El verdadero rostro de la humildad: El santo que sigue enseñando

"Iconografía de San Martín de Porres", escrito por Pedro Gjurinovic, reúne el rostro y las imágenes del santo de la convivencia feliz captadas por varios artistas de la época. El autor resalta dos aspectos poco conocidos de Martín: el de gestor de la justicia social e impulsor de la concertación.

Por Rubén Yaranga Morán

¿Qué le motivó para escribir el libro sobre San Martín de Porres?

– Hace muchos años venía dándole vueltas al tema. Incluso por 1981 publiqué un artículo de iconografía sobre San Martín; imágenes que veía, iba tomando nota, hasta que tuve un buen material y conversé con el padre Leuridan, y en cinco minutos ya todo estaba solucionado para empezar. Agradezco a la Universidad de San Martín de Porres por toda la inversión y esfuerzos hechos. No es fácil hacer un libro en el Perú. La otra motivación es contribuir a llenar un vacío en la bibliografía con un capítulo importante, que es este, el de la iconografía. No es una biografía, porque la mejor la escribió José Antonio del Busto; esto es, recoger imágenes de San Martín de Porres, o sea, su iconografía.

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– Se ve que en el momento en que aparece San Martín de Porres hay una gran efervescencia religiosa, hay muchos santos...

– Claro. Sí, luego la función del arte, en el caso nuestro, el virreinal, tiene básicamente dos funciones: una, el de ser un medio de catequización y de evangelización, se catequiza con el catecismo y se evangeliza con el Evangelio. En el caso de las obras de Martín es para adquirir memoria del santo mediante los milagros que la Iglesia ha reconocido. Hay que hacer una salvedad, el papa Urbano VIII, en la tercera década del siglo XVII, prohibió que los religiosos sean retratados o pintados; pese a ello tenemos imágenes con rostros imaginarios del santo. Y como lo repiten ciertos pasajes, entonces, pienso que la iconografía se podría reunir en tres o cuatro rubros: uno de ellos el de Martín con la escoba; la Iglesia acepta como milagro el tema del pericote, perro y gato; Martín enfermero, asistía a los enfermos y les hablaba; también conversaba con grandes personajes y personas sencillas. Pienso que no siendo sacerdote ni ocupando cargo importante en la orden, sino el de simple donado, nunca oició misa, ni predicó en el púlpito; pero por su mensaje diario fue un teólogo.

– ¿Cómo...?

– Práctico, igual evangelizaba, igual catequizaba a los humildes, una palabra de aliento para los enfermos, ya es un gran pensador. En un momento casi titulo el libro San Martín sigue enseñando, porque su mensaje es permanente. Tomo el caso del milagro del perro, el pericote y el gato; el mensaje es juntar lo diferente, para que en un solo plato haya una feliz convivencia.

– Un ejemplo es Las tres razas, un cuadro de Francisco Laso...

– Ese es otro ejemplo; luego hay un grabado en que Martín está en una mesa con tres razas distintas, otra vez el tema de juntar la diversidad. Esta mesa es un buen ejemplo para los políticos, por la mesa de concertación, y la escoba era un símbolo de limpieza, pero no del polvo del claustro del convento, sino de toda suerte de suciedad. A él debería tomársele como ejemplo de que en el Perú necesitamos limpiar muchas cosas.

Entonces, hay dos fenómenos interesantes aplicables hasta hoy, hay un detalle anecdótico, el papa Pío XII lo reconoce como patrón de la justicia social, sin ser santo. Antes del Papa, el presidente Benavides lo hace Patrón de la Justicia Social en el Perú. Hay un reconocimiento tácito a este quehacer.

– Los negros de Estados Unidos valoran a Martín de Porres...

– Yo sostengo en el libro que por los negros de Estados Unidos canonizan a Martín; estamos en 1962, ocurre el asesinato de John Kennedy, el tema negro es candente; el Papa designa arzobispo a un obispo negro de un país africano y este le dijo: "Pero no tenemos un santo negro a quién rezarle". Y así fue canonizado Martín.

– Martín de Porres es el primer santo negro...

– Hay santos legendarios, pero son fruto de la leyenda. Los franciscanos de Lima le rinden culto a San Benito de Palermo, representado con el hábito franciscano, que tiene tez negra. Una justiicación a esto, que tiene un aura de leyenda y puede ser cierto, es que el humo de las velas ennegrece las imágenes de la iglesia y así apareció otro santo negro: San Benito de Palermo.

– En la Iglesia existió una lucha por extirpar los iconos...

– No venerar imágenes es un tema que se discutió por siglos. En el Concilio de Nicea se acepta la representación y se conirma en el Concilio de Trento, porque en las Escrituras dice que no harás imagen a semejanza, ahí se quedan los que están en contra de que no haya imágenes, pero no siguen la lectura: no harás imagen a semejanza, porque soy un Dios celoso; entonces, no harás imagen de otros dioses.

– La idolatría...

– Cierto; entonces, por siglos se discute eso. Al inal se acepta. San Gregorio Magno dice que las artes son la biblia de los analfabetos, mediante el mensaje iconográico.

– Y sobre el rostro del santo...

– AL tratar de llegar al rostro, organicé mis apuntes sobre la base de testimonios que escriben cómo era el rostro de Martín a los 33 años de edad. Entonces me fui a la Dinincri, donde conversé con un técnico para hacer un identifac. Yo al padre Leuridan le mostré el rostro y me contestó que era un deportista. Le dije que no, es San Martín. Le conté cómo lo había hecho y me airmó que era un buen tema de investigación y que debía publicarlo.


* Publicado en el suplemento Variedades, del diario El Peruano, N° 286, el 30 de julio de 2012.


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