La Guerra contra la Confederación: sobre héroes, ritos y tumbas

Gabriel Cid examina el impacto del conflicto con Perú y Bolivia en el imaginario nacionalista. La guerra (1836-1839) fue crucial en la construcción de un sentimiento de chilenidad.

Por Pablo Marín

En medio de aires bicentenarios se lanzaba, hace dos años, Nación y nacionalismo en Chile. Siglo XIX. El volumen fue coeditado por el historiador Gabriel Cid e incluía un ensayo de su autoría con título sugerente, Un ícono funcional: la invención del roto como símbolo nacional, 1870-1888.

A tono con cierta línea historiográfica inquieta por la “invención de la tradición” (un libro de Eric Hobsbawm lleva ese nombre), el texto hacía del estereotipo del “roto” una hebra que tomar en la configuración de una identidad nacional. Contrariamente a ciertas ideas recibidas, esta última se aprecia fragmentada y confusa para cuando el “Estado en forma” ya se había asentado, por lo que elevar al desposeído ignorante a la condición de símbolo patrio resultó vital. Y así se entiende mejor, por ejemplo, que la Fiesta del Roto Chileno en la Plaza Yungay se celebrara recién medio siglo después de la batalla del mismo nombre.

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Dos años más tarde, aquel ensayo pasó a integrar el libro La guerra contra la Confederación. Imaginario nacionalista y memoria colectiva en el siglo XIX chileno. Publicado por UDP, recoge una pregunta que ya se hacía un diario pipiolo en 1843: “¿Qué dirá la posteridad de Yungay?”. Y advierte que, además, hay que ver qué dijeron, sintieron y vivieron los contemporáneos de un hecho clave para producir la identidad nacional.

En el siglo XIX, dice Cid a La Tercera, “el Estado se consolida en Chile antes que la idea de nación. Y esta noción se construye cotidianamente en una población mayoritariamente rural y analfabeta”. La cuestión desnuda su relevancia en un país cuya identidad se construye parcialmente a base de guerras. Y no sólo civiles: los conflictos con los países vecinos (1836-1839 / 1879-1883) permitieron “construir un sentido de comunidad, aunque sea por oposición a ese otro al que se combate”.

La batalla como recuerdo

Apenas seis años después de la Batalla de Lircay, que marcó en 1830 la derrota liberal ante los conservadores, el régimen portaliano declaraba la guerra a la Confederación Perú-Boliviana. La decisión encontró amplia resistencia en la sociedad y en el Ejército.

Con todo, Portales siguió adelante con la guerra. Y la guerra siguió adelante después de la muerte de Portales, en junio de 1837, desautorizando el gobierno a quienes firmaron el Tratado de paz de Paucarpata.

En esa circunstancia, ¿qué podía validar el conflicto que se ganaba el odio de muchos chilenos? Una respuesta fue la creación de un aparataje cultural que encendiera el fervor patriótico. Y este necesitaba un “relato”. En esa línea, requería de héroes.

La guerra legaría al panteón nacional un trío de nombres: Juan Colipí, de origen mapuche; La Sargento Candelaria, suerte de amazona local, y Manuel Bulnes, la figura central.

Para la campaña bélica de 1838, el Presidente José Joaquín Prieto puso al frente de las tropas a Bulnes, su sobrino. La expedición victoriosa del militar se vio coronada en los campos de Yungay, el 20 de enero de 1839. El resultado fue recibido con manifestaciones de júbilo en distintos lugares del país, pese a que la “oleada patriótica” no había sido tal durante el conflicto. Luego vinieron varios días de festejos oficiales, uno de cuyos hitos fue la recepción a Bulnes en el puerto de Valparaíso.

El arribo de Bulnes fue preparado celosamente por el Estado “para causar el mayor efecto en los habitantes del Puerto”, anota Cid, quien agrega que “con la victoria de Yungay se produjo una simultaneidad de festejos [en el país] que sólo se lograba con el aniversario del 18 de septiembre”. Era el mismo año en que se encargaba a Claudio Gay la primera historia de Chile y se difundía el popular Himno de Yungay.

Bulnes, en el peak de su gloria, fue candidato presidencial. Y tanto la campaña como su posterior presidencia lo bajaron del panteón a la arena sucia de la política.

Héroes más, leyendas menos, la guerra contra la Confederación no sólo afirmó el sentimiento nacional. También serviría como argumento para la memoria colectiva cuando otra guerra, la del Pacífico, estalla entre los mismos adversarios. Al finalizar ésta, la nación tendrá “victorias, mitos y héroes más frescos que los de 1839”.


Fuente: Diario La Tercera de Chile (6/5/2012)


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