“La gente no quiere enfrentar lo bueno, malo y feo de Velasco” (*)

Con sus "Cuentos feos de la reforma agraria" (publicación del IEP), Enrique Mayer nos acerca, a través de testimonios personales, a esa revolución necesaria pero pésimamente resuelta. Mayer, en contra de lo que solemos hacer los peruanos, no quiere olvidar, quiere recordar y entender.

Por José Gabriel Chueca


He tenido varias oportunidades para escribir este libro, pero siempre quedaba trunco porque me parecía que el proceso no había terminado. Recién Fujimori puso fin a la reforma agraria. Comencé durante el primer gobierno de Alan García, pero fue después que pensé en recoger testimonios. Yo digo abiertamente que aún no se ha escrito la historia de la reforma agraria –mi libro es una contribución a esto– porque la gente no quiere enfrentar lo bueno, malo y feo del gobierno de Velasco”, resume Enrique Mayer.

¿Por qué tituló su libro Cuentos feos de la reforma agraria?

Me costó lograr que la gente me contara las cosas que buscaba: esas memorias íntimas, personales, cargadas de cólera, ira, de risitas irónicas o venenosas. Y entendí que todo esto tenía inmenso valor porque todos los demás escritos sobre la reforma agraria han sido hechos con frías estadísticas y procesos de clase social, de porcentajes y hectáreas, con lenguaje marxista, no marxista, economisista o neoliberal. Las revoluciones a uno le afectan personalmente. Esto tiene que ver con la vida de mis padres y la mía. A mi abuelo le expropiaron todo en Alemania, mi padre tuvo que salir volando por ser judío.

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¿Qué quiere retratar en su libro?

Los tumbos de la vida. Yo no creo que uno pueda hacer teoría sobre los tumbos de la vida, pero los peruanos hemos vivido muchos. La gente cae y sube y sale. Y eso siempre me ha interesado. Tenemos aquí un terremoto: una reforma agraria que a uno lo hace rey y al otro, mendigo.

Ha recogido testimonios sobre hacendados desgraciados, de hacendados para los que Velasco era un desgraciado y de quienes dicen que los hacendados no eran tan malos al final.

Ahí entra otra cosa. Mi disciplina, la antropología, ha pasado por el posmodernismo. Antes, nosotros éramos los antropólogos (pone cara de afectada seriedad) que recogíamos los datos. Ahora estamos al mismo nivel que las personas que queremos retratar, es un diálogo.

Curioso que la portada sea de Jesús Ruiz Durand, artista gráfico que hizo los afiches de la reforma agraria.

Sí. Yo se lo pedí. Es mi amigo. Es un afiche de esos, pero modificado. Es simbólico. Es un libro cargado de memorias.

También recoge testimonios de aquellos a los que les dieron la tierra y constata cómo el proyecto no funcionó.

Por eso son cuentos feos. La reforma agraria pasó y, para muchos, es tristeza. Para muchos no es un completo fracaso: la gente obtuvo la tierra y educó a sus hijos, pero no llegó a lo que se imaginó. Pienso que los peruanos vivimos una época de mucha corrupción en las cooperativas (instituidas después de la expropiación de tierras): “Yo me preocupó por mi interés y que el resto se joda”. Pero palabras como cooperativa y socialismo eran sobre luchar juntos y todo eso. Eso es una vergüenza. Se les dio, se les hizo, hubo problemas externos también, pero ellos, como se dice, la 'regaron’.

Usted menciona dos posturas que se mueven respecto al tema: gracias a la reforma, Sendero no ganó. La otra es que la reforma generó a Sendero.

Ese es el tema académico a discutir. Hay que saber más sobre Sendero, hay que investigar fríamente esto. Así como todavía no se habla sobre la reforma agraria, tampoco hay un discurso libre sobre Sendero. Creo que, de aquí a 10 años, los senderistas hablarán también. Yo no pienso que uno cause lo otro, pero es doloroso que la reforma agraria se haya hecho para evitar una revolución social y, después, haya venido una revolución social sin cauce ni proceso. Sí creo que la reforma hizo crecer a la izquierda, pero no toda la izquierda es Sendero –digamos, la Primera Guerra Mundial no causó a Hitler, pero tuvo que ver–. Lo que me interesa es que el lector reflexione no solo sobre la reforma agraria sino sobre la debacle posterior.

Hace notar usted que Velasco no hizo masacres, que los hacendados no financiaron a grupos paramilitares, que en las tomas de tierras no hubo asesinatos sistemáticos. ¿El Perú era pacífico hasta que llegó Sendero?

Eso es muy importante. Fue un movimiento social pacífico. No se mató a nadie deliberadamente. No fue como lo de Bagua. ¿Por qué la violencia llegó después? No puedo responderlo, pero debemos hacernos la pregunta: ¿cuándo nació la violencia en el Perú y por qué? Y culpar a solo tres senderistas de eso es absurdo.


* Publicado en Perú 21, el 30 de julio de 2009.

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