Mali se debate entre dos fuegos

Por Jorge Moreno Matos

África es el apocalipsis cotidiano. La frase es del escritor portugués José Saramago. Y nada hay más cotidiano en África que las guerras civiles, los golpes de Estado, las hambrunas y los miles de refugiados desplazándose de una frontera a otra huyendo de los primeros. Desde el 22 de marzo, cuando una junta de militares encabezados por un capitán del ejército derrocó al presidente Amadou Toumani Touré, Mali, el país más extenso de África, volvió a esa terrible cotidianidad.

Mali ha sido el centro en los últimos meses de una dura batalla entre las fuerzas oficiales y las milicias rebeldes del Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (MNLA) , una facción que se presenta a sí misma como un movimiento laico y que reclama un Estado propio tuareg en el norte del país. En realidad, es la columna vertebral de la rebelión tuareg.

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Pero si queremos ser fieles a la realidad, habría que decir que el MNLA es apenas uno (el mejor armado y, por ello mismo, el más exitoso) de los cinco grupos alzados, con reivindicaciones e intereses muy diversos entre sí, que actúan en la zona. Grupos formados tanto por islamistas radicales como por narcotraficantes que han convertido el norte del país en escenario de duros enfrentamientos.

A esta situación de guerra civil e insurgencia descontrolada se le sumó el golpe de Estado de marzo último.

Independencia no

Resulta una ironía cruel que la justificación de los golpistas, que lidera el capitán Amadou Haya Sanogo, fuera precisamente la ineficiencia de Touré para contener el avance tuareg.

Aprovechando el golpe militar en Bamako, capital de Mali, las fuerzas del MNLA tomaron esta semana tres importantes ciudades en el norte: Kidal, Gao y la emblemática Tombuctú.

Un avance tuareg significativo que permitió al MNLA declarar, de manera unilateral, el cese de las hostilidades en la zona. Ayer, con un territorio de casi 850.000 kilómetros cuadrados asegurados, proclamó la independencia del Estado de Azawad, una región al norte del río Níger considerada la cuna natural de los tuareg.

Pero ni siquiera los más devotos liberales de Occidente y África estarán contentos con la noticia.

La razón es una sola: el control del norte del país, el futuro Estado tuareg, ha caído en manos de independentistas islamistas radicales, apoyados por el muy activo en estos días Al Qaeda en el Magreb islámico (AQMI). Una situación que ha llevado al propio jefe de los golpistas, Sanogo, ha pronunciarse a favor de una intervención extranjera en esa zona.

Por lo pronto, la Casa Blanca, la Unión Africana (UA), Francia y otros países se han mostrado contrarios a esta declaratoria de independencia. Mali ha entrado a una etapa de consecuencias impredecibles.


EL DRAMA DE LOS REFUGIADOS

Como ya es costumbre en este tipo de conflictos, los continuos y duros enfrentamientos entre las fuerzas del Gobierno y el Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (MNLA) han arrojado a los países vecinos de Mali a miles de refugiados.

Según la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados (Acnur) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), más de 200.000 personas han huido hacia Mauritania, Burkina Faso, Níger y Argelia en lo que va del año. Los sucesos del 22 de marzo amenazan con aumentar aun más esa dramática cifra.

Según un informe del Acnur, muchos de los refugiados duermen al aire libre y tienen poco acceso a agua potable, alimentos y servicios de salud. El riesgo de una catástrofe humanitaria es muy grande.


PATRIMONIO CULTURAL EN PELIGRO

Una enorme ciudad de barro, Tombuctú, en este país del África Occidental exhibe un título poco usual en esta zona del planeta: tener una de las universidades más antiguas del mundo, la de Sankore. Esta fue un centro para la propagación del Islam en toda África durante los siglos XV y XVI.

Declarada Patrimonio Mundial por la Unesco en 1988, Tombuctú (apodada ‘la ciudad de los 333 santos’), alberga las mezquitas de Djingareyber, Sankoré y Sidi Yahia, valiosas muestras de la arquitectura de adobe que están bajo amenaza debido a los cruentos combates que se libran en la zona.

En un comunicado firmado por la directora general de la UNESCO, Irina Bokova, el organismo mundial recordó la obligación que tienen los países de salvaguardar su patrimonio en tiempos de guerra.



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