Pacho O’Donnell: “El revisionismo histórico es peronista por naturaleza”

El historiador Mario Pacho O’Donnell reivindica la creación del Instituto Manuel Dorrego y analiza las discusiones en torno al concepto de nacionalismo.

Por Carolina Keve


Primero, llegaron las críticas. Sin embargo, los argumentos se diluyeron rápidamente y ningún pronóstico se cumplió. Hoy el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico “Manuel Dorrego” acaba de editar La otra historia (Ariel), una serie de ensayos que además de una revisión crítica desde los tiempos de Mayo hasta hoy, busca aportar nuevas perspectivas y debates sobre una corriente que viene cobrando protagonismo en el universo intelectual. Para su director, Mario “Pacho” O’Donnell, el “pensamiento nacional, popular y federalista” -como prefiere llamar al revisionismo- ha logrado salir de un lugar marginal y por eso viene generando miradas tan celosas.

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En medio de una gran actividad, que incluye la publicación de otro libro de su autoría, Artigas, viajes al interior y entrevistas, O’Donnell critica a los intelectuales que ejercen una “oposición enardecida”, mientras propone los pasos de lo que parecería constituir una verdadera reforma cultural, que incluye desde cambios en los planes educativos para las escuelas hasta nuevos nombres para las calles de Buenos Aires.

¿Por qué cree que el revisionismo histórico está generando tanta polémica?

- Desde Pavón ha existido una historia de pensamiento único, funcional al proyecto oligárquico, porteñista y extrajerizante de Buenos Aires. Hasta ahora había habido cuestionamientos del revisionismo histórico, pero el problema es que no había podido salir de la marginalidad, de la exclusión. Arturo Jauretche, “Pepe” Rosa, Raúl Scalabrini Ortiz. Siempre estuvieron al margen. Por ejemplo, ninguno de estos autores se estudiaba en las universidades públicas. Recién ahora se están incorporando en las universidades. La polémica viene por ahí, porque es como la puesta en superficie de una corriente historiográfica potente.

No obstante, llama la atención el nivel de críticas que tuvo el Instituto en su inauguración…

- Fue absurdo el nivel de agresión. Me llegaron a inventar que estuve en todos los gobiernos, cuando yo he estado en el gobierno municipal de Julio César Saguier y un trecho en el gobierno de Carlos Menem. En el Gobierno actual no tengo absolutamente ningún cargo. Pero como no tenían nada, me inventaron una suerte de vedetismo político que es absolutamente falso. Y creo que el principal error fue ése, que politizaron mucho el tema. Dijeron que la idea era sacralizar a Néstor Kirchner o inventar un relato histórico funcional al Gobierno. No obstante, también hemos recibido muchísimo apoyo y ese intento por desprestigiar terminó teniendo un efecto contrario. El Instituto tiene un impacto que excedió nuestras expectativas. Sin ir más lejos, el gobernador de entre Ríos, Sergio Urribarri, decidió celebrar el “Congreso de los Pueblos Libres” que organizó Artigas en Concepción del Uruguay…

Este interés, entonces, ¿se puede explicar también por cierta voluntad política en avanzar en esa dirección?

- La historia es política, eso es clarísimo. Por eso, Beatriz Sarlo decía que le provocaba susto la creación del Instituto y que, una de las cosas que le provocaba esto, era que le cambiáramos la cabeza a los chicos. Y sí, uno de nuestros propósitos más importantes es trabajar sobre los contenidos de los programas educativos. No podemos seguir enseñándoles que Rivadavia fue el prócer civil más importante, como dijo Bartolomé Mitre, mientras que Facundo Quiroga era un brutal y un bárbaro. Esto impide una comprensión cabal de la realidad política. En cambio, si a uno le enseñan los “vericuetos” de la historia, puede entender que está formada por construcciones políticas y estratégicas.

Para los más críticos, sin embargo, respondería a cierta voluntad hegemónica del Gobierno y a su intención de imponer un relato propio de la historia…

- Es interesante porque lo que ellos acusan es lo que han hecho siempre... En realidad, se trata de un grupo de autodenominados intelectuales que responde bastante al perfil del intelectual alejado de lo popular, de los intereses no patrióticos que definió Jauretche. Son los mismos que salieron a avalar, después, la postura británica de la autodeterminación sobre las Islas Malvinas. Funcionan exasperadamente como opositores y eso mismo los lleva a posiciones absurdas.

Con la expropiación de YPF parecen haber guardado más silencio.

- Pero han argumentado también en contra, sólo que tal vez lo hicieron de otra manera. Por ejemplo, hubo muchos artículos condenatorios del nacionalismo planteándolo como una patología, que en realidad tiene que ver con esta idea de que el sentimiento nacional desemboca inevitablemente en el fascismo y en el autoritarismo. Y, en realidad, es algo que tiene coherencia con el pensamiento extranjerizante, que viene desde el dilema sarmientino de civilización o barbarie, donde la civilización era Europa. Y ese pensamiento sigue funcionando, de una forma tan asombrosamente abierta y evidente, que me sorprende. Cuando salió el documento sobre la autodeterminación, de buena fe pensé que había sido un error. Y no, realmente están absolutamente decididos a entregar las Malvinas, y no se les mueve un pelo. En su discurso, lo nacional es algo débil, cuando lo cierto es que si un pueblo disminuye el sentimiento nacional, le abre el camino a los otros. Lo hemos experimentado con el endeudamiento externo.

No obstante, estas posiciones muchas veces parecerían estar arraigadas no tanto en lo ideológico, sino en la necesidad por ejercer la crítica más allá de los argumentos.

- Pero no diría “crítica”, porque eso tiene cierta valoración intelectual, sino una necesidad lisa y llanamente de oposición enardecida donde los argumentos se ajustan al deseo inicial de oponerse. De modo tal que terminan siendo argumentos débiles y descalificadores. Por eso, al tema de YPF no pudieron enfrentarlo directamente y lo hicieron tangencialmente.

¿Y esta revalorización de lo nacional no va aparejada de la recuperación del rol del Estado?

- Absolutamente, lo nacional está implícito en un Estado fuerte. Por eso cuando se desnacionalizaba, se impuso el concepto de “achicar el Estado es agrandar la Nación”. Y volviendo a la cuestión historiográfica, entra en la misma línea, es coherente que todo este proceso se acompañe con una relectura de la historia.

Para muchos, sin embargo, el revisionismo se enfrenta con un gran problema a la hora de revisar a los propios movimientos nacional-populares. Por ejemplo, lo que pasó con el peronismo en sus momentos más contradictorios como la década del setenta.

- No es una dificultad, el revisionismo histórico es peronista por naturaleza.

Pero los intelectuales de FORJA, por ejemplo, no fueron lo que podría llamarse “intelectuales orgánicos del peronismo”…

- Eran peronistas antes del peronismo. ¿Qué movimientos anticipan el peronismo? FORJA y el revisionismo histórico. Por eso, muchas veces resumiendo, aunque no se deba resumir, digo que nuestro movimiento es la versión peronista de la historia. Y por eso, a nadie le puede sorprender que sea un gobierno peronista el que avale esta corriente. Por ejemplo, estoy fascinado con que a Carlos Blaquier se le haga un juicio porque es un símbolo claro de que la dictadura ha sido cívico-militar. Si decimos dictadura militar estamos indultando a demasiada gente… Por ejemplo, a muchos ministros. Hoy se sabe que Martínez de Hoz se reunía con los futuros golpistas ya a mediados de 1975. Uno entonces no está demasiado desacertado si dice que los civiles fueron autores intelectuales de la dictadura.


Fuente: Debate (2/6/2012)


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