Baquíjano, liberal sin fortuna

Por Manuel Burga | Historiador y Docente universitario

José Baquíjano y Carrillo (1751–1817), limeño, hijo de españoles, aristócrata criollo, conde de Vistaflorida, liberal doctrinario, prócer de la Independencia, partidario de Montesquieu, amante del juego de naipes, que merece ser recordado este año 2012 del bicentenario de la Constitución de Cádiz, fue un liberal sin fortuna y mucha política al final de su vida.

José de la Riva–Agüero, su pariente lejano, con una escondida admiración y un cierto reclamo, lo describió así en 1906: "Don José Baquíjano, autor del Elogio a Jáuregui, campeón de la renovación de los estudios, presidente de la Sociedad Amantes del País y redactor principal de El Mercurio, jefe del partido liberal, protector de la prensa libre y propagador del enciclopedismo, simboliza y concentra, con mejores títulos que los mismos Unanue y Rodríguez de Mendoza, la obra de esa generación; y por ello es acreedor al recuerdo y al respeto de los peruanos".

>>> Seguir Leyendo... >>>

A los 17 años se doctoró en San Marcos y desde entonces comenzó una carrera académica que muy pronto lo llevó a destacar en la docencia en esta universidad, que aún conserva su mejor retrato.

Era pública y notoria su inclinación por las ideas de la ilustración, específicamente las de Montesquieu, quien defendía el constitucionalismo, la división tripartita de poderes del Estado, la soberanía popular y el gobierno de la aristocracia.

Ese fue el compromiso doctrinario de Baquíjano y de allí provienen también sus límites para entender la propuesta republicana independiente.

Su famoso discurso de Elogio a Jáuregui que pronunció en San Marcos el 27 de agosto de 1781, frente al virrey, al cuerpo docente, como se solía hacer cuando llegaba un nuevo gobernante colonial, era una suerte de ridícula competencia de elogios por hacer la mejor laudatio, la más rimbombante, áulica y retórica.

Baquíjano marchó contra la corriente, a la edad de 30 años, cuando tuvo enfrente al gobernante que había ordenado el violento suplicio de Túpac Amaru, su mujer Micaela Bastidas, y sus parientes, en la Plaza Mayor del Cusco, en el mes de mayo del mismo año. Una ejecución que había enmudecido a las poblaciones indígenas y a sus dirigencias rebeldes, pero que resonó sordamente en la retórica de este joven abogado, que se atrevió a decirle que la justicia y la búsqueda del bien común para todos los que viven en una nación, crean la legitimidad de un gobernante; no la tiranía, ni el gobierno de la fuerza.

Este discurso circuló tan profusamente que obligó a las autoridades a requisar las ediciones existentes.Baquíjano siguió defendiendo las nuevas ideas y con esa intención pretendió el rectorado de San Marcos en 1783, pero su suerte ya estaba echada, perdió las elecciones frente a José Miguel Villalta, un "acérrimo escolástico". Impugnó la elección, pero no tuvo éxito. Lo que lo llevó a congregar el grupo denominado Sociedad Amantes del País y a publicar El Mercurio Peruano.

A inicios del siglo XIX era ya considerado el jefe del partido liberal de Lima y apoyó decididamente la labor de Toribio Rodríguez de Mendoza en el Convictorio San Carlos, donde se congregaban los liberales que no tenían cabida en San Marcos. En 1810 ya lo encontramos como partidario de las Cortes de Cádiz, es elegido como diputado peruano a esas Cortes en 1812 y apoya abiertamente la constitución liberal que intentó suprimir el tributo, distribuir tierras sobrantes a los indígenas y convertir a los virreinatos en provincias ultramarinas con derechos similares a las provincias de la propia península.

Baquíjano,como liberal doctrinario, era partidario del gobierno de la aristocracia criolla, dejando lejos del poder a las poblaciones indígenas. La fortuna política no lo acompañó por estar muy cerca de los afrancesados de Cádiz, los que fueron derrotados y perseguidos luego del regreso del absolutismo con Fernando VII. Baquíjano corrió la suerte de todos ellos y los sueños de Cádiz y de un constitucionalismo liberal con un rey, con bienestar público, ciudadanos, se esfumaron. En 1814, en algún lugar de Sevilla, escribió su testamento político que llamó Dictamen sobre la Revolución hispanoamericana. Unos años después, en 1817, en alguna casita solitaria de las riberas del Guadalquivir, recluido y solitario, Baquíjano falleció a los 66 años.


Fuente: Diario El Peruano (12/4/2012)


1 comentarios :: Baquíjano, liberal sin fortuna

  1. No fue elegido diputado a Cortes, sino designado Consejero de Estado. La designación provocó un gran júbilo en la población limeña, como lo describe Miralla en el libro conmemmorativo de las celebraciones.

    Que fuera partidario de la Constitución de Cádiz está aún por dilucidarse. Lo que si es cierto es su predilección por un gobierno monárquico constitucional.