Alberto Flores Galindo, la historia y la política

Augusto Ruiz Zevallos | Historiador

En esta semana, el mundo académico recuerda a Alberto Flores Galindo, eminente historiador peruano fallecido en 1990 a la edad de 40 años, en momentos de gran producción académica y creciente compromiso a favor de sectores populares.

Fue quizás el historiador peruano más importante del Perú posoligárquico. Brilló por su calidad académica y también por su sincero compromiso político. Ambas cualidades confluyeron en la producción de una amplia bibliografía compuesta por importantes libros, ensayos y artículos periodísticos.

>>> Seguir Leyendo... >>>

Su escritura es al lado de la de Pablo Macera una de las más bellas prosas reflexivas del siglo XX. Escribió en revistas académicas, diarios de circulación nacional, periódicos sindicales y revistas de agrupaciones de izquierda y, además, dictó cursos en la Universidad Católica, fundó Sur, asistió como profesor en la Universidad Libre de Villa El Salvador y dictó conferencias en aulas universitarias y en sindicatos.

Flores Galindo se alejó de los lugares comunes en que incurrieron otros historiadores influenciados por el marxismo –como el teoricismo o la simple apología– y por ello realizó contribuciones tanto a la historia académica como a las ideologías prácticas que buscaban orientar la acción política de un sector de la izquierda peruana.

Su vocación utopista lo condujo a sobrevalorar las tendencias antioccidental y antimodernas de los sectores rurales en el Perú. La utopía, según Flores Galindo, "nace de un rechazo al presente y remite a un pasado, al encuentro con las tradiciones: negar la modernización".

Para el caso del presente, la justa defensa del mundo campesino lo lleva a plantear la construcción de la nueva sociedad a partir de un sector que no es mayoritario: "Esto significa pensar en un modelo de desarrollo en el que el campesinado juegue un papel vertebral" (Flores Galindo 1988: 177).

A la par de que privilegia y hasta magnifica en el campesinado aspectos contrarios a la modernización, subvalora el fenómeno de autoconstrucción social que comportaba el fenómeno de la informalidad, un movimiento protagonizado por hombres y mujeres provenientes del mundo andino, que hacían compatible su tradición cultural con la modernización y que no estaban buscando un Inca ni siguiendo la utopía.

Al mismo tiempo, su concepción de la democracia basada en las típicas organizaciones populares (sindicatos, comunidad industrial, frentes de defensa) le hacía perder de vista el carácter democrático de las demandas de los llamados informales (la mayoría de la población urbana).

Su gran capacidad comunicativa lo convirtió en el intelectual más influyente en la escena académica y en la escena política de izquierda. Por ello, sus ideas podían influir en los líderes y militantes políticos de izquierda. Y de hecho influyeron, aunque básicamente en los últimos.


Fuente: Diario El Peruano (16/4/2012)


0 comentarios:

Publicar un comentario