San Marcos exonerará del pago a 1.000 postulantes

Estudiantes de bajos recursos económicos que hayan tenido como promedio 15 en sus notas serán los beneficiados.

Piden presupuesto para continuar investigaciones

Walter Alva recordó que en el 2016 no se ejecutaron trabajos de investigación arqueológica en Lambayeque.

Se realizarán tours nocturnos en Chavín de Huántar

Ministerio de Cultura autorizó visitas para promover importante monumento arqueológico.

Polémica de los Pitufos comunistas ya es mundial

La prestigiosa BBC hace eco de la polémica desatada en Uruguay por comparar a los Pitufos con una sociedad comunista.

¿Se hará realidad la ficción cinemtográfica

Según la agencia, roca espacial circuló demasiado cerca de nuestro planeta.

Comunicado de la AHIRSA sobre el Colegio de Historiadores

Hemos recibido el siguiente comunicado de la AHIRSA sobre la propuesta de creación de un Colegio Profesional de Historiadores del Perú, el mismo que pasamos a publicar sin hacer comentario o edición alguna del texto, a fin de respetar el espacio concedido para la expresión de sus ideas y motivos. El comentario o comentarios que deseen hacerse serán igualmente recibidos y publicados (JMM).


COMUNICADO Nº 01-PCPPH-AHIRSA

Reciban un saludo cordial a toda la comunidad de historiadores que acceden a éste espacio de AHIRSA (Asociación de Historiadores Región Sur –Arequipa).

Lamentablemente esta circulando en la red algunas opiniones que atentan contra los principios que AHIRSA defiende con respecto al Colegio Profesional de Historiadores, así:

El presente comunicado ha sido elaborado por profesionales de AHIRSA que hemos culminado los 5 años (10 semestres)

1. Rechazamos toda opinión que menosprecie el trabajo de años que tiene AHIRSA, especialmente de personajes que echan lodo a una lucha que la mayoría desea. Así, como en alguna oportunidad años atrás algunos personajes quisieran hacer quedar mal a AHIRSA por su trabajo en pro del Colegio Profesional de Historiadores. La Comisión rechaza en este sentido las opiniones malintencionadas de algún minúsculo grupo de individuos que no tienen el respaldo de las mayorías, en contraposición a lo plateado por AHIRSA, que lo único que quiere es difundir estas comunicaciones y defender la profesión de los seudo historiadores.

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2. El debate del proyecto de ley esta en el congreso desde el 2005 cuando AHIRSA lo presentó, si algunos no se da por enterado es por su menosprecio a una propuesta que tiene grandes posibilidades.

3. Son varias universidades que han entrado en debate entre ellas: UNSA(Arequipa), San Antonio Abad de Cusco, San Cristóbal de Huamanga(Ayacucho), San Marcos(Lima), Villarreal(Lima), universidades que han manifestado formalmente en su mayoría por el proyecto de creación del Colegio Profesional de historiadores del Perú.

4. Rechazamos las perversas intenciones de algunas personas quieren insultar el gran trabajo del congresista Juan Carlos Eguren N., quien desinteresadamente brinda su apoyo a que este propuesta sea una realidad, ahora el único culpable de los errores que pueden haber somos nosotros, los cuales asumimos. También rechazamos las opiniones en contra de congresistas que lo único que hacen es cumplir con su función como parte del estado y primer poder del mismo.

5. La exposición de motivos del proyecto representa en sentir de un gran sector de historiadores especialmente de las regiones (no es perfecto), seguramente el grupo de las minorías se enfada por que se acabo la regencia de unos cuantos que solo han defendido sus privilegios.

6. El futuro Colegio Profesional estará siempre enmarcado dentro del principio plural y completa libertad de expresión, además de ser una institución donde todos estemos en las mismas condiciones sin privilegios y se acabe la historia oficial venga de donde venga, además nuestras capacidades como intelectuales estará salvaguardas.

7. Los únicos deberes y derechos que habrá dentro del Colegio Profesional será la que establezca la ley y el estatuto que será elaborado y aprobado por una asamblea de historiadores.

8. También es bueno mencionar que nuestra comisión prestan como propuesta que el primer decano del futuro Colegio Profesional sea un destacado historiador de los últimos tiempos como: el Doctor Pablo Macera, Heraclio Bonilla, Eusebio Quiroz Paz Soldán o Manuel Burga.

9. AHIRSA estará llana a trabajar por las mayorías y dialogar con las minorías, siempre y cuando sean historiadores y no aficionados en historia o representantes de instituciones reconocidas, esperamos así un debate y asistan a los eventos donde se discute el tema, a pesar de haber realizado varios conversatorios, donde se discutió lo arriba señalado. Esta demás decir que estudiantes, egresados, bachilleres, graduados y doctores en historia han dado su opinión favorable, así se han recolectado firmas de muchas universidades brindando su respaldo.

Finalmente, los aficionados a la historia, que lo sigan siendo, nadie les prohíbe como matar el tiempo, pero la profesión de historiador se respeta de ahora en adelante. El debate comenzó hace años, especialmente en los últimos cinco años.
Respetamos todas las opiniones vertidas al respecto, mas no compartimos algunas de ellas.

HISTORIADOR MIGUEL ÁNGEL ZEBALLOS LOZANO
PRESIDENTE DE LA COMISIÓN PRO COLEGIO PROFESIONAL DE HISTORIADORES-AHIRSA

Carta abierta a José Carlos Eguren, el congresista que propuso el proyecto de ley del Colegio de Historiadores

La siguiente es la Carta Abierta de Jorge Luis Valdez Morgan, de La Bitácora de Hobsbawm, historiador y docente de la especialidad de Historia de la Universidad Católica, que dirige al congresista José Carlos Eguren, el (ir)responsable de la propuesta de ley que crea el Colegio Profesional de Historiadores del Perú. Dada la importancia que reviste el caso, y los términos en que es planteada, nos permitimos reproducirla a fin de que se difunda entre la comunidad de historiadores y profesionales vinculados a las ciencias sociales e investigación. Que este sea el primero de los documentos en defensa de nuestra profesión.


Sr.
Juan Carlos Eguren Neuenschwander
Congresista de la República por Arequipa (PPC)
Presente.-


Aprovecho la presente para saludarlo y hacerle conocer la enorme preocupación y molestia que el proyecto de ley que propone crear el "Colegio profesional de historiadores del Perú" (Proyecto de Ley N. 904/2006 – CR) presentado en la Comisión de Educación, Ciencia, Tecnología, Cultura, Patrimonio Cultural, Juventud y Deporte del Congreso de la República está despertando en la comunidad académica de las Ciencias Sociales y Ciencias Humanas en el Perú y en los investigadores peruanistas de diversas partes del mundo.

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Obra fundamental sobre el Código Civil de 1936 (*)

Por José de la Puente Brunke

Desde el año 2000, en que apareció el primer volumen, Carlos Ramos Núñez nos ha sorprendido gratamente por su constancia en el trabajo y su rigor académico, al ofrecernos hasta este momento ocho entregas de su Historia del Derecho Civil Peruano, Siglos XIX y XX, que se constituirá –no cabe duda- en un clásico de nuestra historiografía jurídica. Lo interesante es que no se trata de una historia dogmática o formal, sino que busca presentar la formación y desarrollo del Derecho Civil peruano en su contexto social. Así, Ramos Núñez nos ilustra sobre las trayectorias vitales de los juristas más notables, pondera la importancia de la producción intelectual de cada época y sitúa en su contexto las sucesivas normas de nuestro Derecho Civil. Muy oportunamente nos recuerda, en la Introducción al último de los volúmenes, que el historiador del Derecho examina los fenómenos jurídicos desde un punto de vista exterior –en relación con los hechos sociales, políticos y económicos de cada época-, aunque sin dejar de estudiar el contenido de la legislación y las características de las instituciones.

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CÓDIGO CIVIL DE 1936

El plan de la obra contempla dos volúmenes dedicados al Código Civil de 1936, el segundo de los cuales acaba de aparecer hace pocas semanas, (1) dedicado al proceso de elaboración del primer Código Civil del siglo XX. El primer volumen, referido a los juristas que dirigieron ese proceso, apareció en octubre de 2006, y nos introduce en la formación, los aportes y el ambiente en el que se desenvolvieron los cinco personajes –abogados cuatro de ellos, y uno médico legista- que integraron la “Comisión Reformadora” del Código. (2)

Si bien la novedad está constituida por la aparición del segundo volumen, me referiré en este comentario también al primero, cuya lectura es fundamental para aprovechar mejor aquél. Los artí?ces del Código de 1936 constituyeron un conjunto humano variado e interesante, presidido por el ilustre puneño Juan José Calle, “el más experimentado y versátil de ellos”, según Ramos Núñez. Si bien no fue catedrático universitario, se desempeñó en casi todos los otros ámbitos de la vida jurídica: fue abogado, consultor, funcionario administrativo, legislador, magistrado y ?scal de la Corte Suprema. Además, fue autor de obras jurídicas relativas no solo al Derecho Civil, sino también al Derecho Penal y al Derecho municipal. Estuvo acompañado por cuatro notables personajes. Manuel Augusto Olaechea, de origen familiar iqueño, fue célebre catedrático en la Universidad de San Marcos y experto en obligaciones y contratos, además de gran abogado y polemista. Sin embargo, el integrante del grupo más vinculado al mundo académico fue Pedro M. Oliveira, de familia de origen loretano, quien llegó además a ser rector de la Universidad de San Marcos. Por su parte, Alfredo Solf y Muro, de origen lambayecano, tuvo gran experiencia en lo referido a derecho minero, derecho industrial y derecho agrícola, y fue, asimismo, prestigioso catedrático sanmarquino –ocupando también el rectorado–, además de cultivar la diplomacia, al haber sido ministro de Relaciones Exteriores durante todo el primer gobierno de Manuel Prado (1939-1945). Hermilio Valdizán, huanuqueño, fue el único integrante del grupo no vinculado al mundo jurídico, aunque sí al académico: notable médico psiquiatra, fue importante catedrático de la Escuela de Medicina de San Fernando, y mostró gran interés por los estudios humanísticos.

Políticamente se trataba de un grupo bastante heterogéneo: Calle, el mayor de todos ellos, había sido un cercano seguidor de Piérola, y miembro del Partido Demócrata; Olaechea, hijo de un notorio pierolista, fue ministro de Finanzas de Sánchez Cerro, y, además, presidente del Banco Central de Reserva; Oliveira, en cambio, estuvo muy ligado al Oncenio de Leguía, fue su ministro de Justicia entre 1926 y 1929, participó en diversas negociaciones diplomáticas y colaboró en un proyecto de reforma universitaria de corte autoritario; Solf y Muro había sido importante miembro del Partido Civil, y luego colaborador de Manuel Prado, como ya se dijo. Valdizán, el más joven del grupo, no participó en la política activa.

Es un indudable acierto analizar el Código de 1936 teniendo como punto de partida a sus artí?ces, ofreciendo un apasionante panorama del ambiente en el cual trabajaron, y de las muy diversas in?uencias –jurídicas y no jurídicas – que recibieron en su labor. Precisamente, fue en ese contexto en el que se hicieron cada vez más numerosas las opiniones favorables a la elaboración de un Código Civil que reemplazara al de 1852.

Tal como lo a?rmó uno de los artí?ces del nuevo ordenamiento, Pedro M. Oliveira, las ideas habían avanzado más que las leyes y los hechos. En una serie de aspectos había consenso en cuanto a la necesidad de la reforma, teniendo en cuenta que la realidad de la vida económica y comercial de los ochenta años posteriores a 1852 había planteado notables cambios con respecto al tenor de las normas del primer Código Civil. Se trataba sobre todo de los puntos relativos a los derechos reales, a los registros y a las obligaciones y contratos.

En efecto, por la evolución ideológica producida en esas décadas, y por las propias transformaciones sociales y económicas, el concepto de propiedad había cambiado notablemente –se había liberalizado–, lo cual se podía ver en varios hechos, como la progresiva desaparición de los rezagos de las vinculaciones tradicionales, propiciándose una mayor libertad en cuanto a las transferencias con respecto a los bienes raíces. En este sentido, ya en 1922 –precisamente el año en que se formó la Comisión Reformadora del Código Civil, integrada por los cinco personajes mencionados– Manuel Augusto Olaechea, como decano del Colegio de Abogados de Lima, manifestaba que si bien el Código de 1852 tenía como basamentos las grandes instituciones del Derecho, “no ha recibido todavía el pulimento con que la vida social ha ido perfeccionando sus líneas, ni ha dado, tampoco, cabida a las nuevas instituciones legales que las necesidades de la actividad humana exigen”. Entendía que en el siglo XX era apremiante concebir el Derecho como un instrumento ?exible, que se pudiera adaptar a las tan novedosas realidades que iban surgiendo.

En esa misma línea, Ramos Núñez nos recuerda que a inicios del siglo XX, y, precisamente, por los cambios que se iban dando en la realidad social, la legislación especial “había alcanzado los límites de la exuberancia”, como lo demostraban los anexos de casi mil páginas que, por entonces, preparaba Miguel Antonio de la Lama para sus ediciones del Código Civil de 1852. Si bien los cambios en la vida social y económica reclamaban su correlato legislativo, debe ponerse de relieve que un impulso fundamental fue el que se imprimió desde el Poder Ejecutivo, en el marco de las políticas modernizadores del Oncenio de Leguía.

En efecto, los planes de reforma del Código Civil se dieron en un ambiente en el que se estaban impulsando varias otras iniciativas de cambios legislativos. En este sentido, Ramos Núñez nos recuerda el “afán codi?cador” de Leguía, notorio ya desde su primer mandato, entre 1908 y 1912, durante el cual se expidieron la Ley del Notariado, el Código de Procedimientos Civiles de 1912 y la primera Ley Orgánica del Poder Judicial.

Para todos, pues, era evidente por entonces la necesidad de –al menos– reformar el Código de 1852. A ese proceso de reforma, que, ?nalmente, terminó en la promulgación de un nuevo Código, está dedicado el volumen de Ramos Núñez sobre “la génesis y las fuentes” del Código de 1936. En cuanto a la génesis, el libro es muy claro al presentarla en tres etapas claramente diferenciadas: la primera se desarrolla entre 1922, año en que se crea la Comisión Reformadora, y 1929, en que terminan sus sesiones. La segunda etapa, entre 1930 y 1936, estuvo constituida por la elaboración del anteproyecto y su entrega al Poder Ejecutivo; y la tercera se desarrolló en el mismo año de 1936, con la labor de las comisiones revisoras, y ?nalmente con la promulgación del nuevo Código, mediante decreto de 30 de agosto del mismo año.

Los trabajos de la Comisión Reformadora estuvieron inspirados por un notable espíritu descentralista, lo cual –según Ramos Núñez- constituye un hecho poco común en la historia de la legislación peruana. En efecto, los Colegios de Abogados y las universidades del interior del país fueron informados de los trabajos de la Comisión, y a la vez se les requirió sus pareceres. Lo mismo se hizo con profesores universitarios, abogados, autoridades políticas y eclesiásticas y promotores de institucionesde tutela indígena. Las contribuciones que se suscitaron a partir de esas convocatorias generaron lo que el libro denomina “la voz de las provincias”, de importancia central en la labor de la Comisión. Los magistrados, y en particular los presidentes de las Cortes Superiores hicieron aportes signi?cativos, que fueron importantes en lo que sería la transformación legislativa en torno a tres cuestiones fundamentalmente: la teoría del abuso del derecho, la función social de la propiedad y la transformación de la responsabilidad civil.

TEORÍA DEL ABUSO DEL DERECHO

Sobre la teoría del abuso del Derecho se plantearon diversos enfoques en la preparación del Código, y las discusiones continuaron años después. Por ejemplo, una posición con repercusiones en la actualidad fue la de Manuel Benigno Valdivia, presidente de la Corte Suprema en 1947, quien consideraba que la forma más usual de abuso del derecho –y grave obstáculo para la seguridad jurídica– era la que se daba en el ámbito de los medios de comunicación y la libertad de prensa. Consideraba que esta debía estar siempre regulada por el principio de veracidad, ya que quien emite un juicio debe estar preparado para demostrarlo: “el simple rumor, la noticia inexacta, la suposición infundada dañan tanto a la dignidad de las personas que no pueden ser amparados por la libertad de prensa”.

MATRIMONIO CIVIL Y DIVORCIO VINCULAR

En los debates en torno al nuevo ordenamiento legal, luego de ser promulgado, hubo también voces que manifestaron cierta nostalgia por el primer Código Civil peruano, que acababa de ser derogado. Fue el caso del entonces decano del Colegio de Abogados, José de la Riva-Agüero y Osma. El ilustre humanista consideró en 1937 que ese “venerable Código” debía ser modernizado en algunos puntos, pero rechazó la “transformación total” que se había efectuado, de un modo que él consideró arbitrario y alejado “de nuestra legítima tradición romanista y castellana”.

En particular, Riva- Agüero censuró el hecho de que el nuevo Código hubiera acogido el matrimonio civil y el divorcio vincular, lo cual en su opinión atentaba contra la institución familiar, al igual que la legitimación de los hijos adulterinos. Este último aspecto, en particular, generó notable malestar e intensas discusiones en el seno de la magistratura, ya que la mayoría de sus miembros se manifestó contraria a esa norma. Intensas fueron también las discusiones entre los jueces con respecto al divorcio, manifestando muchos de ellos su temor de que ese reconocimiento legal fuera un estímulo para la quiebra de familias que de otro modo hubieran logrado permanecer unidas.

FUENTES DEL CÓDIGO

El de las fuentes es otro asunto clave para entender de modo adecuado el ordenamiento de 1936. A diferencia del Código de 1852, inspirado, fundamentalmente, en el Código Civil francés, en el Derecho romano y en el Derecho castellano, el de 1936 surgió de fuentes diferentes. Sus modelos legislativos fueron, sobre todo, los códigos civiles alemán, suizo y brasileño, al igual que las doctrinas tanto francesa como italiana. Señala Ramos Núñez que una novedad absoluta aportada por ese Código –considerando el derecho comparado- fue la de acoger a las comunidades indígenas, que habían sido ya incorporadas previamente en la Constitución de 1920.

Los dos volúmenes que comentamos incluyen secciones de “Documentación grá?ca”, que reproducen portadas de numerosas obras jurídicas y de textos legislativos de la primera mitad del siglo XX, ofreciéndonos un ilustrativo panorama tanto de los debates en torno a los aspectos más polémicos planteados por el Código de 1936, como de las novedades que el Código trajo consigo. El segundo volumen, además, ofrece un anexo con un esquema temático y cronológico de las actas de debates de la Comisión Reformadora del Código Civil, desarrollados entre 1922 y 1929. En de?nitiva, lo novedoso y original de esta obra reside –como ya lo señalamos al inicio- en estudiar la génesis y el contenido del Código de 1936, no solo desde el punto de vista de lo estrictamente jurídico, sino, también, analizando el Derecho desde una perspectiva social.


NOTAS.-

[1] Ramos Núñez, Carlos: Historia del Derecho Civil Peruano. Siglos XIX y XX. Tomo VI. El Código de 1936. Volumen 2. La génesis y las fuentes. Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú, 2009, 328 pp.

[2] Ramos Núñez, Carlos: Historia del Derecho Civil Peruano. Siglos XIX y XX. Tomo VI. El Código de 1936. Volumen 1. Los artífices. Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú, 2006, 324 pp.

* Publicado en Jurídica, Suplemento del diario El Peruano, N° 247, el 21 de abril de 2009.

"Imperios del mundo atlántico"

Acabo de adquirir (bastante tarde) mi ejemplar de "Imperios del mundo atlántico", de John Elliot, que conocía sólo por referencia en la prensa y apenas he leído unas cuántas páginas y ya he quedado enganchado con su lectura. Aunque ahora mismo no dispongo de tiempo para hacer la reseña respectiva, no quería dejar de recomendar su lectura y discusión. En ella, el hispanista inglés ensaya una historia comparada de los dos imperios trasatlánticos, el hispano y el británico, señalando tanto las diferecnias como las similitudes entre uno y otro. Mientras tanto, aquí les dejo una entrevista a su autor publicada en el suplemento cultural Babelia del diario El País cuando apareció la traducción al castellano.


"El pluralismo religioso favoreció a los ingleses en América" (*)
Por José Andrés Rojo


"Un perspicaz notario extremeño, convertido en colonizador y aventurero, y un antiguo corsario manco de Limehouse, en el condado inglés de Middlesex. Ochenta y siete años separan ambas expediciones, dirigidas respectivamente por Hernán Cortés y el capitán Christopher Newport, que pusieron los cimientos de los imperios de España y Gran Bretaña en el continente americano".

Con estas palabras empieza el último libro de John H. Elliott (Reading, 1930), uno de los grandes hispanistas y profundo conocedor de la España que dominó gran parte del mundo y luego se precipitó en una larga decadencia. "La idea de comparar el desarrollo de dos grandes imperios a lo largo de tres siglos permite abordar desde una nueva óptica lo que ocurrió entonces viendo las semejanzas y las diferencias entre uno y otro en aspectos tan distintos como la conquista, la colonización, el tratamiento de las poblaciones indígenas, el tipo de sociedad, los procesos de independencia", comenta a propósito de Imperios del mundo atlántico. España y Gran Bretaña en América (1492-1830), que acaba de publicar Taurus. "El gran problema surge cuando se analiza el pasado con la mirada del siglo XXI. Un estudio sistemático que atienda al desarrollo paralelo de los dos grandes imperios permite comprender mejor el contexto y conocer por qué las cosas sucedieron como sucedieron".

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P. ¿Cuál fue el elemento esencial que presidió ambas aventuras?

R. La religión. Pero ahí empiezan las diferencias. La expedición de Newport tiene lugar más de 80 años después que la de Cortés, y durante ese tiempo en Europa se ha consolidado la Reforma protestante. Los ingleses leen directamente la Biblia y surgen diferentes corrientes, con lo que trasladan a América un pluralismo religioso que no se da en el ámbito hispánico, donde no existe un pensamiento monolítico pero en el que se impone la Iglesia de forma rotunda. Un dato: en 1700 hay ya 20 obispos en la América hispánica; en la inglesa, al primero se lo nombra después de la independencia.

P. ¿Qué otros efectos produjo ese pluralismo religioso?

R. Gracias a la Reforma se consolidó en Europa el Parlamento inglés. Y eso tiene su traslación a América: los colonos forman muy pronto (en Virginia, en 1619, por ejemplo) asambleas representativas donde dirimir sus diferencias. Los Reyes Católicos, en cambio, no quieren exportar las Cortes al Nuevo Mundo. La conquista de México coincidió con la rebelión de los comuneros y querían evitar que las instituciones representativas se hicieran fuertes allí. Buscaron otras formas, como los cabildos municipales, que ejercieron el poder político de manera mucho más autoritaria.

P. ¿Qué importancia tuvo que el reto de colonizar América fuera en el caso español subvencionado por la monarquía y en el caso inglés por empresas particulares?

R. Era forzoso que los ingleses pudieran satisfacer las exigencias de los accionistas. De ahí la búsqueda frenética de recursos naturales, pero no encontraron ni oro ni plata. Sólo más adelante se sirvieron de las plantaciones de tabaco. La iniciativa privada existió también en el caso español: la colonización de Venezuela fue costeada por empresarios privados, pero fracasó. Lo que de verdad marca la diferencia es el intervencionismo constante de la Corona en la América española. Debía ocuparse de la explotación de las minas, de su vigilancia, del transporte. Las minas de plata de Zacatecas y Potosí generaron tal riqueza que toda la economía española giró alrededor de la plata.

P. ¿Qué momentos fueron decisivos en la historia de América durante esos tres siglos?

R. La guerra de los Siete Años (1756-1763) fue muy importante, y en ella Gran Bretaña derrotó a Francia y destruyó su imperio en América del Norte. Para que la aventura colonial no resultara tan gravosa, la metrópoli intentó que se subvencionara en la propia colonia con los impuestos. También éstos subieron en la zona española con la llegada de Carlos III al poder. Entre 1773 y 1783 se desencadenó la gran rebelión en la América inglesa. Al mismo tiempo (17801781) se produjeron las revueltas de Tupac Amaru y Nueva Granada.

P. Una triunfa y las otras fracasan, ¿por qué?

R. En Estados Unidos la rebelión de los colonos frente a Gran Bretaña cuenta con la colaboración de franceses y españoles. Las de Tupac Amaru y Nueva Granada son gestos aislados, sin apoyos de ningún tipo. La cuestión racial también es importante. En ambas revueltas el fuerte componente indigenista asusta a los criollos, que terminan por considerar un mal menor seguir dependiendo de la Corona española que hacer frente a las reivindicaciones indígenas que se les pueden ir de las manos.

P. ¿Cómo surge la necesidad en América de defender una identidad propia frente a Europa?

R. Para diferenciarse de los indios y de los esclavos, los ingleses y españoles que llegaron a las colonias querían ser ante todo más ingleses y españoles que los de las madres patrias. Con el tiempo, sin embargo, y por mucho que fuera el poder que tuvieran en América, descubrieron que los hombres de Inglaterra y España los seguían mirando por encima del hombro. No existía la paridad entre unos y otros, y eso reforzó el sentido de identidad de los americanos, y en un momento empezaron ellos mismos a llamarse así: americanos.

P. ¿Cuánto hay de verdad en la leyenda negra y cuánto en el afán de los ingleses de no mezclarse con los indios?

R. Hubo muchas atrocidades y crueldad durante la conquista de la América española, como ocurre en toda conquista por otro lado, pero también es cierto que la difusión que de los horrores hizo Bartolomé de las Casas les vino muy bien a los protestantes para sus fines políticos. Nunca se ve bien a una superpotencia, hay envidias y odios, y se subrayan las maldades que comete. En cuanto a la mezcla con los habitantes de América, no hay que olvidar que los ingleses se encontraron con poblaciones dispersas y poco densas. Aun así, buscaron el camino de la segregación: no hubo matrimonios mixtos, no hubo cohabitación. Temían que se produjera, al entrar en contacto con esos pueblos que consideraban bárbaros, una degeneración cultural. Tal vez ese afán de conservar su pureza fuera una herencia de la colonización de Irlanda, donde tampoco hubo mezcla. Los españoles, en cambio, facilitaron la integración y hubo todo tipo de matrimonios mixtos.

P. Max Weber ha asociado el desarrollo del capitalismo con el espíritu protestante, ¿fue así en América?

R. No estoy muy de acuerdo con esta teoría. En México y Perú hubo, vinculados a las minas, grandes empresarios muy emprendedores y capaces. Fue más bien la política exterior de la Corona española la que impidió que el desarrollo económico no tuviera éxito. Permitió que todo girara alrededor de la plata cuando su transporte resultaba extremadamente gravoso. Gran Bretaña, al no disponer de un recurso tan valioso, no tuvo más remedio que diversificar su economía. El pluralismo religioso favoreció a los ingleses en la medida en que impulsó la competencia y generó nuevas iniciativas. En la América hispana, la solidez del catolicismo impidió que las sociedades pudieran renovarse. La industrialización, por otro lado, más que del espíritu protestante dependió de la riqueza de las minas de carbón de Inglaterra.

P. ¿Fueron los piratas muy nocivos para la economía española?

R. No sólo influyeron sus ataques a los barcos cargados de metales preciosos, también pesó su capacidad para comerciar con todo tipo de mercaderías. Se hicieron fuertes en Jamaica y desde allí, con la connivencia de muchos gobernadores, llenaron de productos de lujo los mercados de la América española y satisficieron así a los criollos enriquecidos.

P. Empezó su libro con Cortés y Newport, que iniciaron la conquista, ¿qué opina de Washington y Bolívar, que dirigieron la lucha de la independencia?

R. Tenían en común su determinación y persistencia en medio de los desastres, su capacidad para sobrevivir y triunfar. Lo que los diferenció fue su olfato para retirarse. Washington gobernó ocho años después de conseguir la independencia y se fue a casa. Bolívar se empeñó en construir un nuevo gran país con las naciones que se liberaran de España, pero fue incapaz de impedir la fragmentación.


* Publicado en Babelia, Suplemento cultural del diario El País (España), el 2 de diciembre de 2006.

Historia y congresos del derecho indiano (*)

Por Francisco José Del Solar

Al decir del ilustre maestro argentino Ricardo Zorraquín Becú (1911-2000), fueron los españoles del siglo XVI los que introdujeron en América “el primer sistema jurídico digno de tal nombre”. Éste “perduró hasta la época de la emancipación y en ciertas ramas se mantuvo en vigencia hasta la segunda mitad del siglo XIX”. Sistema que estuvo compuesto por dos grandes grupos de normas:

1. El derecho indiano, destinado a regular los problemas especiales que planteó el establecimiento de los españoles en el nuevo mundo (gobierno espiritual y temporal, condición de los indígenas, comercio y navegación, sistema ?nanciero, etc.); y,

2. El derecho castellano, que regía a falta de aquellas normas especiales, y que era el sistema jurídico imperante simultáneamente en el reino de Castilla. En el primer grupo encontraron cabida y aceptación algunas costumbres indígenas, así como otras muchas que se fueron formando en América. El segundo sólo tenía, como ya dijimos, vigencia supletoria en el nuevo mundo, y se aplicaba, principalmente, en las materias civiles, comerciales, penales y procesales”. (1)

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Por lo anteriormente a?rmado, podemos deducir que el derecho indiano es tan antiguo como el descubrimiento y conquista de América por los hispanos y cuya vigencia duró hasta los procesos de independencia de cada una de las repúblicas hermanas del continente. Empero, esto, sin duda alguna, es en cuanto al contenido, mas no en el nombre con el cual hoy lo conocemos, estudiamos e interpretamos en la historia del derecho, tanto español como en los derechos patrios de cada una de nuestras naciones hispanoamericanas. En efecto, antiguamente, desde el siglo XVI hasta el XIX, se le llamó, simplemente, “Legislación o leyes de Indias”. Así rezan la mayoría de los títulos de libros, ensayos y artículos que trataban sobre el derecho virreinal en América. Dicho sea de paso, es mejor utilizar el adjetivo virreinal que colonial, porque, en verdad, jurídicamente los pueblos americanos no fueron colonia, sino reinos.

CREADOR DEL NOMBRE DE DERECHO INDIANO

Correspondió al ilustre argentino, jurista e historiador del derecho, Ricardo Levene (1885-1959) bautizar a esta legislación, leyes de indias o derecho virreinal, con el nombre propio de “Derecho Indiano”. Ello lo hizo al publicar su importante libro Introducción a la historia del derecho indiano, en 1924. De esta manera, el célebre maestro de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, escribió “el primer ensayo destinado a presentar un panorama sistemático de esta materia, y continuó siendo durante mucho tiempo la obra más orgánica”. (2)

Empero, Zorraquín – su principal y más admirado discípulo y, luego, continuador de la obra de Levene -, nos a?rma que “Estos estudios se difundieron y profundizaron luego en España y en América, por obra de Rafael Altamira, José María Ots Capdequí, Juan Manzano Manzano, Alfonso García-Gallo y otros muchos en la península; Clarence H. Haring y Lewis Hanke en los Estados Unidos; Silvio A. Zavala y Toribio Esquivel Obregón en Méjico; Jorge Basadre en el Perú; José Toribio Medina, Alamiro de Ávila Martel y Mario Góngora en Chile; etc.”. (3)

De esta ilustre pléyade, hay que subrayar que el egregio jurista e historiador español Rafael Altamira (1866-1951), venía realizando una loable labor paralela a la del notable argentino, empero no la difundió, tal como lo señaló el propio Zorraquín Becú, en el discurso inaugural de la “Primera Reunión de Historiadores del Derecho Indiano” (6 al 11 de octubre de 1966) y magistralmente recogido por los ius-historiadores españoles Alberto de la Hera Pérez-Cuesta, Ana María Barrero García y Rosa María Martínez de Codes. (4)

En este contexto, por ejemplo, nuestro gran e insuperable historiador de la República, Jorge Basadre Grohmann (Tacna 1903-Lima 1980), utilizó la denominación de “derecho indiano” en su obra de juventud: Historia del Derecho Peruano (Lima 1937). En ella, en el capítulo decimosexto, desarrolló el tema: “El sentido del Derecho Indiano”, del Libro Tercero, dedicado a: “El desenvolvimiento del derecho peruano desde la época de la conquista española”, tratando sobre el derecho virreinal –aunque el autor usa el término colonial -, la legislación de indias o indiana. (5)

El tema del derecho indiano fue desarrollado por nosotros en nuestra calidad de profesores de Historia del Derecho Peruano, publicando artículos sobre el tema en diversos medios de comunicación. Fue así como decidimos publicar nuestra obra que sirviera de apoyo bibliográ?co a nuestros alumnos y dedicamos el segundo tomo al derecho indiano. Algo más, en 1989, como miembro de número del Instituto Peruano de Historia del Derecho y de las Instituciones, bajo la presidencia del reconocido maestro jurista e historiador, Juan Vicente Ugarte del Pino (Lima, n. 1923), organizamos y participamos en una serie de certámenes con motivo de la cercanía a celebrar el V Centenario del Descubrimiento de América. Fue así como expusimos el tema “España y América: dos visiones” (Vid. El Comercio, Lima, domingo 2-07-1989 –“Conversatorio sobre el Descubrimiento de América abren mañana”, y, en el mismo diario, el 6-07-1989 – “Finalizó primer conversatorio sobre descubrimiento de América”).

Asimismo, participamos en los certámenes que convocó la “Comisión Nacional del V Centenario del Encuentro de dos mundos”, en 1991. Nuestra conferencia versó sobre “Descubrimiento y conquista: con?icto de derechos” (Vid. El Comercio, Lima, Suplemento Dominical N° 17, Año XXXVIII, del 28-04-1991: Las Dos Caras de Jano: “Encuentro de dos mundos”; y, el mismo diario, el domingo 5-05-1991, p. C9 (Institucionales). Así también, un año después, la “Comisión Nacional del V Centenario del Descubrimiento de América”, del Centro de Estudios Histórico Militares del Perú, nos invitó a exponer sobre “El Derecho Indiano y el Descubrimiento de América”, en la sesión de clausura (30-04-1992), a cargo del presidente de la Comisión Nacional, doctor Aurelio Miró Quesada Sosa, ilustre periodista, escritor y humanista, director general del diario El Comercio (Vid. El Comercio, Lima, miércoles 29-04: “Seminario aborda el V Centenario” (Vida Institucional) y Expreso, del mismo día: “Derecho Indiano” (En síntesis). De igual manera, El Comercio, Lima, viernes 1-05-1992, p. A11. “Destacan cambios que trajo Descubrimiento de América”).

La nota apunta, entre otras cosas: “Al resaltar la exposición del doctor Francisco del Solar Rojas sobre el “Derecho Indiano y el Descubrimiento de América”, con la que se concluyó el certamen, el doctor Aurelio Miró Quesada Sosa señaló que el derecho indiano –producto del encuentro de ambas culturas-, es importante no sólo por haber sido el marco jurídico del descubrimiento y del Virreinato sino, sobre todo, por la expresión del tono humanista que tuvo la conquista de América”.

DESARROLLO DEL DERECHO INDIANO

Ricardo Levene se dedicó a la difusión y consolidación del derecho virreinal como derecho indiano. A la par, hizo lo propio con los estudios orgánicos sobre la historia jurídica argentina. De ahí, su afán por fundar el Instituto de Historia del Derecho, dentro de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Ello lo logró en 1937. Después de algunos años, publicó su revista institucional (desde 1949) y también varias colecciones de obras y documentos.

Levene comandó esta titánica e importantísima tarea que traspasó el Atlántico y tuvo gran acogida en España, fundamentalmente. Empero, asimismo, la historia del derecho, en general, y la historia del derecho indiano, en particular, se a?ncó en otras universidades argentinas: La Católica, Rosario, del Salvador y Católica de Córdoba y Nacional, de esta misma ciudad.

El maestro Levene falleció en 1959, sin haber materializado uno de sus grandes anhelos de convocar a un megacertamen internacional sobre el derecho indiano. Su sucesor tanto en la cátedra como en el Instituto, fue el no menos notable y conspicuo maestro Ricardo Zorraquín Becú. Éste, de inmediato, como discípulo noble y agradecido, gestionó, por un lado, para que el Instituto lleve el nombre de su querido y recordado maestro: INSTITUTO DE HISTORIA DEL DERECHO RICARDO LEVENE; y, de otro lado, la creación de la FUNDACIÓN INTERNACIONAL RICARDO LEVENE, en 1960.

En 1962, el Instituto fue incorporado a la Asociación Internacional de Historia del Derecho y de las Instituciones, constituida en Europa, y tres años más tarde (1965), integró la junta directiva que maneja los destinos de la asociación. Sin duda, ello sirvió para consolidar el prestigio de la comunidad histórico-jurídica argentina más allá del continente americano.

INSTITUTO INTERNACIONAL DE HISTORIA DEL DERECHO INDIANO

Después de siete años de fallecido el ilustre jurista e historiador Levene, fue posible fundar el INSTITUTO INTERNACIONAL DE HISTORIA DEL DERECHO INDIANO, el 11-10-1966, en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Buenos Aires, en el marco, por un lado, especí?co, de la “Primera Reunión de Historiadores del Derecho Indiano”, convocada tanto por el “Instituto de Historia del Derecho Ricardo Levene” como por la “Fundación Internacional Ricardo Levene”, instituciones académico-cientí?cas interesadas en el desarrollo del derecho indiano; y, de otro lado, general o amplio, del IV Congreso Internacional de Historia de América, llevado a cabo en Buenos Aires, en octubre de 1966. Certamen que fue patrocinado por la Academia Nacional de Historia de Argentina.

El titánico esfuerzo para organizar y convocar a los historiadores del derecho fue arduo y complejo, empero, grati?cante al ?nal de la “Primera Reunión... ” (Del 6 al 11-10-1966). Zorraquín contó con el más amplio y generoso apoyo de dos grandes historiadores del derecho castellano: el conspicuo historiador y jurista español Alfonso García-Gallo y de Diego (1911-1992) y el no menos ilustre profesor chileno Alamiro de Ávila Martel (1918-1990).

En el discurso de inauguración de esta jornada académica, Ricardo Zorraquín Becú, entre otras muchas cosas, subrayó la necesidad de tener muy claro que “cuando se habla de Derecho Indiano, es preferible dar a esta expresión un sentido que abarque todo el sistema imperante en las Indias, independientemente de su origen, porque sólo de esta manera podemos alcanzar una visión integral de su régimen jurídico”... “La característica más signi?cativa del Derecho Indiano es su falta de unidad. La legislación sancionada desde España no estuvo destinada, por lo común, a regir en todas las regiones de las Indias, y en cambio surgió en el Nuevo Mundo un conjunto de reglas locales, de costumbres y de modos de aplicación que dieron al sistema una extraordinaria diversidad, tanto más grande cuanto más se profundiza en la investigación”. (6)

En nombre de los ius-historiadores extranjeros para agradecer la convocatoria fue designado el profesor de la Universidad de Santiago de Chile, De Ávila Martel, quien propuso la creación del “Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano”, en homenaje al célebre maestro Levene. La propuesta fue aprobada por unanimidad, por aclamación general. Fueron elegidos como sus primeros directivos: García-Gallo y de Diego, presidente, y los miembros del “Instituto de Historia del Derecho Ricardo Levene” y profesores de Historia del Derecho en la Universidad de Buenos Aires, Víctor Tau Anzoátegui y Eduardo Martiré, como secretarios, quienes asumieron la secretaría permanente que comenzó a funcionar en el aludido Instituto. Además, también, se designó como directores a Zorraquín Becú y a De Ávila Martel. Ello se produjo en la IV Sesión de la “Primera Reunión....”.

Finalmente, en la V Sesión, el mismo 11-10-1966, los 36 participantes aprobaron por unanimidad el Acta de Constitución del “Instituto Internacional...”. Entre otros puntos importantes, quedó establecido que “La Secretaría Permanente tendrá su sede en el Instituto de Historia del Derecho Ricardo Levene de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Buenos Aires”. Así también, “El Instituto (Internacional) organizará cada tres años reuniones de historiadores del Derecho indiano”. Por último, que “La próxima reunión de historiadores del Derecho Indiano será organizada por el Seminario de Historia y Filosofía del Derecho de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Chile y tendrá lugar en la ciudad de Santiago, durante el año 1969”.

Fueron 20 asistentes por Argentina; 5 por Chile; 5 por España; 1 por Inglaterra; 2 por Paraguay; 2 por Perú; y 1 por Uruguay. En total, 36 participantes. Los compatriotas peruanos fueron los egregios ius-historiadores Juan Vicente Ugarte del Pino y Guillermo Lohmann Villena (1915-2005).

CONGRESOS DEL INSTITUTO INTERNACIONAL DE HISTORIA DEL DERECHO INDIANO

En este contexto, el Consejo Directivo de?nió, en 1967, que la denominación de “reunión” no era la más apropiada, por lo que pasó a llamarse “congreso”. Asimismo, que la “Primera Reunión...”, en adelante, sería denominada o?cialmente como el “Primer Congreso del Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano”, consecuentemente, el certamen convocado para 1969, sería el “Segundo Congreso...”.

En resumen, entonces, podemos señalar la siguiente cronología de congresos:

Primer Congreso, 1966, en Buenos Aires, Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Buenos Aires (Del 6 al 11-10-1966). Tuvo 36 participantes de 7 países.

Segundo Congreso, 1969, en Santiago de Chile, Facultad de Derecho de la Universidad de Chile (Del 29-09 al 3-10-1969). Reunió a 38 asistentes representando a 8 naciones.

En este certamen, quedó perfectamente estructurado el Instituto Internacional. Se acordó nombrar miembros fundadores a los participantes del Primer Congreso, siempre y cuando hayan asistido al segundo y, además, presenten su respectiva ponencia (trabajo de investigación). En tal condición, quedaron “21 miembros de número fundadores: 7 argentinos; 5 chilenos; 5 españoles; 1 mexicano; 1 paraguayo; 1 peruano, y 1 estadounidense. Juan Vicente Ugarte del Pino logró tal reconocimiento.

Finalmente, se acordó “que la incorporación de nuevos miembros de número del instituto sería resuelta en cada Congreso Internacional que se celebre, debiendo formular la propuesta tres miembros del instituto y ser presentada al Consejo Directivo con su?ciente antelación a la celebración del Congreso”.

Tercer Congreso, 1972, en Madrid, Instituto Nacional de Estudios Jurídicos (Del 17 al 20-01-1972). El comité organizador presidido por el ilustre García-Gallo y de Diego, congregó a 46 inscritos de 11 Estados.

Este congreso aprobó aumentar el número de “miembros fundadores” de 21 a 26, habida cuenta que hubo la necesidad de cumplir moralmente con cinco destacados ius-historiadores que, por razones de fuerza mayor, no pudieron asistir al Segundo Congreso, no obstante estar estrechamente vinculados con el Instituto Internacional desde su fundación. Entre ellos, estuvo el compatriota Lohmann Villena. Asimismo, se incorporó la admisión de nuevos miembros (ya no fundadores), sino, investigadores en un número de 18. En total, el Instituto... pasaba a contar con 44 miembros: 26 fundadores y 18 investigadores.

Por último, quedó claro que, en el Instituto Internacional..., había tres corrientes o escuelas: la española, la argentina y la chilena. Ello, porque, en sus respectivos países, se demostraba un mani?esto interés por estudiar e investigar sobre el derecho indiano. Es decir –digamos las cosas sin eufemismos–, que esas comunidades histórico-jurídicas les otorgaba mayor importancia a este derecho fundamental del pasado que, sin duda alguna, sirve para entender y comprender mejor nuestra vida jurídica republicana.

Cuarto Congreso, 1975, en Morelia (Michoacán), México, Universidad Nacional Autónoma de México.

Digno de resaltar es que con la activa participación de los ius-historiadores de Estados Unidos Mexicanos, se progresó, sustantivamente, en la marcada tendencia tripartita de Argentina, Chile y España, por el derecho indiano. En esta especialidad, surge el ilustre jurista e historiador mexicano Silvio A. Zavala (Mérida, n. 1909), quien fue incorporado al Instituto Internacional en calidad de “miembro fundador”, en el marco del Segundo Congreso Internacional.

Quinto Congreso, 1978, en Quito y Guayaquil, Ecuador. (Del 24 al 30-07-1978). Con 48 participantes de 7 países.

Este certamen sirvió para de?nir aún más los objetivos y alcances del Instituto Internacional... Por ejemplo: “Es misión especí?ca del Instituto promover, orientar y coordinar la investigación y enseñanza del Derecho Indiano, así como valorar y realzar la labor de los especialistas que se destaquen en su cultivo, integrándolos en el mismo”. Asimismo, “El Instituto estará formado por un máximo de 70 miembros, cualquiera sea su nacionalidad, que hayan realizado una obra valiosa de investigación o docencia en materia de Derecho Indiano u ocupen puestos de dirección o responsabilidad en centros en que se cultive el mismo...”

También se constituyó un Consejo Adjunto al Consejo Directivo, para darle más agilidad a la marcha institucional. El nuevo órgano estaba conformado por 10 miembros del instituto que tengan una antigüedad superior a los cinco años y destacada actuación académica. Lohmann Villena representó al Perú en este nuevo Consejo. Se incorporó a seis miembros más, pasando al número de 50.

Sexto Congreso, 1980, en Valladolid, España. (Del 12 al 18-12-1980). Congregó a 70 participantes representando a 10 países.

Hay que resaltar que este congreso se realizó dentro del III Centenario de la Recopilación de las Leyes de Indias, de 1680. Se admitió a tres miembros más, haciendo un total de 53 ius-historiadores del derecho indiano que conformaban el Instituto Internacional...

Sétimo Congreso, 1983, en Buenos Aires. Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires e Instituto de Historia del Derecho Ricardo Levene (Del 1 al 6-08-1983). Participaron 87 congresistas, procedentes de 10 países.

Se admitieron 9 nuevos miembros, haciendo un total de 62 integrantes del Instituto. Para entonces, habían fallecido tres de ellos.

Octavo Congreso, 1985, en Santiago de Chile, patrocinado por la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. (Del 23 al 28-09-1985).

Se incorporó a 8 nuevos miembros, con lo cual se completó el número clausus de 70 plazas que debe tener el Instituto Internacional... En las actas del certamen aparecen los nombres y apellidos de estos 70 iushistoriadores del derecho indiano.

La reseña cientí?co-histórica de los ocho congresos internacionales que han reunido 282 trabajos publicados en un total de 15 volúmenes, ha sido elaborada en un pequeño opúsculo (95 pp), con singular maestría y especial pulcritud de fondo y forma, por el miembro fundador del Instituto y destacado jurista e historiador español Alberto de la Hera Pérez-Cuesta (Granada, 18-09-1932), quien contó con la valiosa colaboración de dos reconocidas ius-historiadoras, Ana María Barrero García (Salamanca, 31-01-1945) y Rosa María Martínez de Codes (Madrid, 24-07-1955). Obra fundamental para poder escribir este artículo. (7)

Noveno Congreso, 1990, en Madrid. (Del 5 a 10 de febrero), organizado por la Universidad Complutense de Madrid, cuyo fondo editorial publicó la memoria en dos volúmenes en 1991. 560 pp., cada uno.

10° Congreso, 1992, en Veracruz (México), del 21 al 24 de abril. Las actas del certamen fueron publicadas en dos gruesos tomos por la Escuela Libre de Derecho y la Universidad Nacional Autónoma de México, con el título de “Memoria del X Congreso del Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano (México 1995).

11° Congreso, 1995, en Buenos Aires (Argentina). Del 4 al 9 de setiembre. La memoria fue publicada en 1997, en cuatro volúmenes, por el Instituto de Investigaciones de Historia del Derecho, de Buenos Aires.

12° Congreso 1998, Toledo (España). Del 19 al 21 de octubre. La Universidad de Castilla-La Mancha y Cortes de Castilla-La Mancha, editaron la memoria correspondiente, en dos volúmenes, con el título “Derecho y administración pública en las Indias hispánicas. Actas del 12° Congreso Internacional de Historia del derecho indiano (Cuenca, 2002). El coordinador fue el colega Feliciano Barrios Pintado, quien, entre los muy buenos trabajos presentados, se encuentra el suyo, bajo el epígrafe de “Solórzano, la Monarquía y un con?icto entre Consejos”

13° Congreso, 2000, en San Juan de Puerto Rico. Del 21 al 25 de mayo. Las actas fueron editadas en 2003, por la Academia Puertorriqueña de la Historia, bajo el cuidado del Historiador o?cial de Puerto Rico, Luis González Vales, y a cargo de la Asamblea Legislativa de Puerto Rico, con el título “XIII Congreso del Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano. San Juan, 21 al 25 de mayo 2000. Actas y Estudios.” De acuerdo con el Estatuto del Instituto Internacional..., se eligió el nuevo Consejo Directivo cuya presidencia recayó en el reconocido colega español Alberto de la Hera Pérez-Cuesta y como secretarios Eduardo Martiré y Rosa María Martínez de Codes.

Nuestra distinguida colega y buena amiga Ana María Barrero García nos recordó que la Fundación Larramendi preparó un CD con todos los congresos hasta el 2000, conteniendo un valioso “Índice” de todos los trabajos presentados en los 13 certámenes internacionales del Instituto.

14° Congreso 2003, en Lima (Perú). Del 23 al 26 de setiembre. Con los auspicios del Instituto Riva Agüero de la Ponti?cia Universidad Católica del Perú y de la propia universidad (PUCP). La comisión organizadora estuvo presidida por el socio fundador del Instituto e ilustre ius-historiador peruano Lohman Villena y en su calidad de coordinador el no menos egregio José de la Puente Brunke (Lima, n. 1961). (8)

Así también, hubo cambio del Consejo Directivo. En esta oportunidad se eligió como presidente a Eduardo Martiré, primer vicepresidente al ilustre colega chileno Antonio Dougnac Rodríguez y como secretarios a José María Couselo y Feliciano Barrios Pintado.

Respecto a este importante certamen, próximamente, De la Puente y el miembro de la comisión organizadora, Jorge Armando Guevara Gil (Cusco, n. 1959) presentarán, en su condición de editores, los tres tomos que contienen los trabajos y actas del congreso aludido, que tuvo un total de 97 participantes de 11 países.

15° Congreso, 2005, en Córdoba (España). Del 19 al 24 de setiembre. Esta sede fue escogida en el marco del congreso anterior gracias a la propuesta del vicerrector de la Universidad de Córdoba, Manuel Torres Aguilar.

16° Congreso, 2008, Santiago de Chile. Al término del certamen se efectuó el cambio del Consejo Directivo del Instituto Internacional... Concluyó la brillante gestión del maestro argentino Martiré –quien, actualmente, es presidente de la Academia Nacional de Historia de Argentina–. Asumió la presidencia el catedrático chileno Dougnac Rodríguez, mientras tanto la secretaría permanente continúa en Buenos Aires (Av. De Mayo N° 1480, Buenos Aires, Argentina) bajo la conducción del distinguido colega argentino Ezequiel Abásolo.

El 17° Congreso, 2010, se realizará en Puebla, México. Mientras tanto, uno de los grandes factotums del Instituto, el profesor argentino Tau Anzoátegui, se encuentra dictando cátedra en la Universidad Carlos III, de Madrid. En el Congreso de Puebla. Sin duda, tendremos algunas novedades.


NOTAS.-

[1] ZORRAQUÍN BECÚ, Ricardo. Historia del Derecho Argentino. Tomo I. Primera Edición. Cuarta Reimpresión. Editorial Perrot. Buenos Aires, 1988. p. 32.

[2] Ibidem, p. 30.

[3] Ibidem, p. 31.

[4] DE LA HERA, Alberto, BARRERO, Ana María y MARTÍNEZ DE CODES, Rosa María. La historia del derecho indiano. Aportaciones del Instituto Internacional del Derecho Indiano a la bibliografía jurídica americanista. Editorial de la Universidad Coplutense. Madrid. 1989. p. 12.

[5] BASADRE, Jorge. Historia del derecho Peruano. Biblioteca Peruana de Ciencias Jurídicas y Sociales. Lima 1937. pp. 219-322.

[6] DE LA HERA, Alberto, BARRERO, Ana María y MARTÍNEZ DE CODES, Rosa María. Ibid. p. 11.

[7] Ibidem. pp. 41 a 95.

[8] DE LA PUENTE BRUNKE, José. Correo: jpuente@pucp.edu.pe (telf. 463-1054)


* Publicado en Jurídica, Suplemento del diario El Peruano, N° 245, el 7 de abril de 2009.

Antonio Zapata se pronuncia sobre el Colegio de Historiadores

El día de hoy en el diario La República, el historiador Antonio Zapata comenta la propuesta de ley de crear un Colegio Profesional de Historiadores. La nota repara básicamente en dos objeciones de fondo: la intromisión de otras disciplinas en el trabajo histórico y la exigencia de una licenciatura en Historia para ejercer el trabajo de historiador. Zapata, con el estilo que lo caracteriza, es claro y preciso al establecer que dichos puntos son los más cuestionables de la polémica propuesta. En realidad, Zapata es muy educado para decir que toda la propuesta es un absurdo completo, un disparate mayúsculo. En la serie de comentarios que ha recibido José Ragas en su blog, está uno de un miembro de la AHIRSA, Luis Felipe Ticona, los promotores de la propuesta legislativa. Basta leer su participación para darse una idea precisa de lo que será este Colegio de Historiadores bajo su administración, ya que eso es lo que pretenden al atribuirse 3 de ocho puestos en la comisión de creación y al adscribirlo a ella (“Art. 8., inc. H: Constituyen ingresos del Colegio de Historiadores del Perú…, h) Los bienes de la Asociación de Historiadores de la Región Sur-Arequipa). Ni siquiera han tenido el tino o pertinencia de incluir en la dichosa Comisión a un miembro de la Academia Nacional de la Historia o del Archivo General de la Nación, por mencionar dos de los entes más representativos vinculados al trabajo del historiador. Como dice otro comentarista, Jorge Bayona, ¿Qué méritos pueden exhibir para tales prerrogativas? Esperemos que más historiadores, e instituciones, se sigan pronunciando al respecto.


¿Colegio de Historiadores? (*)
Por Antonio Zapata


El pasado 7 de abril, la Comisión de Educación del Congreso ha aprobado un proyecto de ley para crear el Colegio de Historiadores. Parecería un proceso normal e intrascendente, porque casi todas las profesiones disponen de un colegio que vela por sus intereses. Pero, no es tan simple. Para empezar, no hemos sido consultados. Una rápida encuesta entre algunos colegas da como resultado que nadie ve con buenos ojos la organización de un colegio profesional. ¿Qué significa esta contradicción?

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La iniciativa parlamentaria se fundamenta en dos proposiciones, ambas equivocadas. Sostiene la Comisión de Educación que la calidad de la producción histórica se halla en peligro a causa de la intromisión de otros profesionales en nuestros predios. Esa idea no se sostiene. Por el contrario, vivimos la era de los estudios interdisciplinarios. Para entender cualquier proceso social se requiere del concurso de diversos enfoques: el sociológico, antropológico e histórico forman la base de la comprensión en ciencias sociales. Nadie trabaja en solitario y aislado, todo estudio de cierta envergadura requiere del concurso simultáneo de varias disciplinas científicas. Así, al revés de lo planteado por la Comisión de Educación del Congreso, la intromisión de las otras disciplinas enriquece y no empobrece la producción de conocimientos históricos.

Por otro lado, la historia se entromete más que otras disciplinas de ciencias sociales. Como toda materia tiene antecedentes, se halla colegas trabajando en muy variados campos. Encontramos historiadores de la medicina, de la arquitectura, de la vida política, económica, cultural, etc. Entonces, antes que estar soportando una invasión, es obvio que nosotros penetramos en las demás ciencias para escribir su respectiva historia. Por ello, estamos interesados en la libertad del ejercicio histórico. Si nosotros nos cerramos, mañana se cerrarán los demás. Por ejemplo, algún colegio podría obligar a que la historia de la medicina la escriban solamente médicos y se prohíba a historiadores. Es una situación absurda; no deseamos exponernos a ello.

El segundo punto de la moción de la Comisión de Educación es más complicado. Sostiene que el futuro Colegio de Historiadores debe estar integrado por licenciados. Así se hace de este título profesional el eje de la carrera. Ello no es así. Una buena parte de los colegas ha obtenido su bachillerato y luego ha seguido con maestría y doctorado. Para entrar a los posgrados se requiere bachillerato y no licencia. Más adelante, para graduarse de doctor no es necesario haber hecho la licencia. Entre historiadores es un título menor y que poseen solamente algunos colegas. Bien por ellos, pero no les otorga derecho a cerrar las puertas de la profesión.

La licencia en historia carece del peso que posiblemente tiene en otras carreras. Un historiador no es un médico o un abogado, que para ejercer se entiende que sean colegiados. Nosotros no podemos operar a nadie ni meterlo preso. Nuestras interpretaciones del pasado son mucho más inofensivas. Los historiadores empezamos la carrera desde que enseñamos en una universidad o publicamos un libro. Es un oficio libre e invitamos a los demás profesionales a incorporarse, porque hay mucho campo en la historia.

El tema de la licencia debería motivar una seria discusión en la próxima ley universitaria. En el resto del mundo no existe ese título; carece de equivalente. Lo universal es la escala de tres grados académicos: bachiller, máster y doctor. La licencia es un peruanismo que dificulta la acreditación de nuestros académicos con el resto del planeta. Cuando un profesor extranjero quiere enseñar en una universidad nacional, le piden licencia y como no existe en su país, le cierran las puertas. Estamos en desacuerdo. El Pleno del Congreso debe saber que la inmensa mayoría de historiadores preferimos regirnos por la calidad y no por la pertenencia a un colegio de licenciados.

Tenemos el ejemplo de nuestra principal historiadora del Perú antiguo, la doctora María Rostworowski, que es autodidacta, nunca fue alumna universitaria y, sin embargo, es la número uno de nuestra profesión. Valoramos especialmente este tipo de carreras y hemos elegido una especialidad que no requiere el tutelaje de un colegio profesional.

* Publicado en La República, el miércoles 29 de abril de 2009.


Más sobre el Colegio de Historiadores

Hemos recibido el siguiente texto como comentario al post sobre la intención de crear un Colegio Profesional de Historiadores. Por la importancia que reviste, y la extensión del mismo, nos tomamos la libertad de publicarlo como un post independiente. Con él, el debate ya empieza a tomar forma entre la comunidad de historiadores. Esperemos que en algún momento, la Academia Nacional de la Historia y otras instituciones de prestigio vinculadas a la investigación histórica (Instituto Porras, Instituto Riva Agüero, Instituto de Estudios Peruanos, Centro Bartolomé de las Casas, etc.), a quienes los autores del proyecto en ningún momento les solicitaron su parecer, se pronuncien al respecto. [Más sobre el tema en Historia Global Online y La Bitácora de Hobsbawn].


Mario Meza
mmezab@hotmail.com
Historiador y antropólogo

He recibido un correo con un archivo acerca de la gestación de un colegio profesional de historiadores en el congreso de la república. Este proyecto viene desde hace un tiempo propuesto por una Asociación de Historiadores de la Región Sur de Arequipa e impulsado por un coterraneo suyo en el congreso, el sr. Juan Carlos Eguren del PPC. Personalmente nunca me agradó la idea de tener un ente burocrático que me supervisara (excepto mis asesores de tesis) en las labores de investigación histórica que aunque no muchas las tengo. Pero tal como dice el proyecto El Colegio de Historiadores tiene como fin "el correcto ejercicio de la profesión de sus miembros, dentro de criterios éticos, de libertad, legalidad y de interés público". La verdad es que resulta fuera de toda lógica pensar que la labor de un historiador, considerado por el susodicho proyecto como una labor "científica y humanista" pueda sujetarse a criterios éticos de libertad, legalidad y de interés público bajo pena de ser ser sancionado disciplinariamente según Estatutos del Colegio.

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Eso quiere decir que desde la dación de esa ley solo podremos escribir historias al gusto de los políticos o de aquellos que dicen representar el interés público, dictado por sabe Dios quién o qué censor público o privado, nombrado o autonombrado a sí mismo como un defensor de la ley o del llamado interés público. Si esto hubiera sido desde antes así nunca no hubiesemos terminado de escuchar la sarta de sandeces que poblaron las versiones "oficialistas" de la historia peruana que decían que la independencia en 1821 fue una labor exclusivamente peruana y donde todos los "peruanos" participaron entusiastamente a su favor o que la guerra con Chile fue una gesta heróica de las elites criollas cuando sabemos que en ambos acontecimientos hubo un vertedero de conflictos étnicos y sociales internos provocados precisamente porque los mismos peruanos nunca resolvimos nuestras malquerencias (Recordemos lo que dijeron Heraclio Bonilla y Karen Spalding en su tiempo, de hecho Bonilla anduvo perseguido por esto).

La labor del historiador no es ser complaciente con versiones "nacionalistas" ni con ninguna otra, vengan de donde vengan, si no es por el tamiz mismo de la crítica y el debate público, no por la ley y el interés público como dice el texto en su artículo 4 incisos a y b. De ser así nunca hubieramos avanzado en reconocernos como una sociedad con fracturas sociales profundas y enormes contradicciones que hasta hoy no se resuelven. El propio informe final de la comisión de la verdad y la reconciliación, un documento histórico que narra esas profundas desigualdades y conflictos sociales que llevaron a la sociedad peruana a dos décadas de violencia en el país, es un reflejo fiel de lo desgarrado que somos como sociedad para masacrarnos mutuamente y convertir a este país en un baño de sangre. Este documento a pesar de ser histórico historiograficamente hablando no ha creado el consenso para ser aceptado por toda la sociedad. ¿Hubiera necesitado esa comisión también la autorización gremial para no usurpar las funciones de historiadores y decir algo que complaciera a todo el auditorio? Ya vimos lo que respondió el antropólogo Carlos Iván Degregori en su calidad de profesional cuando fue cuestionado por el abogado defensor de Fujimori sobre la validez de sus opiniones en esa comisión al mismo tiempo que buscaba descalificarlo en pleno juicio de su patrocinado por dar sus opiniones por no estar afiliado a ese fantasmal Colegio de Antropólogos del Perú, para entonces Degregori dijo que más que antropólogo hablaba como un ciudadano muy bien documentado e informado.

Esto plantea una cuestión fundamental: ¿se necesita un permiso institucional para la construcción de la memoria? y si debe ser así (cosa que no creo) quién debe administrarla ¿solamente los historiadores? Más bien creo que la memoria y el pasado son muchos discursos que se construyen al calor de las contradicciones del debate público que no requiere más autorización que la polémica misma. Esto me plantea además una segunda cuestión. Dice el proyecto que para investigar historia se requiere de titulación profesional y estar inscrito en el colegio de historiadores para evitar lo que se llama "el intrusismo profesional" (2º artículo del proyecto de ley). Esto desmiente ominosamente la larga lista de historiadores que se ensalza en el propio documento presentado, en las paginas 2 y 3, que señala precisamente que no eran historiadores profesionales quiénes construyeron nuestra identidad desde el pasado.

Curiosamente todos ellos plantearon visiones discrepantes a la sociedad de su época y desde luego a la ética predominante de las buenas costumbres o del llamado "interés público". Por eso el mestizo Garcilaso de la Vega terminó en un autoexilio en España porque no se le reconocía un espacio en la sociedad colonial, la obra del indio Guamán Poma fue olvidada en alguna biblioteca europea, el republicano radical Jorge Basadre Grohman respiró soledad intelectual durante su época de gran historiador, el propio novecentista José de la Riva Agüero terminó arrinconado por su propia clase social y solo pudo volver a a ella menos democrático y más autoritario que nunca, el comunista subversivo José C. Mariategui fue igualmente olvidado durante varias décadas hasta su recuperación cuatro décadas después. Y ¿que hay de quiénes quieran escribir historias consideradas poco patrióticas o que fueron subversivas en su momento (p.e. las historias del APRA en 1930 y 1940) o que quieran descubrir el maltrato oficial y socialmente legitimado dado a grupos étnicos minoritarios como los japoneses o los chinos apenas hace 60 años o explicar los fenómenos de la violencia política como Sendero Luminoso o el MRTA desde ámbitos que cuestionen muchas categorías oficiales que no los consideran "partidos políticos"?; o ¿como tratar la corrupción institucionalizadas en épocas muy recientes y que vayan más allá de la categoría del "pecado" (y no me refiero solo al fujimontesinismo)?

Curiosamente en esto incide la riqueza historiográfica peruana, no es una hechura exclusiva de historiadores profesionales forjadas en esas instituciones universitarias en el sentido de lo academico y correctamente diplomado en alguna universidad y que en el caso peruano deja mucho que desear por lo reducidamente atrayente que resulta estudiar historia, o por la pobreza de recursos con que se cuenta para la investigación histórica y por la escasa calidad académica de los propios historiadores para plantear temas novedosos y realmente interesantes para la sociedad. Acaso ¿nos olvidamos también que hay excelentes historias contadas desde localidades y pueblos que enseñan y trasmiten de una generación a otra un modo de entender e interpretar el pasado que no tiene nada que ver con la ley y el interés publico oficial? Muchas de esas historias y de las buenas historias son rescatadas por historiadores no profesionales: maestros de escuelas públicas rurales y especialmente los propios protagonistas. ¿Que son sino los relatos de Rigoberta Menchú o Hilaria Supa? pedazos de historia con mucha fibra moral y sensibilidad por lo propio que nos abren mundos desconocidos a los historiadores "profesionales".

Entonces ¿a qué viene la colegiación profesional? Hasta donde sé son asociaciones profesionales que cumplen una función delegada por el Estado para ejercer actividades consideradas indispensables en el correcto funcionamiento del orden legal. Su carácter público lo entiendo como ejercicio de un orden legal que en el Perú siempre tiende a ser fragil y muchas veces contradictorio con la propia realidad y que no pocas veces ofende al ciudadano común promedio. Me pregunto si la construcción de la memoria es un patrimonio público sujeto a la ley ¿quién define el sentido de la ley? o peor aún, el interés público. La propia ética es un recurso retórico subvaluado especialmente por las clases dirigentes hoy en día, ¿podría solo un colegio profesional suplir esas carencias institucionales y a toda la sociedad?

Al parecer ese es el gran debate de hoy cuando se habla de un Museo de la Memoria, dado que no se pudo olvidar a pesar que muchos impulsaron ese olvido de nuestro pasado reciente, el gobierno alemán nos invitó a cruzar el rubicón de esa indecisión y hoy se quiere corporativizar la memoria, sectores políticos conservadores de sociedad y de las Fuerzas Armadas quieren imponer sus condiciones en detrimento de la sociedad forzando a que dentro de un Museo de la Memoria exista una versión suya aparte de lo dicho por el Informe final de la CVR. Entonces resulta poco lógico en este contexto que la colegiación de los historiadores proponga corporativizar bajo el criterio de legalidad y del supuesto interés público o de eticidad la gran diversidad de memorias y de historias pertenecientes a la sociedad. Haciendo un parangón inverso a lo recientemente expuesto en un diario local sobre los titulos y diplomas (más cuotas y controles legales de una corporación) que otorgan calidad profesional a un representante, creo que la historia se hace más rica y profunda cuando ha sido precisamente más menoscabada por ser precisamente no aceptado y hasta diría subversivo.

El proyecto dice también que para reconocer la importancia de la historia como ciencia histórica y proteger a quiénes la ejercen como investigadores es necesario que exista el colegio profesional de historiadores que la promuevan y la protegan. Si están preocupados de ambos casos entonces propongan más museos, más recursos para la investigación desde las universidades y las instituciones públicas y privadas, ambos ayudaran a preservar las memorias y a valorar en su justa dimensión el trabajo de los historiadores, difundan la lectura de más investigaciones históricas, no por más burocracia que reparta permisos y autorizaciones nos acercaremos mejor a la sociedad ni se mejorará nuestra imagen, por el contrario, esta se deteriorará aún más. La gente desconfía de todo lo que huela a burocrático e institucionalizado sino vean a los abogados. En este proyecto los historiadores no son los favorecidos más bien se nos coarta la libertad de pensamiento y expresión en favor de pequeños grupos de poder que buscaran construir argollas y terminaran desprestigiando a nuestra carrera profesional sino vean a otros colegios profesionales ¿dónde estuvo - y está - por ejemplo el Colegio de periodistas para sancionar a los "mermeleros" del fujimontesinismo?.

Los criterios de proponer un Colegio Profesional para historiadores son anticuados, el mismo criterio de un Colegio Profesional corporativizador del conocimiento por una pretendida equiparación a otras profesiones como el de geografos, arqueólogos, profesores, antropológos, sociologos son errados, ni siquiera a estos se les reconoce el peso que supuestamente deben tener y sospecho que son por los mismos motivos que he expuesto para este caso.


Las Cinco noticias del Día

Interesante este proyecto, Las Cinco del Día, que hemos podido conocer gracias a Digital Media Weblog. El sitio se propone mostrar las cinco noticias más importantes del día, lo que constituye una forma de entender qué y por qué publican lo que publican los medios de comunicación.

Más aún, conocer porque los lectores las consideran tan relevantes ("las cinco noticias de hoy que tendrá sentido recordar dentro de cincuenta años"). Así que como observatorio de los medios y sus usuarios, resulta una herramienta muy útil. Sin embargo, falta conocer algunos detalles del mismo para darle valor de herramienta de trabajo y análisis para el periodista y, a futuro, el historiador de la prensa y los medios.

Entre las cuestiones que falta conocer, están estas dos esenciales: ¿Cuál es el criterio de selección que utilizan? (en las noticias de hoy, por ejemplo, no aparecen ninguna relacionada con la crisis sanitaria en México que casi ya es un problema mundial) y ¿Cuáles son las fuentes utilizadas? Habráque seguir atentos a ella.

Nueva edición de "La trayectoria del desencanto" de Heraclio Bonilla

El Fondo Editorial del Pedagógico San Marcos, gracias al auspicio de la Universidad de Ciencias y Humanidades, tiene el agrado de presentar el libro: La trayectoria del desencanto. El Perú en la segunda mitad del siglo XX, libro del destacado historiador peruano Heraclio Bonilla que abre nuestra nueva serie Ensayo.

El libro de Heraclio Bonilla es una muestra cabal de su labor como historiador. Bonilla sitúa los problemas claves de nuestra vida republicana dentro del conjunto de acontecimientos que han marcado y definido nuestra realidad como país; su minucioso y lúcido análisis alrededor de la difícil trayectoria del Perú ―en especial de los últimos 60 años― es un espacio para la crítica sobre nuestra realidad social y sobre cuáles son los problemas que aún no logramos resolver.

Acompañan al trayecto del libro un conjunto de fotografías que ilustran pasajes y personalidades protagónicos en nuestra vida como país, algunas de ellas de archivos representativos en el registro gráfico peruano o de archivos gráficos personales.

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El libro tiene un breve diálogo también con la pintura. En los interiores, al inicio del libro, figura un cuadro de Paul Klee llamado Angelus Novus, imagen conocida como “El ángel de la Historia”, y que resume la actitud del historiador con respecto a la historia que está tratando de comprender: él se dirige hacia el futuro, pero sus ojos miran hacia el pasado, para ser conscientes de él y entender el caótico presente. Un cuadro de Fernando de Szyszlo ¬―Duino― es la imagen de portada del libro, pues la cabizbaja imagen compuesta por el reconocido artista resume el desencanto capaz de generar el contacto con nuestra historia nacional, a la que este libro propone, al fin y al cabo, alternativas, puesto que es justamente la conciencia del mal el primer paso que nos lleva a salir de él.


Texto de contraportada

“Fue Fernand Braudel, el gran historiador francés, quien justificaba la pertinencia de los análisis de larga duración aludiendo como metáfora y como ejemplo a los enceguecedores pero fugaces destellos de las luciérnagas del Bahía brasileño, las que, luego de su breve paso, dejaban de nuevo a su entorno sumergido en sombras y tinieblas, como lo hacen las insistentes opiniones sobre los acontecimientos de la coyuntura corta. De manera análoga, la trayectoria compacta del Perú en la segunda mitad del siglo XX fue fecunda en experiencias y hechos insólitos que despertaron curiosidad y fascinación internacional, volcados en cientos de trabajos en los que se mezclan, de un lado, el rigor y la superficialidad y, de otro, la obsesión por un presente discontinuo. La ruta que abre La trayectoria del desencanto. El Perú en la segunda mitad del siglo XX se aparta, en ese sentido, de esos caminos. Trata de colocar las luces y sombras del presente inmediato dentro de la compleja densidad de la trayectoria peruana, y encontrar así las claves para comprenderla. Aboga, finalmente, por el retorno de la razón y la racionalidad en el análisis, frente a las prácticas dominantes que postulan su abdicación y renuncia.”

Heraclio Bonilla

Es Profesor Asociado de la Universidad Nacional de Colombia desde 1996. Obtuvo su doctorado en la especialidad de Historia Económica en la Universidad de París en 1970, y en Antropología en la UNMSM de Lima en 1977. Ejerció la docencia como Profesor Visitante en varias Universidades de América Latina, Estados Unidos y Europa. Ha sido miembro de la Mesa Directiva del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) entre 1974 y 1981, y años después se desempeñó como Coordinador de su Comisión de Historia Económica. Fue distinguido con las becas del Social Science Research Council en 1976 y en 1988, y nombrado como Fellow de la John Simon Guggenheim en 1985, y del Institute for Advanced Study de Princeton en 1997. Ha publicado y editado 22 libros, entre los que figuran El futuro del pasado. Las coordenadas de la configuración de los Andes (Lima, 2005); Metáfora y realidad de la independencia en el Perú (Lima, 2007); La cuestión agraria en España y en América Latina (Bogotá, 2009) y Haya de la Torre y la integración de América Latina (Bogotá, 2009).

Presentación

La presentación se llevará a cabo el sábado 2 de mayo a las 7:00 p.m. en el marco de la II Feria del Libro Lima Norte que organiza la Cámara Peruana del Libro en el Centro Comercial Mega Plaza. Acompañarán al autor el historiador José Ragas, docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y Raúl Wiener, Economista y Analista político..


Informes:

Editorial del Fondo Pedagógico San Marcos
fondoeditorialpsm@yahoo.es
Telf.: 433-3956

Nuevo Digital Media Weblog

José Luis Orihuela acaba de iniciar una nueva aventura digital en ABC.es, con Digital Media Weblog, que, como su nombre lo indica, está dirigido a seguir a los medios en la red.

Con apenas una semana de andadura, DMW ya ha dado muestras de su necesario seguimiento y su útil lectura. Cinco posts han bastado para confirmarlo. Nuevas iniciativas, nuevos proyectos en marcha, nuevas herramientas para el periodista de hoy (como ejemplo, revisen este post). Asombra ver cómo en tan pocas líneas y en tan breve espacio el profesional de hoy puede percatarse de la importancia de las nuevas tecnologías en el ejercicio de su profesión y cómo es inevitable su conocimiento y dominio. Por lo pronto yo ya me apunté a su canal RSS y lo más probable es que lo utilice como ejemplo en un seminario que en breves semanas debo estar impartiendo.

¿La AHME contra Google o Google contra todos?

Desde hace días que estaba deseando disponer de un poco de tiempo para referirme, y unirme, a la protesta de la AMHE contra Google, el gigante de Internet. Dado que no dispongo de ese tan ansiado tiempo, me limitaré a reproducir el texto de la protesta de la organización mexicana que se explica por si solo. Esperemos que la protesta no caiga en saco roto y que la misma, además, reciba el respaldo de otras instituciones académicas y gubernamentales que se llenan la boca con la mentada democratización de la cultura y cosas por elestilo. Aquí tienen la ocasión propicia de predicar con el ejemplo.

PROTESTA


La Asociación Mexicana de Historia Económica (AMHE) protesta enérgicamente porque Google ha impedido el acceso a los periódicos mexicanos digitalizados y almacenados en Paper of Record.

Paper of Record funcionó desde 2004 como un sitio para revisar las versiones digitalizadas de distintos acervos hemerográficos. En México, Paper of Record recibió los fondos de la Biblioteca y la Hemeroteca nacionales digitalizados por la empresa Cold North Wind de México (1, 2). Esta empresa fue una filial de Cold North Wind, la compañía canadiense editora de Paper of Record, establecida en conjunto con Carlos Álvarez del Castillo Gregory, dueño del periódico tapatío "El Informador". El proceso fue similar en países como Estados Unidos y Canadá, de tal modo que Paper of Record se convirtió en un vasto repositorio digital de periódicos antiguos.

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Con más de 490 títulos, Paper of Record se volvió una referencia indispensable y de extraordinaria utilidad para la investigación en historia y humanidades. Paper of Record fue el portal electrónico más grande de periódicos históricos en lenguaje español, cubriendo tres siglos y más de 20 millones de páginas de noticias.

Paper of Record firmó un convenio con Google en 2006, por el cual recibió financiamiento para continuar digitalizando periódicos antiguos. Sin embargo, desde mediados de enero de 2008, Google impidió el acceso a los acervos de información de Paper of Record (3). Cada vez que se intenta acceder al sitio de Paper of Record, el usuario termina en el incompleto proyecto hemerográfico de Google News. El resultado es que no se puede entrar a los periódicos mexicanos, por más que se manipulen los términos o las configuraciones de búsqueda.

Así, Google ha impedido la difusión de numerosos periódicos mexicanos del siglo XIX y XX. Esta acción atenta contra la investigación histórica y documental sobre México. Algunos de los periódicos que ya no se pueden consultar son: El Monitor Republicano, El Siglo Diez y Nueve, El Economista Mexicano, etc.

Por lo antes expuesto, la Mesa Directiva de la AMHE:

  • DIFUNDE la información hasta ahora disponible sobre el problema.
  • PROTESTA y EXHORTA a Google a que restablezca el acceso a Paper of Record, por considerar que este sitio se convirtió en una fuente imprescindible para la realización de investigaciones históricas de importancia sobre México y América del Norte.
  • INVITA a organizaciones como el Comité Mexicano de Ciencias Históricas y a redes como H-México, a sumarse a la protesta.

    Mesa Directiva y Consejo de Honor de la Asociación Mexicana de Historia Económica, A. C.
    México, D. F., 13 de abril de 2009


    Descargar Protesta


    Referencias:

    (1) Rosa María Chavarría, “Crearán hemeroteca digital de México”, Gaceta UNAM, 17 de junio de 2002, p. 27, en <http://www.dgcs.unam.mx/gacetaweb/2002/17jun02.pdf> (consultado el 31 de marzo de 2009).

    (2) UNAM, Convenio de colaboración que celebran por una parte la UNAM y por la otra parte Cold North Wind de México, 2002, en <http://132.248.45.6/Volumes/UNAM-OCI/pdf/n383-11961-457-22-iii-02.pdf> (consultado el 31 de marzo de 2009).

    (3) Michael McKiernan, “Google transfer slows research: academics”, National Post, 30 de marzo de 2009, en <http://www.nationalpost.com/m/story.html?id=1443151> (consulado el 31 de marzo de 2009).

    (4) AMHE, “Fuentes y archivos electrónicos para la historia económica”, Boletín Asociación Mexicana de Historia Económica, 2004, p. 44, en <http://www.economia.unam.mx/amhe/boletin/BOLETIN-4.pdf> (consultado el 31 de marzo de 2009).


    Vínculos

    Los siguientes sitios tienen información importante sobre la situación que guardan los acervos digitales antes almacenados en el sitio Paper of Record.

    Paper of Record - Google News
    http://www.google.com/support/forum/p/news/thread?tid=1c47e6d29331dc2c&hl=en

    American Historical Association Blog: "Paper of Record" Disappears, Leaving Historians in the Lurch
    http://blog.historians.org/news/771/paper-of-record-disappears-leaving- historians-in-the-lurch

    News: Digital Archives That Disappear - Inside Higher Ed
    http://www.insidehighered.com/news/2009/04/22/record

    Protestas en las AHE contra Google:

    En la Asociación Mexicana de Historia Económica
    http://www.economia.unam.mx/amhe/publi/anuncio113.html

    En la Asociación Española de Historia Económica
    http://altea.daea.ua.es/aehe2008/index.php/2009/04/13/protesta-de-la-amhe-contra-google/

    En H-Latam
    http://h-net.msu.edu/cgi-bin/logbrowse.pl?trx=vx&list=H- LatAm&month=0904&week=b&msg=ddRY88fpA1XbrN%2bchJKZxQ&user=&pw=

    En H-México
    http://historia-mex.blogspot.com/2009/04/protesta-amhe-contra-google.html

  • Alerta sanitaria en México

    La crisis que se ha desatado en México por la epidemia de influenza o gripe porcina está alterando la vida de todos en el país azteca. Dos de las más importantes listas de historia, H-México y AHME, a través de mensajes a sus miembros están pidiendo que las actividades académicas programadas sean confirmadas. Si bien es cierto que el tono de los mensajes no deja de ser escueto y puntual, el tono de los mismos no deja de ser dramático (las imágenes de soldados del ejército mexicano repartiendo mascarillas resultan impresionantes). México está afrontando ahora mismo uno de sus peores momentos y todo parece indicar que su trance es y será compartido por otros paíeses, incluido el nuestro.

    El panorama no pinta nada halagueño para nadie y recién los próximos días se tendrá un panorama más preciso sobre la dimensión de los hechos. Es decir, si se trata de una catástrofe sanitaria a nivel mundial como no veía desde 1918 con el caso de la gripe española; o si se trata de otra epidemia como la del SRAS que alarmó al mundo hace un par de años. En todo caso, el asunto no deja de interesar a todos y, en particular, a los historiadores que tenemos opotunidad de presenciar conductas y reacciones tantos de individuos particulares como colectivos, así como las respuestas que los estados y las organizaciones mundiales darán al respecto. Eso, sin mencionar el impacto que tendrá en la economía de los distintos países en plena crisis financiera internacional. Habrá que seguir atentos.

    Sobre el Colegio de Historiadores

    Ayer me enteré por Historia Global online del proyecto de ley del congresista Juan Carlos Eguren que pretende crear el Colegio Profesional de Historiadores del Perú, una propuesta que dibuja de cuerpo entero la preparación académica de nuestros congresistas, su incapacidad para elaborar propuestas legislativas inteligentes y, básicamente, la pobreza intelectual en que está sumido nuestro Congreso desde hace mucho tiempo.

    El proyecto de ley (que gentilmente nos alcanza José Ragas) es la prueba fehaciente de que el Congreso pierde el tiempo y desperdicia el dinero del erario público sin ningún rubor (o sea, el sueldo que reciben por tonterías como ésta). Si al menos la propuesta tuviera argumentos sólidos en que fundamentarse, vaya y pase. Pero es que la iniciativa en cuestión es objetable desde cualquier punto de vista, hasta el gramatical, como señala Ragas (ojalá que a nadie se le ocurra ahora calificar a Ragas o a mí de racistas).

    De todas las estupideces que se han perpetrado desde el Congreso, la que se lleva la palma, sin ningún asomo de duda, es este disparate mayor que amenaza la cultura, el pensamiento y el buen nombre de nuestro país. Si al menos el proyecto, repito, hubiese sido presentado en otros términos y con otras fundamentaciones, el debate estaría abierto. Pero lo que evidencia el mismo es la enorme ignorancia del que hace gala el congresista Eguren y la ñoñez con la que lo secunda la Comisión de Educación. Aunque esto último es entendible dado que no existe una sola persona con la capacidad intelectual y la altura moral de la que antes estaba poblado el primer poder del Estado, que con este proyecto de ley se ha rebajado a sí mismo a último despacho de la administración pública.

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    Poniendo puntos sobre las íes, empezaremos por señalar que la llamada 'Exposición de motivos' es una verguenza literaria y argumentativa, ya ni que decir histórica. Mi hijo de trece años hubiera podido dar una mejor sustentación de lo que es la historia y su importancia para una nación, pueblo o comunidad. Resulta poco menos que curioso que el congresista que menos sabe de historia (su proyecto de ley lo delata a leguas) sea quien presente un proyecto de ley para la creación de un Colegio de Historiadores. Lo que evidenciaría que el suyo es un trabajo, un encargo de terceros como lo ha hecho notar Ragas. Dado que él lo ha hecho ya con mejor suficiencia de la que podría hacerlo yo, me eximo de reitar en lo mismo.

    Pero donde verdaderamente el proyecto hace agua es en el articlado mismo de la ley propuesta.

    En su primer artículo, señala la ciudad de Arequipa como sede del futuro Colegio. Nosotros estamos por la descentralziación de las instituciones en el país, pero cuál es el criterio técnico, histórico o cultural para tal designación. Con igual derecho podrían reclamarlo Cusco o Lima, sin mencionar cualquier otra ciudad del país.

    Totalmente risible resulta más aún el segundo artículo: "La colegiación es riquisito indispensable para el ejercicio de la profesión de historiador". Este congresista sabe de Humanidades lo que Confucio de Física nuclear. O sea, nada. La propuesta es tan torpe que no repara en el hecho de que la historia o cualquier producto historiográfico es ante todo un trabajo intelectual, un producto del pensamiento, y que por tal motivo no puede ser controlado por ley sin caer en la violación del derecho universal de la libre expresión. Cuántos hombres de ciencia o de humanidades, periodistas o intelectuales, que en algún momento escribieron un trabajo de historia o que quisieran hacerlo se verían perjudicados con una ley como ésta. Si lo que pretende semejante disparate es proteger el mercado laboral del historiador, debió redactarse en otros términos y con otros argumentos. No con estos que demuestran la escasa preparación del que lo presentó, lo promovieron y, peor aún, lo secundan sin analizarlo en lo más minimo.

    En el acápite a del artículo 4, se dice: "Son atribuciones del Colegio de Historiadores del Perú: a) velar por el correcto ejercicio de la profesión de sus miembros, dentro de criterios éticos, de libertad, legalidad y de interés público". En concordancia con el párrafo anterior, ¿qué debemos entender por 'correcto ejercicio de la profesión'? Escribir una historia que no sea oficialista y canóniga, ¿será un acto 'incorrecto' de la profesión? Si Heraclio Bonilla escribiera su libro sobre la Independencia ahora y existiese el tan mentado Colegio, ¿incurriría en el delito de ir contra el interés publico? Por favor, este tipo de tonterías son las cosas en la que invierten su tiempo nuestros congresistas.

    Conviene señalar, también, que a los promotores de este proyecto-disparate no se les ocurrió en ningún momento, para darle fuerza representativa a su sustentación o presentación, consultar a la Academia Nacional de la Historia o a historiadores de prestigio sobre la viabilidad del mismo. La una y los otros brillan por su ausencia en el documento, lo que demostraría la insostenibilidad del mismo y la falta de apoyo institucional que muy probablemente tiene.

    A este Colegio Profesional de Historiadores del Perú le espera la misma suerte que corrió y corre el Colegio de Periodistas del Perú: el fracaso absoluto, el marasmo institucional y la indiferencia de todos los profesionales serios que verán en él lo que verdaderamente pretende: asegurar un puesto de trabajo a los mediocres. Sólo eso.