Tulio Halperin Donghi: "Cuando uno es político encuentra bien cosas que sabe que están mal"

Por Rosario Yori

Tulio Halperin Donghi / FOTO: Guadalupe PardoEs el mayor historiador argentino y uno de los principales en el proceso independentista latinoamericano. Tulio Halperin estuvo en Lima invitado por los estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, pero visitó también la PUCP para la conferencia internacional “La Independencia en Hispanoamérica”, organizada por la Facultad de Letras y Ciencias Humanas.

En el Perú, tenemos la versión de que la Independencia se logra por una toma de conciencia nacional. ¿Es realmente así?

Es muy difícil de resolver el problema del origen de la nacionalidad porque no hay una fecha. En el caso peruano es particularmente problemático porque en 1810 el Perú era una posibilidad, pero no una definitiva. Creo que la versión más convencional, que dice que el Perú empezó en 1841, cuando Gamarra perdió una batalla, es así, porque ahí murió la otra posibilidad que había: un país con un núcleo en el sur andino, y en la meseta del Alto Perú, el proyecto Santa Cruz.

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Somos uno de los últimos países en Sudamérica en lograr la independencia. Da la sensación de que se trata de una independencia más bien importada…

Bolívar, en un momento de sinceridad brutal, dijo que el problema en el Perú era que no hubo revolución de independencia. Es una invasión liberal venida del norte. En ese sentido, sí. Pero hay otro problema. Abascal se manejó con notable habilidad en los diez años que gobernó el Perú. Él tenía una fuerza: el apoyo de la élite limeña, que reconocía que él estaba deshaciendo el agravio que los Borbones habían inferido cuando separaron los virreinatos. Cuando Abascal organiza la reconquista desde Lima, está reconquistando territorios despojados. Eso explica que figuras de las élites costeñas cambiaran de bando varias veces. La opción realista no era demasiado diferente a la sanmartiniana o bolivariana.

¿Sucedió solamente con la élite? ¿Cuál fue el papel de los criollos, de los indios, de la masa?

El Perú es un país muy fragmentado desde el punto de vista del equilibrio social y, en aquel tiempo, lo era mucho más. La masa tenía menos claro cuáles eran sus intereses de largo plazo.

Existen problemas actuales del Perú que se tratan de explicar como el resultado de una “herencia colonial”. ¿Lo son?

Naturalmente es una herencia colonial, porque fue en la Colonia cuando se perfiló una sociedad posconquista en el Perú. Lo que ocurrió acá fue que, por el fenómeno de Potosí, las élites descendientes de los conquistadores y las descendientes de las élites anteriores a la Conquista establecieron relaciones menos desiguales que, por ejemplo, en México. En el Perú, para gozar de las ventajas de Potosí, tienen que usarse a la vez el nuevo mecanismo de relaciones mercantiles traídas por la Conquista, como el mecanismo creado por el sistema inca. Estos problemas son los típicos de una sociedad que está dejando el funcionamiento de una sociedad de castas. El resultado es que, durante un tiempo, todos se sienten incómodos porque tienen que aprender a vivir de otra manera. Me decía Julio [Cotler] que, cuando era joven, sus amigos “cholos” le decían que él podía ir a hotel Bolívar sin corbata porque era blanco, pero ellos tenían que ponérsela. Ahora cualquiera que pueda pagarse el pisco sour va al bar. Esa experiencia crea resentimientos, pero no es una tragedia nacional.

A pesar de las particularidades de los procesos de independencia, hay un intento de igualarlos con un mismo rótulo: el Bicentenario. ¿Cómo lo ve?

El proceso está siendo igualado porque a situaciones diferentes se aplican políticas iguales. El indigenismo actual responde a situaciones diferentes. Por ejemplo, en México tenemos el zapatismo, que tiene un pequeño defecto: la población realmente indígena es muy marginal. Esto marca una diferencia enorme entre Mesoamérica y el mundo andino. México hizo su mestización antes de que fuera un problema, es el primer Estado auténticamente mestizo. Ahí, ser físicamente europeo no favorece una carrera política. En el Perú, la situación es diferente. Al negar su sensibilidad para el color, nunca expresa su racismo.

¿Alguna vez se ha sentido más político que historiador?

No, yo tengo opiniones, las cosas me parecen bien o mal. Cuando uno está en un movimiento político, ha decidido encontrar bien cosas que sabe que están mal. En política, eliges la que te parece la mejor alternativa; otra cosa es decir que esa alternativa es siempre la mejor para todos.

Pero las versiones oficiales de la historia, las de los textos escolares y las fiestas nacionales, pueden servir al poder…

Siempre la enseñanza fue vista como uno de los mecanismos de crear la nación. Argentina estaba orgullosa de poder decir que tenía dos maestros por cada soldado; pero eso quería decir que los maestros eran también soldados. Un diplomático francés muy sinvergüenza decía que la historia es una versión del pasado sobre la cual se crea un acuerdo y no se discute. La existencia de discordancias políticas hace que este pacto no pueda existir. En un Estado democrático moderno siempre hay la posibilidad de que alguien diga: “eso no es así”.

Eso es algo que usted debe saber, luego del exilio tras la Noche de los bastones largos…

No quisiera decir que fui exiliado. Simplemente, me quitaron mi puesto en la universidad.

¿Volvió luego de la dictadura a enseñar a Argentina?

La universidad argentina pasó por momentos cada vez más enloquecidos. Me alegré de no haber vuelto. Cuando regresó la democracia, ya era tarde.


Fuente: Punto.Edu N° 249 (25/6/2012)


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