El discurso indígena en las Cortes de Cádiz: Dionisio Ucho Inca Yupanqui

Por Raúl Chanamé Orbe

Dionisio Yupanqui fue representante peruano de origen nativo en las Cortes de Cádiz, gozó de un título noble (descendiente de la dinastía inca) gracias al parentesco (nieto legítimo por línea directa) con el inca Huaina Cápac, duodécimo inca. Su padre, don Domingo Ucho Inca, fue nombrado alférez de una compañía de infantería del presidio del Callao por el virrey Conde de Superunda; posteriormente, por sus méritos castrenses, en 1769 se trasladó a España, donde tuvo una mejor calidad de vida, económica y social; de esta manera, buscó que le asignaran, por sus ancestros, el Marquesado de Oropesa. Finalmente, no logró que se le concediera el disputado mayorazgo; pese a ello, obtuvo algunos reconocimientos para sus hijos.

Dionisio y su hermano Manuel nacieron en Lima, sin embargo, por decisión de su padre llegaron de corta edad a España, fueron, por lo tanto, modelados bajo los patrones culturales hispanos. A Dionisio se le concedió una plaza en la Guardia Marina, cien doblones de oro por una vez para equiparse y dieciocho pesos mensuales hasta que llegara a ser teniente de navío.

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Cuando se produjo la crisis política en España (1808-1810), Dionisio, residente en la península, fue captado como representante ante las Cortes por el Cusco; por su origen, su papel es de suma importancia en la Magna Asamblea, puesto que abogó con reiteración por la erradicación de los tributos y la mita. Vicente Morales Duárez repara muy oportunamente que don Dionisio nunca conoció al Perú más allá de textos, libros y relatos familiares. A pesar de ello, con mucho empeño, abogó por los nativos en las plenarias de las Cortez
de Cádiz.

Los diputados americanos formaron su propia fracción parlamentaria, con intereses en común, se inclinaron en precisos momento por la tendencia liberal, que abogaba por la igualdad entre americanos y españoles, y que era vista como inevitable, incluso por los conservadores; no obstante, la igualdad entre los criollos e indígenas, originalmente, no estuvo en ninguna agenda constitucional, criterio que el tiempo se encargaría de incluir dada la gran in?uencia que las Cortes y la Constitución ejercieron en la emancipación de la América española.

En este contexto de debate constituyente, nuestro personaje, don Dionisio Inca Yupanqui, tuvo tres importantes intervenciones. La primera debe ser consideraba memorable por su fondo “Sobre la protección que se debe prestar a los indios”, propuesta el 16 de diciembre de 1810; segundo, fue una moción leída en ausencia de Dionisio Inca Yupanqui por enfermedad en la sesión del 31 de diciembre del mismo año; y, tercero, se dio en la sesión del 1 de febrero de 1811, que fue la más densa y signi?có una apología de la causa indigenista.

El primer discurso de Dionisio Ucho Inca Yupanqui abre una discusión sobre la situación general de la igualdad de americanos y españoles, la cual fue postergada por varias sesiones, indicándose por “cuestiones más urgentes”. Empero, no quedaba allí, pues se planteaba un discurso más radical: los derechos de los pueblos nativos. Esto último fue solo una excusa, pues los diputados liberales y serviles rehusaban conceder una igualdad plena de derechos a los americanos, salvo en las pomposas enunciaciones generales. Ello queda demostrado en la sesión del 9 de enero de 1811, donde el diputado español Esteban Palacios dice: “En cuanto a que se destierre la esclavitud, lo apruebo como amante de la humanidad; pero como amante del orden político, lo repruebo.”

El segundo discurso tiene dos propósitos: a) Rechazar de plano las constantes insinuaciones napoleónicas y de los afrancesados, que por medio de la Constitución de Bayona (1808) reivindican la igualdad otorgada como parte del programa reformador propuesto por Napoleón como un cauce para América y los nativos; b) A?rmar la voluntad política y militar, a pesar de las adversidades, de derrotar a la invencible Francia napoleónica, organizar el espíritu y entusiasmo de la resistencia popular. El discurso se entiende en un contexto de incertidumbre y pesimismo en un importante sector ibérico.

En el tercer discurso, para Dionisio Inca Yupanqui lo indio es el genérico del pueblo originario que merece el tratamiento constitucional de ciudadano, pues a pesar del prejuicio que los considera ignorantes, ingenuos y sin ilustración, son sabios, las virtudes morales, religiosas, civiles y políticas de sus antepasados son comparables con los egipcios o romanos. Para ser libres se requiere previamente la verdad, ?losó?ca o histórica, y las falacias sostenidas por algunos autores los postran en la ignorancia hacia otras civilizaciones. El desprecio de algunos ineptos mandatarios nos ha conducido al Estado actual de crisis.

El núcleo del discurso es que el tiempo, el despojo a la opresión no crea derechos de dominio, pues el derecho natural, en la concepción del artículo 3 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789), ha establecido derechos imprescriptibles sobre los pueblos que España debe respetar.

Sin duda, la ?gura de Dionisio Inca Yupanqui debe ser revalorada como el primer constituyente que puso en debate la inclusión jurídica en el texto constitucional de los derechos imprescriptibles de los pueblos originarios de América, en su lucha por la igualdad y la verdad histórica.

El indigenismo debe incorporarlo como un precursor de su incesante discurso de reivindicación siempre presente en el Perú y América Latina.


* Publicado en el suplemento Jurídica, del diario El Peruano, N° 401, el 3 de abril de 2012.


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