La noticia, que ha dado la vuelta al mundo, además de pintoresca no deja de ser sintomática de lo que en sí misma representa: una asociación, que se declara heredera de los caballeros templarios, han demandado al Papa Benedicto XVI exigiéndole la rehabilitación de la orden disuelta en 1307. Ahora, 700 años después, una asociación que se reclama su heredera, exige que Benedicto XVI los rehabilite y restituya los bienes incautados. ¿El monto? pues nada menos que la friolera de 100,000 millones de euros. Tal como se lee. Y no han encontrado mejor manera de hacer valer su reclamo que a través de la vía judicial. Afortunadamente, tal despropósito no fue admitido en primera instancia, pero ya se encuentra pendiente un recurso de apelación interpuesto ante la Audiencia Provincial de Madrid y cuyo veredicto debe conocerse el 1 de octubre.
Como se recuerda, el Papa Clemente V, presionado por el entonces rey de Francia Felipe IV, decidió disolver y perseguir a los miembros de la Orden de los Caballeros Templarios que se habían convertido en una poderosa organización, construyendo un entramado financiero que constituía una amenaza para muchos. Y como si esto fuera poco, también llegaron a constituir la mayor y mejor organización militar de su época. Al momento de su disolución en 1307, los templarios contaban con más de 15.000 miembros en toda Europa, poseían propiedades en España, Francia, Inglaterra, Portugal, Alemania, Italia, Bélgica, Luxemburgo y Polonia. Su abrupta y violenta disolución, ocurrida un viernes 13 (dando origen a la creencia popular de esta malhadada fecha), ha sido el punto de partida de las más diversas e increíbles historias y leyendas sobre los 'monjes soldados' que en un principio defendían a los peregrinos que viajaban hasta Tierra Santa y que luego terminaron como poderosos banqueros y prestamistas, además de un eficientísimo cuerpo de elite militar.
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Lo cierto es que al margen de lo anecdótico, la noticia en cuestión debe ser tomada en serio. La noticia, no la demanda. Ya que ésta no tardará en ser utilizada para denostar cualquier forma de reparación o rehabilitación histórica. La inutilidad de ella, lo extemporáneo de su reclamo o la simple futilidad de sus argumentos constituyen un arma de doble filo que muchos interesados en desconocer o restar validez a las reparaciones históricas, sabrán utilizar oportuna y cínicamente. Una verdadera lástima.



















































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