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Ministerio de Cultura autorizó visitas para promover importante monumento arqueológico.

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¿Se hará realidad la ficción cinemtográfica

Según la agencia, roca espacial circuló demasiado cerca de nuestro planeta.

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Un hombre de otro mundo


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"Un dirigente de su pueblo sin especiales apoyos de las autoridades, un político cuyo éxito no se basa en el poder de la tecnología, sino sencillamente en la fuerza convincente de su personalidad; un luchador victorioso que rechazó siempre el empleo de la violencia; un hombre sabio y modesto, armado con una capacidad de resistencia decidida e inquebrantable, que se consagró con todas sus fuerzas a mejorar su pueblo; un hombre que frente a la brutalidad europea prefería la dignidad del simple ser humano demostrando así su espíritu superior. Quizá las generaciones venideras duden alguna vez de que un hombre semejante fuese una realidad de carne y hueso en este mundo".

Albert Einstein
(1879-1955)

De parroquia a distrito

Por Jorge Moreno Matos

O cómo se organizó el territorio nacional

En 1932, una época en que se cuestionaba duramente el centralismo en que la administración del presidente Leguía había sumido al estado, el geógrafo Emilio Romero, afirmaba que “la demarcación territorial del Perú, o sea la forma cómo está organizada administrativamente la República, es injusta y anacrónica”. Sentenciaba que de ella, “defectuosa, empírica, anticuada, arranca la mayor parte de nuestra errónea administración”. Sus palabras se referían a un asunto que ha tenido gravitante presencia a lo largo de nuestra historia: las continuas modificaciones político-administrativas en busca de la más idónea para un país tan diverso como el nuestro.
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Existen cuatro clases de demarcación territorial en que un país organiza su aparato administrativo: política, judicial, militar y eclesiástica. De todas ellas, la principal y que debiera servir de fundamento o base a las otras es la política. Sin embargo, entre nosotros la que prevaleció primero y dio origen a las otras fue la eclesiástica.

El historiador Raúl Porras Barrenechea afirmaba, por ejemplo, que en el Perú el 80% de las poblaciones actuales tiene su origen en una reducción toledana. Estas reducciones o pueblo de indios, que es también como se les llamaba, eran pueblos creados específicamente para que en ellos residiesen los aborígenes peruanos y que tenían por finalidad facilitar su evangelización y el cobro del tributo. Si nos detenemos un instante a reflexionar en los dos imperativos anteriores, la doctrinaria y la fiscal, será fácil descubrir en las líneas siguientes el fundamento de las actuales circunscripciones territoriales en que está organizado nuestro país.

Cuando aún faltaba en el Perú una organización política firme y permanente, los curas doctrineros, primero, y los arzobispos, luego, ejercieron una autoridad que en ocasiones sobrepasó su función eclesiástica, ejerciendo muchas veces la civil y la judicial. No es de extrañar, entonces, que cuando aparece y empieza a hacerse fuerte la administración civil y comienzan a delimitarse las jurisdicciones de cada una, la naciente organización política asumirá la parroquial que la había precedido en el tiempo. El ejemplo más palpable de esto lo constituye el caso de Santo Toribio de Mogrovejo, segundo arzobispo de Lima, quien durante los dieciséis años que duraron sus tres visitas pastorales recorrió y organizó su diócesis dando principio a muchas circunscripciones políticas que asumiría la nueva administración colonial y que posteriormente heredaría la república.

Ya instalada la autoridad civil, ésta se organizó poco a poco creando instituciones e instancias que permitieran el mejor gobierno y administración del extenso territorio del virreinato peruano. Al principio fueron las encomiendas y cacicazgos, pero fue con la creación, en 1542, de los virreinatos del Perú y México, que se establece que estos debían dividirse en Audiencias y éstas en Gobernaciones, Alcaldías Mayores, Corregimientos y Alcaldías Menores. Son los primeros de una larga serie de ensayos para organizar administrativamente el territorio y el país.

Con las reformas borbónicas del siglo XVIII, todo este panorama cambia para mejor. Bajo la influencia francesa se adoptará el modelo francés de intendencias subdivididas en partidos que concentraba funciones políticas, militares, fiscales y hasta judiciales, dividiendo el territorio peruano administrativamente en 8 de ellas: Huamanga, Huancavelica, Tarma, Trujillo, Arequipa, Lima y Cuzco, y en 1796 la intendencia de Puno, con un total de 56 partidos. Este es el sistema administrativo, que reemplazó al de los corregimientos consumido por la corrupción, que llegará hasta los albores de la república, cuando San Martín, en 1821, convierta las intendencias en departamentos y los partidos en provincias. A los antiguos intendentes se les llamó presidentes de departamento y luego prefecto, que es el nombre que perdura hasta hoy al igual que el de sub-prefecto que es el responsable de una provincia. Para 1833 existían tan sólo 8 departamentos, 58 provincias y 426 distritos. Pero era el principio.

Durante la república, que fue pródiga en intentos reformadores, el asunto siguió tan complicado como siempre. La Constitución de 1823 adoptó el sistema de Juntas Departamentales que otorgaba una amplísima gama de atribuciones a las autoridades locales y regionales. Pero serán suprimidas por la Constitución Vitalicia de Bolívar de 1826. La de 1828 las restablecerá y definirá aún más su función en el entendido de que éstas serán el germen de futuros parlamentos federales, pero antes de que pudieran instalarse, la Carta de 1834 las suprimió nuevamente. La de 1839, la que siguió al fin de la Confederación Perú-Boliviana, no sólo también las ignoró sino que además hizo lo propio con las municipalidades creando en su reemplazo los Intendentes de Policía, funcionarios con amplias facultades judiciales, ejecutivas y coercitivas. Nada más lejos de la institución municipal. En 1856 una nueva Constitución de corte liberal las rehabilita además de facilitar una Ley orgánica de municipalidades, la del 29 de noviembre de ese año.

Ya para 1873, una nueva Ley de Municipalidades crea los Consejos Departamentales y Municipales, dividiendo la administración en departamental, provincial y distrital. Jorge Basadre ha dicho de esta ley que es la primera que “marca la diferencia entre lo que compete al ciudadano y lo que compete al vecino”. Sin embargo, serán suprimidos en 1880 y reemplazados una vez más en 1886 por las Juntas Departamentales en un esfuerzo de descentralización fiscal, hasta su supresión definitiva en 1921. Una larga historia que se puede resumir en los ocho intentos fallidos de regionalización emprendidos a lo largo de nuestra historia republicana, perdurando a través de ella, como auténtico representante de la ciudadanía, la función edil.

No por nada, en el siglo XIX, Juan Espinosa escribía en su ‘Diccionario para el pueblo’ que “los déspotas temen la institución municipal porque ven en ella una representación del pueblo, de la soberanía popular, cascabel que les suena mal, porque ellos querrían que el pueblo no tuviera otro representante que ellos, ni otra ley que su voluntad”.


Ayer un privilegio, hoy un compromiso

Ninguna forma más representativa de la auténtica democracia que el cargo de alcalde. Durante la colonia el requisito principal para ser miembro de los cabildos era el de ser vecino del lugar, además de no ser sordo, mudo o indigno del cargo. Al finalizar cada año, el cabildo que expiraba designaba a los alcaldes y regidores del año siguiente, que debían ser confirmados por el gobernador. Distinto era el caso de otros cargos que eran vendidos en remate público con el único fin de acrecentar las arcas reales. Los cargos adquiridos por compra eran rentados y vitalicios, mientras que aquellos obtenidos por elección, como el del Cabildo, eran anuales.

Con la república, el sistema de elección se hace aún más democrático además de legítimo. Durante el siglo XIX los alcaldes eran elegidos por un Colegio Electoral, una suerte de grupo de electores designados por el pueblo para ese fin. En la actualidad, los alcaldes, al igual que el presidente, vicepresidentes y congresistas, son elegidos a través del sufragio universal directo.


Más de 12 mil autoridades

El Perú, país diverso y complejo, tiene una extensión territorial de 1´285,215.60 Km2 y una población, según el último censo del año pasado, de 27´219,264 habitantes. Este territorio y esta población están organizados a la fecha en 24 departamentos, 195 provincias y 1,832 distritos. Además de 25 regiones (los 24 departamentos y la provincia constitucional del Callao). Es para esta organización territorial que ayer se eligieron 12,466 autoridades.

De estas más de 12 mil autoridades, apenas 278 son regionales: 25 presidentes, 25 vicepresidentes y 228 consejeros regionales. El resto, 12,188 autoridades municipales, están distribuidas de la siguiente manera: 195 alcaldes y 1,717 regidores provinciales; 1,636 alcaldes y 8,640 regidores distritales.


* Publicado en el Diario El Comercio, de Lima, el 20 de noviembre de 2006