Una identidad revalorada: Yo soy moche

Una transformación cultural-social silenciosa se vive en el norte, en particular en Lambayeque, a partir del hallazgo del Señor de Sipán y de otros importantes personajes de la cultura Moche. Se reivindica el pasado, los pobladores se identifican con sus ancestros y cultivan lo que han heredado de esa importante civilización.

Por Moisés Aylas Ortiz

El saber moche estuvo presente siempre en los lambayecanos, particularmente en sus artesanos, en sus tejedoras, pescadores que salen a la mar en sus caballitos de totora, en sus agricultores que conservaban productos nativos, pero lo que faltaba era esa valoración, ese reconocimiento que los hiciera sentirse herederos de una gran civilización como ha quedado demostrado.

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Lambayeque vive un momento especial gracias al impulso generado tras el descubrimiento del Señor de Sipán. "A partir de su hallazgo ha renacido la identidad regional, el Señor de Sipán se ha convertido en un elemento articulador de un pasado común. Antes se hablaba muy poco de esta cultura en las escuelas y universidades y a partir del descubrimiento se ha producido un reencuentro", resalta el investigador Javier Ruiz, presidente de la ONG Centro de Investigación y Promoción del Desarrollo Sostenible (Ciepdes).

Hace unos años nosotros visitamos el colegio Pedro Ruiz Gallo de Ciudad Eten. Allí vimos sorprendidos el profundo conocimiento que tienen los alumnos sobre su historia. Ese reencuentro con su pasado les ayudó a ver de otra manera. Nos contaron cómo conmemoran el Día de los Muertos, 2 de noviembre. Una fecha especial para la zona. Eten es uno de los lugares más místicos de la costa peruana y en esos días realizan procesiones y otros ritos en los que se mezcla lo católico con lo pagano.

En este mismo colegio un grupo de alumnos aprendía con entusiasmo a confeccionar el famoso sombrero etenano. Las maestras eran madres de familia de la zona, herederas de una rica tradición ancestral. Con sus ágiles manos van confeccionando el sombrero y los jóvenes siguen ese ritmo. Es la mejor manera de preservar el conocimiento ancestral. "Los jóvenes ahora están orgullosos de su origen. Ellos se identifican como muchiks y como herederos de una gran cultura. Ahora existe un movimiento que trabaja por la identidad regional y eso es importante", subraya Ruiz.

BELLEZA MUCHIK

Desde hace 9 años, el gobierno regional de Lambayeque organiza entre octubre y noviembre la Semana de Identidad Muchik. Entre las diversas actividades destaca la elección de la Doncella Iñikuk Regional que premia los valores de respeto, responsabilidad, laboriosidad y solidaridad.

Esta experiencia nace en el área rural del centro poblado Pómape, del distrito de Monsefú, allí se elige a la primera "Iñikuk Muchik". El gobierno regional recoge esta iniciativa e instituye en 2003 la elección de la Iñikuk Regional, dejando atrás los certámenes de coronación de "reinas", "misses" o "señoritas".

Poco a poco se sumaron otras entidades de gobierno. En 2004 la municipalidad distrital de Mórrope, como pueblo originario de la etnia Muchik, elige a su "Iñikuk Murrup". Se adhieren a esta iniciativas diferentes colegios de la ciudad de Chiclayo y sus protagonistas son las estudiantes y jóvenes de la comunidad.

La elección de la Doncella Mochica se realiza en escenarios decorados y diseñados con materiales etnobotánicos y pictografías acordes a las evidencias arqueológicas de cada pueblo. Participan candidatas procedentes de los distritos de Ciudad Eten, José Leonardo Ortiz, Santa Rosa, Chiclayo, Túcume, Tumán, Jayanca, Picsi, Mochumí, Monsefú y Mórrope.

¿Qué se busca en las candidatas? Habilidades artísticas luciendo túnicas con pictografías mochicas, desplazándose al compás de una danza o baile propio del lugar, expresando mensajes en idioma muchik y demostrando su conocimiento de las manifestaciones culturales de su pueblo. Ellas responden preguntas relacionadas a la cultura y el turismo regional. También escenifican estampas costumbristas de su tierra, como la virgen de los Dolores de Picsi, la canastera de Monsefú, la vendedora de pescado de Santa Rosa, la apañadora de Mórrope y el curanderismo de Túcume. A la ganadora se le imponen las trenzas y una banda elaborada a base de algodón nativo, la fibra más fina del mundo, representando la belleza física y espiritual de la mujer norandina.

En esta Semana de la Identidad se organizan, además, festivales de la chicha, del cebiche y del loche lambayecano; y una feria del algodón nativo. También un encuentro escolar, en que los alumnos de diversos colegios del departamento compiten por mostrar lo mejor de la cultura ancestral regional.

"Existe un movimiento que está apuntalando la identidad moche. Eso ha generado una nueva dinámica. Con estos concursos no solo se enaltece la belleza local, sino también el conocimiento de su cultura, de su identidad", refiere Ruiz.

Ese mismo sentimiento lo experimentan los artesanos lambayecanos que estaban en vías de extinción. Ahora ha recuperado su espacio. Se destaca la belleza del ajuar funerario del Señor de Sipán, adornado con joyas de oro y hermosas vestimentas. "Esas habilidades no están muertas sino vivas en los artesanos de Mórrope, Eten, San José, Santa Rosa y Úcupe. Ellos han heredado ese saber que se conocía hace 2,000 años", apunta.

Parte de estos rasgos ancestrales se aprecian en su tradición cultural como consumir loche, conchas (palabritas frescas o secas), caballa seca o salpresa, espesado (en lengua muchik: yémeque), elaborar prendas con algodón nativo, sembrar productos de panllevar entre invernas de algarrobos (pequeños bosques) y otros.

ADN MOCHE

Un estudio de ADN obtenido en 2009 por el Proyecto Arqueológico Sicán, revela que Lambayeque es étnica y culturalmente el más muchik o Mochica del Perú. La investigación se realizó con los pobladores autóctonos de la cuenca del valle de La Leche (antiguo Lercanlech o Lalech). Se comprobó que genéticamente los lambayecanos de apellido Muchik, como Chapoñán, Llauce, Puémape, Ñamfuñay, Siesquén, Cajusol, Llontop, Farroñam, entre otros, son directos descendientes de los moches, civilización que alcanzó un alto grado de desarrollo gracias a una agricultura diversificada y extensa, minería, metalurgia y orfebrería, así como contactos comerciales a largas distancias marítimas.

En esta dinámica de recuperar la identidad se han organizado también concursos de tejido en que se premia a la más hábil en el trabajo con la fibra de algodón nativo, de lana u otras fibras usadas tradicionalmente. En estos concursos participan artesanas tejedoras de Eten, Monsefú, Santa Rosa, San José, Túcume, Sipán, Ferreñafe, Picsi e Inkawasi.

Hace unos años, la desaparecida profesora Ana Ramos Cabrera (1957-2011) encabezó una iniciativa para recuperar el muchik, un idioma extinto, mediante la enseñanza de esta lengua. Se han recuperado algunas palabras, que se expresan en diversas ceremonias oficiales o privadas, que han sobrevivido al tiempo en miles de vocablos, topónimos, antropónimos, sociolectos y nombres de frutas y verduras, en la región norte del Perú.

Ramos Cabrera fue una de las fundadoras de la sociedad Ciencia y Cultura Muchik, dedicada a la difusión de la cultura Mochica y la recuperación del idioma muchik, escribió también el libro Maellaec maix muchik (Hablemos muchik), texto de enseñanza básica de este idioma nativo y participó en numerosos eventos de recuperación del idioma ancestral de los lambayecanos. En 2005 fue convocada por el profesor Antonio Serrepe, entonces director del INC-Lambayeque, para el dictado de idiomas incluyendo el muchik, convirtiéndose en la abanderada de esta iniciativa. Llegó a formar en un curso básico cuatro promociones de docentes, con los cuales se asegura la continuidad del proceso de enseñanza.

El idioma muchik no solo se habló en la costa norte de Perú antes de la llegada de los españoles, sino también que convivía con otras como la tallana en Piura y Tumbes, al norte de Lambayeque, la sechura en el área del desierto de Sechura, al noreste de Lambayeque, olmos, quingnam en el sur, principalmente en el área de La Libertad, y la pescadora en el litoral peruano.

El investigador e historiador Guillermo Figueroa sostiene que la lengua muchik fue desapareciendo de manera paulatina por un "sistema educativo de agresión, se enseñaba el monopolio de la lengua castellana y la escuela despreciaba todo sistema cultural moche a favor del sistema cultural occidental". Rescatar el idioma muchik es un reto difícil, quizá no se llegue a conseguir, pero el esfuerzo por recuperar la cultura ancestral y revalorarla vale la pena respaldarlo y sostenerlo. "Maeich muchik, chipan siameiñ": Somos moches, seguimos vivos.


* Publicado en el suplemento Variedades, del diario El Peruano, N° 284, el 16 de julio de 2012.


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