Sabine MacCormack (Frankfurt 1941-South Bend, Indiana 2012)

Por Gabriela Ramos

Este último 16 de junio falleció repentinamente en los Estados Unidos la historiadora y humanista Sabine MacCormack. Sabine fue conocida por muchos en el Perú por su participación en coloquios y conferencias y por sus libros y artículos sobre la historia y la religión andinas.

La perspectiva con la que MacCormack abordó los estudios andinos se fundamentó en el campo en el que se formó originalmente, los estudios clásicos, en el cual ya tenía labrada una sólida reputación internacional cuando comenzó a desarrollar su interés por los Andes. Pocos estudiosos podrían haberse planteado las preguntas y desarrollado los temas sobre los que Sabine escribió, ya que para hacerlo eran necesarios -además de la historia- una vastísima cultura en los autores clásicos y del renacimiento, una sólida formación filosófica, además del dominio del latín y de otras lenguas europeas.

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Sus libros y artículos no son de fácil lectura. Plasmados en un estilo elegante y preciso, impregnado de una sensibilidad que revelaba su genuino interés por las ideas de las personas sobre quienes escribió, sus trabajos estaban siempre salpicados de profusas notas, con muchísimas referencias bibliográficas y documentales, en las que no faltaban a veces varias líneas en latín, todo lo cual podría interpretarse equivocadamente como un ejercicio de petulancia. Cada trabajo suyo fue un despliegue de erudición tan pasmosa como inalcanzable.

Entender por qué los evangelizadores o ciertos viajeros y cronistas vieron los Andes de la manera que lo hicieron, o qué impacto tuvo la ocupación y colonización de este lugar del mundo sobre la imaginación, la historiografía y el pensamiento europeo requería de un bagaje de conocimientos que su dominio de los estudios clásicos hizo posible. Las páginas que escribió sobre José de Acosta o Pedro de Cieza de León están a mi modo de ver entre lo más notable que produjo. Su análisis sobre los rituales estatales incas estuvo fuertemente condicionado por sus anteriores estudios sobre las ceremonias públicas romanas. Su interés por el ocaso de la Antigüedad y los inicios del cristianismo en el mundo mediterráneo nutrió sus reflexiones sobre el proceso de conversión religiosa en los Andes. Sus trabajos pusieron a nuestro alcance autores e interpretaciones nuevos. Fuese que sus hipótesis resultasen acertadas o no, o que estuviésemos de acuerdo o en desacuerdo con ellas, MacCormack aportó ideas y métodos que fueron muy inspiradores y contribuyeron decisivamente al avance de los estudios andinos.

La conocí en Filadelfia a mitad de los años noventa, en los memorables seminarios que sobre “Diálogos Coloniales” organizó Nancy Farriss, mi directora de doctorado. Había leído su Religion in the Andes: Vision and Imagination in Colonial Peru (1991), y escuché sus intervenciones con admiración por el apasionamiento y autoridad con que hablaba, pero también con cierto escepticismo, pues había preferido dejarme llevar por la impresión que me dejaron mis desacuerdos con distintos puntos de su análisis antes que por las muchas claves y propuestas enteramente nuevas y productivas que tiene ese denso libro. Conversamos en esa ocasión sobre algunas de estas diferencias. Este diálogo, muchas veces tenso, se reinició años después cuando le envié el manuscrito de mi libro con la idea de que lo publicase en la colección que creó y dirigió llamada “Historia, lenguas y culturas de los mundos español y portugués”, que inició mientras fue profesora en la Universidad de Michigan y que continuó en la Universidad Notre Dame, adonde se trasladó para ocupar una cátedra en el 2003. La editorial acogió mi manuscrito, y durante el largo período de edición Sabine me sometió a durísimas aunque amigables críticas, me benefició con muchos consejos, me obligó a leer y a reescribir, me planteó preguntas que me parecían imposibles de contestar pero que me aboqué a investigar, alentada a veces, desesperada muchas otras, por su exigencia casi sin paralelo.

En la Universidad de Notre Dame MacCormack robusteció con mucho empeño los estudios andinos, algo más bien inusual en el área de los estudios latinoamericanos en los Estados Unidos. Además, acogió como estudiantes de doctorado y profesores visitantes a estudiosos peruanos que no provienen de Lima, entre los que se encuentra el reconocido historiador cuzqueño Donato Amado. A través de su trabajo editorial, de sus propias investigaciones y de su actuación como académica ha contribuido decisivamente a impulsar el estudio del quechua.

Su sorpresiva partida me deja pensando en las conversaciones que quedaron inconclusas, en las preguntas que por la tiranía del tiempo no fue posible hacerle cuando hace pocas semanas nos saludamos apresuradamente en San Francisco, durante la conferencia de la Asociación de Estudios Latinoamericanos. Pongo ahora estas líneas para celebrar la vida y los aportes de una historiadora con la que no siempre estuve de acuerdo, pero con quien tengo una deuda de gratitud y en quien reconozco la honestidad, el rigor y la dedicación al estudio de la historia de una región que no fue su patria, pero a la que ofreció muchos de sus mejores esfuerzos.


Tomado del blog Reloj de Arena (19/6/2012)


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