Rusia protege (mal) su historia

La caída de los regímenes comunistas trajo como consecuencia una serie de cambios que aún hoy estamos conociendo en su real dimensión. Uno de esos cambios, de especial importancia para los historiadores, fue la apertura y el acceso a una documentación hasta entonces inaccesible para los investigadores. A este suceso se debe la renovación de la historia militar de los últimos años y el surgimiento de clásicos modernos de la historiografía como lo son las obras de Laurence Rees, Rick Atkinson o Anthony Beevor, que ofrecen una historia de la Segunda Guerra Mundial completamente nueva e inédita en algunos casos.

Uno de esos libros capitales para entender la conflagración mundial más importante del siglo XX y la derrota del fascismo europeo es Berlín. La caída, 1945, de Anthony Beevor. Un libro excepcional que fue saludado en su momento por unos y denostado duramente por otros. Es decir, por los rusos. Tal vez a libros como estos se deba la noticia que leo hoy más que con interés, con preocupación. Porque parece ser que hay una especie de 'epidemia porcina mundial' que contagia y expande el revisionismo histórico.

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El libro, que cuenta las atrocidades del Ejército Rojo contra la población alemana en su marcha hacia Berlín, fue acusado de "calumnia contra los hombres que liberaron al mundo del nazismo", entre otras cosas. Desdibujó, para siempre, la imagen de un Ejército Rojo liberador, triunfante y abnegado. Su mérito fue ofrecernos una visión completa de cómo y en que circunstancias se realizó la marcha sobre la capital alemana. Cómo las atrocidades que se cometían incluían a los propios soldados rusos, utilizados como simple carne de cañón por unos generales temerosos de Stalin que reclamaba avanzar a cualquier costo, incluso humano. Berlín cambió la manera de ver y entender la caída del Tercer Reich que hasta entonces teníamos.

Y la cambió tanto que ahora Rusia exige que se respete la historia, su historia, es decir que nos atengamos a la "historia oficial" de la derrota del nazismo. Marcial, edulcorada, patriótica. Todas las historias oficiales son así. Pero lo más alamante de la noticia es que el Kremlin planea, dentro de la decisión de proteger la historia oficial, "nuevas leyes que equiparán las interpretaciones no oficiales de la historia del país, ya sea de rusos o extranjeros, con una apología del nazismo". Más aún, "Las leyes podrían significar que personas que se desvían de la historia oficial podrían ser multados o hasta detenidos hasta por cinco años".

Tal parece ser que para algunos la historia no sólo se ha detenido y no avanza, sino que incluso retrocede. Falta solamente que reinstalen el Tribunal de la Inquisición. Eso pasa cuando la tan mentada 'historia oficial' se convierte en verdad de estado. Estemos atentos.

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