Los genocidios de los que nadie habla

Por Jorge Moreno Matos

A simple vista el concepto de 'genocidio' parece uno propio del siglo XX, pero lo cierto es que se remonta a siglos atrás. Y es que genocidios han habido desde los albores de la humanidad. Tiene una genealogía terrible que alcanza a los pogroms contra los judíos en la Rusia del siglo XIX y que incluso llega hasta el siglo XVI; a las persecuciones antisemitas del siglo XIII en adelante que alcanzaron su clímax en las cámaras de gas del siglo pasado; y a las matanzas indiscriminadas de judíos y musulmanes durante las cruzadas entre los siglos XI y XIII; o las continuas persecuciones, a lo largo de la historia, contra los gitanos que ha sumado varios miles a los más de 187 millones de seres humanos que, solo en el siglo XX, han muerto de forma violenta según el historiador Eric Hobsbawm. Lo que sucede es que fue en el siglo XX donde llegó a su máxima expresión, a un nivel de perfeccionamiento que sólo la técnica y la crueldad de nuestro tiempo hicieron posible.

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Solo después del alcance y consecuencias que tuvo esa máquina de destrucción masiva que fue el nazismo, que elevó el exterminio de grupos humanos a una escala industrial durante la Segunda Guerra Mundial, las Naciones Unidas tipificaron el delito de genocidio en 1948. Poco antes, en 1944, el jurista Raphael Lemkin había creado la propia palabra ‘genocidio’ para designar la destrucción masiva e intencional de un grupo humano por motivos étnicos, raciales o religiosos. Pero ni la altruista labor de Lemkin ni la diplomacia de la ONU han conseguido evitar que estos se sucedan uno tras otro. Muchas veces en las narices de la propia ONU como ocurrió en Srebrenica durante la guerra de Bosnia en 1995.

El primero del siglo XX

Cierta o falsa, hay una historia que afirma que Hitler contestó “¿Quién recuerda hoy a los armenios?”, cuando alguien reparó en las consecuencias que tendría su orden de exterminar a los civiles polacos. Por supuesto se refería a la matanza de 1915 perpetrada por el imperio Otomano que aniquiló a un millón y medio de armenios en tan solo dos años. Un genocidio que hasta el día de hoy Turquía, heredera de ese desaparecido imperio, se niega a reconocer y al que suele referirse de manera eufemística como “la cuestión armenia”. Una posición bastante difícil de entender cuando los propios documentos oficiales turcos de la época no dejan lugar a dudas: “El gobierno ha decidido exterminar completamente a todos los armenios que viven en Turquía”, dice uno de ellos.

Cuando el Imperio Otomano entraba a su declive, la orden de eliminar a los armenios por considerarlos una amenaza para su seguridad fue explícita. El desbande de los batallones de armenios en la retaguardia turca durante la guerra de 1914 fue el pretexto. En abril de 1915, con listados en las manos, se detiene y deporta a los máximos líderes religiosos, políticos e intelectuales armenios de Constantinopla. Más tarde serán asesinados tras juicios con cargos inventados o muertos por hambre. Los arrestos masivos y el exterminio de los miles continuarían hasta 1917.

De Katyn a Camboya

Resulta un lugar común afirmar que uno de los genocidas más grandes del siglo XX fue Josef Stalin y más común todavía citar su estremecedora frase: “Un muerto es una tragedia; veinte millones, una estadística”, que él no tuvo ningún escrúpulo en llevar a la práctica.

Se suele mencionar la matanza de Katyn (la muerte con un tiro en la nuca de 4,143 oficiales polacos en los bosques de esa localidad rusa en 1940) como un ejemplo del pragmatismo de su diabólica frase, pero si hay un genocidio del régimen estalinista del que pocos hablan o conocen es el llamado Holomodor (en ucraniano, ‘hambruna’) que acabó con 10 millones de personas entre 1932-1933. Una hambruna premeditada y artificial que no se debió a las sequías o malas cosechas. El objetivo de Stalin fue matar de hambre a los que se oponían a la colectivización del campo en una región conocida como ‘el granero de Europa’. Pero no fue el único genocidio perpetrado por el comunismo.

En Camboya, entre 1976-1979, los Khemer Rouge (o Jemeres Rojos), con Pol Pot a la cabeza, asesinaron a un millón de sus propios ciudadanos en su afán por construir una República Democrática en donde un simple maestro de escuela debía ser reeducado o eliminado para lograr ese objetivo. La reeducación consistía en abandonar una educación burguesa para irse a trabajar al campo. Fue este movimiento comunista y rural el que inspiró a Abimael Guzmán y al homicida Sendero Luminoso.

Pero no solo las ideologías han inspirado los peores genocidios de nuestro tiempo.

En Ruanda, como cuenta Jean Hatzfeld, corresponsal del diario Liberation, quienes hasta la noche anterior habían sido vecinos, despertaron una mañana con la idea de acabar a machetazos con el otro. Un misil de origen desconocido que derribó el avión del presidente ruandés Juvénal Habyarimana fue el detonante para iniciar un genocidio que había sido preparado durante años y que se financió con dinero de la ayuda internacional. Más de 800.000 tutsis fueron eliminados por hutus en apenas cien días. Las tensiones étnicas alimentadas durante años, estallaron en una de las peores matanzas de la era moderna. Tensiones raciales y étnicas que en Bosnia y Kososvo generó una ‘limpieza étnica’ que dejó más de cien mil muertos y dos millones de refugiados entre 1992 y 1995.

A esta altura de nuestro recuento, no se puede dejar de mencionar a los kurdos, el mayor grupo étnico sin estado en el mundo. Tras su apoyo a las potencias aliadas en la primera Guerra mundial se les prometió un estado propio, pero hasta ahora esa ha sido una promesa incumplida. Turquía e Iraq son quienes más los han reprimido a lo largo del siglo XX prohibiendo su cultura, su lengua y su historia. No contentos con esos, en 1987 Saddam Hussein trató de eliminarlos gaseándolos con gas sarín. No logró su objetivo. Los kurdos todavía luchan por un estado propio.


El infierno del Putumayo

En la región amazónica comprendida entre los ríos Caquetá y Putumayo, más de 30.000 miembros de las tribus uitoto, bora andoque, entre otras, fueron exterminados durante la fiebre cauchera que se desató en la Amazonía peruana a principios del siglo pasado. Es lo más cercano a un genocidio que se haya perpetrado entre nosotros en nuestra historia reciente. Y corresponde a un peruano, Julio César Arana, el ‘Socio de Dios’, fundador de la Peruvian Amazon Company, el dudoso honor de haberlo llevado a cabo.

Como Arana se asoció con capitales británicos y su empresa estaba registrada en Londres, las continuas denuncias sobre sus actividades pronto llamaron la atención del gobierno de su majestad que envió a un cónsul, Roger Casement, a investigar. Este es el personaje central de la novela de Mario Vargas Llosa “El sueño del celta”, y cuyos informes conforman el llamado "El Libro azul británico" publicado en inglés en 1912. Recientemente vuelto a publicar, su contenido estremece por la cantidad y sevicia de crímenes a los que sometió Arana y sus hombres a los indígenas: Trabajos forzados, castigos inmisericordes, asesinatos y persecuciones. Un régimen de esclavitud muy mal disimulado que Casement denunció al mundo.

Fue tal el impacto de la denuncia del cónsul inglés que en lima muchos dudaron de la veracidad del mismo. Clemente Palma, director de la conocida revista Variedades, lo desautorizó refiriéndose al "sensacionalismo inglés". Hoy, un siglo después, la verdad de este genocidio es parte de nuestra memoria histórica. Por su parte, Julio C. Arana, gracias a los informes de Casement, fue procesado. Pero llegó al senado de la República y su juicio se diluyó en el tiempo.


El delito de genocidio fue tipificado por la ONU en 1948

La ONU tipificó al genocidio como un delito contra la humanidad en su Asamblea de 1948 en París y enumeró como hechos constitutivos del mismo los siguientes casos: 1) La muerte violenta de los miembros de una comunidad, 2) Los atentados graves a su integridad física o mental, 3) La sumisión de un grupo a condiciones que provoquen su destrucción física, total o parcial, 4) Las medidas tendentes a disminuir los nacimientos y 5) El traslado forzoso de niños.


Cifras

6 millones
de judíos fueron exterminados en cámaras de gas y campos de concentración por los nazis en la Segunda Guerra Mundial.

20 millones
de personas murieron de hambre durante el Gran Salto Adelante que promovió Mao para industrializar China.


Publicado en el diario El Comercio, el domingo 6 de mayo de 2012.


3 comentarios:

  1. Interesante artículo Jorge, sobretodo porque creemos que el holocausto es propiedad de los nazis exclusivamente. La legislación es muy precisa al respecto y lo que une a los cinco aspectos es la voluntad de exterminar a un grupo por una carácterística o razón que tiene que ver con un soberano desprecio por la diferencia. En la serie que has enumerado sobresale que esa voluntad expresa no solamente personas con poder sino regimenes que traducen sistemas de poder con gobiernos concretos: comunismos (stalinista, maoísta, polpotiano); tiranías nobiliarias (zarismo antisemita; sultanismo antiarmenio); monarquismos y republicas autoritarias (Irak antikurdo; Ruanda antitutsies y ex repúblicas yugoslavas antimusulmanas) y aquí recién captamos la naturaleza no solo autoritaria, desigual y racista de nuestra vieja oligarquía sino su olimpico desentendimiento por un fenómeno de tal magnitud: el genocidio de la población nativa del Putumayo, un fenómeno que los historiadores peruano hacemos también de la vista gorda y que no percatamos como parte de un triste mérito en los anales de nuestra añeja historia de violencia, vinculado por otro lado con una mezcla por un incesante afán de lucro exportador de materias primas con esclavitud. En otras palabras un esclavismo comercial del más alto vuelo avalada por una república aristocrática permisiva. Los historiadores tenemos un nuevo factor de analisis para desentrañar ese chip complaciente por el exterminio del otro como formula para construir un país "moderno y civilizado".

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  2. Otra cosa para observar: no hay que olvidar otros tipos de genocidios que en algunos casos se dan por republicas autorias dictatoriales militares y civiles: el Guatemalteco entre las guerras civiles de 1962 a 1996, que costo 200 mil muertos con el alto porcentaje de victimas indígenas mayas (véase Comisión de la Verdad de Guatemala "Memoria del Silencio") con indiferencia de Estados Unidos si es que no su complicidad. Y hablando del Tio Sam, el capitalismo como tal no tiene que envidiarle nada en eficiencia y capacidad de exterminio a las tiranías nazi-fascistas, comunistas, autocracias orientales o republiquetas de papel cuando quiénes lo conducen se propone acabar con sociedades que creen no valen nada. El genocidio en el Congo belga en la época de Leopoldo II a fines del siglo XIX y principios del XX es paradigmático; algunos calculan que en ese desdichado suceso murieron entre 5 y 10 millones de personas de una población de 30 millones. Las cifras pueden ser más o menos (¿quién los contaba en sociedades tribales?) pero está acerditado que la magnitud es de horror fue real y más si asumimos que el Congo Belga no dependía del Estado belga sino era una propiedad casi personal del rey Leopoldo II, esto lo ubica en el mismo nivel de una verdadera tiranía pero de orden capitalista. Mario Vargas Llosa escribió sobre esto en El Pais en el 2008 y está entre las hazañas del sueño del celta (Roger Cassement) haber descubierto para el mundo los horrores del colonialismo de su época como lo hizo para el caso peruano (triste fama de nuestra patria), así quién no se convierte en un traidor de la corona británica y "de la civilización" que dice representar.Y si creen que esta es la hazaña de un tipo desalmado que no tiene que ver con una lógica civilizatoria vean el caracter ya no genocida sino etnocida de nuestros angelicos vecinos de Norteamérica, no me refiero a los EEUU que por sí mismo tiene muchos pasivos (Vietnam, Filipinas como bien lo mostro Norberto Barreto, Irak y las poblaciones indígenas del far west) sino Canadá, al punto que en el 2008 el Primer Ministro del país pidió disculpas a su población indígena y se ofreció repararlos porque especialmente sus diferentes iglesias cristianas (no hablo de sectas sino de iglesias) venían liquidando las costumbres y culturas de los 150 mil niños indígenas (a quiénes sacaban de sus comunidades) para volverlos cristianos fervientes hasta hace no más de 25 años. Todo un rosario de crueldades.

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  3. Un aspecto adicional, el holodomor ucraniano fue efectivamente un suceso desgraciado de los años 1931 y 1932 pero se discute aún la naturaleza voluntariosa de la muerte por hambre que es la principal acusación al estalinismo soviético, hubo muchos hechos que contribuyeron al desinterés del regimen de Stalin para auxiliar a una población que se resistía a la industrialización forzada del campo, entre esos factores por los que la población sufrió el hambre estuvieron también los embates de la naturaleza y la desorganizaión del país poducto de la I Guerra Mundial y de la invasión de los ejercitos blancos y la revolución. Sin embargo no deja de ser execrable que por cuestiones políticas, odios o antipatías, se deje actuar a la cruel naturaleza para dejar morir a un pueblo aunque no te sea simpático u obediente. El exterminio de oficiales polacos de Katin no responde propiamente al concepto de genocidio pero si es un crimen de proporciones igualmente horrorosas y todo porque los sovieticos desconfíaban de una oficialidad polaca que los habían combatido durante las guerras civiles de hacía una década atrás. En la URSS de Stalin sin embargo hubo grandes matanzas no comunistas que por no entrar en el rango de genocidios dejan de ser execrables para sus perpetradores: los ejércitos blancos (desde nobles y altos oficiales zaristas con ejercitos polacos, británicos, franceses y hasta japoneses) que erradicaban bolcheviques y soldados rojos era una intervención en el caso de los extranjeros en los asuntos de los propios rusos; y, el deliberado exterminio o la esclavización de los nazis a las poblaciones rusas que invadían era un preambulo al holocausto judío solo que aplicado a los rusos como parte de la conquista del este. Ambos, judíos y rusos bolches o no bolches, eran odiados por igual por los nazis. Creo que frente a ello y conociendo Stalin el carácter de sus vecinos (las democracias occidentales) y la adoración de los alemanes por Hitler, creo que la necesidad de la industrialización para la URSS y la formación de unas Fuerzas Armadas preparadas para resistir los embates de esos vecinos lo precipitaron a decisiones horrorosas. No es una disculpa a Stalin o a su detestable regimen, solo es una reflexión en voz alta para encuadrar bien los casos que comparamos: el exterminio por motivos ideológicos y el exterminio como necesidad defensiva. Un abrazo. Mario Meza

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