Tirar la toalla

La vida es como el box: no siempre se gana. Y así como en el box el que pestañea muere, de igual forma en la vida (personal, profesional, amical) cualquier descuido puede ocasionarnos el mayor de los disgustos o una irreversible pérdida ¿Qué hemos perdido hoy, a más tardar mañana, los historiadores peruanos con la noticia de que el pleno del Congreso votará el proyecto de ley que crea el Colegio de Historiadores del Perú? Hasta donde puedo ver, la humilde dignidad que hasta ahora tenía nuestra profesión.

Una dignidad que se resume en una sola: jamás se inclinó ante el poder. Podemos disentir y pensar distinto, podemos destrozarnos en las reseñas que hacemos unos del trabajo de otros, pero jamás fuimos genuflexos. Hasta donde alcanza mi memoria no sé de historiador peruano alguno que haya puesto su pluma o inteligencia al servicio de algún monigote en Palacio o del Congreso. Dignos han sido Porras, Basadre, Flores Galindo. Todos ellos murieron envueltos en una aureola de digna pobreza que los honra porque es la prueba de que jamas cobraron o vivieron de la historia o que jamás cohabitaron con el poder o la corrupción o fueron parte de ella (tal vez haya uno que otro por ahí que sí, para lograr una pensión de congresista, pero son la excepción a toda regla). Más dignos son todavía los profesores que logré alcanzar en San Marcos y que me enseñaron a respetar la profesión: Maticorena, Burga, Lazo.

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Estos tres últimos, por ejemplo, están en las antípodas del pensamiento entre sí. Pero los une la dignidad del maestro que jamás buscó prebendas en los pasillos del Congreso. En el caso de Maticorena, me consta y me enorgullece decir que fui su alumno. Hoy presumo de llamarlo mi amigo.

Esa es la dignidad de la que carecen los señores del Frente Pro Colegio Profesional de Historiadores del Perú (FPPHP), promotor de la iniciativa y cuyo único objetivo es asegurarse un puesto de trabajo en algún ministerio o universidad pública. Quien lea cualquiera de los dos proyectos presentados y el que se va a votar entre hoy y mañana, comprobará que por ningún lado trasunta una verdadera preocupación por el avance de la ciencia histórica en el país. Están preocupados única y exclusivamente por asegurarse un puesto de trabajo y futuras asesoría muy bien pagadas (como se sabe, cualquier testimonio pericial -en este caso, el de un historiador- colegiado vale mucho en un proceso judicial o de conciliación).

No sé por qué ahora mismo, mientras escribo estas líneas, recuerdo un epigrama de Ernesto Cardenal, uno que dice "Yo que combatí a la dictadura / y a sus guardias armados, / cuando paso por tu balcón / tu sola mirada me hace temblar". Tal vez porque fuimos capaces de enfrentarnos a la bestia negra del fujimorismo que pretendió volver al poder y logramos impedirlo, pero que no hicimos demasiado para defender nuestra propia profesión.

Dos de las principales escuelas de Historia se han pronunciado al respecto, pero lo han hecho en un círculo tan cerrado y académico que ésta no ha trascendido a la opinión pública. Qué diría ésta, por ejemplo, si se le explica que este Colegio pretende imponer una 'Historia verdadera' contra una 'incorrecta' o 'falsa'. ¿Qué es lo correcto? ¿Cuándo se es falso? Con este proyecto, la Historia en el Perú va camino a convertirse en un instrumento del partido o político de turno cuyo instrumentador será el Colegio de Historiadores del Perú.

Se ha dicho también, en defensa de ese proyecto y ese colegio, que se busca reivindicar a los historiadores olvidados de provincia y esa es una completa mentira. Un engañabobos. No hay ley, colegio, academia o premio alguno que reivindique lo que no existe. Es decir, a la ciencia histórica, a la investigación histórica. Se quiere defender al trabajador de historia, no al Historiador. Por ende a la investigación histórica. Esta existe solo cuando se investiga y publica y no donde se enseña o rubrica con la palabra 'historiador' en el certificado.

Y lo más lamentable en todo este enojoso asunto es que ese elefante blanco, la inútil Academia Nacional de la Historia no ha dicho ni pío durante todo el debate que suscitó el proyecto. Tal vez porque es la primera y más interesada en que este Colegio se haga realidad. Será otro Club de Amigos que avale la 'institucionalización' del historiador y no de la Historia misma. Qué tontería.

Se habló en algún momento de publicar un manifiesto público o un comunicado firmado por todos, pero nuestra desidia nos venció. Así que este ha sido un combate que hemos perdido. Tan solo quedar tirar la toalla y esperar como suceden las cosas. Quien sabe y tal vez hallamos gastado pólvora en gallinazos y ese Colegio siga el mismo rumbo que siguió el de Periodistas: el absoluto fracaso, el completo olvido.

Ojalá. Se lo merece.

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