Pobreza, desempleo y división en Gaza cinco años después de su toma por Hamás

Por Saud Abu Ramadán

Gaza, 14 jun (EFE).- Pobreza, desempleo y división imperan en Gaza cinco años después de su toma por el movimiento islamista Hamás y el consiguiente endurecimiento del bloqueo israelí, en una situación sin aparentes visos de mejora.

La noche del 14 de junio de 2007, los hombres de Hamás vencieron a las fuerzas leales al presidente palestino y líder de Al-Fatah, Mahmud Abás, tras una semana de sangrientos enfrentamientos callejeros que dejaron más de cien muertos.

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La batalla marcó el cenit de la división entre las dos principales facciones palestinas (que las interminables negociaciones de reconciliación no han logrado aún resolver) y llevó a Israel a apretar aún más las tuercas del cerco a la franja que había instaurado un año antes, tras la captura del hoy libre soldado Guilad Shalit.

Israel declaró Gaza "entidad enemiga", prohibió las exportaciones y permitió sólo la entrada de bienes humanitarios, lo que -con el beneplácito del Egipto de Hosni Mubarak- asestó un golpe mortal a la industria y comercio de la franja, donde residen 1,6 millones de personas, un 80 por ciento de las cuales depende de la ayuda humanitaria.

Tras las críticas internacionales por el asalto en 2010 a la Flotilla de la Libertad, que acabó con nueve activistas turcos muertos, Israel levantó algo el pie del acelerador, lo que ha generado algunas mejoras, si bien aún impide la libre exportación y movimiento de personas.

"El bloqueo ha dañado el tejido social de la población palestina y la sociedad se ha dividido en dos grupos: los que apoyan a Hamás y los que apoyan a Al Fatah. Y se odian entre ellos", asegura Yazid Hwaihi, máximo líder local de Al Fatah.

Con Cisjordania en manos de un Gobierno vertebrado por Al Fatah, dos Ejecutivos palestinos enfrentados reivindican por igual su legitimidad, en un cisma ideológico que se suma al territorial.

"La división entre Gaza y Cisjordania ha dañado tres cosas básicas: la economía, las relaciones sociales y la situación política. También ha afectado a nuestro proyecto de establecer un Estado palestino independiente en los territorios que Israel ocupa desde 1967", agrega Hwaihi.

En la calle, impera la sensación de que el enfrentamiento interno y el bloqueo han convertido la vida en una tarea cada día más difícil, con el alto paro (en torno al 40 por ciento) y los frecuentes apagones de electricidad (entre 8 y 18 horas) como principal preocupación.

"Aún me pregunto por qué están divididos Qué ganan así? La división ha afectado negativamente todos los aspectos económicos y sociales de la vida", dice Abu Ahmed Awaja, taxista de 54 años.

Awaja cree que "desafortunadamente los líderes tanto de Al Fatah como de Hamás sólo persiguen sus intereses particulares y conservar sus puestos", mientras "el pueblo acaba siempre pagando los errores de sus líderes".

"Nuestra vida se ha paralizado por completo política, social y económicamente desde el primer día en que Hamás tomó Gaza. Nos han engañado con eslóganes para servir sus propios intereses a expensas del sufrimiento del pueblo. Si Hamás no se hubiera hecho con el poder, creo que no hubiéramos presenciado todo este sufrimiento", opina Abu Ibrahim, de profesión vendedor de bicicletas.

Abdalá Abu Samrah, taxista de 29 años, ve las cosas de forma bien distinta: "Somos musulmanes y el islam es la solución. Nuestro pueblo confía en Hamás porque aplica el islam frente a la corrupción y la anarquía. Mira a los Estados árabes que intentaron regímenes liberales y seculares, qué ha pasado con ellos? Se corrompieron y actuaron contra la democracia".

El portavoz de Hamás en Gaza, Fawzi Barhum, insiste en que el cisma interpalestino es "una etapa temporal en la historia del pueblo palestino" que su movimiento "nunca" había "pensado o planificado".

"Hamás se vio obligado a tomar el control de Gaza para corregir una situación de corrupción, anarquía y caos que había enterrado la democracia. Creo que, cinco años después, el pueblo palestino quiere unidad, también Hamás", agregó a Efe.

Una línea oficial en ocasiones contradicha por miembros del ala más dura del grupo, como Mahmud al-Zahar, quien ha reiterado que el control de Gaza es un paso hacia el establecimiento de un Estado islámico.

En sus cinco años en el poder, Hamás ha ido progresivamente imponiendo medidas de vestimenta y moral (no se puede consumir o introducir alcohol, por ejemplo) y tasa los productos que entran por túneles desde el Sinaí egipcio como una vía alternativa al bloqueo israelí.

Bloqueo, pobreza, restricciones internas, desempleo... una combinación que ha dibujado en cinco años un difícil presente y un futuro lleno de nubarrones.


Fuente: Terra (14/6/2012)


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