Descifrando el código: La clave del quipu

A pesar del tiempo transcurrido, aún es un misterio el mensaje que encierran los quipus. Algunos cientíicos creen que además de un complejo sistema matemático es también un registro literario, una suerte de lenguaje secreto. La antropóloga Sabine Hyland desarrolla una hipótesis al respecto que a continuación se desarrolla.

Por Moisés Aylas Ortiz

En estos días, un canal por cable especializado en investigaciones cientíicas ha presentado un documental basado en una investigación de la antropóloga estadounidense Sabine Hyland. Ella expone la hipótesis de que los quipus era una suerte de registro literario, usado a manera de código, es decir, podían transmitir mensajes.

La clave de la investigación de Sabine Hyland, profesora de Antropología de la Universidad de San Andrés (University of St. Andrews) en Escocia, es un quipu hallado en 2005 por la profesora Rebeca Arcayo Aguado en el interior de una iglesia colonial de un pueblo de Áncash no precisado.

Este quipu, denominado Tabla-Quipu, fue elaborado a mediados del siglo XIX, durante los primeros años de la República.

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Hyland detalla que la Tabla-Quipu es una madera que lleva una serie de quipus, hilos de lana de ovino con nudos de colores y de tamaños distintos, colocados uno debajo del otro sobre su supericie. La diferencia con otros quipus es que al lado de cada uno de los nudos había una palabra escrita en español.

La Tabla contiene 282 nombres, de los cuales 177 están acompañados por sus respectivos quipus. Hyland ensaya la siguiente hipótesis: si se logra determinar una relación entre los quipus y sus formas con los nombres, la ciencia podría ser capaz de descifrar el código de los quipus. En síntesis, esta tabla podría convertirse en una especie de Piedra Rosetta, la pieza clave que permitió a los franceses descifrar los jeroglíicos de Egipto.

Recuerda que varios cronistas coloniales escribieron que los quipus incaicos sirvieron como registro literario y estadístico al mismo tiempo. Precisa que Pedro Sarmiento de Gamboa, Juan Polo de Ondegardo, Antonio de la Calancha y Fernando de Montesinos airmaron que los quipus sirvieron para anotar la historia, las genealogías reales y otros tipos de narración.

Cita también el caso de la escritura cuneiforme. Los antiguos caracteres asirios inscritos sobre bronce, ladrillos, piedra y otros materiales sirvieron también para anotar la historia y genealogía real, además de los datos económicos. “Sin embargo, los quipus son la única especie de escritura por textiles. Fue una realización increíble de los incas antiguos”, destaca.

En sus Comentarios Reales..., Garcilaso de la Vega menciona que “Los quipucamayoc fueron asignados por los curacas y nobles de sus respectivas provincias para la conservación de los hechos históricos transmitidos por sus predecesores o de todos los otros eventos dignos de mención que ocurrieran en algún distrito; y el quipucamayoc, haciendo de escritores e historiadores, conservaban los registros que, como hemos dicho, eran los quipus o ‘crónicas’”.

Existe evidencia de que algunas órdenes religiosas que llegaron con los españoles a mediados del siglo XVI emplearon los quipus para evangelizar a los indígenas peruanos. Un ejemplo fue el caso de los Mercedarios. Ellos utilizaron los quipus a ines del siglo XVI en sus labores de evangelización. Los misioneros ordenaban que se incluyera en los quipus las principales oraciones católicas y registrar actividades del año cristiano.

Sin embargo, la supervivencia del quipu estuvo en manos de los indígenas. Su presencia fue mayor en los lugares alejados de las grandes ciudades donde la presencia del poder hispano era fuerte. Su uso se convirtió en una práctica secreta.

INVESTIGACIÓN

“Estoy estudiando el quipu; este consiste en una tabla con los nombres de los pobladores y su correspondiente cuerda de quipu”, expresa la investigadora, reticente a dar más detalles de su trabajo. Sin embargo, revela que el uso de la Tabla-Quipu fue desarrollada por primera vez a mediados del siglo XVI por la orden de los Mercedarios y su uso fue generalizado; sin embargo, estos fueron desapareciendo con el tiempo, agrega.

“Este quipu, en particular, es el único que existe en la actualidad”, reiere hilando al resaltar la importancia cientíica de la Tabla-Quipu de Áncash. Airma que es la única evidencia de los quipus en estilo inca asociada con la escritura en castellano.

Menciona que hace 30 años un antropólogo peruano, Román Robles, encontró otra Tabla-Quipu (el hallazgo se produjo en el pueblo de Mangas, provincia de Cajatambo, en Lima) e hizo un estudio muy importante de ella. Lamentablemente, cuando regresó al lugar para profundizar su trabajo, no la encontró más.

Robles, en su obra Quipu y mashas en la comunidad campesina de Mangas (1982) hace un detallado análisis morfológico de la Tabla-Quipu. Aparentemente, se trataba de un padrón de los comuneros. En la Tabla iguran el nombre de los pobladores y sus respectivos hilos con colores distintos que los distinguen.

“Esta Tabla-Quipu –la que es materia de su estudio– pertenece a la segunda mitad del siglo XIX. Se guardó en un baúl grande de madera en una iglesia local. Hay 282 nombres –de hombres y mujeres– por los dos lados. No se podían leer algunos de los nombres por las manchas de orina de los murciélagos. Entonces, Gene Ware, un especialista y profesor estadounidense, tomó una imagen multiespectral de la Tabla-Quipu que reveló 40 nombres que no se podían leer anteriormente”, airma.

Hyland maniiesta que todavía está al comienzo de sus investigaciones sobre la relación entre la cuerda y el nombre en la Tabla-Quipu. Sin embargo, confía en que si se conirma su hipótesis, cambiaría el concepto que se tiene sobre los incas, o sea que no conocieron la escritura. “Me parece que sí. Los incas conocieron la escritura. Sin embargo, puede ser que la escritura incaica no haya sido fonética, sino simbólica, en que los rasgos distintivos representaron ideas mismas”, subraya. Podríamos estar en el umbral de una nueva era y cambiaría la historia que conocemos.


* Publicado en el suplemento Variedades, del diario El Peruano, N° 282, el 2 de julio de 2012.


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