La primera Constitución

La Constitución de Cádiz cumple 200 años. Aunque tuvo una vigencia breve, su aporte al movimiento independentista de América resultó fundamental. En el caso del Perú, fue su primera Carta Política.

Su existencia fue breve y accidentada. Sin embargo, a la Constitución de Cádiz (se cumplen 200 años de su promulgación) se le otorga una gran importancia histórica por ser una de las más liberales de su tiempo y surgió como respuesta a la invasión napoleónica.

Oficialmente rigió dos años, desde su promulgación hasta su derogación el 4 de mayo de 1814, tras el regreso a España de Fernando VII. Luego se reivindicó su i gura durante el Trienio Liberal (1820-1823), así como durante un breve período en 1836-1837, bajo el gobierno progresista que preparaba la Constitución de 1837.

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La Constitución establecía la soberanía en la Nación (ya no en el rey), la monarquía constitucional, la separación de poderes, el sufragio universal masculino indirecto, la libertad de imprenta, la libertad de industria, el derecho de propiedad o la fundamental abolición de los señoríos, entre otros.

¿De qué manera esta Carta Política inl uyó en el Perú? Al respecto, el historiador Teodoro HampeMartínez ai rma que para el Perú esta Constitución es sumamente importante. “Es nuestra primera Constitución peruana. Sin embargo, otros países, como Venezuela y Colombia, se anticiparon escribiendo sus propias constituciones antes de ‘la Pepa’, porque había un ambiente común en todo el mundo occidental sobre el estado de derecho constitucional y ponerle límites a los gobernantes”, comenta Hampe. Y para los juristas, el espíritu de esta Constitución española se prolonga inclusive hasta la nuestra Constitución de 1993.

Por su parte, el historiador Víctor Arrambide sintetiza que la inl uencia de esta primera Carta Magna es que, ante todo, se realizaron las primeras elecciones en el Perú (“un sufragio universal masculino indirecto, basándose en la circunscripción parroquial”), se habló de abolición de los tributos, la división de poderes y la libertad de imprenta, que crearán las ideas modernas sobre la opinión pública e impregnará a los militares que se unirán a la gesta de Simón Bolívar y José de San Martín. Y el espíritu de la Constitución de Cádiz, que recogía el espíritu de los Derechos del Hombre de la Revolución Francesa. Todo un precedente.

LA CONTRARREFORMA

Arrambide recuerda que en el caso peruano hubo una mano férrea de José Fernando de Abascal, virrey del Perú entre 1806 y 1816, quien combatió a todos los diputados liberales que salieron elegidos para formar parte de las Cortes de Cádiz, conocida también como “la Pepa”.

“El Perú tuvo alrededor de 11 representantes para enviar a las Cortes de Cádiz, pero Abascal hizo todo lo posible para que no vayan los diputados liberales, mas inanció a los diputados absolutistas. Ese problema se dio en todos los reinos y por ello se nombraron diputados suplentes”, recuerda.

Esto generó la igura de diputados suplentes. Surgieron nombres como Dionisio Inca Yupanqui, noble de origen inca que vivía en España y pidió la abolición del tributo indígena, tema incluido en la Constitución de Cádiz, la que convirtió a todos los súbditos de la corona española (de Filipinas, América y la metrópoli) en ciudadanos de España.

Los indígenas pasaron a pagar los diversos tributos y permitió que muchos indígenas accedieran a cargos de poder. Sin embargo, Fernando VII canceló la Constitución y generó un descontento entre los sectores criollos, lo que inició las revueltas que fueron el caldo de cultivo para las independencias posteriores.

¿CELEBRACIÓN EN 2014?

¿Deberíamos de celebrar ya nuestro bicentenario? El historiador Teodoro Hampe-Martínez es uno de los que apoyan esta campaña “un poco rara”. “En 1814, tuvimos en el Cusco la primera Junta de Gobierno, con Mateo Pumacahua, al mismo nivel que las juntas y audiencias de Santiago de Chile, Chuquisaca, Buenos Aires, México y Caracas”.

“Todo es muy engañoso –continúa–. Gran parte de los países americanos han celebrado su bicentenario pero no son de independencia deinitiva sino de ensayos de independencia, que plasmaron las famosas Juntas de Gobierno, pero la mayoría de ellas duraron solo meses o un año porque volvió el rey legítimo de España, Fernando VII, y las eliminó. Sin embargo, la historia había avanzado y los pueblos ya no estaban para el absolutismo”, relexiona.

Para Hampe, el 28 de julio de 1821 es una fecha “limeñocéntrica”: en 1820, ya Trujillo se había independizado. “Cuando José de San Martín propaga su independencia, el virrey José de la Serna se fue al Cusco para seguir gobernando porque todo el sur era realista”, comenta.

Para él, reivindicar 1814 en el Cusco o 1820 en Trujillo iría acorde con la movida actual del país. O, como dice el antropólogo José Matos Mar en Perú: Estado desbordado y sociedad nacional emergente (2012): tras 70 años migraciones internas inalmente se ha constituido en “una auténtica sociedad nacional”, dice.

“Hay que rescatar el legado de las regiones y provincias, que tienen su propio recorrido autónomo”, explica Hampe, para quien el problema para ver estos otros aportes al desarrollo histórico del país se debe a que “tenemos animadversión a todo lo que no es limeño y ninguneamos todo lo serrano, lo andino, no le prestamos atención”.

Las Juntas de Gobierno que se instalaron en Cusco y otras partes de América inspiradas en las Cortes y la Constitución de Cádiz de 1812 fueron juntas “idelistas” al rey de España y en rechazo al gobierno ilegítimo de los Bonaparte, y administrar los territorios de estos reinos en ausencia del rey Felipe VII (quien junto a su padre, Carlos IV, había abdicado ante Napoleón Bonaparte en Bayona, en 1808).

“A pesar de que su independencia es en 1830, Ecuador celebró en 2009 su bicentenario, y Bolivia, que se independizó en 1825, también hizo lo propio dos años atrás, asociando las Juntas de Gobierno con el inicio de sus independencias, mientras que nosotros celebramos el inal, la conclusión de estos procesos. Acá pudimos decir que empezó con el grito de Zela, en Tacna, en 1811”, opina el historiador Víctor Arrambide.

Toma presente la estrecha relación de Francisco Antonio de Zela (1786-1821) con el caudillo argentino Juan José Castelli (1764-1812), quien formó la Primera Junta de las Provincias Unidas del Río de la Plata. “Zela tenía la idea de juntarse con Castelli, pero éste fue derrotado en la batalla de Huaqui por las tropas realistas del virreinato del Perú”. El año pasado, recuerda Arrambide, se hicieron actividades en homenaje a Zela, mas fueron fechas que pasaron “casi desapercibidas”.


Dos figuras en las cortes

Durante el simposio Orígenes del constitucionalismo hispanoamericano: Las Cortes de Cádiz en su Bicentenario, realizado en Lima el 14 y el 15 de marzo, el profesor de la universidad de San Marcos Samuel Villegas Páucar presentó la ponencia Los Uchu-Inca: de ?delistas indígenas a críticos liberales de la monarquía absolutista española.

En ella, Villegas investiga la ?gura de Dionisio Inca Yupanqui. De acuerdo con el trabajo, su familia no es cusqueña sino de Lambayeque, donde había llegado una rama descendiente del inca Huayna Cápac. Explica que el apellido es Uchu-Inca y no Inca ni Yupanqui, pues estos son genéricos que utilizaban los descendientes de sangre real inca (dato corroborado por el inca Garcilaso de la Vega en sus Comentarios Reales).

Sobre el caso del jurisconsulto limeño Vicente Morales Duárez, quien llegó a ser presidente de las Juntas de Cádiz, el historiador Teodoro HampeMartínez recuerda que las Cortes tuvieron alrededor de 37 presidentes (27 españoles y el resto americanos) ya que la idea era que nadie se enquistara en el poder. Pero la presidencia de Morales Duárez fue muy breve, del 24 de marzo al 2 de abril de 1812, cuando falleció.



* Publicado en el suplemento Variedades, del diario El Peruano, N° 268, el 26 de marzo de 2012.


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