A escuchar "Letras en el tiempo"

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Le he pedido encarecidamente a Rodrigo, mi hijo de doce años, que lea este blog, Letras en el Tiempo, de la periodista Patricia del Río, dedicado a la literatura universal, porque ahora que por fin he logrado que se aleje un rato de su play station y de la raqueta de tenis para leer un poco, ahora que por fin le ha cogido el gusto por la lectura (¡Alabado sea Dios!), me pregunta una y otra vez: ¿y ahora qué leo, papá? Y es que hay tantos libros, autores, temas y más libros, autores y temas, que no sé por dónde decirle que empiece. Así que, sabiamente, le he dejado esa tarea a la colega de RPP que ha sabido convertir ese espacio radial en una auténtica guía para profesores, y un deleite para quienes, como Rodrigo, descubren un poco tarde la literatura.

Letras en el Tiempo se transmite los sábados a las 11:30 a.m. y en su blog podemos encontrar el archivo de los programas emitidos, precedidos cada uno de ellos por un texto introductorio que permite situar al lector en el tema que cada semana un ivitado distinto aborda de manera sencilla, coloquial e inteligente, lo que le asegura el éxito que merecidamente está teniendo.

De la historia general a la historia del derecho peruano (*)

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A propósito del libro "Comentarios reales de los incas" de Garcilaso de la Vega

Por Luis Cervantes Liñán
Rector de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega


Con profunda emoción y en mi condición de ex garcilasino, escribo este articulo con el fin de dar cuenta de una nueva edición de la obra cumbre del Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616), intitulada Comentarios reales de los incas (Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, Lima, 2007, LXXIV + 885. Antecede Prólogo de Ricardo González-Vigil). Para la publicación de este importante libro de dimensión universal, se ha tenido a la vista la edición que en 1959 publicó la Librería Internacional del Perú, con un prólogo minuciosamente detallado del reconocido intelectual Aurelio Miró Quesada Sosa.

GARCILASO Y SU OBRA

La obra en mención, conforme lo anota con bastante elocuencia el prologuista González-Vigil, constituye el mayor “texto de cultura del Perú”, y como tal: “Nos interesa ayudar a difundir una visión integral, adecuada a la complejidad y hondura de su mensaje, al cual consideramos trascendental para todos, dado su peruanismo, americanismo y dimensión universal”.

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Debe destacarse singularmente que, sobre las bases de estas reflexiones, nos permitimos sostener que los aportes vitales que logró Garcilaso de la Vega han ido en línea ascendente –como contribución cultural de primer orden– desde la historia general para arribar a la historia del derecho peruano. Detengámonos brevemente para apostillar nuestra posición.

HISTORIA DEL DERECHO

En primer término, interesa poner de relieve que hay que ver a los Comentarios reales de los incas en su contexto histórico. Y es ahí que se ubica la historia general que tiene como objeto de estudio a las instituciones y el resultado de los hechos episódicos más importantes que se han dado en el mundo de la cultura –“sucesiones de culturas”, nos dice el maestro Jorge Basadre Grohmann– y que deben ser contrastados con las fuentes históricas documentales. En esa mira, los Comentarios reales de los incas se pueden interpretar desde diferentes prismas: económico, filosofía de la historia, identidad hispanoamericana, historia de la geografía del Perú, literatura peruana, etcétera.

En segundo lugar, contribuyen a una mejor comprensión de la historia del derecho peruano, disciplina académica que está en pleno desarrollo, sin que por ello se obvien los aportes vitales de los colegas del área. De ahí que las contribuciones de Garcilaso de la Vega al estudio de las instituciones prejurídicas en la época prehispánica, en su condición de cronista mestizo autóctono, sentaron las bases para dar nacimiento a la historia del derecho peruano. Esto es, el conjunto de costumbres y normas que regularon la vida social y económica entre los incas y los pueblos anexados y conquistados bajo los patrones de la reciprocidad, tanto simétrica como asimétrica, de la redistribución de excedentes, uso técnico de los pisos ecológicos, formas de trabajo, etcétera.

CONCLUSIÓN

En suma, luego de esta ojeada retrospectiva, la presente edición de los Comentarios reales de los incas, a la que se añaden una cronología y una bibliografía de primera mano, adquiere una relevante significación en el ambiente cultural, por cuanto Garcilaso de la Vega sigue constituyendo un digno representante que ha prestado servicio considerable a nuestra identidad nacional. Tal es su alcance y dimensión en el mundo de los saberes culturales, que merece ser conocida y comprendida en todo su valor.


* Publicado en Jurídica, Nº 171, Suplemento del diario El Peruano, el 6/11/2007


De Herrera a Cipriani (*)

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Por Juan Vicente Ugarte del Pino (**)

El sermón del 28 de julio de 1846, pronunciado por Bartolomé Herrera Vélez, durante el tedéum, fue una pieza de gran connotación política y base de una célebre polémica entre las grandes figuras de la intelectualidad peruana de la época y con enormes repercusiones internacionales. Ya Bartolomé Herrera había pronunciado otro sermón importante en la historia de la República, con motivo de las exequias del general Agustín Gamarra Messia, y que se conoce como el "Llamado al orden". Era una época de verdadera anarquía política, donde la voz del sacerdote, testigo imparcial de las contiendas, podía imponer la autoridad moral y espiritual pertinente, dado que por la cercanía del tiempo, nadie dudaba del papel importante que el clero había tenido en la gesta de la emancipación, no solo peruana, sino de toda Hispanoamérica.

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Los nombres de los curas Hidalgo y Morelos y del peruano Melchor de Talamantes –cura mercedario– en México, del Dean Funes en Argentina y de Toribio Rodríguez de Mendoza y Collantes y la pléyade de religiosos que brillaron en el Perú, eran el mejor testimonio de la deuda que el Perú tenía con la Iglesia, a la que se le empezaba a atacar, siguiendo el camino del liberalismo decimonónico, ateo y anticlerical. Todo ello unido al caos político y social en que el Perú vivía después de la derrota de la Confederación Perú-Boliviana (1836-1839), ideada por Santa Cruz y combatida a muerte por Chile. Ni el "Directorio" de Manuel Ignacio de Vivanco Iturralde pudo resistir a la subordinación entronizada. Domingo Elías Carbajo y su primer gobierno civil y la "Semana Magna" fueron solo un esbozo civil inmaduro. Es la época en que surge la polémica entre los defensores del orden y el liberalismo.

Herrera fue una figura providencial. Limeño de nacimiento (1808), fue alumno del Convictorio de San Carlos. En 1829 recibió las órdenes religiosas. Fue profesor en Huánuco en 1831 y fue llamado como regente en Teología al Convictorio en 1844. Luego fue director de la Biblioteca Nacional. A raíz de su sermón "Llamado al orden", fue elegido en 1849 diputado por Lima y la Cámara, a su vez, lo eligió como su presidente. Se opuso a la prórroga del mandato de Castilla. Durante el gobierno de José Rufino Echenique Benavente (1851-1855) fue nombrado embajador del Perú ante el Vaticano, en plena revolución por la Unidad italiana. El conde Cavour y el rey de Cerdeña y luego de Italia, Víctor Manuel II, le depararon gran admiración, no obstante sus discrepancias ideológicas. El Vaticano y el Sacro Colegio Cardenalicio vieron en él al primer Cardenal de las Américas en el siglo XIX, pero su temprana muerte el 10 de agosto de 1864 y las intrigas políticas en el país lo impidieron. Su mayor contribución a la Historia Constitucional fue su Constitución de 1860, la que más larga duración ha tenido en el Perú. Pero sus ideas y sus discípulos siguieron combatiendo por una nueva sociedad, producto de una nueva generación salida de San Carlos.

En los debates que siguieron y en el intento de dotar al Perú de una Constitución, los demócratas liberales proclamaron en Lima al general Mariano Ignacio Prado Ochoa dictador en 1865 y éste llamó a José María Químper, José Toribio Pacheco, José Gabriel Gálvez Egúsquiza, Manuel Pardo y Lavalle, entre otros, y convocaron a la Constituyente de 1867, cuya Constitución fue repudiada por todas las provincias y quemada en la plaza de Armas de Arequipa. Su principal impulsor fue el diputado por Huaraz, Celso Bambarén, que se declaró "enemigo personal de Jesucristo", según narra el gran historiador de la República, Jorge Basadre Grohmann. Creemos que el cardenal Cipriani, en la misma línea que Herrera, está cumpliendo igualmente su papel pastoral frente a la historia.


(*) Publicado en Jurídica, Nª 212, Suplemento del diario El Peruano, el 19/08/2008.

(**) Catedrático de Historia del Derecho Peruano. Ex decano de la Facultad de Derecho de la UNMSM y del Ilustre Colegio de Abogados de Lima. Ex presidente del Poder Judicial del Perú y de la Corte Suprema de Justicia de la República. Ex presidente del Tribunal Andino de Justicia.


La forma de gobierno y su relación con el Poder Legislativo en el Perú del siglo XIX (*)

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Por José Francisco Gálvez Montero (**)

Luego de su independencia, el Estado peruano demostró hallarse en un proceso de institucionalidad, para lo cual optó por importar el modelo político francés, el cual se conjugaba con la representatividad, forma de gobierno y el manejo institucional que derivaba en colocar al Congreso de la República como primer poder del Estado y bajo su entorno construir el principio de autoridad nacional.

Sin embargo, en el transcurrir del siglo XIX, el orden formulado a través de las diversas Constituciones, al cual se incorporaron los temas de debate así como las experiencias de los golpes de Estado, sirvió para crear un modelo en el que los legisladores adoptaron indistintamente elementos tanto de “la forma de gobierno presidencialista” como del “parlamentarismo”, donde el Congreso conservaba el liderazgo político, pese a que la idiosincrasia de entonces estaba más orientada a seguir a un individuo que a una corporación.

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Si bien podríamos sostener que el debate ideológico entre monarquía y república concluyó con las sesiones de la Sociedad Patriótica a raíz de la publicación de las Cartas del Solitario de Sayán, en cuyos argumentos José Faustino Sánchez-Carrión Rodríguez opta por la república en contraposición de los esgrimidos por Bernardo Monteagudo, defensor de la monarquía constitucional, no menos cierto es que el tema se orientó más adelante por distinguir entre un Ejecutivo fuerte o débil, cuyo poder respondería a las inquietudes parlamentarias.

CARACTERÍSTICAS DE LAS RELACIONES ENTRE LOS PODERES POLÍTICOS

Para ello, hemos identificado cinco características de cómo las relaciones entre los poderes políticos rompieron con los moldes occidentales de las formas de gobierno creando uno propio en el Perú, yendo desde la necesidad del respaldo legislativo hasta el desarrollo de los mecanismos de fiscalización, pasando por la necesidad de elección de cargos de presidente y vicepresidente de la República, el rol de los ministros en el gobierno y la relación pragmática entre los poderes políticos, las cuales se hallan sustentadas en las Constituciones, la legislación, la doctrina filosófica y constitucional así como por los sucesos que han calado en nuestra tradición política.

1. La forma de gobierno y su representatividad: la Constitución de 1828 precisó a la República como forma de gobierno con un diseño espacial de naturaleza unitaria, pero que no negaba la descentralización a través de las Juntas Departamentales y de la figura del prefecto. Sin embargo, los regímenes de entonces no compartían este afán por compartir las funciones del gobierno central con las juntas. Fue así que desde entonces primó más la conveniencia y la inmediatez del Ejecutivo, lo cual daría a entender su fortaleza, hecho que no es del todo cierto porque a lo largo del siglo XIX los regímenes autoritarios de los diferentes golpes de Estado requerían de legitimidad, que solo el Congreso podía irradiar. De ahí nuestra primera característica, la necesidad de las convocatorias a congresos para respaldar a los mandatarios de facto.

2. La elección de los presidentes: la segunda característica está relacionada con la elección de los cargos de presidente y vicepresidentes de la República, proceso que originalmente realizaba el Congreso según la Constitución de 1823, dentro de un proceso electoral de elección indirecta supervisado por este colegiado hasta la dación de la ley Bentín en 1896 que estableció el Jurado Electoral Nacional con la participación del Poder Judicial durante las elecciones y cuyos vocales superiores en los departamentos conformaban los Jurados Especiales. Ello no significó que el Congreso se desentendiera de su relación con el Ejecutivo, pues si el proceso se desarrollaba con dificultad entonces el Poder Legislativo designaba al nuevo mandatario como ocurrió con Guillermo Billinghurst. Hecho que no se aparta años después de la coyuntura que costó la vida al general Luis Miguel Sánchez Cerro, presidente de la República elegido y ante lo cual la Constitución de 1920 preveía que el Congreso estaba autorizado a convocar a un ciudadano para que termine el mandato, lo cual fue solicitado al general Óscar Raimundo Benavides Larrea.

3. Los ministros de Estado: como corolario de lo señalado, la siguiente característica está relacionada con el papel de los ministros de Estado. Desde el Protectorado, avizoramos su presencia y el llamado refrendo ministerial, que en el régimen parlamentario implicaba el traslado de poder del monarca a sus ministros, lo cual se entendía en la frase francesa (1828) que el rey reina pero no gobierna. Ello implicaba la ideología liberal del control político que antes frenaba los excesos del poder del absolutismo ya en adelante se dirigía a los ministros. Con la ley respectiva de 1856, se creaba el cargo de presidente del Consejo de Ministros, figura propia del parlamentarismo, y que en el Perú se entendería como colaborador permanente del presidente de la República, pero que la Constitución de 1933 plasmó como su controlador, ya que el primero no podía solicitar la renuncia de su ministro sino contaba con el aval del segundo. Lo que nos lleva a reflexionar sobre las figuras del jefe de Estado y el jefe de Gobierno, cuyas competencias concurren en la del presidente de la República, que por un lado denota estabilidad y el pragmatismo que oscila en el accionar de las coyunturas. Tema que en su momento solucionó el Libertador Simón José Antonio de la Santísima Trinidad de Bolívar y Palacios al derivar la jefatura de Estado en el presidente vitalicio y la de gobierno en el vicepresidente, de acuerdo con la Constitución de 1826.

4. Congresistas y ministros: la cuarta característica a considerar se halla en la relación entre los poderes, permitiéndose que los congresistas fuesen ministros de Estado. En los inicios los legisladores influidos por las doctrinas, sobre todo la norteamericana, no aceptaban la posibilidad de esta mixtura, debido a la rigidez que la impide. Pasado mediados del siglo XIX, Manuel Pardo y Lavalle, flamante presidente de la República, señalaba en su Mensaje a la Nación que la idoneidad de los políticos superaba todo escollo en beneficio del país. Argumento que más tarde durante el gobierno de Andrés A. Cáceres Dorregaray (1888) prosperó modificando la Constitución de 1860 y haciendo compatible que excepcionalmente el congresista, previa licencia de su Cámara, pueda desempeñarse como ministro. Rasgo de un gobierno parlamentarista.

5. La ley y el control político: la quinta característica en esta relación de poderes estriba en los mecanismos de la dación de la ley y la fiscalización. Originalmente la iniciativa de ley solo era competencia de los congresistas, incluso ni el presidente ni sus ministros se hallaban facultados a asistir al recinto parlamentario para los debates, ya que la ley, según la ideología, respondía a quienes representaban la voluntad general, o sea la asamblea. Poco a poco, la tradición constitucional hizo posible incluso que los encargados de las carteras ministeriales expongan sus planes. Resultado de ello fue que la primera moción de censura generada contra el entonces ministro de Hacienda, Manuel del Río, en 1849, se dio por una coyuntura más por que las reglas así lo establecieran. Fiscalización que ha ido incorporando, de esta manera, nuevos supuestos en la mira de controlar el manejo del poder político.

CONCLUSIÓN

Podemos concluir que si bien la forma de gobierno, sin lugar a dudas, es republicana, conviene por una cuestión funcional detenerse para apreciar que no responde al modelo norteamericano en estricto y que nuestros legisladores, por otorgar el liderazgo político al Congreso, crearon una mixtura o híbrido en el desarrollo de la correlación de nuestras. Características cuyo debate vuelve a ser materia de debate en el siglo XXI en la búsqueda de una forma de gobierno acorde con nuestra realidad e idiosincrasia, que no reitere los errores pretéritos sino, por lo contrario, genere aportes constructivos.


(*) Publicado en Jurídica, Nª 232, suplemento del diario El Peruano, el 06/01/2009.

(**) Abogado por la PUCP. Doctor en Historia por la U. Complutense de Madrid. Área: Historia del Derecho (1996). Profesor universitario.

Convocatoria a Doctorado en Ciencias Sociales 2009-2013

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La Sede Ecuador de FLACSO ofrece un Doctorado transdisciplinario en Ciencias Sociales con especialización en Estudios Políticos, que se ejecutará en Quito durante los años 2009 al 2013. Se trata de un espacio de docencia, investigación y reflexión sobre la política desde campos transversales y disciplinas como la Sociología, la Ciencia Política, la Antropología, la Historia, los Estudios de Género, así como desde varias perspectivas metodológicas y epistemológicas.

FLACSO está interesada no sólo en integrar distintos campos de saber relacionados con el tema sino en generar nuevas investigaciones y reflexiones sobre América Latina. Para el cumplimiento de estas metas FLACSO asume el reto de atraer a un grupo de estudiantes destacados del continente y generar una formación de postgrado del más alto nivel en la región.

Fecha de Inicio del Doctorado: octubre 2009

Solicitudes de admisión: www.flacso.org.ec
Informes: ekingman@flacso.org.ec


Vía: H-México

¿Quién gritó Viva la Pepa? (*)

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Historiadores gaditanos discuten el origen del popular grito asociado a la Constitución de 1812

Por PEDRO ESPINOSA
Cádiz


El historiador Alberto Ramos Santana, junto al logotipo del bicentenario de la Constitución de 1812. (EL País / Eduardo Ruiz)La Pepa es nombre de mujer. También de un restaurante en Cádiz, un futuro puente y el logotipo del principal organismo para la conmemoración del bicentenario de la Constitución de 1812. Sobre la Pepa gira ahora también el último debate histórico que afecta a esa Carta Magna. Historiadores gaditanos discuten el origen del popular grito ¡Viva la Pepa!, desde hace años asociado a la alegría que supusieron los derechos liberales recogidos en aquel texto. El profesor José María García León abría el debate al asegurar que no existen pruebas históricas que demuestren que esa exclamación fuese utilizada en el siglo XIX. El experto constitucionalista Alberto Ramos Santana rechaza esta teoría con referencias literales más o menos directas. En lo que ambos coinciden es en que el ¡Viva la Pepa!, a pesar de lo que algunos creen, no se pronunció el día de la promulgación de la Constitución.

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El 19 de marzo de 1812 llovía en Cádiz. Pero, aun así, las crónicas periodísticas narran que el pueblo salió a la calle a festejar que aquel día España tenía su primera Constitución. En algunos recientes libros de Historia y en multitud de referencias en Internet se atribuye a la gracia gaditana el atrevimiento de apodar la Carta Magna con nombre de mujer. Esos mismos textos apuntan que la algarabía popular hizo nacer aquel día de San José el famoso ¡Viva la Pepa!

García León ha desmontado el mito. El profesor gaditano ha indagado entre periódicos, actas, cancioneros populares, novelas y cuadernos de poesía del siglo XIX alguna referencia a La Pepa. Y no la ha encontrado. “No está ni en los periódicos más liberales. Se habla de una alegría generalizada, de gritos de ¡Viva la Nación! pero podemos decir a boca llena que el ¡Viva la Pepa! es falso”, argumenta. Según García León, de aquella exclamación sólo empezó a hablarse bien avanzado el siglo XX.

Ramos Santana niega la mayor. Y lo hace con citas de referencias recogidas de la primera mitad del siglo XIX. En 1822, el periódico El Zurriago ya identificaba la Constitución de 1812 como La Pepa. Ramos Santana reconoce que las referencias periodísticas y literarias al ¡Viva la Pepa! son escasas y lo justifica en que ese grito fue siempre subversivo. Dos años después de aprobarse la Constitución Fernando VII anuló el texto y también prohibió que se hiciera mención a ella. Por eso, según este historiador, nació el ¡Viva la Pepa!: para burlar la prohibición del rey y ensalzar la Constitución.

Eso sí, nadie puede demostrar que el ¡Viva la Pepa! naciera aquel 19 de marzo de 1812. Incluso Ramos Santana ve “bastante improbable” que se pronunciara aquel día. Detrás, el trasfondo político que hay en el empeño del PSOE para denominar con el mismo nombre de mujer a infraestructuras, actividades y lemas del bicentenario. A pesar de los documentos que le contradicen, García León se congratula de haber abierto un debate público sobre Historia. 200 años después La Pepa vuelve a vivir.


* Publicado en El País (Cádiz, España), el 25 de enero de 2009.

Historia económica (*)

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Por Antonio Zapata

El Banco Central de Reserva y el Instituto de Estudios Peruanos acaban de publicar el primer tomo de un compendio de historia económica pensado en cinco volúmenes. Solo en momentos singulares aparecen este tipo de compendios. El anterior esfuerzo se remonta a la Historia del Perú editada por Juan Mejía Baca al comenzar los años ochenta. En aquella ocasión la amplitud de la obra fue superior, no se limitó a un área del conocimiento sino que tuvo intención enciclopédica. Mejía Baca buscó especialistas que incursionen en política, literatura, arquitectura etc. Mientras que la obra actual es más especializada y refleja el signo de los tiempos actuales que privilegian la focalización.

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El primer tomo trata sobre el Perú prehispánico y se abre con un ensayo de Luis Guillermo Lumbreras que aborda el tránsito de la sociedad de cazadores a la agricultura y la domesticación de animales. Lumbreras resuelve este primer problema que plantea la antigüedad peruana; explica que antes los bienes estaban sueltos en la naturaleza y que luego fueron fruto del trabajo; pasaron a ser producto de canales de riego y de superficies sembradas. Esa revolución fue la más trascendente que afrontaron los tiempos prehistóricos, cambiando profundamente la vida humana.

Luego, Peter Kaulicke desarrolla un clásico: la aparición de la cerámica y el surgimiento de Chavín. En el Perú siempre se había pensado que ahí comenzaba la civilización, hasta los últimos estudios de Ruth Shady que sitúan ese momento en Caral. En este capítulo se presenta la gran transformación que significó la aparición de ollas y platos, junto a dioses y sacerdotes poderosos, que definieron una nueva forma de organizar la sociedad.

Por su parte, Julián Santillana y Waldemar Espinoza, en sendos ensayos, desarrollan el tercer gran problema económico que plantea el Perú antiguo. Analizan una economía sin mercado, donde la circulación de los bienes se daba a través del poder político. Ese sistema operaba gracias a grupos étnicos que tenían a su población asentada en diferentes pisos ecológicos produciendo bienes distintos. Luego se reunían en festividades y los productos se redistribuían a través del curaca y los sacerdotes para obtener una dieta variada.

Esta imagen proviene de los estudios del antropólogo rumano John Murra que condensó su tesis en un famoso libro sobre la economía del mundo andino, sustentando que el eje se hallaba en la circulación de bienes sin presencia del mercado. Pero, en los últimos treinta años la investigación ha encontrado numerosas evidencias de comercio prehispánico. A partir de un célebre artículo de María Rostworowski, se descubrió que los chinchas eran un señorío de mercaderes, que disponían de tres mil balsas y practicaban un comercio de larga distancia.

Desde el año mil en adelante, Tumbes fue un puerto libre donde los andinos enviaban caravanas de llamas y balsas. Ahí se encontraban con mercaderes llegados de Panamá y del norte de Sudamérica. Cambiaban una serie de productos provenientes de aguas cálidas por bienes andinos, especialmente telas y metales. En este comercio había aparecido una forma arcaica de moneda, pues circulaban hachillas de cobre que se atesoraban de veinte en veinte y servían para facilitar los intercambios.

Estos nuevos descubrimientos son trabajados por Santillana y Espinoza planteando un gran problema histórico. ¿Cómo pudo organizarse una sociedad donde coexistía el comercio con la circulación sin mercado? Esa aparente paradoja aún no ha sido resuelta por la ciencia y se plantea como un reto a futuro.

Ahí se halla el principal valor de los compendios. Plantear preguntas que estimulen la investigación y signifiquen desafíos intelectuales. Le debemos a su editor, Carlos Contreras, haber concebido una obra trascendente que ha de orientar los estudios de historia económica por muchos años. Por su parte, le debemos a la alianza institucional entre el BCR y el IEP una actitud dinámica que estimula la investigación y la producción de nuevo conocimiento.

Solo cabe llamar a los economistas a entender su ciencia como parte de los estudios sobre la sociedad. En este sentido, sería útil que participen de estos debates y aborden el pasado económico del país. Así, podrían entender mejor el pantanoso escenario de la economía contemporánea.



* Publicado en La República, el 14/01/2009.

San Marcos errante (*)

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Por Manuel Burga

El año 1999, en una suerte de acto simbólico, cuando era presidenta del Congreso Martha Hildebrandt, la Universidad de San Marcos, representada por su rector, en un surrealista acto público, recibió un sol por la venta del local que ahora ocupa el Congreso de la República. Se saneaba así, en términos bastante amigables, una situación ilícita creada por la ocupación de facto del local de la Universidad ordenada por Bernardo Monteagudo el 15 de junio de 1822. Eran los agitados años de la Independencia y todo se puso lógicamente al servicio de la nueva era que se iniciaba. El primer Congreso Constituyente inició sus sesiones en este local, allí aprobó la Constitución de 1823 y nunca más lo desocupó.

Esta noticia, cuando el fujimorismo se sentía eterno, casi pasó inadvertida en la comunidad universitaria sanmarquina. ¿Qué se podía hacer? ¿Reclamar un pago? ¿Acaso San Marcos no había recibido los fundos Concha, Aramburú y Rosario, en 1950, para que construya su anhelado campus universitario? Finalmente una morada propia. Se le asignó un terreno de 59 ha con un enorme estadio dentro, que fue pensado como el estadio de la ciudad de Lima, pero que por razones técnicas se dejó de lado y se entregó a San Marcos como regalo, o presente griego, por su cuarto centenario, el 12 de mayo de 1551.

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Sin embargo, ahora que he leído de nuevo un documento del siglo XIX, me animo a transcribirlo porque nos revela el desinterés y trato injusto que siempre ha recibido la Universidad de parte del Estado, desde el inicio mismo de la República y contra los principios enunciados en la Constitución de 1823 y todas las demás. Un desinterés y trato injusto denunciado por los mismos liberales de entonces. Es un documento breve, publicado en el primer número de Anales Universitarios del Perú, del año 1862.

El título lo dice todo, “La Casa de la Universidad es tomada para las sesiones del Congreso”. El contenido principal es el siguiente:

“La primera vez que se pronunció por el Delegado Supremo la palabra Universidad fue para despojarla de su casa, sin concederle indemnización alguna, ni asignarle siquiera un canon o pensión conductiva. Este acto pudo ser disculpable en los primeros días de la Independencia, cuando no había otro pensamiento que el de libertar al país de la dominación española; pero haber dejado transcurrir cuarenta años sin pagar alquileres por ella y sin atender los reclamos de la Universidad es una cosa que hace poco honor a la rectitud de nuestros legisladores. Ellos declaraban que la propiedad era inviolable y sagrada, quizá sin advertir que profanaban con su presencia este principio, ocupando casa agena (…) También fue privada de su biblioteca particular y traspasados sus libros a la pública en setiembre de 1822”.

El texto lo escribió José Gregorio Paz Soldán, el rector de la reforma liberal en San Marcos, como parte de sus esfuerzos para transformar a San Marcos en una institución secular, docente, científica y al servicio del país. El delegado supremo era Bernardo Monteagudo, nada querido por los liberales de la Independencia, ni por los que vinieron después. De alguna manera –en este texto– se justifica la ocupación del local de San Marcos durante la Independencia, no así que no se hayan pagado alquileres cuando el Estado lo podía hacer por la riqueza del guano y, más aún, cuando Echenique en 1850 había autorizado pagar todas las deudas contraídas como consecuencia de la Independencia. San Marcos no fue escuchado y más bien su biblioteca pasó a formar parte de la futura Biblioteca Nacional, también por orden de Monteagudo.

En estos mismos anales, en los primeros números, se insiste en el derecho de la Universidad, ya que el local, asignado por el gobierno colonial, había sido mejorado con donaciones privadas de vecinos piadosos, interesados en la educación de sus hijos. Entonces no es que se ocupaba un bien público. Por eso es que las autoridades de San Marcos recién se tranquilizaron en 1866, cuando como consecuencia de la Reforma Liberal, que trasladó las actividades docentes de los colegios superiores a la Universidad, recibieron el viejo local jesuita del Convictorio San Carlos, ahora llamado la Casona de San Marcos.

Este desinterés y trato injusto convirtió a San Marcos en una universidad errante, inquilina de locales a veces muy precarios e insuficientes. Esto constituye, me parece, uno de los grandes misterios de nuestra vida republicana y lo que muy probablemente explica el distanciamiento entre el saber y el poder, la Universidad y el Estado, los intelectuales y la política y entre el conocimiento del país y nuestras políticas públicas en el Perú republicano.


* Publicado en el diario La República, el 22/01/2009.


Convocatoria de "Fronteras de la Historia"

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La revista Fronteras de la Historia, publicación del Instituto Colombiano de Antropología e Historia especializada en historia colonial latinoamericana, se encuentra en este momento recibiendo colaboraciones para el volumen 14-2 (2009). Se recibirán artículos y reseñas bibliográficas hasta el 27 de febrero. Invitamos a todos los interesados en participar en esta convocatoria a enviarnos sus manuscritos. La revista recibe contribuciones inéditas en el área de la historia colonial y reseñas de libros cuya importancia sea fundamental para el avance de la discusión dentro de la historia. Los originales sometidos a consideración deben presentarse con el siguiente formato:

Para participar de la convocatoria, se pueden envíar artículos por correo electrónico, siguiendo las siguientes especificaciones: letra Times New Roman, 12 puntos, espacio sencillo, tamaño carta, con márgenes iguales de 3 cm. en formato de Word para Windows a las siguientes direcciones:

historiacolonial@icanh.gov.co
jgamboa@icanh.gov.co

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Los artículos deben tener una extensión que no supere los 48.000 caracteres con espacios, es decir, unas 20 a 25 páginas aproximadamente. Debe incluir todos los datos del autor y un resumen en español y en inglés, que no supere los 800 caracteres con espacios (5 0 6 líneas). Las reseñas de libros no deben superar los 9.000 caracteres con espacios (3 páginas).

La Revista Fronteras de la Historia se orienta por las normas de citación bibliográfica del MLA Handbook for Writers of Research Papers. Se recomienda a los autores tenerlo en cuenta. Si se incluyen mapas, ilustraciones, cuadros o cualquier tipo de gráfico explicativo dentro del documento, se pide una copia en blanco y negro, con su respectiva fuente; para fotografías se debe anexar el negativo. Los derechos de reproducción, cuando sean necesarios, serán gestionados por el autor del artículo.

Una vez recibidos, los manuscritos serán sometidos a dos jurados externos y a revisión por parte de los autores si es necesario.

Para más información sobre la revista los invitamos a visitar nuestra página web, en la sección "Publicaciones": www.icanh.gov.co

Los artículos en línea de los últimos números se pueden consultar y descargar gratuitamente en nuestra página web y en el sito de la Redalyc: www.redalyc.org

Cordialmente,
Jorge Augusto Gamboa M.
Editor Revista Fronteras de la Historia
Instituto Colombiano de Antropología e Historia
Calle 12 # 2-41, tel. 5619400 ext. 119
Bogotá


Vía: H-México

Convocatoria a Premio de Investigación Histórica 2009

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La Cátedra de Estudios Hispánicos "Antonino Fernández y Cinia González" del Instituto Universitario de Historia Simancas de la Universidad de Valladolid convoca al Premio de Investigación Histórica 2009, el mismo que tiene como finalidad premiar un trabajo de Investigación original e inédito de un joven investigador de cualquier nacionalidad, con el fin de incentivar la actividad investigadora en el ámbito de los estudios hispánicos.

El premio está dotado con 6.000 euros y la fecha límite para la entrega de la documentación es el 1 de mayo de 2009. La convocatoria completa está disponible aquí


Vía: H-México

Ya va siendo hora...

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Sí, ya va siendo hora de que entre nosotros la historia sea menos académica, menos seria y menos acartonada (que no es lo mismo que decir que menos rigurosa), y que de una vez por todas salga a la calle a conquistar nuevos lectores y nuevas audiencias que no sean los que ya existen en las aulas de nuestras universidades y de nuestros institutos. O sea que entre nosotros, país de historiadores notables y de escritores más notables todavía, se está dejando extrañar desde hace mucho tiempo una buena revista de divulgación histórica, de esas que son de quitarse el sombrero, atesorar con cariño y heredar a los hijos. Porque aquí, en nuestro cada vez más empobrecido y reducido periodismo cultural, el papel couché y la ilustración a color sólo ha servido para el desfile de modas de temporada, los amoríos de turno o los enredos sin cuento de una farándula local cada vez más venida a menos. Hay que decirlo y escribirlo con letra bien clara: resulta poco menos que increíble que en un país donde campea la pobreza extrema, el analfabetismo es todavía un baldón sin resolver del todo y 'parar la olla' es una odisea cotidiana, la gran mayoría de revistas que circulan sean de gastronomia o espectáculos.

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La historia entre nosotros está condenada al cenáculo académico y especializado, lo cual no es malo pero sí muy triste por aquello de que "un país que no recuerda su pasado está condenado a repetirlo". Y en nuestro caso, infinitamente una y otra vez. Qué pena porque siendo un país con una larga tradición de excelentes revistas literarias y de historia, hasta ahora no ha habido una sola de divulgación histórica que seduzca por su factura, destaque por su precio y provoquen respeto sus contenidos. O sea, que llegue al gran público y se apropie de él y ellos de ella.

La que mencionamos es una aventura cultural y periodística que a la fecha no ha seducido a ningún periódico, editor o grupo editorial a apostar por ella. Y no lo hará tampoco mientras nosotros mismos, historiadores, periodistas y editores, no empecemos por cambiar nuestras formas de hacer negocios, nuestros hábitos culturales y, sobre todo, nuestra forma de entender y escribir la historia. Porque, ¿que alcen la mano todos aquellos que han dicho que la historia es aburrida y no vende? No saben cuánto se equivocan.

Convocatoria para revista de historia

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Illapa, Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, invita a investigadores y estudiantes de Ciencias Sociales a enviar sus artículos, ensayos y reseñas para selección de trabajos a publicarse en los números 4 (abril) y 5 (julio) de este año. Las sumillas y los trabajos serán enviados a: revistaillapa@hotmail.com.

Fechas de recepción de trabajos:

Revista Illapa. Año 2. Nº 4. Abril del 2009.
Sumilla y hoja de vida: Entre el lunes 12 de enero y el sábado 7 de febrero del 2009.
Trabajo de investigación, ensayos, reseñas, todo completo:
Del lunes 02 de febrero hasta el miércoles 18 de febrero del 2009.
Resultados de aceptación: viernes 27 de febrero del 2009.

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Revista Illapa. Año 2. Nº 5. Julio del 2009.
Sumilla y hoja de vida: Entre el lunes 9 de marzo y el miércoles 18 de marzo del 2009.
Trabajo de investigación, ensayos, reseñas, todo completo:
Del jueves 19 de marzo hasta el viernes 27 de marzo del 2009.
Resultados de aceptación: Lunes 13 de abril del 2009.

Informes:
Celulares: 990864081 - 999418209
E-mail: revistaillapa@hotmail.com ; aedo27@hotmail.com
Blogst: http://revistaillapa.blogspot.com


La feria del crédito (*)

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Por José Antonio García Vera

En 1929 los bancos peruanos circulaban papeles que se usaban para comprar tierras, como participaban de la compra venta de bonos. Nuestro endeudamiento externo se multiplicó por siete, desde 1919 hasta 1928. La garantía para los papeles era la propiedad inmueble. La letra hipotecaria había renacido desde sus cenizas, porque eran tiempos de optimismo.

Manuel González Prada había reclamado hacer propietarios a los indios para que se rediman por su propio esfuerzo. El “Oncenio” de Leguía, la “Patria nueva” remedó ese reclamo repartiendo tierras irrigadas de la costa a propietarios que iban en automóvil a cuidarlas. Eran fundos o chacras de 5 a 20 hectáreas producto de la infraestructura proyectada por Sutton. Vivíamos de prestado, decían los periódicos. Los bancos fueron responsables de la hecatombe del 29.

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Los problemas habían empezado desde 1920, porque disminuyeron poco a poco las exportaciones de caucho, lanas y algodón. El caucho artificial de Hoffmann, como las gomas naturales de las islas antípodas, echaron por tierra al producto de exportación peruano. Las mineras y petroleras, en manos extrajeras, no devolvían inversiones, 90% de las rentas iban afuera –según los cálculos de Rosemary Thorp y Geoffrey Bertram-. Sólo quedaba la inversión pública para mover la economía. Así aumentó el empleo, pero los salarios no. Nuestros abuelos cultivaban el trabajo gratuito, ora el servicio obligatorio en el ejército caminero.

En 1929, los precios cayeron, dando la estocada final a las exportaciones. Las importaciones de máquinas Singer se pagaban con el esfuerzo de sastres y costureras, con moneda de oro sustentada en el patrón “a la par con Londres”. No querían saber nada con el patrón plata, escogido por la China.

Las dificultades llegaron juntas. Ya no podíamos venderle a Estados Unidos de América porque habían perdido el 30% de su producto geográfico bruto. Ni siquiera a nuestros vecinos del sur, que iban para peor. Chile vio caer sus exportaciones en más del 80%, encabezando la lista de los países más afectados. Allá como acá la economía se transformó en política.

Claro que la relación del Perú con Estados Unidos era dependiente o asimétrica. Pero eso no era todo, la política de Leguía promovió el endeudamiento temerario con Nuevo York, cuando debía hacerlo con Londres, quien salió mejor del crac.

Sin horizonte de inversión productiva –aunque el capital privado hizo industria-dormimos en brazos del crédito mondo. Al despertar vimos nuestras manos sosteniendo papeles y billetes sin valor. La crisis cambió la vida de muchos peruanos. Sin embargo, algunos alcanzaron a recuperarse muy rápido, tanto que en 1933 ya paseaban por las calles de la vieja Lima, con auto nuevo.


* Publicado en la página Opinión del diario El Peruano, el viernes 14 de noviembre de 2008.

La Biblioteca Mario Vargas Llosa de El Comercio

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El día de ayer El Comercio empezó el despliegue publicitario de lo que será su próxima promoción editorial: la Biblioteca Mario Vargas Llosa, una colección de 15 libros emblemáticos de nuestro querido escritor. Los títulos, en entregas semanales a partir del jueves 5 de febrero, abarcan tanto su obra narrativa como la teatral, obviándose la ensayística y la periodística que no es menos importante que las anteriores. Una lástima poque sus ensayos y artículos periodísticos han sido motivo de debate y polémica en los últimos años, y también porque quedan fuera de la colección obras tan significativas como El pez en el agua, Diario de Irak, El lenguaje de la pasión, La verdad de las mentiras, Desafíos a la libertad, La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary y La tentación de lo imposible.

En todo caso, es un esfuerzo editorial que debemos agradecer ya que pone al alcance del gran público 15 obras importantes a un precio auténticamente asequible como lo es el de S/. 18.00 nuevos soles y en una presentación de lujo (tapa dura) que lo hace doblemente meritorio. Sólo cabe anotar, que esta es, seguramente, la misma colección que presentó el diario Clarín en noviembre del año y que sí incluía los títulos que aquí se obvian. Ojala y pronto, El Comercio presente una segunda entrega de la colección con los títulos mencionados.

La Biblioteca Mario Vargas Llosa de El Comercio está constituida por los siguientes libros:

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01. La fiesta del chivo
02. La tía Julia y el escribidor
03. Pantaleón y las visitadoras
04. Conversación en La Catedral
05. El paraíso en la otra esquina
06. La ciudad y los perros
07. Los cuadernos de don Rigoberto
08. La casa verde
09. La guerra del fin del mundo
10. Historia de Mayta
11. Elogio de la madrastra
12. Los jefes /Los cachorros
13. ¿Quién mató a Palomino Molero?
14. La señorita de Tacna /Kathie y el hipopótamo
15. La Chunga / El loco de los balcones / Ojos bonitos, cuadros feos


Repercusiones de la agresión a periodista peruana

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El día de hoy el diario El Comercio amplía la noticia que diéramos a concer el jueves último sobre la condenable agresión xenófoba que sufiera la periodista peruana y corresponsal de ese diario en España, Yolanda Vaccaro, por parte de dos periodistas españoles. La noticia de hoy, sin embargo, apliada por la propia Vaccaro, proporciona la información que Paul Monzón, en el blog de Periodista Digital y en otros medios, por pudor o temor de represalias laborales de sus colegas españoles suponemos, nos fue escamoteada: los nombres de los agresores.

Así, hemos podido saber que los responsables de semejante atropello fueron el periodista español José María Barroso, del diario ABC, y el otro el gastrónomo español Ignacio Merino. Queden aquí registrados sus nombres para verguenza de ellos, si es que tienen alguna.

Aunque para muchos de nosotros una pregunta todavía sigue pendiente: Y Gastón ¿dónde estaba? ¿Dónde está hasta ahora que no ha hecho llegar a los medios la más mínima nota de protesta o condena por este acto de barbarie cometida contra una compatriota suya? ¿O es que todavía no se ha dado por enterado? Y el gobierno peruano, que financió ese evento, ¿es que tampoco va a decir nada al respecto?

Presentan crónica ilustrada de la Guerra del Pacífico

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El Fondo Editorial de la Universidad de Ciencias y Humanidades y el Fondo Editorial del Pedagógico San Marcos invita a toda la comunidad académica y publico en general a la presentación de su primer libro en el año 2009:

La guerra de nuestra memoria
crónica ilustrada de la Guerra del Pacífico (1879-1884)

de Renzo Babilonia Fernandez Baca

Comentaristas:
Antonio Zapata
(historiador y conductor del programa "Sucedio en el Perú"
Ernesto Barreda
(director del diario "La industria")

Día: Miercoles 28 de enero
Hora: 4:00 pm
Auditorio José Watanabe - Complejo Mansiche - Trujillo, Perú
IV Feria del Libro de Trujillo

Iglesias y la cortedad chilena en Caretas

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Caretas, sino la mejor sí la más enterada revista peruana de actualidad, suele ser muy celosa de sus contenidos. Y no es para menos teniendo en cuenta la calidad de los mismos. Por eso, han sido rarísimas las ocasiones en que me he atrevido a meterle 'tijera' a alguna de sus ediciones. No tanto por temor a una posible y plausible demanda por copyright, sino por el enorme respeto que la misma me inspira. Pero hoy he vencido ese pudor y no me resisto a publicar dos cartas, y sus respectivas respuestas, publicadas en su sección "Nos escriben y contestamos" del 8 de enero último. La primera de ellas, referida al coronel Miguel Iglesias y su controvertido papel en la Guerra del Pacífico. La otra, también sobre el mismo tema de la Guerra de 1879, pero enfocada sobre Grau, la viudad de Prat y la mezquindad de parte de la cinematografía chilena. Por cierto, la respuesta de la revista a los lectores no es menos interesante.


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I.

NOS ESCRIBEN… Y CONTESTAMOS
Caretas Nº 2060, 8/01/2009

¿HÉROE O TRAIDOR?

Lima, 28 de diciembre del 2008
No estoy de acuerdo con que los restos del General Miguel Iglesias sean trasladados a la Cripta de los Héroes. Tuvo su momento brillante durante la Defensa de Lima, pero toda esa valentía se borró cuando se convirtió en interlocutor de los invasores chilenos. Permitió que el norte del país sea diezmado por Lynch. Recibió de los chilenos armas y dinero que fueron usados para luchar contra patriotas como Cáceres, Puga y Recavarren. Iglesias gobernó bajo el protectorado de las armas chilenas.

Coronel EP (R) Víctor Velásquez Pérez Salmón
DNI 42184773

Ampliar la Cripta de los Héroes fue un pedido del Centro de Estudios Histórico Militares del Perú, pero fue el Presidente García quien mencionó la inclusión de Iglesias. Jorge Basadre, en su 'Historia de la República del Perú', expresa: “Iglesias apareció en la escena política peruana e internacional para hacer el juego al enemigo y volver estériles las hazañas de Cáceres y las gestiones de García Calderón. Y mientras la felonía se gestaba en el norte del Perú, Cáceres lograba victorias en el sur, donde surgieron las figuras de Gregorio Albarracín y Leoncio Prado; pero, al mismo tiempo, se sentía traicionado en todos los flancos hasta por sus más cercanos colaboradores”.


II.

NOS ESCRIBEN… Y CONTESTAMOS
Caretas Nº 2060, 8/01/2009

VERDAD A MEDIAS

Callao, 22 de diciembre del 2008
No es de extrañar que se minimice la actuación y las notables características humanas de Miguel Grau en la película chilena ‘La Esmeralda, 1879’. No incluir la lectura de la carta que Grau dirigió a la señora Carmela Carvajal de Prat en junio de 1879, después del encuentro de Angamos, es malicioso. Con dicha carta, Grau entregó a través de Manuela Cavero de Viel –su concuñada, esposa del comandante chileno Oscar Viel– la espada de Prat. Y la espada de un Comandante es más importante que su buque. Pero nada de esto se dice en la película chilena. Lo mismo ocurrió con ‘Epopeya’, donde no figuró algo tan trascendente como el rescate de los náufragos chilenos de la “Esmeralda”. En nuestra Escuela Naval los cadetes escenifican cada cierto tiempo la obra ‘Los Peruanos de Angamos’, y allí figura como personaje la viuda de Prat leyendo la misiva de respuesta de ella a Grau, firmada el 1 de agosto desde Valparaíso, que es otro acto de nobleza que debería ser recordado por las actuales generaciones de jóvenes peruanos y chilenos. En el 2003 me comuniqué con el almirante chileno Juan Carlos Toledo de la Maza para plantear la posibilidad de entregar a los cadetes de las Escuelas Navales de Chile y Perú un sobre conteniendo las cartas aludidas, y éstas se entregaron en octubre de ese año simultáneamente en ambos países. Los Ministros de Defensa allí presentes fueron Michelle Bachelet y Aurelio Loret de Mola, y los Comandantes Generales Ricardo Arboccó Licetti y Miguel Ángel Vergara Villalobos.

Fernando Casaretto Alvarado
Contralmirante (r) Director del Museo Naval del Perú

Sí, es una lástima la posterior mezquindad cinematográfica.

El horror contado por Vargas Llosa

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A tenor con el post anterior, no quiero dejar de mencionar otro gran acierto que ha tenido El Comercio de publicar entre nosotros el reportaje que Mario Vargas Llosa publicó en El País Semanal el 11 de enero último, "Viaje al corazón de las tinieblas", y que es el primero de una serie de reportajes, "Testigo del horror", que la revista semanal de El País tiene preparado entregar durante las próximas semanas. La serie es una iniciativa de Médicos sin fronteras y el diario español, quienes han invitado a reconocidos escritores a visitar, en los distintos puntos del planeta, los escenarios de enfrentamientos armados que son un verdadero infierno en la tierra. El Congo, del cual ha sido testigo Vargas Llosa, es el primero de ellos.

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Ya anteriormente Vargas Llosa ha dado muestras de su interés y capacidad para el reportaje periodístico, como lo demuestran su serie de artículos Israel/Palestina. Paz o Guerra Santa y Diario de Irak, dos ejemplos del mejor periodismo de los últimos tiempos y una prueba fidedigna de su enorme talento para contar el presente.

El Comercio ha publicado "Viaje al corazón de las tinieblas" en cuatro partes (El médico, Los Pigmeos, El Galimatías congoleño y Los Poetas), ya que lo ha hecho en su edición diaria y no en una revista o suplemento, como hubiera sido lo más recomendable. Pero de igual modo se disfruta, y aprovecha, su lectura.

El Comercio en la Franja de Gaza

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El pasado 27 de diciembre Israel cometió un suicidio político e histórico: inició un ataque contra la Franja de Gaza que ha dejado un saldo de más de mil muertos, la mayoría de ellos civiles, entre ellos muchos niños. Pese a las razones del mismo, justificadas o no, la desproporción del ataque ha dejado sin argumento alguno a quienes creíamos y creemos en las razones históricas para la existencia de Israel como Estado, así como en las decisiones que en los últimos años tomó en defensa de sus ciudadanos. Pero lo sucedido en Gaza es un crimen de lesa humanidad. No cabe otro nombre.

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El de Israel y Palestina parece ser un problema sin solución alguna. La podrá haber, pero será política y por lo mismo temporal y frágil. La suya es una solución que se pierde en los confines del tiempo y que pudo ser resuelta cuando al nacer Israel como Estado, no se le hubiese negado a los palestinos el derecho a tener el suyo. De ahí en adelante, la serie de errores políticos y guerras ocurridas no han hecho sino hacer cada vez más irresoluto el problema. La matanza de los últimos días es una cruel prueba de ello.

El balance político y moral que resulte de este último enfrentamiento aún está por hacerse, pero todo indica que Israel habrá ganado militarmente pero perdió históricamente.

En medio de toda esta desgracia, hay que felicitar a El Comercio por haber tenido la feliz iniciativa de enviar a uno de sus periodistas al teatro de operaciones y cuyos despachos podemos nosólo ver, sino también oír gracias al especial multimedia que han preparado y que convierte el esfuerzo informativo desplegado en el más meritorio del periodismo peruano. Ha sido una decisión que muchos de nosotros agradecemos, especialmente los historiadores interesados en la historia del tiempo presente, ya que sin duda alguna materiales como estos, y no viejos pergaminos y documentos coloniales, serán los que utilice el historiador del mañana.

Fin de la historia: Bryce sancionado por plagio

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El pasado 8 de enero, Indecopi evacuó una resolución largamente esperada por muchos y que constituye, aunque muchos no quieran aceptarlo y estén pendientes apelaciones de por medio, el final de la historia: Alfredo Bryuce Echenique fue encontrado culpable de plagio y por lo mismo sancionado con una multa de 177 mil 500 nuevos soles. Una sanción que más que económica, es moral. De ahí que haya sido tan esperada.

Se equivocan quienes creen que en esto hay algo de celos o mucho de envidia, que es el argumento que sus amigos y el propio Bryce utilizaron para descalificar a quienes pedían un mea culpa de parte suya. Un simple 'lo siento, me equivoqué', hubiera bastado y que es en realidad lo único que se le pedía y se lo pedían sus sinceros lectores (que aprenda de Rafo León, que se equivocó, rectificó y nadie, sólo los imbéciles, como el mismo anota, lo lapidan o piensan seguir lapidándolo). No importa ahora lo que venga, no importa si gana en su apelación y si el argumento risible de su defensa legal (lean el texto de la resolución más abajo) finalmente prevalece. La sanción a Bryce es una reivindicación a quienes fueron atacados e insultados por llamar a las cosas por su verdadero nombre. Una reivindicación, también, a quienes fueron víctima de sus malas artes y perdieron en la vía conciliatoria o judicial. Y es sobre todo una reivindicación al trabajo intelectual mismo, que debe ser protegido y respetado por todos, hasta por un escritor famoso y consagrado, además de talentoso, como lo es Bryce. En este asunto, nadie tiene ni debe tener corona. Punto final.


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Indecopi sanciona a escritor Alfredo Bryce Echenique por plagio de diversos artículos


El instituto nacional de defensa de la competencia y de la protección de la propiedad intelectual (indecopi) sancionó al escritor Alfredo Bryce Echenique al acreditar que plagió 16 obras publicadas en diversos medios de comunicación.

La investigación comprobó el plagio a quince autores, de un total de 16 artículos, que se publicaron en diversos medios de comunicación nacionales y extranjeros.

Los textos plagiados, o copiados ilegalmente, son los siguientes: “Potencias sin poder”, de Oswaldo de Rivero (Quehacer, Perú, mayo 2005), “Uso social del tabaco”, de Eulalia Solé (La Vanguardia, España, julio de 2005), “La leyenda de John Lennon genera cerca de 19 millones de euros al año”, de Nacho Para (Periódico de Extremadura, España, diciembre de 2005), “Londres busca detectives”, de Carlos Sentís (La Vanguardia, España, julio de 2005), “La estupidez perjudica seriamente la salud”, de Jordi Cebrià Andreu y Víctor Cabrè Segarra (Revista Jano, España, octubre de 2005).

Asimismo, “Estrellas médicas”, de Sergi Pámies (Revista Jano, España, abril de 2004), “La angustia de Kafka”, de Juan Carlos Ponce (Revista Jano, España, octubre de 2001), “John Steinbeck, un novelista de los oprimidos”, de Juan Carlos Ponce (Revista Jano, España, marzo de 2002), “John Ford, la épica del Western”, de Blas Gil Extremera (Revista Jano, España, mayo de 2005), “William Blake y los proverbios del infierno”, de Jorge de la Paz (Revista ANUIES, México, julio de 1986), “El psicoanálisis de Woody Allen”, de Benjamín Herreros (Revista Jano, México, marzo de 2002), “Cultura y civilizaciones”, de Cristóbal Pera (Revista Jano, octubre de 2005), “La enfermedad de la nostalgia”, de Luis M. Iruela (Revista Jano, México, octubre de 2005), “La nueva amenaza nuclear”, de Oswaldo de Rivero (Página web www.contexto.org, mayo de 2005), “Ségolène, de corazón, de Francesc-Marc Alvaro (La Vanguardia, España, noviembre de 2006), y “Cómo combatir el terrorismo”, de Joseph María Puigjaner (Diario La Vanguardia, España, julio de 2005).

Durante la investigación Bryce Echenique, a través de su abogado, argumentó en su defensa que los artículos no habían sido publicados en el Perú y por ello no se podía pretender protección por las normas nacionales. Por otro lado, señaló que habían sido publicados sin su autorización, por lo que negó ser el autor de las mismas.

Sin embargo, INDECOPI desestimó su posición, al tener en cuenta que varios de los textos del denunciado fueron reproducidos en medios nacionales, por lo que las infracciones se cometieron en territorio peruano.

Además, se consideró que los textos plagiados tuvieron amplia difusión al ser publicados en medios de comunicación de gran tiraje y estuvieron a disposición del público en distintas páginas Web.

En su resolución, la institución determinó que Bryce Echenique infringió el derecho moral de paternidad en la modalidad de plagio y el derecho moral de integridad.

El derecho moral de paternidad es la facultad que tiene un escritor a ser reconocido como autor de una obra, es decir, que se debe publicar su nombre o seudónimo en caso su obra sea citada por un tercero. En tanto, el derecho moral de integridad está referido a que el autor puede oponerse a cualquier modificación o mutilación de su obra.

Finalmente, la decisión fue sancionar al escritor con una multa de 50 Unidades Impositivas Tributarias, equivalentes a 177 mil 500 nuevos soles.

Por su parte, el escritor Bryce Echenique, puede presentar apelación ante el Tribunal del INDECOPI, segunda y última instancia administrativa de la institución.

Como se recuerda, Alfredo Bryce Echenique fue denunciado anteriormente ante el INDECOPI por presunto plagio en agravio del escritor Herbert Morote Rebolledo. Sin embargo, en dicho caso, Bryce no fue sancionado al no contarse con pruebas suficientes que corroboren la supuesta infracción.

Lima, 08 de enero de 2009

Unidad de Prensa
E-mail: prensa@indecopi.gob.pe

Illmo. Sr. Dr. D. Bartolomé Herrera (*)

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Por José Antonio de Lavalle (**)

No es un periódico de la naturaleza del presente, que por su objeto y dimensiones necesita solo contener lectura corta, ligera y variada, el lugar más aparente para reseñár la vida del Illmo. Sr. Dr. D. Bartolomé Herrera, tan estrechamente ligada con la iglesia, la política y la enseñanza en un largo periodo de nuestra historia, ni para estudiar debidamente, esa poderosa inteligencia y ese gran carácter. Por eso, en la necesidad de acompañar el retrato que encabeza este número, con alguna noticia biográfica, que lo recuerde á sus contemporáneos y lo revele á sus pósteros, fuerza será ceñirnos y dibujar solo á grandes rasgos, esa fisonomía tan interesante moralmente observada, como lo era físicamente contemplada: y eso es lo que vamos á hacer en las siguientes líneas:

Bartolomé Herrera, hijo legítimo de padres pobres y honrados, y en cuyas venas, si no corría noble sangre, corría si purísima la de la raza caucasiana, como lo manifestaba la blancura de su tez, el claro azul de sus ojos, lo rubio de sus cabellos, y la finura de las facciones de su rostro, nació en esta ciudad el 24 de agosto de 1808.

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En 1813 y cuando contaba apenas cinco años, tuvo la desgracia de perder á los autores de sus días, quedando con su hermano menor Juan Gualberto, á cargo de unos tíos suyos, los que a pesar de su pobreza, procuraron darle la mejor educación posible, y luego que hubo terminado la primaria, le enviaron al colegio de San Carlos en condición de capista, ó sea alumno externo, en 1823. El joven capista, por su inteligencia, juicio, aplicación y bella y simpática figura, atrajo vivamente la benévola atención del rector de ese famoso establecimiento que lo era á la sazón el venerable padre de la congregación del Oratorio de San Felipe Neri, Dr. D. Manuel José Pedemonte, que si no brillaba por el talento y la elocuencia que lucia su hermano el famoso D. Carlos, era por sus virtudes, el tipo del sacerdote católico. El Sr. Pedemonte, que seguía con interés á Bartolito, como él lo llamaba, notó un día su ausencia del patio de machos, que era el destinado á los capistas, ausencia que se prolongó por días y días, con gran disgusto suyo y sin que esplicársela pudiera, hasta que topóse con él en la calle, é inquiriendo su causa, supo que la escasez de sus medios por la muerte de su tío, le obligaba á dejar los estudios y buscar en el trabajo manual, medios de subsistencia para él, su hermanito y su anciana tía. El Sr. Pedemonte entonces, díjole que no consentiria tal cosa: que desde ese momento su educación y la subsistencia de su familia, corrían de su cuenta; y señalando á esta una pensión de veinte pesos mensuales, hízole reingresar á San Carlos, pero esta vez como colegial ó sea alumno interno.

Terminados sus estudios de filosofía, matemáticas y física, se graduó de Maestro en Artes y se cruzó esa banda celeste, que suele ser insignia, de honor en mi colegio, como dice Olmedo; y cuando se disponía á seguir los de jurisprudencia, se interpuso el Sr. Pedemonte, exigiéndole que hiciese primero los de teología. Cedió Herrera por complacerle, y sin perder de vista su objetivo, el de ser abogado, se dedicó con empeño á ellos, logrando por premio de sus afanes, recibir el capelo y las borlas blancas de Doctor en esa ciencia, en la Universidad de San Marcos, en 1828.

Comenzó entonces los de derecho á la vez que regentaba las cátedras de filo sofía y matemáticas, y al año siguiente de 1829, resolvió casarse con una interesante joven, á la que hacia tiempo profesaba acendrado amor. Creyó justamente de su deber pedir permiso al efecto, al buen sacerdote que de padre le sirviera, y, ¡cuál seria su sorpresa y su dolor, al ver al hacerlo, caer al Sr. Pedemonte de rodillas á sus pies, exclamando —¡Bartolito! Yo no te he educado para ti: yo te he educado para Dios y para su Iglesia, y solo consagrándote á su servicio me puedes pagar lo que he hecho por ti! Herrera inclinó la cabeza, arrancó su amor de su corazón y pidió las órdenes sagradas. El Sr. Echagüe, Dean de la Santa Iglesia Metropolitana, que ejercia el Gobierno de la Arquidiócesis en Sede vacante, le dispensó el defecto de la edad, y el Illmo. Sr. Orihuela, Obispo de Cuzco, residente en Lima desde que fué expulsado de su diócesis en 1826, le ordenó inmediatamente de diácono.

Sea por ahogar más fácilmente con la ausencia su contrariada pasión y disponerse á recibir dignamente la unción sacerdotal, sea por alguna razón que ignoramos, el hecho es, que apenas ordenado de diácono, dejó el joven Doctor los claustros de San Carlos y se trasladó á Huánuco, en cuyo colegio estableció durante su residencia allí, la enseñanza de las matemáticas, que profesó en él hasta el año de 1831, que dejó Huánuco y se restituyó á Lima y á San Carlos, en donde se le confió el cargo de Vice-rector y se le nombró regente de Teología y Artes. A fines de ese año recibió de manos del mismo Sr. Orihuela, la orden sacerdotal, acto al que se preparó con gran celo y fervor, bajo la dirección del sabio presbítero Dr. D. Mateo Aguilar, misionero apostólico, y del santo franciscano Fray Francisco de Sales Arrieta, años después Arzobispo de Lima.

Los años corridos desde aquel hasta el de 1834, los pasó el Sr. Herrera en San Carlos, compartiendo su tiempo entre el estudio de la jurisprudencia, en la que recibió también el capelo doctoral, la enseñanza de la teología, la filosofía y las matemáticas, las atenciones del vicerectorado, el púlpito y el confesionario. En 1834 fué nombrado cura de la doctrina de Cajacay en la provincia de Cajatambo, en una agreste serranía para donde luego partió.

“En aquel curato, dice un biógrafo, vivió el Dr Herrera, como se vive en la mayor parte de los pueblos de la sierra, en una horrible soledad; pero esta soledad le fué utilisima. En ella pudo tomarse cuenta del fruto de sus estudios, y descubrió que había bebido como doctrina sana en el colegio, los errores, jansenistas en religión, y en política las nociones más subversivas del orden social. Entónces emprendió la renovación completa de sus ideas, desde la filosofía, su ciencia predilecta; y desde entonces suspiró incesantemente, por salvar á la juventud de los estragos de las pésimas doctrinas que le habían extraviado y que corrían con el mayor crédito.” “Por lo demas, dice el mismo biógrafo, cumplió sus deberes de párroco con palpable provecho de la parte del rebaño que le estaba encomendada.”

Consagrado Arzobispo de Lima en 1835 el Illmo. Sr. Dr. D. Jorge Benavente, resolvió hacer la visita de su vasta arquidiócesis, viuda desde la expulsión del Sr. de las Heras en 1821, y nombró secretario de la visita al cura de Cajacay; con cuyo motivo volvió este á Lima, seria mente atacado de la terrible enfermedad conocida con el nombre de verrugas, en 1837. La visita no tuvo lugar sino en esta ciudad únicamente, por el mal estado de la salud del prelado, que falleció poco después y en la relativamente temprana edad de 55 años; y el Dr. Herrera se restituyó a su doctrina de Cajacay, no sin haber prestado antes importantes servicios en la capital, como miembro de una comisión instituida por el Sr. Benavente, para examinar el Código civil promulgado ese año por el General Santa Cruz, Protector de la Confederación Perú-Boliviana, en algunos de cuyos artículos se atacaban abiertamente los derechos é inmunidades de la Iglesia, y hacer á aquel, las debidas representaciones, que, justo es reconocer, recibió y acató con benevolencia.

Poco tiempo pudo permanecer el Dr. Herrera esta vez en Cajacay, porque acometido nuevamente por sus mal curadas verrugas, tuvo que abandonarlo definitivamente, pidiendo coadjutor, y trasladóse otra vez á Lima.

Hallábase en esta ciudad cuando el Illmo. Sr. Arrieta, sucesor del Sr. Benavente en el gobierno de la arquidiócesis, abrió concurso de curatos en 1840: opúsose el Dr. Herrera al concurso y se le confirió la bonita doctrina de Lurín, lo que influyó poderosamente en su vida ulterior. Desde luego, ello fue causa de que se relacionase estrechamente con el entonces Coronel reformado D. José Rufino Echenique, que trabajaba la vecina hacienda de San Pedro; y después, de que lo conociese el General Vidal, cuando vencedor del General Torrico en la batalla de Agua Santa, pasó por Lurín para venir á tomar posesión del gobierno en Lima en el mes de Octubre de 1842, el cual quedó tan prendado del joven cura, que le nombró Rector de San Carlos, luego que llego á esta ciudad.

La obra del Dr. Herrera como tal, en los nueve años que estuvo al frente de ese establecimiento, no puede ser estudiada en las estrechas páginas de un periódico: bástenos decir, que estableció un nuevo sistema de educación, cambiando completamente el plan, los textos y las doctrinas de la enseñanza: que él mismo escribió algunos de esos y enseñó la filosofía, la economía política, los derechos natural, constitucional, de gentes, canónico y la teología: que estableció la disciplina más severa, mediante el despliegue de la más vigorosa energía, unida á las formas más sagaces, y que formó un gran número de aprovechadísimos discípulos, que han ocupado posteriormente los más altos puestos del Estado y brillado en el foro, la magistratura, la cátedra, la iglesia, las armas y las letras.

Absorbido en sus tareas rectorales estaba el Dr. Herrera cuando fué designado por el gobierno del Mariscal Castilla, que regía constitucionalmente la República desde Abril de 1815, para pronunciar el sermón en la misa de gracias que debía celebrarse en la Catedral el 28 de Julio de 1846, XXV aniversario de nuestra independencia. Inmensa fue la sensación que esa espléndida oración hizo en la metropolitana cuando se pronunció y en toda la república cuando la prensa la llevó en sus alas, hasta sus más remotos confines. Ninguno de los que le escucharon podrá olvidar al joven y bello orador, cuando en vez de las vulgaridades y lugares comunes, que hacía un cuarto de siglo venían profiriéndose en días semejantes, al hablar de la conquista exclamó: «¡Gloria á los que la acometieron! ¡Gloria á España! Esa gloria que se refleja en los instrumentos de los grandes hechos del Altísimo: y la gloria verdadera quede á Dios por haber dotado á la nación española de la inflamada fantasía, del corazón generoso, del firmísimo é incontrastable carácter que era menester para semejante prodigio.» De suponer es la tempestad que en aquellos tiempos levantarían estas y otras ideas, verdaderamente extrañas en ellos, sostenidas con brío singular por el Dr. Herrera, así en el púlpito como en la cátedra. Así fue en efecto: gimieron verdaderamente las prensas con todo género de ataques, desde los más abstractos en el órden de las ideas, hasta los de las más concretas personalidades; pero á todos hizo frente el Dr. Herrera con la tranquila energía y la calma imperturbable que formaban el fondo de su carácter, rebatiendo á sus contendores, ya por escrito desde las columnas de “El Comercio”, ya de palabra en los exámenes públicos que se realizaron en San Carlos en Diciembre de aquel año. No obstante esa tempestad, en Noviembre del mismo, el Mariscal Castilla le confirió una canonjía en el coro metropolitano.

Afiliado el Dr. Herrera al partido de su antiguo vecino de Lurín D. José Rufino Echenique, ya General, que con el apoyo decidido del gobierno, disputaba la sucesión legal del Mariscal Castilla al General Vivanco, fue llevado al Congreso como Diputado por Lima, á la legislatura que se abrió el 28 de Julio de 1849 y elegido luego Presidente de su Cámara. En ella se mostró potentísimo orador parlamentario, y cuenta que tenía por rival y habitual contendor, á D. José Manuel Tirado, el más brillante sin duda, de los tribunos del Perú, jefe entonces del partido de oposición al gobierno.

En Abril de 1851 completó el Mariscal Castilla su periodo de seis años de gobierno y le reemplazó el General Echenique, proclamado por el Congreso después de una reñida y sangrienta lucha electoral; y cuando en Agosto de ese mismo año organizó su ministerio, que hasta esa fecha fue unipersonal, nombró al Dr. Herrera, Ministro de Justicia, Instrucción pública, Beneficencia y Negocios eclesiásticos, encargándole del despacho de Gobierno y Relaciones Exteriores, mientras se hacía cargo de él el titular D. Joaquín José de Osma, que con el General D. Manuel de Mendiburu en Hacienda, y el de igual clase D. Juan Crisóstomo Torrico en Guerra y Marina, formaban el gabinete. No se había visto quizá antes, ni tal vez se ha visto después, ninguno más completo, bajo todo punto de vista; sin embargo, no duró ni un año: antes que él se cumpliese salieron los Sres. Osma y Mendiburu como Ministros plenipotenciarios, este en la Gran Bretaña y aquel en los Estados Unidos primero y en España después, y el Dr. Herrera con igual carácter, cerca de Su Santidad, quedando solo el General Torrico en el gobierno con nuevos colegas.

Cosa de un año permaneció el Dr. Herrera en la ciudad eterna, representando dignísimamente á su país bajo todos aspectos, muy estimado por Su Santidad Pío IX, muy distinguido por el Cardenal Antonelli, Secretario de Estado y muy bien acogido por sus colegas del numeroso cuerpo diplomático allí residente, los miembros del Sacro-colegio y la alta sociedad romana en general; y después de una rápida misión en Toscana y Cerdeña, dio vuelta al Perú, llamado con viva instancia por el General Echenique, que veía ya formarse en el horizonte político, la tempestad que estalló poco tiempo después. No obstante esa llamada, el Dr. Herrera no tomó parte en el gobierno á su regreso á Lima, limitándose su participación en la política, al desempeño de las funciones de Consejero de Estado, para lo que había sido elegido por el Congreso, y al ejercicio de las de Director general de Instrucción pública, para lo que fué nombrado por el gobierno, hasta la caída del General Echenique el 5 de enero de 1855, y la subversión completa del orden constitucional, con lo que volvió el Dr. Herrera á la vida privada y á ocupar su silla en el coro metropolita, ya en la dignidad de Chantre.

Alejóse entonces de la política y aun de la capital, pues sus ya sériamente afectados pulmones, obligáronle á hacer una larga residencia en Jauja, hasta que la disolución de la Convención y la convocatoria á un Congreso que debía reunirse en 1858, lo llamaron nuevamente á aquella y le trajeron otra vez á esta, como Diputado unánimemente elegido por la dicha provincia.

En el Congreso de 1858 luchó el doctor Herrera con la inteligencia y brío que lo caracterizaban, en defensa de los principios fundamentales del orden social, que formaban su credo; pero sin éxito ninguno: ese Congreso fué una especie de apéndice de la Convención, que no hizo más que complicar la situación y que cayó al fin tan ridículamente como ella. Resolvió entonces el gobierno apelar directamente á la nación, para que esta, mediante un plebiscito, manifestase su voluntad respecto á la reforma de la Constitución de 1856, y eligiese por sufragio directo, sus representantes, debida y especialmente autorizados para llevarla á efecto. El pueblo respondió unánime y presuroso al llamamiento del gobierno y el Congreso reformador se instaló el 28 de Julio de 1860, bajo la presidencia del Sr. Herrera, elegido nuevamente Diputado por la provincia de Jauja, no sin que antes el partido opuesto á la reforma de la Constitución, hubiese hecho todo esfuerzo por impedir su reunión, hasta el extremo de atentar á la vida del Presidente de la República el 25 del propio mes. Ya por entonces era el Sr. Herrera Obispo de Arequipa, para cuya sede, vacante por la promoción á la archiepiscopal de Lima del venerable Sr. de Goyeneche, fué presentado por el Mariscal Castilla en 1859, y consagrado por el Sr. Orueta, Obispo de Trujillo, en la iglesia de San Pedro de esta ciudad, el 27 de Mayo del mismo año de 1860.

Al Congreso reformador presentó el Sr. Herrera un proyecto de reforma constitucional, ó más bien un proyecto de Constitución, “no como proposición en forma, sino únicamente como materia de lectura particular á los señores Diputados, especialmente á los miembros de la Comisión,” según decía él mismo en el prólogo que lo precedía: estos no tomaron para nada en cuenta ese proyecto, y presentaron otro, que es el que, más ó menos se convirtió en ley fundamental del Estado, y, más ó menos también, norma sus destinos, no sin repetidos eclipses parciales ó totales, desde el mencionado año de 1860, y que, de ningún modo satisfacía las aspiraciones del Sr. Herrera y de sus amigos.

Sin embargo, el Sr. Herrera, acompañado fielmente por alguno de estos, luchó á fin de modificar en alguna manera el proyecto de la Comisión, y siquiera, como el decía, quitar el escándalo de la ley; y, no obstante el decaimiento de su salud, pronunció varios discursos verdaderamente esplendidos y en todo dignos de él: citaremos entre otros, el de la sesión del 29 de Agosto, apoyando el artículo 4.º del proyecto de reforma, y él de la sesión del 3 de Setiembre impugnando el artículo 6º del mismo. Fué este su último discurso y la sesión del 7 de ese mes la última que presidió. En la del 11 se dió cuenta de una acta fechada el 10, en la que anunciaba al Congreso su separación, “por ser imposible que continuase presidiéndolo ni tomase parte alguna en sus deliberaciones; después de haberse declarado competente para abolir y haber abolido el fuero personal de los clérigos, sin acuerdo del jefe de la Iglesia.”

El 28 de Diciembre de ese mismo año, dejó definitivamente su ciudad natal y se dirigió á tomar posesión del gobierno de su diócesis, abordo de la fragata de guerra “Amazonas,” que el gobierno puso á su disposición para que le condujese á su destino. Consagrado ya únicamente al cumplimiento de sus deberes pastorales, vivió el Sr. Herrera en Arequipa, hasta el 10 de Agosto de 1864 en que falleció a los 56 años de su edad, “cuando la patria y la Iglesia se prometian aún más felices sucesos de sus talentos, virtudes y singular laboriosidad,” como dice uno de sus biógrafos.

Durante su paso por el Ministerio de Relaciones Exteriores, celebró el Sr. Herrera con el Comendador Da Ponte Riveyro, el tratado de comercio y navegación fluvial entre el Perú y el Brasil, que lleva la fecha de 23 de Octubre de 1851, por lo que recibió del Emperador Don Pedro II la Gran Cruz de la Orden de Cristo; y durante su misión en Turín ajustó con el General Dabormida, Ministro de Negocios extranjeros, el tratado de amistad, comercio y navegación entre la República y el reyno de Cerdeña, que lleva la del 14 de Junio de 1853, por lo que el Rey Victor Manuel le confirió la Gran Cruz de la Orden de los Santos Mauricio y Lázaro: mientras estuvo en Roma estipuló con el Cardinal Santucci, un proyecto de Concordato al que el gobierno no dió curso.

Las principales obras del Sr. Herrera se contienen en el tomo 2.º de las selectas del clero peruano, dadas á luz en París en 1853 por M. R. M. Laurel; y de todas las que escribió, hácese una relación en la biografía impresa en Lima en 1873, obra, según se dice, de Monseñor García y Sanz. El retrato que hoy se publica, es copia de una fotografía hecha en Arequipa en 1863, y que envió de allí al que estas líneas traza, que conserva siempre su veneranda imagen ante sus ojos, como conserva inalterable en su corazón, el profundo y respetuoso afecto que en vida le profesó.


(*) Publicado en Jurídica, Nª 212, suplemento del diario El Peruano, el 19/08/2008.

(**) El 24 de agosto de este año se cumple el bicentenario del nacimiento de uno de los más preclaros sacerdotes, abogados y políticos de la mitad del siglo XIX: Bartolomé Herrera Vélez. A solicitud de la Sociedad Peruana de Historia y de muchos ilustres lectores y coleccionistas de "Jurídica", cumplimos con adherirnos al homenaje que se le tributa y publicamos la biografía que de él escribió otro gran hombre que ocupa lugar privilegiado en la historia nacional. Este fue José Antonio de Lavalle, quien, con especial afecto, escribió este artículo para el "Perú Ilustrado", N° 14 (Lima, 18 de enero de 1890), que ahora reproducimos textualmente, respetando la ortografía de la época.

Los persas emplearon las primeras armas químicas en el siglo III (*)

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Investigadores hallan evidencias de guerra química contra los romanos en la ciudad siria de Dura-Europos

University of LeicesterLos antiguos persas fueron los primeros en emplear armas químicas, según ha revelado un estudio de la Universidad de Leicester, que ha identificado lo que parece ser la evidencia arqueológica más antigua de guerra química en la ciudad siria Dura-Europos. Las víctimas fueron cerca de 20 soldados romanos que protegían la ciudad del sitio persa en el año 256. Los soldados, según la última investigación llevada a cabo por el arqueólogo Simon James de la Universidad de Leicester, murieron de asfixia.

Dura-Europos, situada en las orillas del río Eufrates, fue conquistada por los romanos, que construyeron allí una fortaleza. Hacia el 256 a.C., la ciudad fue sitiada por las tropas del Imperio persa, bajo la dinastía sasánida (226-651). Ningún texto antiguo relata el enfrentamiento, del que hoy en día se tiene constancia gracias a las excavaciones arqueológicas, iniciadas en los años 20.

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Los sasánidas utilizaron toda clase de técnicas, incluidas minas, para abrir una brecha en las murallas, por donde introdujeron, según la investigación, betún y cristales de azufre para asfixiar a los romanos en pocos segundos, ya que estas sustancias emiten gases venenosos en su combustión. "Para los persas, matar a 20 personas en un espacio de menos de dos metros de alto y ancho y alrededor de 11 metros de largo requería poderes de combate sobrehumanos", explica James, que deduce que "los persas habrían escuchado a los romanos abriendo un túnel, por lo que les prepararon una desagradable sorpresa".

Aunque las tropas sasánidas no derrumbaron los muros de la fortaleza, lograron irrumpir en Dura-Europos. Simon James ha encontrado en sus últimas excavaciones un sistema de catapultas para atacar la ciudad. Los restos encontrados parecen indicar que sus habitantes fueron o masacrados o deportados a Persia y que la ciudad fue abandonada para siempre.


* Publicado en El País, de España, el 19/01/2009.

Ernesto de la Torre Villar (1917-2009)

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Hoy, 7 de enero de 2009, murió Ernesto de la Torre Villar. Quienes tuvimos la fortuna de ser sus alumnos y de gozar su cercanía sabemos que, además de perder a un gran académico y universitario, también perdimos a un buen hombre, honesto, divertido y amable.

Ernesto de la Torre nació en Tlatauqui, Puebla, el 24 de abril de 1917. Entre 1937 y 1945 cursó sus estudios en la Escuela Nacional Preparatoria, en la Escuela Nacional de Jurisprudencia y en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional. Realizó sus posgrados en El Colegio de México, en la Escuela Nacional de Antropología y en la Escuela de Altos Estudios de la Universidad de Sorbonne. Entre quienes fueron sus profesores se cuentan algunas de las figuras fundamentales en la historia de la educación mexicana. A los veinticuatro años ingresó como investigador en el Instituto Panamericano de Geografía e Historia. Fue director de instituciones académicas y de repositorios documentales y bibliográficos, entre los que destaca la Biblioteca Nacional de México, que condujo de 1965 a 1976. Su amor por los libros es el mismo que sintió por la historia patria, a la que tantos años dedicó y que, en el fondo, no era otra cosa que amor por México. En 1944 inició sus actividades docentes en la Escuela Nacional Preparatoria. Formó decenas de generaciones y ha dejado impronta en numerosos estudiantes en nuestra Universidad y en otras instituciones de educación superior nacionales y extranjeras.

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Decano del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México, sus intereses lo condujeron, de manera preferente, a la historia del periodo colonial, pero no se pueden desdeñar sus importantes aportaciones a otros temas y periodos del pasado mexicano. Se interesó por el campo de la bibliografía, el de la historia colonial, la historia de la cultura social y de la económica. Buscador incansable de testimonios documentales y bibliográficos, trabajó muchos años en el Archivo General de la Nación, en el Archivo Histórico de la Secretaría de Hacienda y, desde luego, en la ya mencionada Biblioteca Nacional.

De su autoría, son casi un centenar de libros originales y dos veintenas de ediciones de obras ajenas, que dan idea de lo difícil que sería hacer un resumen de su obra. Prólogos, artículos, capítulos de libros, conferencias y ponencias (la mayoría publicadas) y reseñas críticas suman más de doscientos. Entre sus temas favoritos se incluían, en primerísimo lugar, el de la historia de la Iglesia y algunos de sus fundamentos. La importancia del Guadalupanismo en la formación espiritual de México ocupa una parte importante de las tareas historiográficas que el doctor De la Torre llevó a cabo. "En torno al guadalupanismo" (1985), pero sobre todo los "Testimonios históricos guadalupanos" (1982) son apenas una pequeña muestra de lo dicho.

Es innegable la preferencia que Ernesto de la Torre tuvo por ciertos personajes, ya por haber sido fundamentales en la construcción de la patria, ya por su sabiduría. Merece destacarse el bibliógrafo Juan José de Eguiara y Eguren, a quien dedicó siete libros y seis artículos. Otro bibliófilo y magnífico historiador deimonónico, José Fernando Ramírez, también llamó la atención de nuestro querido investigador emérito, por lo que realizó varios estudios que abordan su vida y pensamiento, además de la edición de sus "Obras históricas", publicadas por nuestra Universidad.

Ernesto de la Torre siempre será recordado por sus esfuerzos para comprender el periodo de la independencia mexicana. Son muchos los libros que escribió acerca de diversos temas que nos permiten entender la complejidad del proceso que dio origen a nuestro país como nación independiente. No escapó a su mirada los esfuerzos que, desde dentro y fuera de la Nueva España, llevaron a cabo diversos individuos para emancipar el virreinato. "Dos proyectos para la independencia de América" (1961) fue uno de sus primeros acercamientos al tema. "Los guadalupes y la independencia" (1966) es un trabajo pionero sobre la participación de las sociedades secretas en el proceso de emancipación. No obstante, es "La Constitución de Apatzingán y los creadores del Estado Mexicano" su obra más destacada. En ella abordó, como puede apreciarse desde el título, a aquellos individuos que, en condiciones difíciles, pero con una formación recia y un sentido heroico, contribuyeron de manera decisiva a la orientación republicana de este país. No resulta extraño, pues, que sus obras más recientes, "Documenta insurgente" (2003) y "La inteligencia libertadora" (2004), vuelvan a revisar el periodo emancipador y, en particular, a Miguel Hidalgo.

Este trabajo fue reconocido por diversos premios, como las Palmas Académicas de la República Francesa, el Premio Nacional en el campo de la Filosofía y la Historia, el Premio Universidad Nacional de México en el campo de Ciencias Sociales y la "Orden Andrés Bello" de la República de Venezuela, entre muchas otras.

Murió el 7 de enero de 2009. Vivió una larga y fecunda vida, llena de historias, todas firmadas en el Olivar de los Padres.

Dr. Alfredo Ávila
Secretaría Académica
Instituto de Investigaciones Históricas
Universidad Nacional Autónoma de México


Vía: H-México


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