San Marcos exonerará del pago a 1.000 postulantes

Estudiantes de bajos recursos económicos que hayan tenido como promedio 15 en sus notas serán los beneficiados.

Piden presupuesto para continuar investigaciones

Walter Alva recordó que en el 2016 no se ejecutaron trabajos de investigación arqueológica en Lambayeque.

Se realizarán tours nocturnos en Chavín de Huántar

Ministerio de Cultura autorizó visitas para promover importante monumento arqueológico.

Polémica de los Pitufos comunistas ya es mundial

La prestigiosa BBC hace eco de la polémica desatada en Uruguay por comparar a los Pitufos con una sociedad comunista.

¿Se hará realidad la ficción cinemtográfica

Según la agencia, roca espacial circuló demasiado cerca de nuestro planeta.

Los orígenes de la novela en el Perú

De todas las 'tijeras' que este blog ha publicado, ésta es la más grande y la más satisfactoria sin la menor duda. La serie de cinco artículos que el joven y talentoso profesor sanmarquino Marcel Velásquez Castro publicó en el suplemento El Dominical del diario El Comercio en torno a "Los orígenes de la novela en el Perú", ha sido de las más leídas y comentadas en el mundo cultural peruano. La siguiente es la relación de títulos de los artículos publicados y que se reproducen más abajo.

Los orígenes de la novela en el Perú [I]
El folletín y la prensa

El Dominical, 08/10/2006

Los orígenes de la novela en el Perú [II]
El miedo a la novela y las mujeres novelistas

El Dominical, 15/10/2006
>>> Seguir Leyendo... >>>
Los orígenes de la novela en el Perú [III]
Los fantasmas y los umbrales

El Dominical, 22/10/2006

Los orígenes de la novela en el Perú [IV]
Naturaleza, diferencia y modernidad. Alegría, Arguedas y Vargas Llosa

El Dominical, 29/10/2006

Los orígenes de la novela en el Perú [V]
Cinco jaulas en busca de un pájaro. Novela peruana contemporánea (1970-2000)

El Dominical, 05/11/2006

Marcel Velásquez nació en Lima, en 1969. Es profesor de literatura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en donde también obtuvo el Magíster en Literatura Peruana y Latinoamericana. Su labor como crítico y ensayista ha merecido sendos premios. Es autor de "El revés del marfil. Nacionalidad, etnicidad, modernidad y género en la literatura peruana" (2002), y "Las Máscaras de la representación: el sujeto esclavista y las rutas del racismo en el Perú (1775-1895)" (2005). Su último trabajo, que igualmente ha sido saludado por la crítica especializada, lo constituye la edición de la "Obra Completa de Leonidas Yerovi", en 3 tomos que publicó este año el Fondo Editorial del Congreso de la República. Una vez más, si alguien encuentra que este blog (y en especial esta sección) vulnera sus derechos, sólo tiene que avisarnos para retirar los textos.



Los orígenes de la novela en el Perú [I]
El folletín y la prensa


La novela moderna contiene voces enmarcadas, memorias disímiles, visiones en conflicto, fragmentos ajenos: todo este torbellino de percepciones y sensaciones se actualiza en cada lectura, transformando al lector y a la sociedad. Las novelas son fuentes de memorias ficcionales, pero socialmente relevantes, poseen una gran fuerza simbólica por su capacidad de refractar anhelos y miedos sociales, utopías y deseos que interactúan, nutriéndose y transformando los sentidos socioculturales desde el lenguaje y en el lenguaje. Además, las novelas constituyen poderosas enciclopedias de las sensibilidades, refuerzan o socavan los mecanismos de discriminación y subalternidad, y establecen una fecunda y hasta hoy firme relación con el espacio urbano, el lugar por antonomasia de la modernidad.

La naturaleza ambigua y paradójica de este género discursivo se deriva de las propias promesas y amenazas de la modernidad. La novela es medio de libertad artística y herramienta de coerción social; espacio de la creatividad y refugio de la imitación; mecanismo biotecnológico de disciplinamiento y espacio de las fantasías y las trasgresiones más alucinantes; espacio polifónico de diversos enunciados y lugar de enunciación monológico y autista; medio de constitución de la subjetividad moderna y cartografía social tradicionalista o incluso premoderna.

Trazar la historia de la novela en el Perú no es solo un viaje por nuestras ficciones más perdurables, sino también una manera de recorrer los pliegues de nuestra modernidad y las sombras constitutivas de nuestra sociedad.

Novelas de folletín y novelas letradas

Entre 1840 y 1879 existieron dos circuitos interrelacionados de producción novelística (folletín y letrado), dos fuerzas productivas sociales que participaron activamente en la lucha política por imaginar la nación, pero fueron incapaces de liquidar las viejas representaciones sociales de los sujetos subalternos (indios y negros).

Las novelas de folletín que aparecieron en la década de 1840 -escritas mayoritariamente por extranjeros- contribuyeron decisivamente en la formación de un nuevo público lector; asociadas sincrónicamente a las manifestaciones de las novelas de folletín europeas, coadyuvaron a la constitución de la prensa popular como el primer medio de protocultura de masas en nuestra comunidad; por ello, fueron un factor que alentó la modernización sociocultural, pero sus mundos representados y sus códigos retóricos fortalecían una concepción tradicional, organicista y jerárquica de la sociedad.

A la inversa, la mayoría de las novelas letradas que se consolidan en la década de 1860 -escritas mayoritariamente por peruanos- siguen los ya desfasados modelos románticos de la alta literatura europea, y mediante sus mundos representados y sus estrategias de narración intentaron constituir una subjetividad y una sensibilidad moderna en el orden privado, y un espacio público regido por los ideales de la Ilustración y la racionalización de la sociedad, pero sus formas de producción y circulación alentaban una esfera cultural premoderna, en la cual lo literario estaba disjunto de las mayorías sociales y subordinado a la moral y política de las elites.

Estos dos circuitos de producción novelística se distinguen no solo por el soporte material (prensa/libro), el respeto a las altas convenciones de la literatura o a las retóricas del folletín, sino también por el público lector. El público lector de las novelas de folletín estaba conformado por sectores urbanos medios (artesanos, comerciantes, mujeres) que leían fragmentaria y discontinuamente; el público de las novelas letradas era más reducido y estaba signado por su capacidad económica y mayor educación, su experiencia de lectura creaba una temporalidad que ellos controlaban y una expectativa de códigos retóricos propios de la literatura ilustrada.

El Comercio y su papel en los orígenes de la novela en el Perú

1839 es un año clave para la historia del periodismo peruano; sin embargo, pocos han reconocido la importancia que tiene para la historia literaria peruana decimonónica. La aparición de El Comercio es un punto de quiebre con el orden creado por las viejas revistas de letrados y los periódicos doctrinarios: gran parte de su éxito y creciente lectoría se debió a la sistemática explotación de los recursos de los textos narrativos en su sección Folletín.

Entre 1839 y 1843 se publican 54 textos narrativos en forma de folletín en El Comercio. No se trata solo de la introducción masiva y reiterada de textos ficcionales, sino fundamentalmente de la primacía del placer sobre la educación, es decir, la inversión del paradigma neoclásico. Un asunto importante es la simultaneidad entre la circulación de estos productos en Europa y Lima.

A diferencia de los productos de la "alta literatura" que tardaban mucho en llegar, aquí se publica Los misterios de París de Eugéne Sue en 160 entregas entre agosto de 1843 y abril de 1844. Es decir, inmediatamente después que concluía su primera publicación en el Journal des Débats (1842-1843). Recuérdese que este producto cultural de masas fue uno de los primeros en tener carácter universal. Umberto Eco indica que antes de que concluyera la publicación de este folletín en París, empiezan a aparecer las traducciones italiana, inglesa, rusa, alemana y holandesa. Solo en Nueva York se venden más de 80,000 ejemplares en pocos meses.

Aunque es difícil de medir objetivamente, esta extraordinaria novela de folletín despertó e incrementó la afición por la lectura entre los diversos sectores sociales, transmitiendo una adecuada síntesis entre una cosmovisión patriarcal aristocrática, una sensibilidad romántica y un reformismo social. Los lectores peruanos quedaron profundamente conmovidos por la historia y simultáneamente entrenados para la decodificación de este novedoso género y su artillería retórica: este hecho consagró la forma de la novela de folletín como la representante fundacional de la novela en el campo cultural peruano.

La ciudad imaginada y la memoria histórica

Julián M. del Portillo es el primer escritor peruano que asigna el nombre de "novelas" a sus breves composiciones narrativas publicadas en forma de folletín en El Comercio. Lima de aquí a cien años (junio-agosto 1843) está estructurada como una narración epistolar entre el limeño Arthur y su amigo cuzqueño Carlos. Ambos han vivido una experiencia extraordinaria porque han sido arrebatados de este mundo por un "genio sublime y poderoso que por cien años ha paralizado nuestra existencia terrestre". Este texto fundacional de carácter futurista con elementos fantásticos, pone en tela de juicio el código realista como la matriz de la novela peruana. El texto revela los deseos de modernidad y los imaginarios comerciales de un sector de las elites letradas del periodo. La descripción del Cuzco está estructurada sobre la base de un discurso hiperbólico: "la biblioteca tiene doce millones de tomos; ciento ochenta teatros apenas dan abasto a la curiosidad pública. Tal es la armonía, y tal los acentos melodiosos de nuestra música, unida á la china, rusa y omaguacina, que todas las noches se mueren de placer mil y más personas"

La publicación entre el 13 de mayo y el 20 de mayo de 1844 de Gonzalo Pizarro de Manuel Ascensio Segura, como novela de folletín en El Comercio, es la fundación de la novela histórica en el Perú. La segmentación del texto obedece a las estrategias propias del género (mantener el suspenso prolongando el desenlace de los diversos conflictos en la otra entrega o mediante digresiones suspensivas). En esta novela, los diálogos están intercalados adecuadamente con las partes narrativas y descriptivas. La configuración de los personajes, aunque algo estática, adquiere densidad y movimiento por los sucesivos encuentros dramáticos entre los personajes.

La sexta parte se inicia con la descripción de la casa de Carbajal. Esta escena rompe el tono serio y dramático del relato, ya que se presenta una reunión alegre y despreocupada en la cual los soldados beben vino hasta emborracharse entre bravatas y juramentos. Además, se formalizan ciertos procesos de carnavalización: inversión de roles de poder y saber; por ello, Carbajal sostiene que "cualquiera de estos hombres que veis ahí algo achispados, después que ronquen un par de horas, pueden gobernar medio mundo mejor que Carlos V y toda su casta".

Esta es quizá la primera descripción vívida y colorida en nuestra tradición de lo que el narrador califica como "orgía". El realismo grotesco que construye las imágenes y las voces de esta representación, demuestra la vocación omnívora de la novela que no teme apoderarse de segmentos cotidianos de la realidad o contrarios a las normas morales hegemónicas.




Los orígenes de la novela en el Perú [II]
El miedo a la novela y las mujeres novelistas


En un poema anónimo publicado en 1827 en el Mercurio Peruano, revista letrada de los hombres defensores del orden y el autoritarismo, se condena a las novelas francesas con una pregunta retórica: "¿O tiene algo de bueno/tanta majadería/ con que el mundo corrompen/ franceses novelistas?". En un editorial de El Telégrafo de Lima, periódico liberal y defensor del libre comercio, del mismo año se advierte que la lectura de romances "divierte a un número muy corto de gentes, es perjudicial a muchos, e inútil para todos". Los enemigos ideológicos coinciden en su rechazo a la novela porque consideran que esta es fuente de corrupción moral ya que alucina a los lectores llevándolos a confundir la ficción con la realidad, y ofreciendo conductas sociales transgresoras de la moral hegemónica: el libre amor entre jóvenes y el rechazo al matrimonio por conveniencia, por ejemplo.

Para la elite cultural, la práctica literaria se consideraba parte de las pedagogías políticas y morales, y tenía como fin pragmático la construcción del ciudadano ideal (racional, libre y consciente). A ello se deben sus profundas reservas y manifiesta animadversión hacia un género que escapaba a esas pretensiones, y que buscaba principalmente entretener y ofrecer viajes imaginarios a heterogéneos sectores de la población. A esta posición debemos sumarle que para el orden literario de la época, la poesía era el género privilegiado, la culminación natural de las bellas artes, y la novela un género marginal asociado a la emergencia de la burguesía y a la democratización y secularización del arte.

En el Perú, la Revista de Lima sostenía en 1873 que la literatura europea que llegaba a nuestra sociedad no provenía de las "elevadas producciones de la alta literatura, sino de la fangosa corriente de novelas y comedias en donde nuestra juventud bebe, envenenándose". La oposición está planteada con claridad: la novela de folletín envenena el alma y el corazón de los nuevos habitantes de la ciudad, y la novela letrada que debe cultivarlos no llega o, peor aún, es casi inexistente en nuestra propia tradición.

Escritores románticos y novelas como medicina

Mientras las redes del imperio de la novela de folletín crecían y se fortalecían, un pequeño grupo de escritores peruanos optó por la novela regida por las altas convenciones literarias y en formato de libro.

Julia o escenas de la vida en Lima (1860), novela de Luis Benjamín Cisneros, constituye la primera enciclopedia de las sensibilidades en el campo literario romántico peruano; un manual de buenas virtudes que debe guiar a la sociedad y formaliza una tecnología de género que será la norma vigente en el imaginario del siglo XIX y parte del XX. Aunque es un alegato contra el lujo y la hipocresía de las normas sociales urbanas, su final feliz, su economía libidinal y su afirmación del paradigma mimético verosímil la han colocado como la novela modelo del romanticismo peruano.

En el prólogo, Cisneros expresa tres motivos por los cuales ha escrito dicha novela: "Por llenar un pensamiento moral (...) Por contribuir a que más tarde cualquiera otro, mejor dotado que yo por la Providencia, inicie en el país este género de literatura (...) Por manifestar que la vida actual de nuestra sociedad no carece absolutamente de poesía como lo pretenden algunos espíritus".

Es evidente su pugna contra el realismo que intentaba acentuar en sus mundos representados los aspectos negativos de la humanidad. El paradójico hecho de que la poesía de la sociedad deba ser refractada en un texto en prosa, nos remite a la incipiente conciencia de que la novela es el género adecuado para revelar los rasgos de la sociedad moderna. Cisneros expresa su objetivo de trasplantar el romance francés moderno a nuestra sociedad, despojándolo de sus formas de escándalo y prostitución. Es decir, intenta transformar la novela romántica europea en una novela distinta: el residuo neoclásico debe atemperar los impulsos románticos en la prosa narrativa.

Fernando Casós escribió dos novelas publicadas en 1874 en París. En la "Advertencia" de Los amigos de Elena afirma: "lo que hago es una revolución literaria en la novela o romance contemporáneo que necesita cierto coraje para poner con todos sus pelos y señales, sus defectos y virtudes, nuestros hombres, nuestros hechos, nuestras instituciones y nuestras cosas".

Este es un llamado a representar la realidad social y política peruana; su novela se instaura como un documento donde se denuncia la verdadera historia que los otros discursos no se atreven a representar. Casós comparte con la estética romántica esa ingenua confianza en el poder de la literatura como fuerza transformadora de la sociedad. La relación que se establece entre el escritor y la sociedad nos remite a la de médico-enfermo. La sociedad está enferma y el escritor diagnostica los males y propone soluciones.

Esta novela revela un deseo explícito de combinar historia y ficción en aras de restablecer la verdad histórica y los valores morales en la sociedad peruana. Es la primera novela de formación (bildungsroman) del Perú republicano. Incluye en sus estructuras textuales varias formas discursivas: cartas, poemas, coplas populares, cuadro de costumbres, reseña histórica, yaravíes, etcétera; los personajes, aunque acartonados e idealizados en extremo, proceden de diversos estamentos sociales. En sus estructuras asistimos al desarrollo de varios discursos: el entusiasmo por la modernización, la nostalgia por el apacible mundo provinciano, la condena a los vicios de la urbe moderna, la deshumanización de los subalternos y la filantropía por el otro.

Mujeres novelistas: el caso de Mercedes Cabello

Aunque es evidente que el patrón de la familia burguesa que recluía a la mujer al ámbito privado se fue asentando hacia mediados de siglo, creemos que con la hegemonía del Romanticismo y la expansión de la prensa popular, la mujer obtuvo directa o indirectamente diversos espacios de enunciación ya que no solo fue lectora, sino también productora de textos.

Una figura muy gráfica de estas intersecciones entre lo privado y lo público es el balcón limeño, presente en muchas novelas del periodo, espacio donde las mujeres todavía dentro de los límites de la casa ingresaban e interactuaban por medio de la vista y la palabra con el espacio público de la ciudad.

La activa participación de mujeres escritoras en la consolidación y desarrollo del género novelístico es un hecho indiscutible en nuestra tradición cultural. La novela romántica, realista e indigenista, y sus múltiples híbridos alcanzaron contornos definitivos gracias a Mercedes Cabello de Carbonera, Teresa González de Fanning, Lastenia Larriva de Llona, Clorinda Matto de Turner y María Nieves y Bustamente. Por su aguda reflexión sobre la novela, sus logros literarios, sus contradicciones ideológicas y su trágico final, la vida y obra de Mercedes Cabello (Moquegua, 1842) es emblemática de los límites y las posibilidades de la literatura escrita por mujeres en el Perú decimonónico.

José de la Riva- Agüero no duda en despojar a Cabello del mérito de ser la introductora del realismo en el Perú. Ventura García Calderón en un recuento de todas las novelas del siglo XIX, concluye que solo Mercedes Cabello demostró constante talento, pero califica dicho talento de "desigual, incorrecto y masculino". Por su parte, Mariátegui no dice nada sobre la obra de Cabello. Estas tres operaciones ideológicas: negación, distorsión y silencio constituyen estrategias recurrentes que han impedido el ingreso de Cabello en el canon literario nacional y una mayor difusión de su obra en nuestra comunidad de lectores.

La novela moderna. Estudio filosófico (1892), de Cabello, establece la pugna entre dos escuelas: el romanticismo y el naturalismo; manifiesta su elección por un punto medio entre ambos extremos y propone un futuro ecléctico para la novela moderna. Este texto puede ser leído como una apología del realismo ya que solo esta escuela representa la realidad de manera integral. Es notorio el influjo positivista en las ideas de Cabello, su fe en la perfectibilidad humana, el progreso de la sociedad y la búsqueda de la verdad. Defiende apasionadamente un arte comprometido que cumple funciones morales y sociales. Asistimos al nacimiento conceptual de la poética realista que regirá casi exclusivamente el posterior devenir narrativo de nuestra literatura.

En Blanca Sol (1889) y El Conspirador (1892), las dos novelas más logradas de Cabello, predominan códigos realistas, crítica social, personajes con mayor densidad psicológica, conflictos insolubles. En la segunda asistimos a un monólogo que nos va revelando los aspectos más sórdidos de la subjetividad y del campo político. El cuerpo individual enfermo y corrupto es una alegoría del cuerpo nacional, el fracaso del conspirador es el fracaso de un proyecto nacional que fue incapaz de incluir a todos los sujetos sociales y de confiar plenamente en el orden republicano.




Los orígenes de la novela en el Perú [III]
Los fantasmas y los umbrales


La modernización social insuficiente y la modernidad política frustrada constituyen los grandes legados decimonónicos al nuevo siglo. Una sociedad regida por el racismo y la exclusión, una incipiente política urbanística que pretende disciplinar y educar autoritariamente a los sectores populares en los valores republicanos modernos, ferrocarriles que no logran cohesionar transversalmente al país, fallidos intentos de una educación pública primaria generalizada.

El vasto y valioso periodismo peruano de la belle époque, es decir, aquel que se desarrolló durante la República Aristocrática (1895-1919) revela una consolidación de la cultura de lo escrito, un desarrollo de la comunicación visual (caricatura y fotografía empiezan a poblar las páginas de los diarios y revistas), una sensibilidad cosmopolita y una reflexividad crítica sobre la vida privada y el orden público de la sociedad. Así como el fonógrafo, el teléfono y el cine revelaban las nuevas tecnologías de comunicación, la prensa se renovó drásticamente en este periodo gracias a los cables de noticias que llegaban mediante el telégrafo y a la creciente inserción de fotografías. La Prensa, La Crónica y otros periódicos del periodo prosiguen con la publicación diaria de las novelas de folletín, mayoritariamente europeas, regidas por la truculencia y el melodrama, pero que ofrecían formas de comprensión y de gozo para los sectores populares. En contraposición, en muchas novelas del periodo escritas por la elite letrada aparecerán burlas despectivas al consumo popular de estas novelas que a veces incluían textos de la valía de Oliver Twist de Charles Dickens (La Prensa, 1904) o de Los hermanos Karamazov de Dostoievski (La Crónica, 1912).

Aves sin nido

La representación del indio y del espacio andino en la novela decimonónica tiene una larga tradición. Desde los acartonados personajes románticos impregnados de "orientalismo" de la argentina Juana Manuela Gorriti en La Quena (1851), o la visión modernizadora en clave cristiana del español Ladislao Graña en Sé bueno y serás feliz (1860). Sin embargo, solo después de la Guerra con Chile y de las violentas admoniciones de Prada, los escritores peruanos afrontaron cabalmente una representación no solo de la piel, sino de la carne y la sangre de indio en clave reivindicativa. El primer intento fue La trinidad del indio (1885) de José T. Itolarras, pero el más significativo es Aves sin nido (1889) de Clorinda Matto de Turner. Esta fue la primera novela peruana de éxito continental. Guía su esfuerzo, la decisión de erradicar las injusticias sufridas por los indios por los curas, gobernadores, caciques y alcaldes en los pueblos del interior, representados metonímicamente por Kíllac.

En el "Proemio", Matto expresa las posibilidades de intervención social: "La novela tiene que ser una fotografía que estereotipe los vicios y las virtudes de un pueblo" (9). La ruptura principal consiste en correlacionar por primera vez las operaciones de representación mimética y política no con toda la sociedad, sino con un grupo subalterno: los indios que conjugaban diversas exclusiones sociales, económicas, políticas y raciales. A pesar de sus rasgos románticos y sus deudas con las novelas de folletin, la crítica literaria y la historia la consideran como la fundación de la novela indigenista en el Perú.

"He observado durante quince años multitud de episodios que, a realizarse en Suiza, la Provenza o la Saboya, tendrían su cantor, su novelista o su historiador que los inmortalizase con la lira o la pluma; pero que, en lo apartado de mi patria, apenas alcanzan el descolorido lápiz de una hermana" (9). Este fragmento establece una correlación entre la marginalidad del mundo representado, de las formas empleadas y del sujeto que escribe sobre ese mundo. En oposición a la lira o la pluma (metáforas de la escritura hegemónica), el descolorido lápiz (metáfora de la escritura marginal); en oposición a novelistas, historiadores y cantores (sujetos masculinos especialistas), una hermana (sujeto femenino identificado con el mundo representado). Esta hermandad debe comprenderse como la unión de dos sujetos subalternos: indio y mujer.

A pesar de las buenas intenciones de la escritora, la solución ficcional de Aves sin nido tropieza con la trampa del mestizaje: los indios como colectividad no poseen agencia propia ni horizonte futuro, pero algunos de sus miembros amestizados pueden ser salvados e incorporados a la familia nacional criolla y urbana: la solución al problema del indio es dejar de ser indio.

Matalaché

Durante todo el XIX, las relaciones ficcionales, frustradas y desgarradas, entre amos y esclavas, y amas y esclavos se instauran como alegorías de la nación: la imposibilidad del amor entre estos dos sujetos revela el rechazo en el nivel imaginario de una nación que armonice todos los sectores sociales y todas las comunidades étnicas. Los proyectos nacionales no pudieron ni expulsar ni asimilar a la cultura afroperuana; tampoco dominarla completamente ni incorporar sus diferencias en un modelo social plural y heterogéneo. Sin los afrodescendientes, la nación imaginada no tendría bases sociales populares, con ellos la homogeneidad deseada se desvanece.

El personaje esclavo en las novelas decimonónicas no aparece como un sujeto, sino como un nexo, un intermediario que porta y transmite significados que pertenecen a la elite criolla limeña. Cuando son configurados como agentes que obtienen su objeto de deseo, convirtiéndose en protagonistas del recorrido narrativo, el desenlace narrativo los sanciona violentamente porque siempre desean lo prohibido.

Enrique López Albújar publica Matalache. Novela retaguardista en 1928. El mundo representado formaliza el sistema esclavista de la hacienda en Piura en vísperas de la Independencia y se cuenta la historia de un esclavo mulato que gana el amor de su ama. El héroe no es el sujeto subalterno pleno porque lleva en sus venas la sangre del colonizador blanco o criollo. Matalaché a pesar de sus sencillos y tradicionales recursos narrativos (narrador omnisciente que controla todo el material y guía la decodificación, lenguaje poco elaborado, contraposiciones figurativas) se ha convertido en una de las novelas más populares de nuestra tradición, quizá por los temores y las fantasías que despierta la escena capital. Cuando el esclavo se atreve "a posar sus quemantes labios más allá de los pies de la doncella, ésta estremecida y agónica, susurró (...) ¡cierra, José Manuel, la puerta!". La puerta se cierra y la escena se vuelve obscena (en el sentido de irrepresentable), el encuentro sexual se sugiere, pero no se describe. En consecuencia, el trágico final del personaje esclavo remite a una típica sanción simbólica de la trasgresión sexual del orden social (el jabón hirviendo "lava" la mancha del objeto sexual consumido ilegítimamente).

La novela modernista

Enrique A. Carrillo, "Cabotín", publica Cartas a una turista (1905), la primera novela modernista y una pequeña pieza maestra en el arte de novelar la frivolidad de las costumbres burguesas. Esta novela estructurada sobre la base de epístolas nos ofrece la visión y las redes sociales de una joven mujer extranjera que desea extraer "el sabroso substractum del gozo inmediato y presente". El balneario de Chorrillos recreado bajo el nombre de Trapisonda es el vaporoso escenario de un fallido romance entre la joven inglesa Gladys y el limeño Cardoso, a tropical man, la escena culminante es descrita por la protagonista así: "la mano atrevida se posó sobre la mía y la presionó suavemente".

Un lenguaje cuidado y elegante, ornamentado con giros en francés e inglés que apuesta por la sutileza y la sugerencia. A contracorriente de la poética realista, lo no-dicho adquiere centralidad. La visión oblicua y condescendiente del criollismo de aldea, la trayectoria moderna y pragmática de la protagonista, revelan la voluntad de formalizar por primera vez una sensibilidad cosmopolita en el seno de nuestra tradición narrativa. La evocación de la ciudad perdida "que sueña inclinada sobre su playa anchurosa, donde la espuma de plata dibuja incomprensibles signos" alcanza, paradójicamente, una perturbadora concreción material.

La novela vanguardista

La Casa de cartón (1928) descuella "como una zarza sobre un sembrío de coliflores" y constituye la plena superación del realismo mimético. El recorrido verbal de la novela de Martín Adán nos ofrece un sujeto fragmentado, una ciudad desrealizada, usos libérrimos del espacio y del tiempo, en síntesis, una experiencia inédita para los asombrados lectores de la época. La novela no pretende representar una realidad, sino crear una realidad verbal que funciona como un universo autosuficiente y que tiene como centro móvil y esquivo la ambigua relación entre dos adolescentes desarticulados por las palabras.

Por otra parte, la parodia y la burla cruel a los signos de la modernización de la nueva Lima ("los cinemas mugen en sus oscuros e inmundos pesebres", "los tranvías pasan su cargamento de sombreros") reflejan la aguda conciencia de quien vislumbra los peligros y el fracaso de los simulacros de modernidad vividos.




Los orígenes de la novela en el Perú [IV]
Naturaleza, diferencia y modernidad. Alegría, Arguedas y Vargas Llosa


La crisis política de 1930-1933 significó la derrota del Partido Socialista y del APRA, el final de la poesía vanguardista y la cancelación de la narrativa experimental. Los notables y ambiciosos proyectos culturales de la década del 20 quedan sepultados, los mejores artistas están en el exilio o sobreviven en circuitos marginales que ya no poseen la fuerza del diálogo vivo con la sociedad. El gobierno del general Oscar R. Benavides (1933-1939) luce casi como un páramo literario frente a la prodigiosa ebullición de la década anterior.

En el exilio y después de haber sido encarcelado y torturado por su filiación aprista, Ciro Alegría publica tres novelas capitales: La serpiente de oro (1935), Los perros hambrientos (1939) y El mundo es ancho y ajeno (1941). Estas no solo destacan por la descarnada belleza de sus títulos, sino que forman el conjunto más logrado de novelas del paradigma mimético verosímil en el registro de lo que se ha denominado "novela de la tierra".

Alegría representa la Naturaleza como una fuerza omnipotente que crea un tiempo circular y ritual. El río Marañón y la exuberancia de colores, texturas, sonidos de la selva alcanzan en su primera novela una densidad vital impresionante: "los árboles brillan como nuevos y el río -prieto de lodo, convulsionado de palizadas- es un brochazo torvo en medio de la alegre policromía de la naturaleza". El triste y gris paisaje serrano víctima de la sequía o la tierra alborozada que recibe la lluvia y la intensa comunión entre el hombre y los animales definen la política de las emociones de la segunda novela: "de cima a valles las quebradas descendían cantando, retoñaban los árboles y la yerba macollada ahogaba cada vez más con su verdor el alarido de los huesos y la memoria".

El mundo es ancho y ajeno es su novela más importante no solo por la complejidad de la estructura textual, sino por la notable capacidad de simbolizar en clave universal el conflicto local entre la comunidad andina y el terrateniente coludido con las autoridades estatales. Benito Castro, "el hombre que había traído los caminos del mundo enredados en las pupilas", es un personaje inolvidable: su gesta heroica y su trágico final formalizan los sueños de una generación andina que buscó la modernidad y la inclusión infructuosamente. Incluso quienes no han leído la novela, conocen la historia y ese hecho revela la difusión social de los relatos de despojo, resistencia y muerte que marcan el tiempo largo de la historia andina.

El proyecto novelístico de Alegría encuentra sus límites en la representación del lenguaje del subalterno. Sus diferentes soluciones (transcripción fonética del habla del otro, doble registro lingüístico entre el narrador y los personajes, incisión de palabras de las lenguas nativas o el habla local) nunca alcanzaron la plena cohesión estética.

Arguedas y el problema de la diferencia

José María Arguedas es el novelista más significativo del siglo XX peruano. Héroe cultural, significante nómada, huaca moderna, la figura de Arguedas ha sido iconizada, pero sus novelas son fascinantes máquinas de semiosis que no pierden la capacidad de fluir, interpelar nuestro presente y simbolizar el futuro. A diferencia de los novelistas inscritos en el horizonte moderno y que se vuelven cada día más arcaicos, la obra de Arguedas enfrenta y formaliza la médula de la heterogeneidad y la diferencia cultural: las fantasías de la nación, la dialéctica del centro/margen, el poder de las lenguas híbridas, las traducciones fallidas, el resto irreductible que no puede ser representado por el lenguaje. Los estudios y los lectores de Arguedas crecen en todo el mundo y sus textos lo han catapultado como emblema del escritor poscolonial de la región andina. Sin embargo, ni los estudios literarios ni las ciencias sociales de su época comprendieron a cabalidad el corazón incendiado de su obra, él murió convencido de que había vivido en vano.

En Yawar fiesta (1941) se representa la complejidad social y cultural del mundo andino que excede a la figura del indígena, la poiesis (en su doble dimensión de hacer y poesía), la voluntad de transformación de la Naturaleza e inscripción en la Historia revelan las nuevas coordenadas que alcanzarán sus cimas con Los ríos profundos (1958) y El zorro de arriba y el zorro de abajo (1971).

Arguedas es el Guaman Poma del siglo XX, un traductor político que termina recreando el español y el quechua, transformando el género novelístico, narrando mitos en escenarios modernos, construyendo sujetos andinos híbridos que desestabilizan la armonía del mestizaje. El indígena de Arguedas es un indígena ficcional y el mundo representado de sus novelas es también un mundo imaginado desde su competencia literaria, sus experiencias vitales y sus conocimientos antropológicos. Sin embargo, muchas de sus escenas ficcionales son parte de nuestra más entrañable realidad: los ríos que cantan ("el ruido de sus aguas se extiende como otro universo en el universo"), las piedras que hierven ("Era estático el muro, pero hervía por todas sus líneas y la superficie era cambiante, como la de los ríos en verano"), los danzantes de tijeras que en su agon y en su sacrificio ritual renuevan los vínculos sociales y regeneran el mundo.

Una de las líneas de su última novela no solo formaliza la épica de la modernización y la utopía multicultural en ese territorio de piedras, dinero y fuego que fue Chimbote en la década de los sesenta, sino que revela la estructura de los sentimientos de la migración (el fenómeno capital del siglo XX peruano). El sujeto migrante es competente en la oralidad y la escritura, sus deseos son tradicionales y modernos, su horizonte de sentido radica en el pasado y en el futuro, anhela lo que fue y lo que será, nunca lo que es.

La obra de Arguedas crea sus propios precursores y define un modelo de novela transcultural que todavía sigue ofreciendo frutos en los nuevos escenarios andinos o en la Lima andinizada que habitamos y nos habita.

Vargas Llosa y la utopía de la modernidad

Mario Vargas Llosa es el novelista más dotado del siglo XX peruano, autor de un puñado de textos excepcionales, la calidad de éstos y el éxito fulminante en el mercado editorial significó el ingreso de un peruano al cuarteto estelar del denominado "boom" hispanoamericano. Vargas Llosa encontró su principal masa lectora fuera del Perú y se vio obligado a seguirla, él es desde hace mucho un ciudadano del mundo y un intelectual de los tiempos modernos.

Su compromiso con las técnicas narrativas modernas de la novela (monólogo interior, diálogos telescópicos, pluralidad de focalizaciones y perspectivas, estructuras que rompen las unidades de tiempo y de espacio), y su afán totalizador teniendo como eje la ciudad lo convierten en el hito más influyente de la novela peruana posterior. La trayectoria de Vargas Llosa está jalonada por fascinaciones y desencantos, en sus primeros años rendido admirador de Sartre y de la literatura comprometida, posteriormente, la influencia de la poética de Flaubert y las pretensiones de abarcar todas las dimensiones de la realidad propia de las novelas de caballería serán determinantes en La ciudad y los perros (1962), La casa verde (1966), Conversación en La Catedral (1969) y La guerra del fin del mundo (1981). Paralelamente, desarrolla una variada gama de subgéneros con resultados desiguales: novela rosa, novela policial, novela erótica, entre otras.

Aunque no fue el primero ya que Carlos Eduardo Zavaleta en Los Ingar (1955) había incorporado también novedosas técnicas narrativas aprendidas de sus lecturas de Joyce y Faulkner, la aparición de La ciudad y los perros es considerada la partida de bautizo de la novela como universo esférico y tramado de formas impecablemente articuladas. Este nuevo modelo alcanzaría su máxima expresión con La casa verde cuyo diseño formal la convierte en la novela más compleja de la obra vargasllosiana. Conversación en La Catedral significa la confluencia de la creación de una realidad autónoma y la simbolización magistral desde el microcosmos de la charla entre Zavalita y Ambrosio de los actores sociales y los procesos históricos de la sociedad peruana.

El proyecto novelístico del laureado escritor es harto coherente y sin lugar a dudas una de las mayores aventuras estéticas de nuestra literatura, pero discurre exclusivamente por los cauces y problemas de la modernidad occidental, la verdad de sus mentiras se hace cada vez más desvaída porque pertenece a un mundo de oposiciones cartesianas, de sujetos libres y racionales en una sociedad con reglas abstractas y universales que busca la homogeneidad formal y ese proyecto moderno está perdiendo importancia en los tiempos contemporáneos. Por todo ello, Vargas Llosa es el mejor novelista del siglo XX, pero Arguedas sigue siendo el más significativo para nuestra cultura.




Los orígenes de la novela en el Perú [V]
Cinco jaulas en busca de un pájaro. Novela peruana contemporánea (1970-2000)


Aunque escrita en ladécada del cincuenta, El cuerpo de Giulia-no (1971) de Jorge Eduardo Eielson es la novela que articula los logros de la vanguardia narrativa con la problemática futura de la posmodernidad. Una novela menor que socava la autoridad de las novelas totales y el trajinado territorio de la mimesis realista. "Un día los limeños se despertarán llorando y toda la ciudad desaparecerá en un mar de fuego". Eielson es nuestro primer novelista posmoderno y "Primera muerte de María" (1981) un texto metanarrativo que nos presenta el strip-tease de Lady Ciclotrón como rito que suspende el tiempo y crea espacio para la realización de una historia en clave bíblica que recorre temas como el asedio del desierto, y el color violeta en una Lima ultrasensorial que se ha convertido en una urbe degradada por la modernidad.

La posmodernidad es el periodo de la disolución de las fronteras, la hibridación de formas discursivas, el reino del simulacro. Las novelas del peruano-mexicano Mario Bellatín se inscriben deliberadamente en los nudos y las aporías de esta nueva cartografía cultural. Sus novelas han creado un universo excéntrico donde la frase corta y el estilo austero conviven con plásticas imágenes nihilistas que recuperan la excepcionalidad de la condición humana.

Bellatín busca una nueva articulación de lo fragmentario: la descomposición de la estructura, la ausencia de linealidad y la lógica ineluctable de lo a-causal. Tanto "Salón de belleza" (1994) como "Poeta ciego" (1998) formalizan una acumulación de comportamientos sinuosos donde lo informe, lo deforme y lo marginal conviven transmitiendo sus sentidos viralmente.

El experimentalismo y el lujo verbal de Carlos Herrera en la polisémica "Blanco y Negro" (1995) se entroncan parcialmente con esta tradición. Por su parte, Iván Thays también ha intentado crear una modulación propia como lo demuestran las telas de araña simbólicas y las parodias vilamatasianas de "La disciplina de la vanidad" (2000).

Rutas del realismo sociomágico

"Canto de sirena" (1977) de Gregorio Martínez constituye una superación del legado formal e ideológico de la novela-testimonio latinoamericana. Un texto carnavalizado que exuda un erotismo del cuerpo y de la palabra alucinantes. Candico es un personaje rotundo, complejo que nos devuelve la memoria y la historia de una comunidad representada históricamente solo desde la mirada del sujeto esclavista. Por ello, la representación del habla y la cosmovisión del personaje afroperuano en esta novela constituye una aventura creadora que posee implicancias en nuestras políticas de identidad.

Manuel Scorza es autor de la pentalogía ‘La guerra silenciosa’ que se inciia con ‘Redoble por Rancas’ (1970) y concluye con ‘La tumba del relámpago’ (1978). A pesar de cierto maniqueísmo ideológico, la belleza dramática y lírica de la prosa, la extensión e intensidad de la representación y su afán de modelar el género en pos de la cronivela garantizan momentos inolvidables en este cóctel de realismo mágico e indigenismo. No debe ser casual que Garabombo se haya convertido en divinidad protectora y objeto de culto religioso en la cueva dónde según el novelista se había ocultado definitivamente.

‘Patíbulo para un caballo’ (1989) es un texto que mezcla códigos propios del realismo socialista y el realismo mágico. El hiperrealismo y el aliento pantagruélico de Cromwell Jara desembocan en estructuras fragmentadas, múltiples historias acumuladas y una gran diversidad semántica que trama un denso mapa de los límites humanos. El eje de la historia es una barriada cercada que nos remite a una de las grandes metáforas del siglo XX: el campo de concentración. Este mundo marginal ajeno y propio, ordinario y extraordinario es un vasto lienzo para personajes inolvidables como la niña desde cuya perspectiva se narra la historia y que se alimenta de páginas de libros: imágenes que proponen nuevas soluciones para el antiguo conflicto escritura/oralidad.

La novela total

‘La violencia del tiempo’ (1991) de Miguel Gutiérrez, ideólogo del fructífero grupo Narración, constituyó el retorno a la novela total. Texto inusual por su extensión, pretende formalizar diversos órdenes de realidad (histórica, mítica, fantástica, cotidiana) y también construir mediante alegorías las formas de las heridas coloniales y los resentimientos modernos de la sociedad nacional. El eje temático es la historia de un agravio familiar que tiene obvias resonancias coloniales: la violación fundacional de la mujer indígena por el conquistador español. El mundo representado está ambientado en las zonas rurales de Piura y Martín Villar es el héroe de este mural épico que inscribe el tiempo histórico en la piel de los personajes.

‘País de Jauja’ (1993) de Edgardo Rivera Martínez es una de las novelas más logradas de la década anterior. Una bildungsroman (novela de formación) en la que el adolescente Claudio fascinado por la Iliada y la música quechua, diseña su propio ser articulando lo andino y lo occidental. Claudio es una metonimia de la nación deseada por las elites del siglo XX y que vuelve a colocar la figura del Inca Garcilaso y su búsqueda de síntesis armoniosa en el centro del debate. El mestizaje cultural como camino hacia el país de cucaña.

‘Ximena de dos caminos’ (1994) de Laura Riesco no sólo ofrece una rigurosa indagación en el lenguaje, la memoria y la identidad desde la perspectiva del sujeto femenino, sino que logra – en clave de bildungsroman y desde los ojos de una niña – recorrer los pliegues conflictivos de la Historia en figuras narrativas magníficas.

El Post-Boom y la novela urbana

Los dos novelistas más representativos de la novela del post-boom en nuestra tradición son Alfredo Bryce Echenique y Oswaldo Reynoso. En sus primeras novelas, Bryce se convirtió en un fino maestro en las fórmulas del humor y en el cultivo de las diagonales ironías para representar no sólo el ocaso de la oligarquía sino también la sensibilidad y el ridículo propios del limeño. Por su parte, Reynoso colocó el olor de la calle, y el lenguaje de los marginales urbanos en el centro de su proyecto narrativo.

Una feliz conjunción de estas dos tradiciones, es la más lograda de las novelas JUM (Joven Urbana y Marginal): ‘Al final de la calle’ (1993) de Oscar Malca que con humor y desde espacios liminales establece un fecundo diálogo con los códigos de la cultura de masas.

El proyecto novelístico de Alonso Cueto se funda en la exploración de las memorias urbanas desde los espacios de la intimidad, empleando el estilete de la novela psicológica y estructuras de la novela negra. Fernando Ampuero y Jaime Bayly son nuestros mejores exponentes de una literatura de masas que juega con las reglas del mercado y las expectativas del gran público, a veces, logra productos interesantes: ‘Caramelo verde’ (1992) y ‘Los últimos días de La Prensa’ (1996), respectivamente.

Otra línea del post-boom es la exploración de la sexualidad. El sujeto homoerótico femenino irrumpe en nuestra tradición novelística con ‘Las dos caras del deseo’ (1994) de Carmen Ollé. El discurrir de la protagonista sugiere identidades móviles, la apertura hacia todas las formas y todos los deseos. El texto opta por ese vacío pleno de posibilidades donde el individuo femenino puede recrear constantemente sus relaciones de género y sus deseos sexuales.

Las novelas del conflicto armado interno

El acontecimiento político más significativo de la historia peruana del siglo XX es el conflicto armado interno que se desarrolló entre los años de 1980 y 2000 porque destruyó la artificial imagen de la nación peruana como una entidad criolla, urbana y occidental. Más de cuarenta novelas han intentado construir alegorías, símbolos y memorias en clave narrativa de esta guerra interna; sin embargo, son pocas las que han logrado un producto estético y político notables. ‘Adiós Ayacucho’ (1986) de Julio Ortega, ‘Candela quema luceros’ (1989) de Félix Huamán Cabrera y ‘Rosa Cuchillo’ (1996) de Oscar Colchado Lucio constituyen un trío que han convertido la tragedia de los cuerpos mutilados, las fosas comunes y los diversos lenguajes culturales del conflicto en buena literatura.

Las memorias políticas de estas novelas se convierten en políticas de la memoria porque ofrecen estrategias retóricas y bases simbólicas para procesar los traumáticos acontecimientos, superar el duelo y construir una narrativa cultural nacional que incluya plenamente a las comunidades subalternas.

CODA

Es harto difícil sistematizar la vasta y heterogénea producción novelística de tres décadas que se distinguen por la pluralidad de proyectos, estilos y poéticas. Quiero mencionar algunas de las ausencias notables: ‘Yo me perdono’ (1998) de Fietta Jarque, ‘El cazador ausente’ (1995) de Alfredo Pita, y ‘La vida a plazos de Jacobo Lerner’ de Isaac Goldemberg, ‘Enigma de los cuerpos’ de Peter Elmore, ‘Alrededor de Alicia’ de Enrique Planas e ‘Inka Trail’ de Oswaldo Chanove.