Una visión de la evolución urbana de Lima

Por Jesús Cosamalón

En contra de la tendencia de los trabajos históricos que va por la senda más bien monográfica, de menor temporalidad y con la intención de profundizar un tema, en este trabajo, Francisco Quiroz (1) intenta establecer una síntesis documentada y académica acerca de la importancia que la producción artesanal y el sector social que lo componía tuvieron en la sociedad colonial.

El trabajo de Quiroz se centra en un escenario concreto: la ciudad de Lima y aborda el tema proponiendo una periodización: la formación (siglos XVI-XVII), la industria criolla (fines del siglo XVII a mediados del s. XVIII) y las Reformas y la crisis (fines del siglo XVIII).

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Una de las principales propuestas del autor es contextualizar la producción artesanal e industrial en el marco de las variables demográficas y sociales de la ciudad de Lima. Así, en las páginas del libro se pasa revista a la evolución urbana, la ubicación de los talleres e industrias, la conformación de la familia limeña, el patrón de propiedades urbanas, etcétera. La razón que sustenta esta excursión por temas conexos es que es imposible comprender cabalmente las labores productivas sin el conocimiento de la ciudad misma y de los mecanismos de trabajo que se apoyaban en la estructura familiar.

La distinción entre la producción artesanal y manufacturera es una de las claves del texto. Al principio del período colonial, el productor artesanal está representado por el típico maestro de taller, acompañado de un pequeño número de trabajadores. Esta unidad productiva funcionaba de manera doméstica, a pedido y con relaciones de trabajo generalmente no salariales o serviles. Para demostrar este aspecto, el autor recurre a numerosas evidencias documentales sustentadas en un amplísimo trabajo de archivo. En cambio, los manufactureros sí vendían anticipadamente su producción, generalmente por medio de un comerciante que se encargaba de la distribución. Incluso algunos de ellos lograban expandir sus negocios por medio de una integración vertical (incorporar actividades previas o posteriores a la fabricación) u horizontal (abrir más talleres).

En la etapa madura del orden colonial, siglos XVII-XVIII, se observa una evolución en las manufacturas hacia el tipo de industria doméstica, consistente en la entrega de materia prima a los productores por parte de comerciantes o personas no vinculadas a la producción, las cuales generalmente tenían contratos con el gobierno u otras instituciones. Esta modalidad convivió con el gran taller y los artesanos. Por esa razón, según Quiroz, la actividad de los gremios se concentró en tratar de evitar de que aquellas personas no relacionadas a la producción y los gremios participen del proceso productivo.

Hacia finales del período colonial el gran taller declina, consolidándose el artesano y el trabajo domiciliario como las modalidades productivas más importantes. La propuesta del autor es que la progresiva apertura comercial afectó principalmente al gran taller que abastecía a los sectores más acomodados, quienes no pudieron resistir la llegada de los productos importados.

También se debe considerar – según el autor – que la eliminación de los repartos o su limitación, dejó sin mercado a una parte de la producción de los talleres. Mientras el artesano se encargaba de abastecer a la población de menores recursos, los cuales no se vieron afectados por la llegada de las importaciones.

Las características generales de la producción artesanal mencionadas, son discutidas en detalle en los capítulos 2, 3 y 4 del libro. Por ejemplo, se intenta establecer – con las limitaciones del caso – los volúmenes de producción artesanal, para lo cual se recurre a los impuestos como una manera de recomponer el total, considerando adicionalmente la evasión fiscal. Así, se logra dar un panorama de los talleres y artesanos existentes a fines del siglo XVI. También se establece las diversas formas por las cuales los artesanos y agentes dedicados a la producción se agenciaban del capital necesario. Tal tema es poco frecuente en la historiografía por lo que los hallazgos del autor son muy importantes para establecer los diversos mecanismos financieros a disposición de los productores: dotes, préstamos, habilitaciones, etcétera.

Considero que el principal aporte del libro consiste en la cuidadosa reconstrucción de las relaciones laborales establecidas en el proceso productivo, para cada uno de los períodos mencionados. Por medio de abundantes registros notariales, el autor pudo reconstruir, coherentemente, el universo de las relaciones sociales.

Tales consideraciones previas son más que suficientes para afirmar que el libro de Francisco Quiroz es muy importante para la historiografía dedicada a la historia colonial. Vale la pena añadir que aunque el texto es editado bajo la serie ‘historia económica’, este dista de ser sólo un trabajo de esta índole. Por el contrario, los temas que aborda el libro son varios y pueden ser considerados parte de la historia social y demográfica.

A pesar de los méritos del trabajo, hay aspectos que no están suficientemente bien explorados, probablemente por la falta de fuentes disponibles, pero que son necesarios de puntualizar. Ese es el caso de los precios y salarios, cuya ausencia no permite aquilatar más profundamente el peso de la producción y el valor de ella. Pero a contrapeso de estos vacíos – explicables por cierto – el texto se cierra con comentarios muy útiles acerca de las fuentes utilizadas y un glosario de términos que tanto a los especialistas como a los estudiantes les será de gran utilidad.


1. Francisco Quiroz: "Artesanos y manufactureros en Lima colonial". Lima: Banco Central de Reserva, Instituto de Estudios Peruanos, 267 pp., 2008

Publicado en la revista Moneda (Banco Central de Reserva), N° 140.


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