¿Todo bien en Siracusa, doctor Trazegnies?

Por una razón que no termino muy bien de explicarme a mí mismo, desde hace un buen tiempo estoy convencido que el mundo de la cultura (y en especial el de los historiadores) anda al revés y nadie se da cuenta o no quiero hacerlo. O peor aún, sienten temor de hacerlo por alguna justificable o entendible razón. Por ejemplo, hace unas semanas leí el comentario (que luego lo he escuchado en varias personas) de un actor venido a columnista que se lamentaba que tanto la película como la actuación de Meryl Streep en "La Dama de Hierro" humanizara en exceso a un personaje tan antipático como Margareth Tatcher. No sé qué película habrá visto ese señor, pero el film que yo vi es un despiadado retrato de la ex primera ministro británica que más que humanizarla muestra las miserias de su vida y su obra. Como dije, el mundo al revés. La gente y ciertos 'intelectuales' ven un rostro de la realidad muy distinto al que verdaderamente se muestra. O sea, ven lo que quieren ver, no lo que es. Eso es, más o menos, lo que me ha ocurrido hoy al leer la columna que el Dr. Fernando de Trazegnies publica en El Comercio en que se pregunta ¿Para qué sirve la Historia?

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Como todos recuerdan, Fernando De Trazegnies Granda, Marqués de Torrebermeja y Conde de las Lagunas, Caballero de la Orden de Malta, fue canciller durante la época más vergonzosa del fujimorismo, la del ocaso; es decir, ese mismo fujimorismo en el que militó fervientemente otro intelectual destacado, el historiador Pablo Macera, y del que tan solo obtuvo una jubilación de congresista.

Tal vez esa militancia política explique porqué al escribir sobre la importancia de la historia, se alinea con el resto de intelectuales y analistas que están convencidos de que el pragmatismo en política (y en Historia, por lo visto) es lo que sacó adelante a este país después del apocalipsis aprista de los '80 y que el resto es politiquería barata y reclamo absurdo. Pura cavariada, como suelen decir ellos.

El texto de Trazegnies no es, ni por asomo, una bucólica forma de mirar el pasado ni mucho menos un texto aislado. Es, a mi modo de ver, ante todo un manifiesto político. Un intento bastante bien logrado de esa corriente en historia que pretende trasvasar de la política a la Historia el sentido de lo pragmático. Lo demuestra el sinnúmero de notas periodísticas que por el 80 aniversario de la muerte de Leguía se publicaron 'recuperando' a este 'gran estadista' que cometió tropelía y media, pero que solucionó muchos problemas del país (¿dónde he leído eso antes?) y eso es lo que objetivamente debemos reconocer. Por eso a mi (parafraseando a un general fascista que cada vez que oía la palabra 'cultura', sacaba su pistola), me ocurre que cuando leo 'pragmático' u 'objetivo' me asaltan muchas dudas.

Alguien dirá, nuevamente, que no se puede considerar un apestado sempiterno a todo aquel que sirvió al régimen de Fujimori y Montesinos, y de manera especial a los intelectuales de gran valía como Trazegnies, a los que hay que recuperar casi como un deber. Pero a esas mismas personas habría que decirles que quien pontificó desde la cátedra universitaria sobre historia, filosofía, arte, literatura y un sinfín de temas estaba mejor preparado que muchos de nosotros para percibir la entraña corrupta y delincuencial del régimen al que servía en nombre de los intereses nacionales y apartarse del mismo. Pero Trazegnies no lo hizo.

Recordarles que, como sucede con casi todos los fujimoristas ilustrados como Trazegnies (no fanáticos inefables como la señora Chávez) o el propio Macera, ninguno nunca ha hecho un acto de contrición por su paso por el fujimorismo. Ninguno ha tenido una sola palabra de autocrítica sobre su participación en un gobierno que, además de los éxitos económicos, violentaba la Constitución, arrasaba con las leyes y saqueaba las arcas del país. Siquiera una mueca de arrepentimiento por hacer oídos sordos y mirar hacia otro lado cuando las denuncias, desde todos lados y en todos los tonos, alertaban que en el régimen al que pertenecían se estaban cometiendo actos de corrupción como no se veían desde la época de la famosa consolidadción de la deuda interna en el siglo XIX. No se diga ya sobre los múltiples crímenes de lesa humanidad que se cometieron y por los que el jefe de todos purga condena.

Hoy, en nombre del perdón y la reconciliación nacional ya no solo se publican libros-homenaje para los eminentes doctores fujimoristas, sino también se nos pide, como lo hace el doctor Trazegnies en su nota, que entendamos que "uno de los mayores crímenes contra la historia –y, por consiguiente, contra el progreso– es falsearla por razones políticas, distorsionarla para defender o atacar el presente y culpar así al pasado de los males de la nación". Sí, tanto como eso lo es afirmar que "la Historia seria no toma partido respecto al pasado, no lo aplaude ni lo condena; simplemente lo coloca objetivamente dentro de su contexto, como una manera de proporcionarle más información a ese hombre presente que debe tomar decisiones no copiando la historia ni borrándola, sino haciendo historia". ¿Cuál pasado? ¿El inmediato, doctor Trazegnies?

No quiero parecer melodramático pero estoy hasta la coronilla de oír decir que lo que ocurrió en nuestro inmediato pasado fueron 'nimiedades' en comparación con los logros en los diez años del fujimorismo. Que hay que 'analizar objetivamente lo sucedido' y concluir que fue el precio que había que pagar por salir del nivel de degradación en que nos dejó la irresponsabilidad de Alan García, el criminal accionar de Sendero y nuestros políticos de pacotilla. Yo, esa forma de entender la utilidad de la historia, no me la trago.

Pero el doctor Trazegnies sí, y me alegro por ello. Sinceramente. Porque es una muestra de que volverá por sus fueros de los que nunca debió salir: la investigación histórica y la cátedra universitaria.

Nada más habrá que preguntarle antes, ¿Todo bien en Siracusa, doctor Trazegnies?


1 comentario:

  1. Hola Jorge, tras leer el artículo de Fernando De Trazegnies, no pude menos que compartir tu indignación. Entiendo perfectamente tus razones y creo imprescindible denunciar lo señalado por el ex canciller en su escrito. Las implicancias de la postura que asume son vergonzosas.

    Comparto contigo un breve comentario de respuesta al penoso artículo de Fernando De Trazegnies.

    http://clioperu.blogspot.com/2012/03/para-que-sirve-la-historia-respuesta.html

    Saludos.

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