Derecho y masonería en la independencia de Hispanoamérica (*)

Por Francisco José Del Solar

Tanto sobre el derecho como sobre la masonería se ha escrito mucho. Sin embargo, hay pocos trabajos que hayan pretendido buscar un cordón umbilical entre ambos y, más aún, específicamente, en el período de la independencia de Hispanoamérica, esto es, desde México hasta Argentina. Tema, de por sí, demasiado ambicioso para un artículo periodístico. De ahí que esta primera entrega tratará los aspectos jurídicos y masónicos desde un punto de vista general. Una segunda hará un estudio, análisis e interpretación comparativa entre cuatro naciones de especial relevancia en la independencia: Argentina, Gran Colombia (Colombia, Venezuela y Ecuador), México y Perú (por orden alfabético).

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Debemos comenzar por señalar que, por un lado, el orden jurídico elaborado en esta época por los libertadores o cónclaves de gobierno (juntas, triunviratos o asambleas) toma el nombre de “derecho de transición”, “mestizaje jurídico” o “inicio del derecho nacional”, en cada una de las historias del derecho de los países respectivos. Las dos primeras denominaciones corresponden a los maestros de historia del derecho peruano René Ortiz Caballero (Lima, n. 1958) y Jorge Basadre Grohmann (Tacna 1903-Lima 1980), respectivamente (Ver Jurídica N° 156, del 24-7-2007). Y, por otro lado, que a los efectos de este trabajo, solo nos ocuparemos del derecho positivo elaborado o producido por los gobiernos en los que participaron reputados o supuestos masones, habida cuenta que no existen registros y documentos oficiales fehacientes de la masonería y sus miembros en el período trabajado (1805-1825). Sin embargo, hemos tenido en cuenta y valorado la mayor cantidad y mejores indicios razonables para elaborar nuestras afirmaciones. Esto incluye el trabajo heurístico de las fuentes, considerando la abundante bibliografía historiográfica en general, mas no tanto la jurídica como la masónica, que resultaron escasa la primera y casi inexistente la segunda, a excepción de algunos documentos privados familiares que, muy generosamente, nos lo han mostrado en Argentina, Perú y Venezuela.

ANTECEDENTES

Por un lado, en cuanto al derecho respecta, debemos coincidir, de manera general, que en la Hispanoamérica de entonces tenía vigencia, en primer orden, el derecho indiano y, en lo particular, el derecho indiano nacional correspondiente a los espacios históricos estudiados, analizados y comparados, vale decir, Argentina, Gran Colombia –máxime lo que hoy es Venezuela–, México y Perú; y, supletoriamente, el derecho castellano. Derecho que, en forma integral, siguió aplicándose no solo durante los procesos revolucionarios independentistas, sino también, inclusive, muy avanzadas las etapas republicanas de los pueblos mencionados, hasta la creación de los propios derechos nacionales o la recepción de legislación extranjera para promulgar los códigos sustantivos y adjetivos en materias civil, penal o comercial. Esto fue, más o menos, hasta mediados del siglo XIX.

Por otro lado, en cuanto a la masonería concierne, debemos advertir al lector, en primer lugar, que no existen fuentes documentales para que el historiador las haga hablar, las interprete y pueda elaborar una historia basada en hechos que sean posibles de verificar de manera fehaciente, habida cuenta las características de ella como institución secreta, cerrada y clandestina, y también por el peligro y riesgo que corrían los masones al ser descubiertos o denunciados como tales. Estos fueron presa inmediata del Tribunal de la Santa Inquisición, institución que a pesar de haber sido abolida por la Constitución de las Cortes de Cádiz, de 1812 (Constitución Gaditana), tuvo vigencia hasta 1820. Ello porque, en 1814, el rey Fernando VII anuló esta ley fundamental española de corte liberal y restableció su despótica monarquía hasta 1820. Esto es, reimplantó el predominio político de las órdenes religiosas, la inquisición, la persecución a los masones y la escuela tauromaquia.

En ese año, los jóvenes militares de formación liberal y masónica pugnaron por restituir dicha Constitución. En efecto, el 1-1-1820, el general Rafael del Riego y Núnez (1784-1823), hermano masón y liberal, se sublevó contra este rey absolutista, quien se vio obligado a confirmar la restitución de la Constitución Gaditana, el 10-3-1820. En segundo lugar, a pesar de estas limitaciones para reconstruir la historia de la masonería, en general, y de la masonería hispanoamericana, en particular, como así también la de cada país, en especial, hay consenso para señalar que, de manera integral, la masonería en Hispanoamérica tiene su origen primigenio a partir de la segunda mitad del siglo XVIII.

En este contexto, surgen algunos hombres paradigmáticos en la historia de Hispanoamérica que contribuyeron al afianzamiento de la masonería en cada uno de sus países con proyección continental y, en algunos casos concretos, hasta universal. Solo por mencionar a los tres más importantes hermanos masones de la época, españoles americanos o criollos, el abogado peruano Pablo Antonio Joseph de Olavide y Jáuregui (Lima 1725- Baeza, Jaén, España 1803. Ver Jurídica N° 100, del 27-6-2006), el general venezolano Francisco de Miranda y Rodríguez (Caracas 1750-La Carraca, Cádiz, España 1816) y el abogado argentino Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano (1770-1820).

SUSTENTO FILOSÓFICO Y JURÍDICO

Si bien es cierto que la masonería moderna, conocida como especulativa y simbólica, apareció a fines del siglo XVII e inicios del siglo XVIII, no es menos cierto que su origen es muy antiguo y también incierto. Para unos, se dio en la época del tercer rey de Israel, Salomón (990-930 a.C.), monarca sabio que dispuso la construcción del Templo de Jerusalén, donde se dio origen a la masonería con el arquitecto y maestro tirio Hiram-Abi. Para otros, en 926, en Inglaterra, como producto de la asamblea de los obreros constructores de catedrales y grandes edificios, celebrada en York, bajo la presidencia del príncipe Edwing, hijo menor del rey Athelstan. Origen del antiguo rito York (color azul).

Sea uno u otro el origen, en verdad, esta fue la antigua masonería que, palabras más palabras menos, cayó en desgracia y se debilitó grandemente. En Inglaterra, quedó sumida en cuatro logias que funcionaban en igual cantidad de tabernas diferentes –la de San Pablo que se reunía en la Taberna del Ganso; la de la Taberna de la Corona; la de la Taberna del Manzano y la de la Taberna del Romano–.De ahí que los hermanos masones de entonces decidieron, por un lado, la integración de la orden en una sola: la Gran Logia de Londres y Westminster, el 24-6-1717 (Día de San Juan Bautista), eligiendo como “Gran Maestre” a Antonio Sayer y quedando ella como la “logia madre” de todas las demás en el presente y en el futuro. Y, por otro lado, la dación, tanto de su estatuto como reglamento. Documento fundamental en el derecho masónico que fue aprobado en 1723, y tomó el nombre de “Constituciones de Anderson”, en homenaje a su autor (James Anderson, Edimburgo, Escocia 1662-1739. Pastor presbiteriano. Su obra: La Constitución, la historia, las leyes, los deberes, las órdenes, los reglamentos y los usos de la correcta y venerable cofradía de masones aceptados, recopilados de entre sus registros generales y sus fieles tradiciones de muchas épocas).

A partir de entonces, fue posible fundar o levantar columnas de nuevas grandes logias de la “Francmasonería” (masonería especulativa) y se dejó atrás a la masonería operativa, la antigua, encargada de construir catedrales y grandes obras (albañiles, operarios). En otras palabras, obras materiales y no espirituales. Tenemos así a las de: Bélgica (1721: La Perfecta Unión, que luego pasó a ser gran logia provincial), Irlanda (1725), España (1726 y 1730) y Francia (1726, 1730 y 1743). También las grandes logias provinciales de Massachussets (1730-1733) y Pensilvania–Filadelfia (1731). Asimismo, la Gran Logia de Escocia (1736), de Portugal (1736), de Alemania (1738, fundada por el mismo Federico de Prusia), de Italia (1756), entre otras.

Empero, en 1751, en la misma Inglaterra, se creó una nueva Gran Logia de Antiguos, Libres y Aceptados Masones, originando una innecesaria división masónica que corroía las entrañas y naturaleza de la propia esencia de la masonería. De ahí que en 1813, ambas grandes logias decidieron integrarse bajo el nombre de Gran Logia Unida de Inglaterra, en la que los masones libres, antiguos y aceptados trabajarían en la Logia Reconciliación.

Esta masonería se desarrolló y consolidó inmediatamente, dado que tenía como características –y aún las tiene– la prevalencia de principios fundamentales para el género humano, al margen de la política y el credo religioso. En otras palabras, anteponer ante todo la libertad, la igualdad y la fraternidad entre los hombres, así como integrar a los dioses de las diferentes religiones en la abstracción universal del Gran Arquitecto del Universo (G:.A:.D:.U:.). En suma, la masonería se sustentó en el derecho natural (iusnaturalis) racionalista imperante en las comunidades intelectual, jurídica y política creyente de entonces. En este orden de ideas, rechazó el ateísmo.

En otras palabras, la masonería de aquella época se puso a tono con los adelantos del quehacer científico-filosófico que fue revolucionado con los logros de Nicolás Copérnico, Galileo Galilei e Isaac Newton, y con el inicio febril del “racionalismo jurídico”. Entre otros mentores, de este último, estuvieron los iusfilósofos holandeses Hugo Grocio (1583-1645) y Baruch Spinoza (1632-1677), los juristas alemanes Samuel von Pufendorf (1632-1694) y Cristian Tomasius (conocido también como Thomasio o Tomasino, 1655-1728), y el prusiano Christian Wolff (1679-1754).

En este contexto, los masones se dedicaron a investigar, estudiar y reflexionar sobre las enseñanzas de los filósofos griegos Sócrates (470-399 a. C), Platón (428-347 a. C.) y Aristóteles (384-322 a. C.) y, así también, del filósofo chipriota Zenón de Citio (336-264 a. C.), las cuales fueron muy valiosas tanto en la filosofía como en la moral y el derecho. Este último, con ese inmenso bagaje de sabiduría, se preocupó por establecer la “Escuela estoica”, cuya filosofía, dentro del primigenio derecho natural de Heráclito, consideró que todos los hombres eran iguales, con pleno derecho a su libertad y a su dignidad humanas. Filosofía que se convirtió en la razón de ser y comportamiento de los masones, con la seguridad de que “la verdad es una sola y que triunfa sobre todas las cosas”, lo cual ya había sido afirmado por san Agustín de Hipona (354-430).

Empero, debe quedar muy claro que la masonería rechazó el materialismo, las corrientes o políticas inhumanas, el ateísmo y los dogmatismos sectarios. Tuvo como base a la moral, al honor y a la dignidad del ser humano, que mediante las actitudes de escuchar, reflexionar y dialogar, se tenía que ser amante de la libertad, de la tolerancia y acérrimo enemigo del sectarismo. Ello, sin duda, fue el caldo de cultivo para el librepensamiento y el lugar preferido para los intelectuales humanistas, conocidos como enciclopedistas. Entre ellos, Montesquieu (Charles-Louis de Secondat, barón de la Brede y de... 1689-1755), Voltaire (Francois-Marie Arouet 1694-1778), Jean-Jaques Rousseau (1712-1778), Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811), etc.

Era, pues, sin duda alguna, la cima que hizo posible el nacimiento de los derechos humanos (primera generación). Palabras más palabras menos, fue producto de la independencia de las 13 colonias británicas de América del Norte, en 1776, para poner la piedra angular del actual Estados Unidos de América, y de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, en el marco de la Revolución Francesa, en 1789, que privilegió las libertades individuales del ser humano y los derechos políticos del ex súbdito para ocupar y desempeñar como señor su nuevo estatus de ciudadano.

En consecuencia, la ideología del enciclopedismo alimentó las ideas revolucionarias en Hispanoamérica y las logias se convirtieron en los templos ideales para, por un lado, concertar los proyectos (logias especulativas), y, de otro lado, para realizarlos en el más estricto secreto (logias operativas), asegurando así el éxito y la confianza y seguridad de los hermanos masones comprometidos. Dicho sea de paso, no podemos dejar de reconocer que fue la época de las logias, las mismas que se multiplicaron, y que las hubo, en verdad, tanto, realmente, masónicas como no, propiamente, masónicas. Sin embargo, estas últimas copiaron o asimilaron las características de las primeras, ora porque sus integrantes eran hermanos masones, ora porque las cualidades o exigencias masónicas aseguraban, en el peor de los casos, el secreto de lo planeado o de lo ejecutado, al tener como sustento el juramento y la prohibición de dejar documentos o notas escritas sobre el particular.

El que la masonería haya sido partícipe en estas revoluciones (estadounidense, francesa e hispanoamericana) no la descalifica como institución apolítica y no religiosa, tal como reza y exige su naturaleza constitucional. Sobre el particular, creemos que si ella tomó parte en estas acciones fue en defensa de la libertad y dignidad del hombre, de la independencia de los pueblos o soberanía popular y de la legitimidad del poder, al margen de los partidos políticos o de las religiones dominantes en cada espacio y tiempo históricos correspondientes. Y lo hizo, porque la masonería interpretó y comprendió que estos derechos o principios son universales, erga omnes y, consecuentemente, no deberían tener partido político, ni raza, ni, mucho menos, religión, porque hay un solo Dios en el Universo (G:.A:.D:.U:.).

LOGIAS, MASONES Y DERECHO EN HISPANOAMÉRICA

Por un lado, debemos dejar señalado que las primeras logias en Hispanoamérica fueron informales, vale decir, que no tuvieron “Carta Patente”, es decir, carta constitutiva expedida por una “Gran Logia”, y que es el documento que autoriza su creación y funcionamiento de acuerdo con las “Constituciones de Anderson”. Así también, que estas logias datan de 1750, en adelante. Fueron promovidas por agentes ingleses, franceses y españoles. Los primeros, máxime, del rito York (color azul), mientras que los demás, del rito Escocés (color rojo). Estas logias fueron eminentemente especulativas y contribuyeron a sustentar las bases ideológicas de la emancipación como periodo previo a la independencia, que fue producto, principalmente, de las logias operativas, algunas masónicas y otras no masónicas, dentro del esquema anteriormente expuesto.

De otro lado, asimismo, debemos precisar que debido al éxito alcanzado y al secretismo desarrollado, la masonería y los masones fueron excomulgados por varios papas. El primero fue Clemente XII, que con su bula In Eminente, de 24-04-1738, prohibió todo tipo reuniones secretas (Liberi Muratori) condenándolas por ser perniciosas tanto para la seguridad de los Estados como para la salvación de las almas. El segundo fue Benedicto XIV, quien con su bula Apostolici Providae, de 18-05-1751, ratificó la excomunión para los masones, etc. El tercero fue Pío VII, en 1821, con su Ecclesiam a Jesu Christo. El cuarto fue León XII, en 1825, que con su Quo graviora, confirmó las bulas anteriores, etc.

El rey de España, Fernando VI, siguiendo el dictado del papa Benedicto XIV, sin empacho alguno, promulgó la Real Cedula, fechada en Aranjuez, el 2-07-1751, proscribiendo a la orden masónica y a sus integrantes. Con ello, las logias y las demás instituciones secretas y sus miembros, no sólo quedaban fuera de la ley, sino, que serían perseguidos, encarcelados y ajusticiados por el Tribunal de la Santa Inquisición, acusados de herejía, apostasía, brujería, etc., de acuerdo con el Derecho Canónico.

Esa rigidez política contra la masonería en España cambió a climas de flexibilidad y cierta tolerancia, más aún cuando muchos nobles ilustrados se iniciaron en la orden y habían logrado separar a la masonería española del rito inglés. Uno de ellos fue el Conde de Aranda (Pedro Pablo Abarca de Bolea, décimo conde... 1719-1798), hermano masón desde muy joven, iniciado en la Logia La Matritense, pero que, en 1760, constituyó la Gran Logia Española, saliendo elegido su primer “Gran Maestre” y, luego, la convirtió en “Gran Oriente”, dependiendo de Francia (1769). En ella, participaron el primer Conde Campomanes (Pedro Rodríguez de Campomanes, 1723-1802), De Jovellanos, los criollos o españoles americanos De Olavide y Jáuregui, De Miranda y Rodríguez, Belgrano y José Javier Leandro Baquíjano y Carrillo de Córdoba (Lima 1751-Sevilla, España 1817. Ver Jurídica N° 124, de 12-12-2006), entre otros.

La Gran Logia Española asumió el rito Escocés que, no obstante su nombre, no se originó en Escocia, sino en Francia, en 1754. Se creó en búsqueda de perfección, con más grados de los establecidos en el antiguo rito inglés York.

LAS LOGIAS DE CÁDIZ Y DE LONDRES

En 1807, el militar venezolano Francisco de Miranda y Rodríguez fue iniciado hermano masón en la Logia América Unión de Filadelfia, de rito Escocés, apadrinado por el general francés Marqués de La Fayette (Marie-Joseph-Paul-Yves-Roch-Gilbert Motier, marqués de... 1757-1834), con quien compartió la lucha de la independencia de Estados Unidos de América. Recordemos que Francia y España apoyaron a las colonias en su guerra contra la metrópoli inglesa.

La visión universal y continental de ver la realidad, le llevó a De Miranda a fundar las logias Reunión Americana y Caballeros Racionales, tanto en Madrid como en Cádiz. Al invadir Napoleón Bonaparte la península Ibérica, en 1808, y tomar cautivos a la realeza borbónica, Cádiz quedó como último reducto español donde el pueblo representó a la Corona. En efecto, el 19-03-1808, Carlos IV abdicó a favor de su hijo Fernando VII, y éste, pocos días después, fue forzado a entregar la corona a José Bonaparte, hermano del emperador francés. La familia real fue llevada prisionera a Valencay (Francia). No saldría de ahí hasta el 11-12-1813, fecha del tratado del mismo nombre que puso fin a la guerra de independencia de España frente a Francia.

Empero, regresemos a 1808. Inglaterra - enemiga de Napoleón – abrió sus puertas a Cádiz y al restablecimiento comercial y cultural con esta ciudad española y sus habitantes. La oportunidad fue propicia para De Miranda, quien se trasladó a Londres. Ahí tomó contacto con sus compatriotas y hermanos masones, entre otros, Simón José Antonio de la Santísima Trinidad de Bolívar y Palacios (Caracas 1783-Qta. San Pedro Alejandrino 1830), Andrés Bello (Caracas 1781- Santiago de Chile 1865) y Simón Rodríguez, quien fue maestro del Libertador. En este contexto, De Miranda promueve la creación de nuevas logias en Londres, con el apoyo de los americanos con los cuales había levantado columnas de varias logias en España.

Por ahora regresemos a la Península. El militar argentino José Francisco de San Martín y Matorras (Yapeyú, Misiones, Argentina 1778-Boulogne-sur-Mer, Francia 1850), peleaba en el ejército español contra los franceses bajo las órdenes del criollo Marqués del Socorro y hermano masón (Francisco María Solano Ortiz de Rosas). Éste inició a De San Martín como masón en la Logia Integridad, la cual se reunía en su casa y de la que era “Gran Maestre”. La invasión napoleónica arrinconó a las fuerzas españolas en Cádiz, y, consecuentemente, José Francisco fue destinado a esa plaza. Ahí, contactó con sus compatriotas, quienes venían trabajando en la Logia Caballeros Racionales N* 3, (Para algunos masónica, para otros no, quienes afirman que sólo era patriótica).

Lo cierto es que el militar argentino fue formalmente “afiliado” o “regularizado” en 1810, ya que anteriormente había sido iniciado hermano masón. El “venerable maestro” era su paisano, el joven y acaudalado Carlos María Antonio del Santo Ángel Guardián de Alvear Balbastro (1789-1852), con quien, el nuevo o ratificado hermano masón, trabó al inicio una profunda y sincera amistad y hermandad, sentimientos que duraron hasta 1813. Ellos acabaron por los celos y las envidias agigantadas en el corazón del joven masón, que antepuso los intereses personales a los de la patria y así también su odio al amor fraternal de la hermandad. Dicho sea de paso, el comportamiento masónico del general De San Martín siempre fue “en esencia”, esto es, de verdad, ejemplar.

Poco tiempo después, De San Martín fue elevado al tercer grado (aumento de salario), asumiendo su nivel de maestro masón (1811). Engañando a las autoridades gaditanas pidió licencia en el ejército y viajó a Inglaterra. Ahí contactó con De Alvear, quien venía trabajando en la filial de la “Logia de Cádiz” (Caballeros Racionales), en Londres. Empero, a la par, también lo hacía en la Logia Lautaro (operativa) y junto con otros compatriotas en la Logia Flor de los Americanos. En esta última, a De San Martín se “le aumentó el salario” a quinto grado, bajo la severa mirada de los bustos de los filósofos griegos y de los romanos iusnaturalistas, en las que sobresalían Cicerón, Séneca y Marco Aurelio, a la par se juraba bajo la consigna de “Unión, Firmeza y Valor”. (1)

Fue entonces, cuando De Alvear le ofreció su apoyo económico y social a José Francisco, para regresar a Buenos Aires, e iniciar juntos tanto la labor masónica como la lucha por la autonomía argentina, de la metrópoli española. Ambos pensaban en una posible monarquía constitucional tipo inglés para el virreinato del Río de La Plata. El veterano militar de Yapeyú ya no tenía ningún pariente ni conocía a nadie en su tierra natal. El apoyo de Carlos María Antonio le resultaba oportuno y generoso para comenzar su nueva vida y carrera militar en América. Por ello aceptó. Ambos se embarcaron en la fragata británica George Canning, en enero de 1812.

Mientras tanto, el venezolano De Miranda había concertado con el joven De Bolívar, regresar a la Capitanía General de Venezuela, para ponerse al frente del movimiento independentista caraqueño. Fue así como este precursor decretó la independencia de Venezuela, el 5-7-1811. La Logia Lautaro había sido fundada, en Londres, por De Miranda, José Gurruchaga, Francisco Isnardi (italiano nacionalizado venezolano amigo íntimo del general De Miranda) y el militar chileno Bernardo de O’ Higgins (hijo del XXXVI virrey del Perú, Ambrosio O’ Higgins, marqués de Osorno). Fue éste, quien le dio la idea al prócer venezolano del nombre de esta logia, al narrarle con pasión, la histórica defensa del líder indio mapuche Lautaro, quien se opuso con coraje y tenacidad a la conquista y dominación españolas. Es oportuno señalar, sea dicho de paso, que De San Martín no conoció a De Bolívar, en los trabajos de la Lautaro, en Londres.

Esta logia dio sus primeros frutos con los éxitos revolucionarios obtenidos en Venezuela por De Miranda. Ello fue un aliciente para que se renovara e incrementara su membresía con nuevos jóvenes revolucionarios ávidos de llevar la libertad e independencia a sus pueblos. Ahí estaban, el mexicano José María Caro, los chilenos De O’ Higgins y José Miguel Carrera, los argentinos De San Martín, De Alvear, el tío de éste, Gervasio Antonio de Posadas y Dávila (1757-1833) – por ser primo de su madre -, Bernardo Monteagudo Cáceres (Tucumán 1790-Lima 1825), entre otros. Trabajaban indistintamente en las casas de los próceres tanto del venezolano Andrés Bello como del argentino Luis López Méndez. Ahí se delineó el proyecto de restablecer el “Imperio Incaico” ideado por De Miranda, recogido de los documentos que dejó el prócer peruano y ex jesuita, Juan Pablo Viscardo y Guzmán (Pampacolca, Arequipa 1748-Londres 1798), expulsado del virreinato del Perú, por orden del rey Carlos III, en 1767, y quien tomó el seudónimo de “Abate Rosi” para pasar de incógnito y burlar la persecución española.
(2).


NOTAS:

[1] FERNANDEZ DÍAZ, Jorge. La Logia de Cádiz. 3a. Edic. Buenos Aires. Planeta. 2008.

[2] GRISANTI, Ángel. La personalidad de Juan Pablo Viscardo y Guzmán. Arequipa, Perú, 1948.

* Publicado en Jurídica, Suplemento del diario El Peruano, N° 238, el 17 de febrero de 2009.

2 comentarios:

  1. soy Elvis Cotrado:
    Respecto al interesante artículo sobre Derecho y masonería en el proceso emancipador de hispanoamérica, me gustaría afirmar que, a pesar de parecerle a mi persona y a otros curiosos el tema muy importante, a otras personas les parece un disparate. Mis compañeros de clases en la universidad creen que son locuras. Felicito al autor por el plausible análisis de su trabajo.

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  2. HISTORIA SINGULAR: RECONOCIMIENTO AL MÉRITO: EL CAPITÁN RUFINO SOLANO, SINGULAR PERSONAJE HISTÓRICO DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES Y DE ARGENTINA.-

    Hace casi un siglo, a la edad de 76 años, dejaba de existir el capitán azuleño don Rufino Solano. Este muy particular militar, recordado como “El diplomático de las pampas”, desplegó inigualables acciones en favor de la paz, la libertad y la vida en la denominada “frontera del desierto”. Como resultado de estas acciones Rufino Solano, mediante su trato proverbial con el aborigen, consiguió redimir PERSONALMENTE a centenares de mujeres, niños y otros prisioneros, de ambos bandos, impulsado siempre por un notable y especial sentimiento hacia el género, encarnado en la lacerada figura de la cautiva.
    Asimismo, se destacan entre sus acciones, el haber evitado sangrientos enfrentamientos mediante sus prodigiosos oficios de mediador y pacificador, pactando con los máximos caciques indígenas (Calfucurá, Namuncurá, Pinsén, Catriel, Coliqueo, Sayhueque, entre muchos más), numerosos acuerdos de paz y de canjes de prisioneros. Realizando esta arriesgada tarea en beneficio de la población de Azul y de numerosas localidades de la Provincia de Buenos Aires e incluso de otras provincias aledañas. Entre otras significativas intervenciones del capitán Rufino Solano, se encuentra la de haber formado parte de los cimientes que dieron origen a las actuales ciudades de Olavarría y San Carlos de Bolívar, entre otras más.-
    En el plano religioso, cumplió destacado protagonismo sirviendo de enlace en la acción evangelizadora hacia el aborigen llevada a cabo por la Iglesia de aquella época. En cumplimiento de esta última actividad, se lo vio prestando estrecha y activa colaboración al Padre Jorge María Salvaire, fundador de la Gran Basílica de Luján denominado “El misionero del desierto y de la Virgen del Luján” (participó en la célebre expedición a los toldos del cacique Namuncurá) y actuando de ineludible interlocutor entre los jerarcas aborígenes y el Arzobispado de la ciudad de Buenos Aires, en la persona del Arzobispo Dr. León Federico Aneiros, llamado “El Padre de los Indios”.
    Esta encomiable labor del capitán Rufino Solano fue desarrollada durante sus más de veinte años de carrera militar y continuó ejerciéndola después de su retiro hasta su muerte, ocurrida en 1913. Actualmente obra en la Legislatura de la Pcia. de Buenos Aires, un proyecto de ley para declararlo Ciudadano Ilustre de dicha provincia.-
    http://elcapitanrufinosolano.blogspot.com

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