Los retos de los Bicentenarios

Por Tom Burns Marañón

Algunos lo vieron venir. Es el caso de Carlos Malamud, catedrático de Historia de América en el UNED, que hace cuatro años publicó un documento de trabajo titulado Los riesgos de España frente a los bicentenarios: populismos, nacionalismos e indigenismos, que fue difundido por el Real Instituto Elcano, del cual Malamud es investigador principal de América Latina.

La confiscatoria reestatalización de YPF en Argentina es un ejemplo del nacionalismo que predica el peronismo; la expropiación de Transportes de Electricidad de Bolivia, filial de REE, es un gesto más de los rebotes indigenistas abanderados por Hugo Chávez. Ambas iniciativas, a la vez, recurrieron al populismo para distraer la atención, que es lo que hace todo régimen que se encuentra en apuros. Antes, el blanco de las arengas era el negocio anglosajón, el de los británicos, primero, y el de los gringos, después. Ahora, los damnificados al menos entienden las soflamas porque comparten eso tan hermoso que es una lengua común. El hostigamiento es un perverso cumplido a la aportación española al desarrollo latinoamericano.

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¿A qué bicentenarios se refería Malamud en su ensayo? Aquí se recuerda el de la Constitución de Cádiz y se suele olvidar que hace 200 años tuvo lugar la emancipación de la América española. Diecisiete nuevas repúblicas se proclamaron independientes de la corona hispana entre 1809 (Bolivia y Ecuador) y 1825 (Uruguay). La ruptura con España fue en parte culpa de la incapacidad los doceañistas españoles a la hora de acordar un pacto colonial con los diputados americanos que acudieron a aquellas cortes constituyentes. Éste es un dato a tener en cuenta porque el 16 y 17 de noviembre se reúne la XXII Cumbre Iberoamericana, precisamente en Cádiz. ¿Y cuáles son los riesgos para España y, por extensión, para la empresa española, que anunciaba aquel documento del Real Instituto Elcano? A la vista están. Las efemérides fundacionales de las distintas repúblicas latinoamericanas son propicias para el avance del discurso populista, nacionalista e indigenista.

España es quien mejor debería de entender la complejidad del hemisferio sur. De hecho, durante un tiempo la acción española fue ejemplar. Gracias al liderazgo y la empatía de Felipe González, España tuvo un protagonismo indiscutible hace treinta años en toda la región; estaba muy significativamente presente en los procesos de paz en Centroamérica y en los de las democracias emergentes en el Cono Sur. Su actuación fue merecidamente reconocida por los todas las partes y la empresa española tenía el terreno abonado cuando comenzó la saga de las grandes privatizaciones en la década posterior. ¿Irrumpieron/irrumpen las empresas españolas cual elefantes en la cacharrería? De poco sirve discutir si hubo/si hay más o menos delicadeza, si se puso/si se pone mayor o menor énfasis en la proyección de “leales socios”. Las multinacionales suelen ofender en sociedades frágiles y dadas al victimismo y en el caso de las españolas no tardó mucho en calar la narrativa del “juicio a Colón” y del genocidio y de la vuelta de los conquistadores y de su rapiña. Éste es el argumentario que se ha de deshacer.

Populismo e indigenismo

El populismo es pistola de una sola bala y hay que aguantarlo, la pataleta del nacionalismo se ha de encauzar mimando con inteligencia la autoestima de sus voceros y el indigenismo, que es un fenómeno político nuevo en Latinoamérica, requiere un entendimiento muy respetuoso y paciente. Dará fe de ello José Manuel García-Margallo, ministro de Asuntos Exteriores, que tras la expropiación de REE se puso en contacto con David Choquehuanca, su homónimo boliviano. Choquehuanca es un ferviente apóstol del pensamiento precolombino y aboga por la recuperación de la sapiencia de los antepasados indígenas que permitía el equilibrio con la Pachamama o Madre Tierra. ¿Habrá que pedir perdón a los “pueblos originarios” que fueron vencidos por el colonialismo tal y como hizo Australia ante su población nativa de aborígenes?

Con innegable sensibilidad, el quinto centenario de 1992 se celebró como el “encuentro entre dos mundos”. No sirvió de mucho, puesto que cuatro años después Hugo Chávez sustituyó el Día de la Raza, el doce de octubre, por el Día de la Resistencia Indígena. De ahí al “¿porqué no de callas?” en la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile en 2007 solo había un paso. Las cumbres están en franca decadencia y la de Cádiz corre el riesgo de ser boicoteada por Argentina y por los aliados bolivarianos de Chávez, que conjuntamente podrán ejercer presión sobre otros. Aquí también hay que verlas venir. El lema de la cumbre es Una relación renovada en el Bicentenario de la Constitución de Cádiz. Conviene ponerla a punto y tener presente que la Constitución del Doce defraudó por centralista a la minoría americana en las Cortes y aceleró la ruptura con la metrópoli.


Fuente: Expansión.com (6/5/2012)


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