Al rescate de la Lima prehispánica

En Lima Metropolitana existen alrededor de 500 huacas, la mayoría en abandono, sin declaratoria “oficial” de patrimonio de la Nación y a merced de los invasores y traficantes de terrenos, a la espera de su rescate y puesta en valor, mientras que otros sitios arqueológicos limeños como Pachacámac, Puruchuco, Cajamarquilla o Huaycán de Pariachis merecen una mayor atención.

La capital peruana no solo es la ciudad de los balcones, conventos y casonas solariegas. Es también el fruto de más de 10,000 años de ocupación humana a lo largo de su territorio, desde el período lítico (los talleres líticos de Chivateros, en el río Chillón) hasta nuestros días, pasando por vestigios incaicos como el Qapaq Ñam (Camino Inca), que en su mayor parte ha sido destruido por el avance urbanizador, quedando solo algunos restos, como en Cieneguilla.

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En Lima hay decenas de huacas abandonadas y algunas que sí están debidamente conservadas. Un caso es la Huaca Pucllana, en Miraflores, donde se desarrolla un proyecto arqueológico apoyado por el INC y la municipalidad. Allí funciona un museo de sitio, parador turístico y restaurante. Es también sede de reuniones protocolares y locación para diseñadores de modas. Pero eso no es lo esencial: las investigaciones continúan. El año pasado, la arqueóloga Isabel Flores Espinosa encontró una tumba intacta de la cultura Wari, que dará nuevas luces.

En el antiguo Perú, estas huacas de adobe eran el centro administrativo, militar, religioso, ritual, mágico y urbanístico, dotados de estructuras sofisticadas, almacenes, zonas rituales, miradores y compleja decoración policromada. Eran también la tumba real de los jerarcas y, tras la conquista inca, siguieron utilizándose como cementerios populares.

El arquitecto José Canziani Amico, en su libro "Ciudad y territorio en los Andes. Contribuciones a la historia del urbanismo prehispánico" (2009), han abordado el tema. Por su parte, los trabajos de campo, en los últimos años de la arqueología peruana, han demostrado que excavar, investigar y poner en valor las huacas no solo contribuye a la investigación científica sino también al turismo. La historia precolombina no tiene nada de aburrida.

Otros casos emblemáticos son el Proyecto Huaca de la Luna (valle de Moche, Trujillo), donde desde hace dos décadas se realizan las excavaciones que han dado a la luz murales de la cultura Moche. El museo de sitio y el trabajo con los artesanos locales ha dado excelentes resultados, a tal punto que el proyecto ganó, en 2006, el Cuarto Premio Reina Sofía a Restauración y Conservación. No se queda atrás el Proyecto Arqueológico El Brujo (en la huaca Cao Viejo, valle de Chicama), donde hay un museo en el que se exhibe a la sacerdotisa de Cao, también conocida como la “Dama tatuada”, por sus tatuajes misteriosos. Otro sitio ejemplar donde arqueología, arquitectura y gestión cultural se dan cita es el Proyecto San José de Moro (valle de Jequetepeque), donde la Pontificia Universidad Católica del Perú tiene una escuela de campo para estudiantes de arqueología. Las huacas siguen ostentando su poder.


Fuente: Diario El Peruano (14/8/2012)


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