La tesis de William Burns: El quechua sí tuvo escritura

El investigador inglés plantea la tesis de que la cultura Inca sí tuvo una forma de escritura geométrica y lo sustenta en las evidencias halladas en los tejidos incaicos. El autor respalda la teoría y cita, además, anotaciones de Garcilaso de la Vega y de cronistas españoles.

Por José Antonio Bravo

Esta investigación se la debemos al ingeniero inglés William Burns, quien por este trabajo suyo y por otros como La yapana, ábaco peruano, El tiempo en el antiguo Perú y muchos otros vinculados a los tejidos y tinturas, pues se trata de un experto en textilería que ha estudiado las técnicas que usaron los antiguos peruanos en las diferentes culturas precolombinas, motivo por el que ha sido reconocido por el Perú. El ingeniero Burns ha sido distinguido como Personalidad Meritoria de la Cultura por el doctor Luis Peirano, ministro de Cultura.

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El profesor Burns ha descubierto un alfabeto incaico de diez consonantes, cada una de las cuales, en el orden correlativo, se corresponde con cada uno de los números del sistema decimal. Este investigador a través de la adecuada discriminación de las opiniones de los cronistas ha establecido, dentro de muchas conclusiones, dos importantes: la primera, que cuando los españoles decían que los naturales del Perú no tenían escritura, lo que querían decir era No tenían escritura como la de nosotros; y la segunda que en los lexicones confeccionados por los españoles, se encuentra una serie de palabras que sí indican el oicio y la actividad de escribir. Quillca: letra o carta mensajera, libro o papel. Quillcanigui: pintar o escribir. Quillcacamayoc: escribano y dibujador. Quillcamaytosca: envoltorio como las letras. Quillcayachak, el que sabe escribir. Quillcacacuna, las letras.

Si la actividad y el oicio de escribir o pintar estaban en el vocabulario, quiere decir que existieron esa actividad y ese oicio.

El cronista Cabello Balboa anota que Huayna Cápac antes de morir había dibujado rayas en un palo y que expresaban su última voluntad, "lo que trasladado al quipu y estudiado posteriormente por el Quipucamayoc" debería establecer su verdadero signiicado.

Los Quipucamayoc, según el inca Garcilaso: "escribían en aquellos nudos" todas las cosas que se referían a cuentas de número y "hasta poner las batalles, cuántas embajadas había traído el inca" y "cuántas pláticas y razonamientos había hecho del rey".

A su turno, el mismo Guaman Poma de Ayala agrega que los escribanos asentaban todo en el quipu con tanta habilidad que las anotaciones hechas en cordeles resultaban como si se hubiera escrito con letras.

El profesor Burns estudia las túnicas de los personajes que aparecen en la iconografía de Crónica y buen gobierno de Guaman Poma y las grafías que aparecen en la cintura de 104 personajes más su equivalente en castellano y quechua escritos, arriba y bajo del cuadro, por el cronista. Este estudio de comparaciones de las tres variantes de representación gráfica establecen, como la Piedra Roseta que descubrió Champollion: 1. Quechua con los signos quechuas. 2. Quechua con grafías en español. 3. Y español con grafías castellanas. Las inscripciones de Guaman Poma en los tucapus o túnicas o en los cinturones, más la misma iconografía del dibujo, le dieron la clave al profesor Burns para establecer las consonantes representadas por diez signos y sus correspondencias con el numeral y el número según lo transcribimos de acuerdo a lo publicado en el Boletín de Lima mayo-setiembre de 1981.

Lo que sí nos permitimos agregar a la muy inteligente investigación del profesor Burns es que el quechua, con seguridad, no manejó vocales, como sucede en las lenguas semíticas el hebreo y el árabe. El punto de articulación de una consonante con otra origina una mayor o menos abertura de la cavidad bucal, de allí que solo hubiera básicamente tres sonidos semivocálicos o mejor dicho, semiconsonánticos uno para la cerrazón anterior o posterior: /i/, /u/, así como para la abierta que corresponde a la /a/.

Por otro lado, si se considera la correspondencia de consonantes con los números del uno al diez, es muy fácil inferir que los quipus también se pudieran usar, no solo para contar cuentas o números, sino también historias, relatos, sucesos, hechos, sobre todo si se tiene en cuenta que los había y hay de diferentes colores, cuyo matiz de colorido daba ya una clave paja el contenido. El color así también era una marca para la comunicación, una especie de elemento suprasegmental con un signiicado adicional, como sucede (siendo otra característica, claro está) con el tono o la línea melódica o la emotividad del lenguaje en español, característica que tiene marcas muy restringidas en nuestro idioma como la admiración o la exclamación.

Los nudos en los quipus indicaban el número y, éste, se refería a una consonante, la relación secuencial de un nudo (de uno a diez) con otro establecía el mensaje.

De allí que un Quipucamayoc fuera reconocido como un hombre sabio en el Imperio de los Incas, porque sabía leer la relación de nudos en los quipus.

Estos signos convencionales de critura de base geométrica se coniuraron así porque también eran más fáciles de representar en los tejidos. Con razón cuando los españoles de la conquista entraban a un pueblo vacío, por la inminente invasión, encontraban: comida, oro, plata, objetos, vajilla, pero los tejidos los encontraban quemados. Primero porque allí se contenía y guardaba la historia del pueblo; y segundo, porque ellos eran objetos mágicos y sagrados.

Dos conclusiones: sí hubo escritura quechua; y, segundo, los quipus y la escritura geométrica se correspondían y eran lo mismo a efectos de la lectura realizada por los Quipucamayocs.


* Publicado en el suplemento Variedades, del diario El Peruano, N° 275, el 14 de mayo de 2012.



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