilidad de nuestro oficio cuando expresaba que “el periodismo consiste esencialmente en decir 'lord Jones ha muerto' a gente que no sabía que lord Jones estaba vivo”. Al igual que Miguel de Unamuno, que sentenciaba que “el periodismo mata la literatura”. Pero si hay una frase que resulte verdaderamente peregrina, esa es la de su compatriota, el dramaturgo Alejandro Casona, para quien “los periodistas sólo acuden donde hay desgracias”, lo que no es sino una interpretación asaz equivocada de nuestro trabajo.

Algo muy semejante es lo que dijo Leopoldo I, el primer rey belga: “Los periodistas, como las moscas, son más inoportunos que perniciosos”. Por supuesto, de eso se trata, de importunar cuando se debe, como lo comprobaría medio siglo después su hijo, Leopoldo II, el soberano recordado en la historia por el espantoso genocidio que sus afanes colonialistas desataron en el Congo y que los diarios de todo el mundo no se cansaban de denunciar. Sin embargo, más duras fueron las palabras de lord Macaulay, un político inglés del siglo XIX: “el periodismo es un oficio fácil: cuestión de escribir lo que dicen los demás”. Palabras bastante inauditas viniendo de quien también fue un respetable historiador y… periodista.

Tal vez por esto último, las que resultan ciertamente extrañas son las voces de los propios periodistas, como la del uruguayo Marcelo Jelen que, desengañado del oficio, en su libro “Traficantes de realidad” escribe: “suele decirse que las noticias son hechos, pero no lo son. Así como el pan es harina manipulada para que el público la coma, la noticia es información manipulada para que el público la consuma”. O las ambiguas y mordaces de Mark Twain, el autor de ‘Tom Swayer’: “Habiendo fracasado en todos los oficios, decidí hacerme periodista”. Tan insólitas como las del español Manuel Leguineche, quien se toma el pelo a sí mismo y a todos cuando declara que “el periodismo es el trabajo de las tres ‘d’: divorciado, desequilibrado y dipsómano”.

Sobre esto último, lo de dipsómano, ya alguien ha señalado que la época de la bohemia terminó y que si “antes los periódicos se hacían a base de tabaco, café y alcohol”, hoy los jóvenes saben que los tiempos son otros y que el perfil mínimo que se les pide obligaría a muchos a volver a las aulas. Pero estos juicios, por más que provengan de notabilísimos personajes, son los menos y ya sabemos que inexactos. Son muchos los medios que hemos tomado como emblema aquello de ‘afligir a los confortados y confortar a los afligidos’, que es la mejor manera de definir nuestra misión de sacudir conciencias y ofrecer respuestas.

El periodismo es en la actualidad muchas cosas, pero en esencia debería ser la mejor herramienta que tiene el ciudadano común para defenderse de los abusos del poder, velar por sus derechos y expresar su opinión en los asuntos que nos conciernen a todos. Por eso, cuando Rodolfo Serrano habla de un ‘oficio de fracasados’ no se equivoca. Para nosotros es un fracaso diario, una frustración constante cuando fallamos en estos tres objetivos. Un fracaso cuando falta un dato. Otro cuando faltan ideas. Ni hablar cuando alguna pregunta quedó sin respuesta. Ya no digamos cuando nuestros textos salieron pobremente escritos. Además, trabajamos conscientes de que en este trabajo sólo hay dos verdades absolutas: que, como dice el maestro Kapuscinski, los cínicos no sirven para este oficio (los Jason Blair son un desagradable accidente en la profesión) y que nada es más viejo que el periódico de ayer (así que a trabajar después de ponerle punto final a esta nota).