Museo Bodega y Quadra: La colonia vista por dentro

En mayo se inaugurará como museo esta casona de origen colonial, que contará, mostrando los objetos, cómo vivían en lo cotidiano los limeños del siglo XVI al siglo XIX.

Por José Vadillo Villa


Igual que sucede con la historia, las estructuras republicanas del Centro de Lima están construidas sobre las arquitecturas coloniales. "Casi todo el Centro del Lima está construido sobre material de relleno", sintetiza el arqueólogo Miguel Fhon, a cargo del Museo de Sitio Bodega y Quadra, que abrirá sus puertas el 18 de mayo, Día Internacional de los Museos.

El próximo museo se ubica en la cuadra dos del jirón Áncash, la antigua calle del Rastro, junto a la antigua Estación de Desamparados y a tiro de piedra de Palacio de Gobierno. La obra, a cargo de la Empresa Municipal Inmobiliaria de Lima (Emilima), busca, a través de sus seis salas de exhibición y sala audiovisual, mostrar cómo era la vida cotidiana de los limeños en los siglos XVI, XVII, XVIII hasta la llegada de la República.

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En la parte posterior de la casa, aquella que colindaba entonces con el río Rímac, se hicieron excavaciones y se rescató de los escombros cerca de tres toneladas de material arqueológico que sirve al equipo encabezado por Fhon para sus indagaciones sobre cómo fue la vida en la Colonia y la naciente República.

"La limeña era una sociedad a la que le gustaba sus lujos", dice Fhon mostrándome un pedazo de cerámica Ming hallado en una de las paredes de la zona arqueológica del museo. En las excavaciones –iniciadas en 2003 y luego retomadas en 2010– se han hallado pedazos de cerámica ina panameña, peruana y china, objetos metálicos, benditeras, vasijas y aríbalos precolombinos y de la Colonia temprana, botellas, huesos. Inclusive cuentas, piedras preciosas y joyas de oro, que han servido de estudio para un alumno de la universidad de Harvard, que hace su tesis sobre la joyería de la Colonia.

Sabe que el museo de sitio Bodega y Quadra también será una invitación a hacer excavaciones arqueológicas en otras partes del Centro de Lima y encontrarnos con esa ciudad enterrada bajo nuestros pies. "Había el concepto de que todo lo usado, la basura, debía enterrarse porque sino ese aire podía enfermar a la gente", cuenta el especialista.

En la parte arqueológica del museo hay arquerías que sirven para imaginar tanto el sistema de drenajes y canalización (construidos recién a inicios del siglo XIX, cuenta Fhon) como los muros de tajamal que tenía la ciudad para protegerse de las subidas del río Rímac, hoy enterrados bajo la ciudad moderna.

Los arcos se han reconstruido con réplicas de adobes y ladrillos, mandados a hacer con medidas especíicas; igual, los pisos de los ambientes de la casona se hicieron con copias hechas a partir de las losetas originales.

En la pared del museo, que colinda con la Estación de Desamparados, hay un desnivel y la silueta de una puerta clausurada. Entre ambas ediicaciones actuales (la estación se construyó sobre los terrenos de la iglesia de Desamparados) pasaba la pequeña calle del Virrey. Las paredes de la casona Bodega y Quadra sirven también a los estudiosos para saber que la ciudad se reconstruyó sobre los escombros de la primera: hay huellas de donde se ubicaban las vigas originales, antes del terremoto de Lima de 1746, y que en la reconstrucción fue levantada con quincha un metro más de pared para poner las nuevas vigas del techo.

Por la calle del Virrey pasaban las calesas reales; y la parte posterior de la casona era, a inicios del siglo XVII, una carnicería, matadero y alhóndiga (donde se guardaban los granos de trigo). Ahí el equipo ha encontrado pequeñas pesas, huesos y botijas, que les sirven para investigar también sobre los hábitos de consumo en la capital peruana durante la Colonia. Todavía en la parte posterior de la pared entre Desamparados y la antigua Bodega y Catar se puede ver que hubo una entrada y un altarcillo. Fhon dice que pudo tratarse de una capilla anexa a la fenecida iglesia, a donde los carniceros iban a rezar al inal de la jornada.

La carnicería y el mercado eran administrados por el cabildo limeño, luego, entre ines del XVII e inicios del XVIII, pasaría a propiedad de los jesuitas (también propietarios de la iglesia de Desamparados): los trabajos han permitido descubrir, varias pinturas abajo, en el arco de la entrada principal de la casona, los frisos y la venera de conchas de abanico y la JHS de la Compañía de Jesús. La venera, que tiene por in dar por bienvenida a la casa, explica Fhon, que ha sido muy común tanto en Lima como en las ciudades del norte del país.

Posteriormente, fue residencia de otras familias, la última de ellas, los Bodega y Quadra, que compraron la casona casi derruida tras el terremoto del XVIII.

El propietario, Tomás de la Bodega y Quadra, un español de la nobleza, fue padre de Juan Francisco de la Bodega y Quadra, navegante criollo que llegó hasta Alaska y por las negociaciones que tuvo como representante español con el capitán británico George Vancouver, se bautizó la isla de Nutka como la isla de Quadra y Vancouver, aunque la historia borró su nombre. Carlos E. Castillo Sánchez, presidente del directorio de Emilima, explica que también se quiere reivindicar al navegante peruano olvidado y que la municipalidad piensa poner un busto en este museo, que tiene un costo aproximado de cuatro millones de nuevos soles.

En los últimos años, la municipalidad ha logrado rescatar seis propiedades de la cuadra 2 de Áncash, como La Casa de las Trece Puertas, La Casa del Balcón Ecléctico y La Casa Bodega y Quadra. Esta última tenía las obras paralizadas, pero la alcaldesa Susana Villarán se enamoró del espacio y pidió convertirla en la casa museo que inaugurará en unas semanas y que permitirá contar mejor la historia de la ciudad colonial. "Lo que queremos es que la gente venga y pueda apreciar los objetos encontrados, que son piezas del siglo XVII, XVIII, y la muestra, desde una estructura creada", dice Castillo Sánchez.

La manzana del Rastro y la Soledad, como antes se conocía esta cuadra del jirón Áncash, "estuvo muy golpeada por la tugurización". En décadas recientes llegaron a vivir más de 900 familias. Cuenta Castillo que ha tomado años el proceso del desalojo y luego el trabajo en las casas rescatadas, que han mantenido buena parte de su estructura original.

Resalta que los obreros a cargo del proyecto son especialistas en restauración (ya trabajaron en la recuperación del Teatro Municipal de Lima y el Teatro Segura, entre otras obras). Ellos están haciendo las tilapias, las vigas de los techos (que originalmente fueron cedros y maderas traídas desde Guatemala y Costa Rica), las paredes reforzadas con la quincha original y rescatando los arcos.

"El Museo Bodega y Quadra se focaliza en la arqueología histórica, dedicada a los estudios de la Colonia no desde textos y libros, sino desde el punto de vista material, mostrándonos objetos de la vida cotidiana", acota el arqueólogo Fhon. Su equipo trabaja en la restauración de las piezas que irán en la parte arqueológica y dentro del museo habrá un taller para continuar trabajando e investigando.

Para el arqueólogo, la casa es un referente. Permitirá armar la historia de la Manzana del Rastro y la Soledad y contarnos la historia desde el siglo XVI hasta el XIX.


* Publicado en el suplemento Variedades, del diario El Peruano, N° 269, el 2 de abril de 2012.


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