"EL país de las antinomias", de Pablo Mendelevich (*)

Por Astrid Pikielny

Las hay viejas y nuevas; de duración, color e intensidad variable. Las hay abiertas y solapadas; inofensivas y peligrosas. En el menú a la carta, cada quien encontrará alguna que le resulte funcional, legítima o necesaria. El discurso políticamente correcto aborrecerá las antinomias pero pocos escaparán de ellas; e inclusive no dudarán en fogonearlas provocando encerronas de alto octanaje y consecuencias ingobernables: "Se está a favor o se está en contra", "O estás conmigo o estás con ellos".

Con rasgos similares a una situación bélica, la lógica antinómica clausurará toda posibilidad de ubicarse en una tercera posición, ajena a bandos y trincheras. En este sentido, bien podría invertirse la frase de Carl von Clausewitz y afirmar, sin temor a exagerar, que "la política es la continuación de la guerra por otros medios". Con ingredientes diversos, la forma confrontativa de pensar y actuar la política atravesó distintos estadios de la historia argentina. Y la sociedad no permaneció ajena: avaló una visión guerrera de la política; participó con unos y con otros; y participó con unos frente a otros.

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Así lo advierte Pablo Mendelevich en El país de las antinomias. La confrontación como forma de gobierno. El periodista recorre dos siglos de historia argentina en los que abundan los ejemplos binarios (unitarios y federales; civilización y barbarie; conservadores y radicales; peronistas y antiperonistas; civiles y militares; azules y colorados; campo e industria), algunos de ellos recuperados, formateados y resignificados, según la conveniencia, ideología y oportunidad del usuario en cuestión. Con una mirada en el pasado y agudas observaciones sobre el presente –en las que no escasean las marcas de ironía–, Mendelevich realiza una genealogía de la polaridad y devela el alto nivel de sectarismo y facciosidad de nuestra vida pública y política, hoy repuesta y potenciada por el reciente conflicto entre el gobierno y lo que genéricamente se denomina "el campo". "Cacerolas, racismo solapado, piquetes y contrapiquetes, plazas y contraplazas, actos y contraactos, crispación y discurso unilateral, un poco de diálogo, ruptura y otra vez a las dos trincheras", afirma Mendelevich y se interroga si en materia política el país avanza o retrocede. Sin bayonetas, proscripciones ni masacres administradas, la visión amigo-enemigo y el riesgo de una fractura social volvió a encontrar un terreno fértil en una Argentina que aspira a la modernidad y camina hacia el Bicentenario. Es que convocar a los fantasmas, se sabe, no es un juego de niños.

En el ensayo de Mendelevich se advierte claramente que las antinomias no son un souvenir del pasado, ni un objeto coleccionable para historiadores profesionales. Por el contrario, están siempre a la orden del día y al alcance de la mano.


* Publicado en Revista ADN, el 18/10/2008.

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