Conocía este libro por pura referencia bibliográfica, y aunque había leído una que otra 'anécdota' en distintos lugares, no había tenido oportunidad de leerlo completamente hasta el sábado último en que, en una de mis habituales visitas al jirón Amazonas, lo encontré sepultado bajo una montaña de libros que se remataban a 5 soles. Y apenas empezada su lectura, no he podido dejarla hasta concluirlo, sorprendido no tanto por su contenido sino por el libro en sí mismo. Pero dejando a un lado los sentimentalismos, el libro también sirve como fuente de información para saber cómo trabajaban nuestros arqueólogos hace 50 años, qué pensaban ellos y la sociedad sobre su trabajo y la importancia de éste. Es así que este anecdotario resulta, sin quererlo o pretenderlo, una historia de nuestros museos. No resulta, por ello, exagerado darle la importancia que se merece. Si bien no es una mina de información, no es menos cierto que resulta útil a la historia de nuestra arqueología. Como prueba de lo dicho, les dejo aquí dos de las anécdotas del libro y que ejemplifican muy bien lo dicho.
No porque sea un libro que se lea con la avidez de un clásico que se lee por primera vez o que por fin va a engrosar nuestras bibliotecas. Tampoco con el interés que despierta una biografía bien compuesta y que escapa a los convencionalismo de las mismas. Menos aún con el morbo que despiertan páginas escritas para, sin infidencias ni indiscreciones, contarnos, en letra menuda, la historia 'no oficial' de alguien famoso o reverenciado. En realidad este libro se lee con el humilde interés de quien sabe que está leyendo el testimonio sincero y emocionado del discípulo hacia su maestro. Porque el libro de Hernán Ponce Sánchez, "50 anécdotas del sabio Tello" (1956), es esencialmente eso. Un conmovedor homenaje de quien fuera su secretario de campaña e ilustrador en muchos de sus viajes durante más de diez años, tiempo en el cual fue reuniendo una a una las anécdotas a que se refiere el título y que en cada línea puede uno encontrar esa admiración que despertaba Tello, su vida y su obra.
>>> Seguir Leyendo... >>>
Con el Gobernador de Huantán
Tenía el arqueólogo veinte años de edad (1901) y cursaba a la sazón, segundo año de ciencias, cuando, lejos de disfrutar su vocación, por sugerencia y encargo de su maestro, el sabio Sebastián Barranca, organizó su primera salida científica. Había elegido la provincia de Yauyos para estudiar la lengua cauqui, la flora, la fauna y el folklore.
Como era un jovencito, no podía, pues, darse trazas para organizar su expedición con gente extraña ni mayor que él, quizás no hubiera podido influir ni mandar; eligió a dos coterráneos suyos que gustaban también d ese tipo de investigaciones: Julián Macavilca y Sixto Inga, (1) de manera que los tres huarochiranos hicieron su aparición por los dominios de los yauyos.
Ningún contratiempo se les interpuso hasta llegar al pueblo de Huantán. Y parecía que la presencia de ellos no llamaba la atención de nadie; sin embargo, el Gobernador de ese lugar no los vio con buenos ojos, porque, según pensaba, los tres muchachos no parecían llevar intenciones cristianas, pues, ¿qué significaba eso de vagar por su jurisdicción recogiendo hierbecitas, florecillas silvestres, preguntando sus nombres y cualidades que nadie ignoraba, averiguando cómo vivía allí la gente, etc.? En consecuencia, puso alerta a sus alguaciles.
Si el Gobernador había entrado en desconfianza, más aún podían sentirla sus alguaciles; por consiguiente, éstos, como quien no da importancia a los forasteros, fueron siguiéndole los pasos indagando también por todo lo que preguntaban. Terminaron por creer que no llevaban buenas intenciones.
Puesto al tanto el Gobernador de todos los movimientos, concluyó por convencerse que eran gente sospechosa, pues, ¿qué significaba eso de que anduvieran preguntando el nombre de las plantitas, de cómo marcaban sus animales, los de esa comarca, cómo se enterraban, qué ceremonias hacían en los matrimonios, cómo se llamaba aquel cerro, aquella garganta, etc.? Eso era entrometerse en la vida ajena, y dio orden de detención. Los llevaron a la cárcel.
Foete en mano fue el Gobernador para interrogarlos. Pero, documentos a la vista, recomendaciones donde se pedía a las autoridades toda clase de facilidades para los tres y, amén de eso, largas explicaciones donde Tello le manifestaba en el lenguaje más sencillo los objetivos que perseguían con todo aquello que los huantanenses creían patrañas. Aunque el Gobernador no alcanzaba a comprender qué tenía que ver con la ciencia el que ellos se casaran de una manera u otra, ni quien hablaba mejor el cauqui, terminó poniéndolos en libertad.
Cuestión de vida o muerte
El museo necesitaba más salas, aunque no fueran tantas como el sabio anhelaba, ni menos como los planos que acariciaba del edificio proyectado para el futuro.
Además, entre las trescientas y tantas momias de Paracas abarrotadas, había muchas cuyos grandes fardos hablaban de gran cantidad de mantos y por tanto, como las demás, se estaban malogrando con la humedad y precisaban ser desenfardeladas y estudiadas cuanto antes. Pero, esto requería un personal numeroso, ya que cada fardo podía arrojar de diez a quince mantos bordados, cuya mayoría habría de requerir años para su restauración; luego, gran cantidad de cajas para cada especie, vitrinas para la exhibición de las mejores, etc.
Hizo, pues, el sabio, su presupuesto para el año siguiente consignando un mínimun de veinte empleados más, pero, eso sí, escatimando aumentos al personal ya existente, inclusive a aquellos que el arqueólogo contaba entre los fundadores del Museo de Antropología. Por añadidura pedía aumento de partidas para exploraciones, publicaciones, batidas a los huaqueros, etc. Pedía, pues, un brusco y abrumador crecimiento presupuestal del museo; por consiguiente, era de esperar que le pusieran muchos reparos y se lo devolviesen bien cercenado.
Y fue algo peor que reparos, pues se lo rechazaron todo. No había dinero para museos.
- Bueno – dijo el sabio estallando en cólera -, ¿con que estos me niegan un centavo? Pues, ya verán el Ministro y todos ellos lo que yo hago. Porque no hay vuelta que darle; es cuestión de vida o muerte.
Empezó solicitando una audiencia al Presidente de la República, entonces don Manuel Prado.
Después de la entrevista nos informó.
- Muchachos, el domingo a las nueve de la mañana tendremos la visita del Presidente de la República. Quiere ver el estado en que se encuentra todo esto. Vayan quitando el polvo a las momias para que así se sienta mejor el olorcito de las momias y el daño que está ocasionando la humedad. Primero nos iremos a Pachacámac – prosiguió -; quiero mostrarles las maravillas que hemos descubierto y el daño que ha acarreado ese camino carretero que esos zamarros me han hecho allí, porque el día que yo me muera, no me extrañará que volvieran a habilitarla y los miles de curiosos que avancen hasta arriba en automóvil me destruirán todo y dentro de algunos años quedará muy poco. (2) Además, necesito poner un guardían permanente para evitar el paso de los vehículos.
Tal cual el Presidente dijo, a las nueve de la mañana se encaminaba a Pachacámac acompañado del sabio. Desde luego, que otro Presidente ni se habría tomado la molestia de pensar en el museo, y menos en ir a Pachacámac, por lo mismo que implica caminar hundiéndose entre la tierra y la arena. La vista, empero, fue tan detenida y larga que llegaron al museo cerca de las doce del día y el Presidente estuvo observando allí, minuciosamente también, hasta después de la una de la tarde.
Días después el arqueólogo estaba de plácemes, porque el Presidente, evaluando la importancia de los trabajos en el museo, había indicado se aceptase el presupuesto tal cual Tello había solicitado.
(1) Apuntes Biográficos, Mejía Xesspe.
(2) Se está cumpliendo este anuncio. Para decir poco: la parte que se limpió en el templo del Sol con motivo del Congreso de Americanistas en 1938, ha sufrido tanto que hay partes que ya han desaparecido totalmente. En tanto que quedándose los vehículos en la entrada, de los millares de visitantes que mensualmente destruyen esas ruinas, llegarían a la cima solamente los más interesados, y llegarán sin deseos de encaramarse por todas partes ni poner inscripciones en todos los muros.
Secciones
- Al margen (193)
- Archivo de la Palabra (2)
- Archivo Periodístico (7)
- Arqueología (68)
- Biblioteca Digital (20)
- Biblioteca Hispanoamericana (2)
- Biblioteca Peruana (5)
- Bicentenario (19)
- Blogósfera (98)
- Cine con Historia (20)
- Clásicos Modernos (1)
- Colegio de Historiadores (18)
- Convocatorias (14)
- Crónica (35)
- Cátedra Porras (11)
- Debate (32)
- Desmitificando la Historia (3)
- Diario de la ciudad (2)
- Diccionario del Siglo XX (4)
- Documentos (54)
- Efemérides (33)
- El Papelón de la Semana (12)
- El Taller de Clío (10)
- Encuestas (1)
- Fin de semana (10)
- Firmas (7)
- Galaxia Internet (54)
- Hemeroteca (95)
- Historia del Derecho (27)
- Historia del Periodismo (4)
- Historia del Presente (44)
- Historia Divulgativa (4)
- Historia Política (7)
- Historia Virtual (2)
- Humor Histórico (11)
- In Brief (2)
- La Cita (14)
- La Encuesta del Mes (5)
- La Historia en la noticia (9)
- La Memoria en la vitrina (38)
- La telaraña de Clío (55)
- La Tijera (295)
- La Tribu de Clío (158)
- La Web de la Semana (7)
- Lecturas (22)
- Libros (193)
- Línea del Tiempo (2)
- Memoria del Horror (2)
- Memoria Histórica (6)
- Ministerio de Cultura (3)
- Museo de la Memoria (63)
- Nota de Prensa (313)
- Noticias del Exterior (230)
- Novela Histórica (4)
- Patrimonio Histórico (84)
- Perfiles del Siglo XX (3)
- Perfiles Peruanos (9)
- Periodismo y Periodistas (47)
- Perú-Chile (6)
- Política Internacional (62)
- Política Nacional (122)
- Rescates (14)
- Reseñas (40)
- Textos Escolares (12)
- Todo Fujimori (6)
- Una imagen Una historia (30)
- Videos (113)
- Viejos papeles Nuevas historias (52)
- Ya va siendo hora (3)







































Estimado Reportero de la Historia, coincido plenamente con sus planteamientos sobre el libro de Hernan Ponce. Se trata de un conjunto de historias simples y mundanas sobre Julio C. Tello y sus expediciones, relatos que no estan -ni tienen que estar- registrados en la historia "oficial" pues revelan facetas humanas -poco conocidas- de las expediciones, pero que revelan, como usted muy bien observa, el sincero homenaje de Hernan Ponce a su Maestro y Jefe, tras aproximadamente 10 anos de su fallecimiento.
Igualmente, es un texto de bastante utilidad para la historia de nuestra arqueologia y nuestros museos, pues nos muestra "desde dentro" lo que Julio C Tello y su equipo pensaban de su labor, lo que la sociedad peruana pensaba sobre ello y la importancia que le atribuia.
Guardando las distancias entre los contextos en los que Hernan Ponce escribia y los actuales, quiza podriamos decir que en gran medida la "Historia se repite". Han transcurrido mas de 8 decadas, los problemas fundamentales son los mismos: el problema de los huaqueros y el trafico de artefactos, la falta de presupuesto, el poco interes real de las autoridades por el tema (independientemente de la usual retorica grandiloquente). En un tono positivo, se mantiene tambien el interes de la poblacion por saber y comprender mas sobre su pasado y por conocer los origenes de su nacionalidad, de su identidad.
En lo personal, soy sobrino de Hernan Ponce, quien fallecio en 1958, poco despues de la publicacion de las "50 Anecdotas". Una gran perdida pues pese a su relativa corta edad dejo bastante obra: pinturas, biografias de personajes ilustres peruanos, una gran cantidad de articulos publicados en varios diarios limenos, un establecimiento de articulos de arte y cultura denominado "Noa Noa" y fue tambien fundador de una asociacion de pintores denominada "Guaman Poma de Ayala".
El Centro Cultural de San Marcos, en la Casona san marquina, viene albergando una exposicion temporal "Pinceladas de un pasado vigente: Las acuarelas del Archivo Tello", que recoje un pequeno grupo de trabajos de Hernan Ponce y otros de los expedicinarios. Pese a que no es una voluminosa exposicion puede transpotar al asistente al periodo en que se forjo la arqueologia peruana. Es imbolico y muy representativo de ello.
Atentos saludos,
Jesus Ponce Bravo
jrponcebravo@hotmail.com
PD. Disculpe la falta de tildes pero mi teclado no esta en idioma espanol.