Colegio de Historiadores: Cuando el fin NO justifica los medios


Quienes hayan seguido los últimos días el debate en Twitter sobre los mensajes 'separatistas' y 'neonazis' del Frente Pro Colegio Profesional de Historiadores (y en general, el debate sobre la creación de un colegio para nuestra profesión) sabrán que el frente que lo promueve ha declarado abierta y públicamente que anhelan la 'Independencia' de Arequipa, además de definirse ideológicamente como de ultraderecha y hasta neonazi. Advertidos sobre estas declaraciones a los congresistas Gustavo Rondón y Juan Carlos Eguren, que hicieron suyos el Proyecto del citado Colegio (propiedad intelectual de ese folklórico grupo), el primero de ellos respondió con el tuit que precede a este post. El segundo, como suelen hacer todos los congresistas con las denuncias en su contra, ha preferido hacer mutis y esconder la basura bajo la alfombra. Lo cierto es que ambos congresistas tienen mucho que explicar a la opinión pública, y en especial a la comunidad de historiadores de este país (no se diga ya de a los votantes de Arequipa).

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¿Cómo es posible que dos congresistas de la República hayan apoyado y presentado ante el Congreso un proyecto encubado en las entrañas de un grupo con ideas trasnochadas y peligrosamente separatistas? ¿En qué consiste el intercambio de intereses que hace que ambos, o cualquier representante nacional, haga propio el Proyecto de cualquier grupo de su región sin hacer preguntas sobre a quiénes patrocina o qué objetivos persiguen? ¿Cómo es posible seguir llamándose 'congresista nacional' o 'representante de Arequipa', o de cualquier región, luego de ponerse en evidencia que el grupo a cuyos intereses responden es abiertamente separatista? Y más aún, ¿cómo es posible que ambos hayan apoyado la creación de un 'Colegio Nacional' de historiadores promovido por un grupo que, paradojicamente, desea separarse del resto del país? Si creen que exagero o miento,, copio abajo los tuits respecivos del FPPHP. Son inequívocamente claros al respecto.

Quien sí se equivoca, y mucho, es el congresista Rondón cuando cree que todo se puede arreglar con una más de sus manidas frases salida de su ya bastante conocido repertorio. Este afirma que aquí no se trata de apoyar a grupos propiamente, sino a a la 'cuestión de fondo' que es al de crear un Colegio de Historiadores. Pues en eso, también se equivoca. Y miente.

Se equivoca y miente porque es, precisamente, la comunidad de historiadores de este país quien se ha manifestado mayoritariamente en contra de este propósito. Y haciendo oídos sordos al 'reclamo popular' que tanto gusta de citar el representante arequipeño, han insistido hasta en dos oportunidades en la Comisión de Educación. Hoy, está a punto de aprobarse la creación de ese ente en el pleno del Congreso. Lo único que ha quedado en evidencia con esta tortuosa historia es que la presión (o el intercambio de favores) del FPPHP sobre Gustavo Rondón es manifiesta.

Que no venga a contarnos el cuento que lo motiva la defensa y beneficio de los historiadores de este país, esos a los que él no quiere ni puede escuchar porque responde al grupo que lo apoyó durante la campaña electoral (en el Facebook del FPPHP podrán comprobar la abierta publicidad en favor del entonces candidato Rondón). Que no esconda, torpemente, detrás de una frase sus vínculos con este grupo neofascista y separatista.

Que explique cómo es que llegó a la soberana idea de que los historiadores de este país necesitábamos un Colegio Profesional y cómo es que elaboró y redactó el citado proyecto, que se asemeja en mucho al que presentó el congresista Juan Carlos Eguren la primera vez en el 2009 y que recibió el escándalo y el repudio como respuesta. Su proyecto (el de Rondón, se entiende) corrije, curiosamente, las principales objeciones que se le hizo pero conserva el espíritu restrictivo y exclusivista que le imprimió el FPPHP desde el principio.

Que el congresista Gustavo Rondón entienda de una vez por todas que en lo que se refiere al Colegio de Historiadores, el fin NO justifica los medios. ¡Y qué medios!









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