Leyenda o realidad: A propósito de Ñaimlap y su validez histórica

El libro de Julio Fernández Alvarado investiga los orígenes de Ñaimlap, el personaje místico de la cultura Lambayeque. En su obra presenta una versión alejada del enfoque eurocéntrico e incluye valiosa información documental que sustenta su hipótesis.

Por Augusto Rubio Acosta

Hacer vivo y visible el desarrollo y la grandeza de los pueblos, permitiéndonos extender nuestras esperanzas más allá de la breve duración de nuestras propias vidas, es altamente positivo. El conocimiento de la historia puede dar a los dirigentes políticos o a nuestra relexión diaria una amplitud y un ámbito inalcanzables para quienes limitan su concepción al presente. En ese sentido, creo que Ñaimlap, el libro de Julio Fernández Alvarado que convoca estas líneas, es una publicación que reivindica a quienes apasiona la investigación y aman la historia, un texto que enriquece el depósito de posesiones permanentes de Lambayeque en particular, una obra que mediante su lectura y difusión transforma la experiencia humana respecto a la contemplación de las grandes existencias del pasado lambayecano, y hace posible una comunión mística con nuestros ancestros.

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Ñaimlap desarrolla planteamientos alrededor de la leyenda del mismo nombre, acerca de su etimología, origen o referentes iconográicos; respecto a la ubicación actual de los espacios mencionados en la leyenda como sitios de poder político, administrativo y religioso; esboza las consecuencias de los fenómenos naturales como El Niño en el desarrollo o destino de la antigua civilización del norte peruano, así como la distribución de sus antiguos pobladores a lo largo de toda la región; el libro propone una mirada distinta respecto al tema, una alejada del enfoque eurocéntrico que no nos permite comprender el proceso cultural acontecido en nuestra sociedad; además de airmar que la leyenda de Ñaimlap no es un simple relato o mito de origen, sino un documento con profunda validez histórica.

El volumen que tenemos entre manos es un libro que demuestra el interés del autor por las manifestaciones orales desde el punto de vista arqueológico, histórico, etnohistórico, geográico y lingüístico; una publicación que trascenderá a la ceguera y que esperamos pueda llegar al ciudadano común y corriente, a las nuevas generaciones que embalsaman sus creencias, amores y esperanzas abrazados a un texto que reivindica el rigor intelectual y nuestra identidad, como vemos en este párrafo:

"Ñaimlap sería un personaje que perteneció a un ilcado (noble) independiente, que salió con un contingente y séquito propio de la sociedad de su época a poblar otras tierras en el ámbito de la antigua costa norte del Perú, el mismo que tuvo nexos de reciprocidad y parentesco con grupos de la sierra de (Cajamarca), tal como se ha conirmado en el entierro de un personaje de élite en huaca Chosnancap, y de Ecuador (Mantas-Huancavilcas), así como en huaca El Oro, en Batangrande... (pág. 49)"

En ese sentido, de todos los estudios mediante los cuales los hombres adquieren la ciudadanía en la comunidad intelectual, ninguno es tan indispensable como el del pasado. Saber cómo se ha desarrollado el mundo hasta el momento en que empieza nuestro recuerdo individual; saber cómo han llegado a ser lo que son las religiones, las instituciones, las naciones en las que vivimos. Estar familiarizados con los grandes hombres de otros tiempos, cuyas costumbres y creencias diferían –en muchos casos– ampliamente de las nuestras es indispensable para tener conciencia de nuestra situación, y para emanciparnos de las circunstancias accidentales de nuestra educación. La historia no es solo valiosa para el historiador, para el estudioso de archivos y documentos, sino también para cuantos son capaces de un examen contemplativo de la vida humana. Con todo, el valor de la historia es tan multiforme que aquéllos a quienes uno de sus aspectos llama la atención con especial fuerza están en peligro constante de descuidar todos los demás.

La historia es valiosa porque es verdadera, y aunque esto no constituye todo su valor, es el fundamento y la condición de todo lo demás. Parece al menos probable que todo el saber, como tal, es en cierto grado bueno, y el conocimiento de cualquier hecho histórico posee, al menos, este elemento de bondad, aunque no tenga ningún otro. Al autor, Julio Fernández Alvarado, arqueólogo, investigador, docente universitario formado en Europa y en el quehacer cultural de Lambayeque, hay que agradecerle la posibilidad de acceder y leer su libro, un manojo de palabras que por estos días se presenta en Lima, que nos ha ayudado a componer nuevamente –en cada época– el epitaio de la vida de quienes poblaron esa tierra de sol y desierto calcinado en el norte peruano, de historia y vida, de esperanza.


* Publicado en el suplemento Variedades, del diario El Peruano, N° 283, el 9 de julio de 2012.


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