Un testigo del suplicio de Túpac Amaru

Por Manuel Burga
Historiador y Docente universitario


El libro de Boleslao Lewin, La rebelión de Túpac Amaru y los orígenes de la Independencia de Hispanoamérica, es una obra clásica sobre este evento, muy documentada y con propuestas que aún parecen perdurar.

Desde el título es muy elocuente, el autor consideraba que en esta rebelión, de 1780, se encontraban los orígenes de nuestra Independencia de 1821, cuando aún no se había iniciado la modernidad política en Europa. Han transcurrido 45 años desde la publicación de este libro y aún se sigue revelando con sorpresa cómo en los acontecimientos de 1812, en Huánuco, y de 1814, en Cusco, reaparece ese misterioso mensaje del inca con efecto movilizador.

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Aún nos sorprendemos más cuando constatamos que los que combatieron en el ejército realista contra Túpac Amaru, luego se pasaron al ejército patriota. En 32 años, entre 1780 y 1812, quizá por los cambios de la historia mundial, muchos se volvieron patriotas, como si Túpac Amaru, que fue mejor rebelde que político, siempre hubiera estado en el buen sentido de nuestra historia y por eso tiene mucho sentido recordarlo en este mes.

Quisiera darle la palabra a un testigo anónimo que presenció y describió su ejecución. No sabemos quién fue, dejó un breve testimonio que lo encontró Boleslao Lewin, un estremecedor testimonio que se puede ordenar en tres partes:

La entrada: "El viernes 18 de mayo de 1781, después de haber cercado la plaza con las milicias de esta ciudad del Cusco, que tenían sus rejones y algunas bocas de fuego, (...); arreglados todos con fusiles y bayonetas caladas, salieron de la Compañía, nueve sujetos que fueron los siguientes: José Verdejo, Andrés Castelo, un zambo, Antonio Oblitas, Antonio Bastidas, Francisco Túpac Amaru, Tomasa Condemaita, cacica de Acos, Hipólito Túpac Amaru, hijo del traidor, Micaela Bastidas, su mujer, y el insurgente José Gabriel, (...) y uno tras otro venían con sus grillos y esposas...

La ejecución: "Cerró la función el rebelde José Gabriel, a quien se le sacó a media plaza; allí le cortó la lengua el verdugo y despojado de los grillos y esposas, lo pusieron en el suelo; atáronle a las manos y pies cuatro lazos, y asidos estos a la cincha de cuatro caballos, tiraban cuatro mestizos a cuatro distintas partes: espectáculo que jamás se había visto en esta ciudad. (...) De este modo acabaron José Gabriel Túpac Amaru y Micaela Bastidas....

La cólera divina: "Este día concurrió un crecido número de gente, pero nadie gritó, ni levantó una voz: muchos hicieron reparo, y yo entre ellos, de que entre tanto concurso no se veían indios, a lo menos en el traje mismo que ellos usan, y si hubo algunos, estarían disfrazados con capas y ponchos. Suceden algunas cosas que parece que el diablo las trama y dispone, (...). Dígolo por que habiendo hecho un tiempo muy seco, y días muy serenos, aquel amaneció tan toldado que no se le vio la cara al sol, amenazando por todas partes con llover; y ahora de las doce, en que estaban los caballos estirando, alivió, se levantó un fuerte refregón de viento y tras este un aguacero, que hizo que toda la gente, y aun los guardias se retirasen a toda prisa. Esto ha sido causa de que los indios se hayan puesto a decir que el cielo y los elementos sintieron la muerte del inca, que los españoles inhumanos e impíos estaban matando con tanta crueldad".

Pablo Macera, a partir de otros testimonios, propuso que la muerte de Túpac Amaru se escondió en la devoción de San Isidro, de Pentecostés y en los Amaru-tejas que resguardan los techos de las casas campesinas. Podemos sospechar que este testigo haya sido un religioso cuando describe la muerte de Túpac Amaru como si fuera la muerte de Cristo, incluyendo vientos, lluvias y una oscuridad repentina que sobrevinieron luego de la muerte.

Aún no hemos asumido completamente las consecuencias que esta rebelión tuvo para nuestra independencia y el Perú moderno, ni tampoco hemos exigido que aquellos que lo ejecutaron, de manera tan vejatoria y ofensiva, se disculpen ante el pueblo peruano. Son estos grandes sacrificios los que construyen mitos, memorias y naciones, por eso nunca debemos olvidarlos.


Fuente: Diario El Peruano (19/7/2012)

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