Por Antonio Zapata
En la historia republicana, el hecho más parecido a la matanza de los policías en Bagua es la masacre del cuartel O Donovan, durante la revolución aprista de 1932. En ninguna otra ocasión, las fuerzas del orden han perdido tantas vidas juntas; además, en ambos casos, los asesinados estaban rendidos. Ni siquiera en época de Sendero Luminoso se registra una operación en la que hayan perecido tantos uniformados a la vez. Por su parte, el ejército encargado de reponer el orden fue enviado por Sánchez Cerro con instrucciones estrictas de no parlamentar. Los esfuerzos de los revolucionarios apristas por dialogar no fueron escuchados. La ciudad fue cercada a sangre y fuego.
En el caso de Trujillo, la revolución aprista había capturado el cuartel y la ciudad. A continuación, la dirigencia revolucionaria asumió el control y encerró a los oficiales derrotados en la cárcel de Trujillo. Prefecto de la revolución fue nombrado el mismo hermano de Víctor Raúl Haya de la Torre, Agustín, conocido como Cucho. En el asalto al cuartel fue ultimado el jefe militar de la revolución, el búfalo Manuel Barreto, quien fue de filiación anarquista en su juventud y había abrazado el aprismo con singular devoción.
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En esas circunstancias, el núcleo dirigente optó por retirarse de Trujillo. Fueron en busca de salvar la lucha expandiendo la revolución a otras provincias. Se dirigieron a Cajamarca y estuvieron detrás de una intentona en Huaraz. Pero perdieron y tuvieron que huir individualmente. Así, Cucho Haya salvó la vida escondido en una hacienda hasta la amnistía de 1933.
Mientras tanto, al día siguiente que la ciudad quedó sin autoridades, se perpetró una horrible matanza en la cárcel de Trujillo. Fueron fusilados 26 integrantes del ejército y la policía, incluyendo al jefe del cuartel y al comisario. Se dispararon 400 tiros y los cuerpos quedaron muy desfigurados. Circularon versiones, que se probaron falsas, de torturas y de ensañamiento con los cadáveres.
Por su parte, la noche anterior, la aviación había bombardeado Trujillo. El cerco militar se estrechaba, mientras que los rebeldes carecían de esperanzas y de líderes. Nunca se supo realmente quién los mató. El gobierno acusó al APRA, pero parece evidente que no fue una decisión política de ese partido. La versión aprista sostiene que se trató de una venganza personal perpetrada por ex convictos que habían sido recientemente liberados de prisión.
En lo referente a los policías de la Estación 6 de Bagua, estaban cercados por los aguarunas y habían entregado sus armas. Es más, habían sido relevados por otro contingente policial mientras permanecían como virtuales rehenes. Eran parte de un complejo proceso de negociación y de múltiples pactos de no agresión con los nativos.
Pero, un día el Consejo de Ministros se exasperó ante una negociación que no concluía. La dirigencia nativa era terca y tenía voluntad de pulsear. Entonces, el Ministerio del Interior decidió despejar una carretera tomada por los nativos y montó un operativo que olvidó a los policías presos en la Estación 6.
El resto es una historia trágica y conocida. Al enterarse los aguarunas de que fuerzas policiales estaban despejando la carretera a sangre y fuego, y que sus hermanos estaban cayendo, asesinaron cruelmente a los policías que tenían bajo su control.
Ahí terminan las semejanzas y se halla multitud de diferencias. La más saltante es el cambio de posición relativa del PAP. Ayer fueron los rebeldes acusados de haber asesinado uniformados; ahora son el gobierno al que servían los policías víctimas. Ayer fueron acusados de intentar asaltar el Estado; hoy son sus representantes y sostienen hallarse ante una conspiración extranjera.
No debería llamarnos la atención este giro. El APRA tiene una larga historia y ha pasado por diversas situaciones. Como Haya de la Torre fundamentó el relativismo del espacio tiempo histórico, condujo a su partido de modo pragmático, desarrollando líneas distintas, adecuadas a cada ocasión.
Ese espíritu ha continuado presente bajo el liderazgo de García y ha conducido a esta aparente paradoja. Pero, es una situación simple que corresponde a quien vive mucho y muta con regularidad. Como consecuencia, se coloca en posiciones opuestas, que solo parecen difíciles de entender a quienes prefieren seguir una línea recta.
* Publicado en La República, el 1 de julio de 2009.












































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