Una exposición sobre las "voces sofocadas" de artistas judíos en Bayreuth

BEIRUT, 27 Jul 2012 (AFP) - Una exposición al margen del Festival de Bayreuth (norte de Alemania) dedicada a Richard Wagner, cuyas convicciones antisemitas eran notorias, relata las complejas relaciones de artistas judíos, con destinos a menudo trágicos, con esta prestigiosa cita de la música clásica.

Poca gente recuerda a Lucian Horwitz, uno de los más grandes violinistas de Austria del siglo XX, que integró una de las orquestas más prestigiosas del mundo.

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El destino de Horwitz, y el de muchos otros artistas judíos, es el tema de una exposición titulada "Voces sofocadas", que abrió la semana pasada en Bayreuth, en el parque de la "Festspielhaus", hasta el 14 de octubre.

Nacido en Viena en 1879, Horwitz tocó en la orquesta filarmónica de Berlín y en algunos de los más grandes conjuntos austriacos.

Por lo tanto, no es sorprendente ver su nombre junto al de otros eminentes artistas de esta época, cuidadosamente seleccionados para conformar la prestigiosa orquesta del festival de Bayreuth, uno de los acontecimientos más importantes de música clásica en el mundo.

Aunque Horwitz figuraba en la lista de los posibles reemplazantes para la edición de 1924 del festival, nunca tuvo la ocasión de tocar en la fosa cubierta de la célebre "Festspielhaus".

El jefe de orquesta de Bayreuth de la época, Karl Muck, se había opuesto a causa de sus orígenes judíos.

Horwitz prosiguió su carrera en Viena, pero la anexión de Austria a la Alemania nazi en 1938 marcó el principio de las persecuciones de las cuales fue víctima. Fue deportado al campo de Theresienstadt en 1942, y dos años después a Auschwitz, donde murió.

Adolf Hitler, gran admirador de la obra de Richard Wagner, era un invitado habitual del festival y un amigo cercano de Winifred Wagner, la viuda de Siegfried, el hijo del compositor.

Pero para el historiador Hannes Heer, autor de una polémica exposición sobre el ejército alemán, la Wehrmacht, hace unos años, las raíces del antisemitismo en Bayreuth se remontan a los primeros años del festival.

Cosima Wagner, viuda del compositor, cuyo antisemitismo era igual o más fuerte que el del maestro, y que asumió la dirección del evento después de su muerte en 1883, sólo contrataba a artistas judíos cuando no había otra solución posible.

Incluso Lilli Lehmann, quien interpretó a Brunhilda en el estreno mundial de la tetralogía de "El anillo del Nibelungo", fue tratada en su regreso a Bayreuth, en 1896, en el apogeo de su gloria, de "vieja abuela judía sin el más mínimo talento de actriz ni emoción".

Hermann Levi, el director de la orquesta de la última ópera de Wagner, "Parsifal", en 1882, ya se lamentaba en esa época: "Soy judío. Y haga lo que haga soy juzgado por eso. Siempre encuentran objeciones o cosas que no convienen en lo que hago".

De las decenas de músicos de orquesta, miembros del coro o solistas, cuyos nombres son evocados en la exposición, doce fueron asesinados por los nazis.

Las organizadoras, Katharina Wagner et Eva Wagner-Pasquier, se comprometieron a abrir los archivos del festival a los historiadores, para aclarar plenamente el pasado nazi de Bayreuth.

La exposición sobre estas "Voces sofocadas" resuena particularmente después del escándalo que ha empañado la preparación del festival, que obligó al barítono ruso Evgueni Nikitin a renunciar a cantar a causa de tatuajes de connotaciones nazis.

El surcoreano Samuel Youn salvó al festival de Bayreuth, tras haber sido contratado a último minuto para sustituir a Nikitin.


Fuente: Google Noticias (28/7/2012)


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