Sobre desapariciones súbitas y el "libro becerro" de los conquistadores

Por Gabriela Ramos

En la nota que publiqué este fin de semana preguntándome sobre las credenciales del nuevo jefe del AGN, me referí también a sus inquietudes propagandísticas (podríamos acuñar el término "narcisismo burocrático") y a las fotografías y videos que aparecían en el portal de nuestro primer repositorio documental. Terminé mi comentario anunciando que en una próxima entrega me referiría a una entrevista, hecha en los estudios de Radio Exitosa por la periodista Mariella Balbi al señor Maguiña Minaya y colgada en la página web del AGN.

Noto que mi comentario ha sido leído en el AGN, pues con extrema rapidez el video ha sido retirado tanto del portal del AGN como de Youtube. ¿Por qué será? ¿Alguien por fin notó la calidad de las afirmaciones que hacía el jefe del AGN sobre los catálogos y documentos del archivo que dirige? ¿Es que acaso apareció finalmente alguien en su entorno capaz de calibrar sus desatinadas declaraciones sobre el llamado Libro Becerro?

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Lo que dijo el señor Maguiña Minaya en esa entrevista demostraba que no tiene idea del estado del Archivo General de la Nación ni de sus documentos, entre ellos, el famoso Libro Becerro. Insinuó, entre otras cosas, que el AGN carece de un catálogos, que no se puede saber por lo tanto los documentos que tiene como tampoco los que han sido robados incluso en fechas recientes [durante la administración de su tristemente célebre antecesora, Teresa Carrasco Cavero, hoy premiada por el Ministerio de Cultura con nada menos que la dirección del Museo Nacional de Historia, Arqueología y Antropología]. Estas afirmaciones ponen al patrimonio del AGN en una situación muy vulnerable. Debemos estar atentos. Pero seamos generosos por el momento y esperemos que el señor jefe del AGN dijo lo que dijo sin pensar.

La visita del jefe del AGN a la radio parece responder al proyecto [sospecho que no fue su idea original] de proponer el llamado Libro Becerro a un programa auspiciado por la UNESCO llamado la "Memoria del Mundo". No me ocuparé de esta idea aquí, pero sí señalaré el alarmante grado de desinformación de que hizo gala el señor Maguiña en el curso de la entrevista. Ante las preguntas de Balbi, evidenció que no las entendía, que no tenía idea de lo que es el documento en cuestión y como la cereza del pastel, anunció que publicarían una transcripción modernizada del mismo.

Ya que está visto que en la jefatura del AGN están leyendo estos posts, a continuación les adjunto una muy informada nota escrita por mi colega, Nicanor Domínguez, sobre el Libro Becerro, para que se ilustren.



El (mal) llamado “Libro Becerro” del AGNP: Definiciones y (falsos) problemas.

Por Nicanor Domínguez Faura
Lima, 5 de junio de 2012

El llamado “libro becerro” que existe en el Archivo General de la Nación del Perú (AGNP) está conformado por una colección manuscrita de escrituras y contratos notariales producidos entre 1533 y 1535, durante los años mismos de la expedición de invasión y conquista del Imperio de los Incas encabezada por Francisco Pizarro. Los documentos fueron redactados por varios escribanos o notarios, y no es muy claro cómo es que fueron reunidos en el códice manuscrito forrado en cuero que existe hoy día en el AGNP.

No se trata, pues, de un texto narrativo coherente, como es el caso de las “Crónicas de la Conquista”, que se publicaron desde esos mismos años. Uno de los primeros ejemplos es la ‘Verdadera relación de la conquista del Perú y provincia del Cuzco, llamada la Nueva Castilla’, de Francisco de Jerez, secretario de Pizarro, aparecida en Sevilla en 1534.

Estrictamente hablando, sin embargo, este códice o libro de escrituras notariales manuscritas más antiguo que se conserva en el AGNP no es en realidad un “libro becerro”, pues éstos en la España de las Edades Media y Moderna contenían, (a) las actas de sesiones de una comunidad civil o religiosa, o (b) los títulos de las propiedades que poseían esas comunidades civiles o religiosas (ver al final los ANEXOS de 1726, 1770 y 1992).

El “libro becerro” del AGNP sólo puede ser calificado de “becerro” en el simple sentido de ser “el más antiguo” que hoy existe en el archivo.

Por otro lado, esta documentación fue estudiada, descifrada y fichada por el historiador y diplomático peruano Guillermo Lohmann [n.1915-m.2005], quien publicó sus fichas descriptivas en cinco (5) entregas de la ‘Revista del Archivo Nacional del Perú’ entre 1941 y 1944. Posteriormente, Lohmann publicó otra serie de escrituras notariales de los años 1537-1538, del escribano Pedro de Castañeda, en dos (2) entregas de la misma ‘Revista del Archivo Nacional del Perú’ en 1963 y 1964.

Fue Lohmann el que tituló esta publicación de 1941-1944 como “Índice del Libro Becerro de escrituras (1533-1535)”.

Sin embargo, el historiador norteamericano James Lockhart, quien trabajó en el AGNP a mediados de la década de 1960, se refiere a esta documentación como: “el ‘Protocolo Ambulante’, una colección de documentos notariales emitidos en diversas partes del Perú entre los años 1533 y 1537” (Lockhart 1982, p. 305).

El mismo Lockhart explica: “Los principales beneficiados [en la época de la Conquista] por el desmedido respeto de los españoles por la palabra escrita fueron las categorías más bajas de la clase profesional [del siglo XVI], los innumerables escribanos que daban fe de cada etapa de la conquista y ocupación del Perú, desde el comienzo hasta el final. Los escribanos estuvieron presentes, sin excepción, en las más riesgosas expediciones de descubrimiento, en los asentamientos más pequeños, en cada campamento minero, donde hubiese un grupo de españoles. Para provecho de [los estudiosos de] la historia, casi no había cosa que los españoles no hiciesen refrendar por un escribano, desde el acto de toma de posesión del [Océano] Pacífico hasta la declaración de un capitán rebelde donde confesaba que se enfrentaba al ejército real contra su voluntad. En un día de 1544 dos zapateros ingresaron a una escribanía en la plaza de Lima e hicieron redactar un documento impresionante dedicado tan sólo a plasmar el hecho de su llegada a Lima” (Lockhart 1982, p. 90).

El llamado “libro becerro” del AGNP es un valioso documento que contiene información sobre las transacciones cotidianas de la hueste de conquistadores, los identifica por nombre y apellido, proporciona las fechas exactas del paso de los españoles por distintos lugares de la geografía andina, y permite vislumbrar las actividades económicas iniciales de los primeros encomenderos y de sus ayudantes, entre otros temas que han sido estudiados por distintos especialistas (Guillermo Lohmann, José Antonio Del Busto, James Lockhart, María Rostworwoski, Franklin Pease, Efraín Trelles, entre otros).

Las escrituras notariales que han sobrevivido en este “libro becerro” son de fechas y lugares diferentes y discontinuos, en las que algunos individuos aparecen y no vuelven a ser mencionados nuevamente, debido a las contingencias de las idas y venidas de la expedición concreta de la que formaran parte los escribanos específicos que redactaron esos contratos.

A todo ello hay que sumar el azar y la casualidad de que estos contratos notariales se hayan preservado por casi 500 años, mientras que muchos otros documentos que fueron redactados en aquella época se han perdido o destruido por el paso de los siglos, o porque fueron robados de los archivos peruanos para ser vendidos a coleccionistas nacionales y extranjeros desde el siglo XIX hasta nuestros propios días.

Así, no estamos, de ninguna manera, ante un texto continuo y coherente al que se le pueda dar una lectura narrativa, pues, como ya se dijo, el “libro becerro” del AGNP no es una “Crónica de la Conquista”.


REFERENCIAS:

LOCKHART, James [James Marvin Lockhart, n. 1933].
1982 / El mundo Hispanoperuano, 1532-1560. México: F.C.E.

LOHMANN VILLENA, Guillermo [1915-2005].
1941-44 / “Índice del Libro Becerro de escrituras (1533-1535)”. En: Revista del Archivo Nacional del Perú (Lima), t. XIV, entrega 2a., jul-dic (1941), pp. 209-40; t. XV (1942), entrega 1a., pp. 87-96; entrega 2a., pp. 215-20; t. XVI (1943), entrega 1a., pp. 59-100; t. XVII (1944), entrega 1a., pp. 51-69.

1963-64 / “Índice del Cartulario de Pedro de Castañeda (1537-1538)”. En: Revista del Archivo Nacional del Perú (Lima), t. XXVII, entregas I y II, ene-dic. 1963, pp. 27-87; t. XXVIII, entregas I y II, ene-dic. 1964, pp. 59-132.


ANEXOS:

1726: “BECERRO. Se llama el libro que tienen las Comunidades, Cabildos Eclesiásticos de las Cathedrales y Colegiales, Ayuntamientos de las Ciudades y Villas, en el qual están sentados todos los actos, acuerdos, ordenanzas y establecimientos pertenecientes al gobierno y economía pública de cada Comunidad, ó su jurisdicción y pertenéncias. Paréce que se le dio este nombre de la piél de becerro, en que regularmente está enquadernado para su mayór firméza y resguardo”.

“Diccionario de Autoridades”: Real Academia de la Lengua, Diccionario de la lengua castellana, en que se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las phrases o modos de hablar, los proverbios o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua (Madrid: Imprenta de Francisco de Hierro, 1726-1739), 6 vols.; tomo I (letras A-B), p. 587, columna 2.

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1770: “BECERRO. Libro en que las Iglesias y monasterios antiguos copiaban sus privilegios y pertenencias, para el uso manual y corriente. Tambien hoy se llaman así los libros en que algunas comunidades tienen sentadas sus pertenencias; y el libro en que están sentadas las Iglesias y piezas del real patronato que se conserva en su secretaría, se llama el libro becerro del real patronato. Díxose así en lo antiguo, porque las hojas eran de piel de becerro”.

Real Academia de la Lengua, Diccionario de la lengua castellana, segunda impresión corregida y aumentada (Madrid: Joachín Ibarra, 1770), tomo I (letras A-B), p. 469, columna 2.

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1992: “becerro. […] 3. Libro en que las iglesias y monasterios antiguos copiaban sus privilegios para el uso manual y corriente // 4. Libro en que algunas comunidades tienen asentadas sus pertenencias. // [...]”.

Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, 21ra. ed. (Madrid: Espasa-Calpe, 1992), p. 197, columna 2.


Tomado del blog Reloj de Arena (6 de junio de 2012)


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