Siempre he sospechado, cuando no descreído, de esa clase de libros que tratan sobre libros; es decir, de aquellos que resumen en unas cuantas líneas o párrafos cientos de páginas, ahorrándole a las personas (robándoles, sería mejor decir) el placer de tener que leerlas. De ellos han aparecido varios en los últimos años. Baste mencionar, por ejemplo, el libro de Christiane Zschirnt y que casualmente se tituló "Libros. Todo lo que hay que leer", una auténtica y generosa guía de lectura que muchos despistados confundieron como el vademécum ideal sobre lecturas obligadas que los eximía de la obligación a que su lectura precisamente invitaba; o el que publicó hace muchos años Charles Van Doren, el personaje en el que se basó la película Quiz Show y que luego de caer en desgracia se volcó a escribir artículos de enciclopedia y un libro, "Breve historia del saber", que su enorme y ociosa cultura se lo permitió. Una auténtica 'pastilla de sabiduría', como lo llamaría el que tal vez haya sido el peor alcalde que ha tenido Lima y que seguramente disfrutaria un libro como ése. Hasta el extraordinario Woody Allen ha dicho, a su manera, lo suyo al respecto. En una escena de Match Point, y que es un guiño del director, el personaje principal deja de leer Crimen y Castigo para leer otro libro, "Cómo leer a Dostoievski". En una escena posterior escuchamos esto de otro de los personajes: "Me parece un buen chico. El otro día tuve con él una charla interesante sobre Dostoievski". Esto es en esencia el destino de estos libros: facilitarle a muchos la idea de cultura, proporcionarles pastillas de sabiduría que desean, que anhelan pero están renuentes a adquirir con años de trabajo o lectura. Total, para muchos se trata sólo de impresionar a alguien o de tener o sostener un tema de conversacíón llegada la ocasión. Pero, ¿qué significado o lugar tienen, entonces, libros como los que hoy nos ocupan?
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Esta colección de libros argentinos que acaba de llegar a librerías limeñas, "Claves para todos", y que según su director busca proporcionar al público "todo aquello que un ciudadano informado debería saber para estar en mejores condiciones de deliberar, de debatir y de decidir sus preferencias políticas", se haya a medio camino entre el libro de divulgación y el texto introductorio. Cada uno de ellos no necesita más de 100 páginas para despachar cualquiera de los temas que aborda, que van desde la deuda externa hasta el huracán Katrina o Al Qaeda, hasta temas de política y cultura argentina, en su gran mayoría, con lo que su lectura no deja de ser, en ocasiones, un tanto ajena. Con todo, hay que reconocer que son libros que se leen con facilidad (que no es lo mismo que decir que son libres fáciles), escritos con la eficacia que se espera de quienes son especialistas en la materia de quien firma cada uno de ellos. La bibliografía que se presenta está bastante actualizada y, lo mejor de todo, exhiben ese aire de inconformidad y rebeldía que los hacen novedosos.
Nada más hay que tener presente, como se ha dicho, que la lectura de estos libros no nos exime de leer los grandes libros y autores que se citan o señalan y, sobre todo, que apenas estas casi centenar de páginas en formato menor son sólo una introducción de lecturas mayores y abundantes. Obligatorias.
¿Cultura en migajas o pastillas de sabiduría?
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