Tiempos de protesta

Norman Cantor, profesor de Historia en prestigiosas universidades estadounidenses, escribió que, junto con la industrialización, los problemas urbanos, el deporte profesional, la contaminación y la píldora, los movimientos de protesta forman parte de las principales preocupaciones de nuestras sociedades. Basta con leer los titulares de cualquier diario todos los días para confirmar sin dificultades su aseveración.

Cuando a mediados del siglo XIX Marx escribía que “un fantasma recorre Europa” para referirse al avance imparable del comunismo en la Europa de su tiempo, nadie podía imaginar entonces, ni ahora, que su libro, que movilizó a millones, acabaría empolvándose en las estanterías de las bibliotecas. Hoy, cuando ese fantasma es menos que eso, otro libro despliega en el horizonte un nuevo espectro que recorre Europa y el mundo atemorizando a las democracias liberales y a las dictaduras de todo pelaje. Es el fantasma de la indignación, como han querido llamarle algunos; y han señalado a un libro, “Indignaos”, de Stephan Hessel, como la sagrada escritura de esta nueva religión mundial. La que reemplazará a la anterior hasta que venga una nueva, a su vez, a reemplazar a esta última.

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Porque si algo hay detrás de este nuevo libro inspirador y la idea que propugna, la indignación como forma de lucha ciudadana, es una larga historia de protestas y reivindicaciones que en realidad pocos parecen recordar hoy en día.

Genealogía de la insurrección

“El liberalismo del siglo XIX prometió a todos dignidad y felicidad en la sociedad moderna. Los movimientos de protesta del siglo XX exigían que tales promesas se cumplan”. Los de ahora le han tomado la posta. Así explica Cantor el surgimiento de la cruzada feminista por el voto de la mujer (las llamadas sufragistas); los amotinamientos en el ejército francés durante la Primera Guerra Mundial (una de las películas antibelicistas más bellas que se hayan hecho, “Senderos de gloria”, refiere este suceso); las protestas pacíficas de los seguidores del pope Gapón en 1905 que acabaron en la espantosa masacre del ‘Domingo sangriento’ frente al palacio del Zar en Rusia, son los capítulos iniciales de esta historia de la protesta pacífica.

Por supuesto no serían las únicas, ni mucho menos las más importantes y masivas. Con el desarrollo de la técnica y del capitalismo, las protestas se hacen más numerosas y su respuesta más violenta.

Entre una y otra guerra mundial, la época de ‘los Locos Años 20’ y la ‘Generación perdida’, la protesta será, además de pacífica, vanguardista e irreverente. Se protesta con el arte y la palabra antes que con marchas. Es el fin del mundo heredado del siglo anterior que Picasso, Braque, Joyce, Hemingway, T.S. Elliot harán añicos. Pero es también la época del surgimiento de los fascismos.

Protestar pacíficamente ante esto es un suicidio y por eso la protesta pacífica desaparece. Alguien dirá ¿Y Gandhi?

De este se ha dicho que su prédica sobre la no violencia y la no cooperación solo pudo conducir a una revolución y a la Independencia de la India por tener como enemigo a la democrática Inglaterra. De haberse enfrentado con la Alemania nazi (su contemporánea), la historia hubiera sido muy distinta. Recordemos que Hitler, cuando invadió Rusia, pensó en convertir a esta en la colonia alemana que la India era para el imperio británico. Ya sabemos cómo las huestes de Hitler trataron a los rusos durante su estancia.

Un libro, un mito

De vuelta a nuestro tiempo, se ha querido depositar en un libro y en su autor, cuya vida es, indudablemente, inspiradora (judío sobreviviente de los campos de concentración nazis, integrante de la resistencia francesa, redactor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos), la razón del despertar de miles de conciencias aletargadas. No exageremos.

Si nos referimos específicamente al caso de los ‘indignados’ de Nueva York que acaparan la atención mundial, la genealogía de su protesta tiene antepasados ilustres, tan indignados como ellos que, igualmente, tuvieron en un libro la inspiración de su enojo: “El sentido común”, de Thomas Paine, publicado en 1776. Pero, ¿es esta la historia realmente? “Es como si nos preguntáramos si la Ilustración provocó la Revolución Francesa”, nos explica el historiador Norberto Barreto.

Para Barreto, especialista en Historia de los Estados Unidos y profesor de las universidades del Pacífico y Católica, lo que ha hecho Hessel es ponerle nombre a lo que ya había. “Tiene que haber un contexto, de la nada ningún libro va a tener tal impacto. No te indignas por el libro: Ya estabas indignado”.

Más allá de interrogarnos quiénes son sus líderes y cuáles sus objetivos precisos, la pregunta esencial es ¿por qué ahora? “Las guerras de Vietnam y de Irak provocaron protestas, pero no es hasta que se les toca el bolsillo que hay una reacción más contundente. Se han quedado sin su ‘american way of life’. Ya se habla de la década perdida de los países desarrollados”, nos explica para referirse al punto de eclosión que significó la crisis financiera del 2008 que acabó con los sueños de muchos y los enfrentó con la realidad de la falsa prosperidad que vivían y que hoy pagan sus consecuencias.

Y en el Perú, ¿por qué no hay ‘indignados’? “Al Igual que Obama ganó las elecciones por la crisis, la crisis es el contexto que hace que este libro sea un éxito. Si el Perú no tiene ‘indignados’ es porque América Latina, el Perú, no sienten la crisis”, nos aclara.
Otro que ha llamado a las cosas por su nombre es Ricardo Sabanes, editor jefe de Planeta para América Latina. "En momento de caos, la gente está de algún modo en un limbo existencial y económico y ve en el libro una forma de guía", dice. "Creo que es algo de nuestra cultura occidental: buscamos en el libro la revelación de lo que está pasando, la palabra revelada". Lo que ya sabemos.

Visto así las cosas, no nos engañemos. Héroes como Hessel siempre han existido y existirán en nuestras vidas. Y si no existieran, los inventaríamos necesitados como estamos de héroes en tiempos llenos de canallas como el nuestro. Las protestas de ahora lo único que muestran son los serios problemas que tiene el capitalismo.


"Algo va mal" para Tony Judt

“Hay algo profundamente erróneo en la forma en que vivimos hoy. Durante treinta años hemos hecho una virtud de la búsqueda del beneficio material: de hecho, esta búsqueda es todo lo que queda de nuestro sentido de un propósito colectivo. Sabemos qué cuestan las cosas, pero no tenemos idea de lo que valen”. De este modo inicia el desaparecido historiador británico Tony Judt su último libro “Algo va mal”, una obra que es su testamento político y que deviene en un descarnado análisis del materialista y egoísta mundo en que vivimos y que echa luces sobre las mentiras del capitalismo sobre el que está construido.
En sentido estricto, el de Judt (fallecido el año pasado) no es el único caso. Junto al libro de Hessel, y este magistral de Judt, hay muchos otros libros, igualmente valiosos que, como muy pocas veces ha ocurrido en el mundo editorial, ha colocado a los temas económicos y sociales en los primeros lugares de ventas desplazando a los de ficción. Libros que muy bien podrían estimular también otras tantas rebeliones como reflexiones. Así, están "La insurrección que viene", atribuido a Julien Coupat; “El mercado y la globalización”, de José Luis Sampedro; y “La novísima derecha”, de Manuel Barreiro. Otros dos títulos, "Nosotros, los indignados" y "Reacciona", reúne testimonios y reflexiones sobre las jornadas del 15-M, fecha de partida de las movilizaciones en el mundo.


Espacio público versus redes sociales

En un artículo que ha sido ampliamente comentado esta semana, el crítico de arquitectura del “The New York Times”, Michael Kimmelman, reivindicó las plazas y las calles, tan subestimados ahora por las redes sociales, como el escenario natural para las protestas ciudadanas.

Las plazas de Tahrir, Tiananmen, el muro de Berlín, el parque Zuccotti en Nueva York. Nada se compara, dice, como apropiarse de ellos y reclamarlos para la protesta pacífica. El mensaje es poderoso. De hecho las imágenes de los espacios del poder en poder de cientos, cuando no miles de ciudadanos, forman parte de nuestra memoria colectiva. Es el ideal de la ágora griega de nuestros días. Frente a esto, no hay tender topic en Twitter o grupo en Facebook que las iguale.


Un best seller de millones de ejemplares

Una prueba irrefutable del éxito de “Indignaos” son las astronómicas cifras de ventas que ha tenido. Solo en Francia, la edición original del libro vendió más de dos millones de ejemplares. Las traducciones no se han quedado a la zaga. En España y Alemania ha vendido medio millón; 120 mil en Italia y 50 mil en EE.UU., solo por mencionar algunos. Su éxito aseguró la continuación del mismo, “Comprometeos”, y la autobiografía del autor, "Mi baile con el siglo", que han tenido el mismo destino.


Cifras
34
es el número de idiomas a los que ha sido traducido el libro de Stephan Hessel.

500.000
millón de ejemplares impresos alcanzó “El sentido común” (1776) de Thomas Paine, una cifra impresionante para su época.



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