Tras dos años de audiencias y sentencias en su contra, la figura jurídica de la "conclusión anticipada" a la que se ha acogido Alberto Fujimori aceptando todos los cargos de la acusación fiscal retrata un Fujimori no muy distinto al que ya conocíamos todos. Además de revelar las cotas de cinismo y empacho de que son capaces él, su abogado y sus seguidores cuando se trata de justificar lo injustificable, sin duda muestran un Fujimori muy cercano al auténtico. Desde entonces, la pretensión y estrategia de convertir en mártires y perseguidos políticos a Fujimori, sus ministros, militares y congresistas de la década pasada ha estado a la orden del día. Hasta ayer, que siempre se supo que llegaría, en el que se mostrarían las intimidades de su verdadero régimen y cómo este operaba con artes de mafia organizada. Todo lo logrado hasta hoy les ha servido únicamente para poder decir, despúes de no conseguir una sola absolución, que la "persecución política" es la máxima que sigue el tribunal que lo juzga y por eso para que un juicio más. Solo que este es el juicio más importante, el que ellos, el fujimorismo, no Fujimori, no podían darse el lujo de soportar.
Porque el Fujimori de ayer diciendo mansamente "Estoy conforme", dista mucho de aquel otro exclamando para las cámaras de televsión del mundo "¡Soy inocente!", con lo cual probaba y prueba que los primeros interesados en politizar su proceso judicial desde el primer día de juicio era el fujimorismo en pleno, con él a la cabeza, y no quienes lograron sentarlo en el banquillo de los acusados. Este es el auténtico Fujimori, más enmpeñado en la eficacia de la triquiñuela política que en demostrar su inocencia y que se haga justicia.
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Por más que se esfuercen sus seguidores y su abogado en afirmar insistentemente que la aceptación de culpa de Fujimori se debe a que no se puede confiar en un juicio imparcial al ex mandatario, en realidad lo que se ha buscado y conseguido es evitarle a Keiko la verguenza de exhibir las entrañas purulentas del régimen de su papi, los auténticas engranajes que lo movían y que ella ahora pretende engrasar.
Por otro lado, no es de extrañar que hayan salido al frente a denostar al tribunal justificando la decisión de Fujimori. El desprecio, por ejemplo, que siente el congresista Raffo por nuestro sistema de justicia es el mismo que sintió y ejerció su jefe, y por el cual lo convirtió en el remedo de administración de justicia que fue durante sus años de gobierno. Solo basta leer el Twitter de Raffo para tener una idea bastante exacta del pensamiento fujimorista de lo que debe ser un sistema judicial: sometido y al gusto del poder de turno.
... Pero no habrá juicio
Posteado por
JMM
martes, septiembre 29, 2009
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Lo mejor hubiera sido seguir el proceso, parta así, conocer (refrescar la memoria de los peruanos)las redes de la corrupción que funcionaron en el época del fujimorato. Que no se jacte el fiscal, de que las pruebas son contundentes, claro está, que Fujumori esta cuidando la imagen de su hija.
Yony W. Amanqui Tacar
miércoles, septiembre 30, 2009